viernes, 10 de octubre de 2014

¿CUÁNTO TIEMPO DEBEMOS DEJAR AL CAMPO EN LA PLAZA ANTES DEL DISPARO?

Cuando alguien dijo aquello de que "para gusto los colores", seguro que no sabía con exactitud, la realidad tan incuestionable que estaba enunciando. Y es así, porque cada persona es un mundo diferente a lo hora de los gustos o formas de actuar ante una situación que se le presenta.
Pues bien, lo anterior, traslado al mundo de la Caza de la Perdiz Reclamo, viene como anillo al dedo y, no en una cuestión puntual, sino en cada una de las circunstancias que rodean a nuestra querida y ancestral afición. Sin ir más lejos, el tiempo que cada perdigonero suele dejar al campo en la plaza, antes de abatirlo, es una de ellas y en la que, difícilmente, nos pondremos nunca de acuerdo.
Está claro que doctores tiene la iglesia y cada maestrillo, su librillo, pero, llegar a un entente común sobre el tiempo que debe transcurrir desde que una patirroja entra en plaza hasta el momento de apretar el gatillo es complicado, bastante complicado. De esta manera, si dejamos al lado a los que disparan a las camperas en cuanto aparecen por el colgadero y, a veces aunque no den la cara,  y nos referimos al aficionado normal, al que deja que el reclamo que ese día tiene en el repostero, reciba en condiciones o “tome” bien a la patirroja o patirrojas que hayan llegado a su presencia, entramos en un mundo en donde cada uno tiene su particular y, por lo tanto, muy respetable opinión. Por ello, desde el que le gusta no dejar al campo mucho tiempo delante del reclamo, entre los que me incluyo, pasando por el que los deja una eternidad, existe un amplísimo abanico de gustos, opiniones y formas diferentes de actuar.
De todas formas, como la opinión que se tenga debe ser respetada, aunque pueda ser no compartida, sobre esta cuestión, mi apreciación particular y que suelo llevar a cabo, en condiciones normales, es la siguiente:
 Pienso y creo que no estoy muy equivocado que el reclamo de turno: Fulanito, Menganito o Zutanito, en cuanto presiente que las perdices están por los alrededores del cazadero o cuando éstas acaban de entrar en plaza, bajo mi punto de vista, llegan al más alto grado de excitación o estímulo, estado que, con el paso de los minutos, lo normal es que vaya bajando paulatinamente. Tan es así que, de vez en cuando, el de la jaula pasa un poco de las camperas, porque su dueño ha abusado del tiempo. Situación que se puede comprobar, más que perfectamente, cuando probamos algún pájaro sin escopeta, puesto que, en algunas ocasiones, las camperas están tanto tiempo cerca del reclamo que éste, alguna que otra vez, hasta termina alambreando y botando o sin sin cantar. Por citar un ejemplo tengo que decir que, hace ya unos buenos años, una pareja de perdices autóctonas se estableció en los alrededores de la vivienda de una de las fincas donde cazaba, para criar. Tan es así que sacó trece perdigones. Pues bien, un buen día, a modo de prueba, coloqué un pájaro sobre el tronco de un árbol que había en las inmediaciones del cortijo y, en cuanto echó tres reclamos, le entró la citada collera. Las recibió con un ímpetu tal, que la jaula se le quedó chica: bulanas y más bulanas, cuchichío, piñones… Pero, a medida que iba pasando el tiempo, también iba pasando su fogosidad, hasta llegar el momento en el que tuve que salir de la casa para espantar al macho –la hembra se fue al poco tiempo de entrar-, porque el buen señor ya no quería saber nada del garbón campero. Ni que decir tiene que el tal, no aguantó mucho en mi jaulero.
Entonces, ¿cuál debería ser el espacio de tiempo idóneo?, sería la pregunta. Aunque la respuesta es bastante complicada, porque cada situación es diferente, pienso que debemos dejar a las camperas antes los ojos del reclamo poquito tiempo, no entrar y zambombazo, pero no mucho. Que vea a las patirrojas que llegan, que las tome bien, dos o tres vueltas, si es que la dan, y no mucho más. Así, en cuanto veamos que nuestro reclamo está en todo su esplendor de satisfacción, independientemente de otras circunstancias, debemos apretar el gatillo. Ahora bien, como incidencias diferentes se pueden presentar muchísimas, habrá que saber cuándo debemos esperar un poco más o, por el contrario, no debemos esperar nada. Eso sí, a veces no tenemos más remedio que dejar que pasen los minutos, como cuando entra uno de los componentes de una determinada collera y esperamos a que lo haga el que se ha quedado atrás, porque tiene menos celo. Pero por norma general, no debemos alargar en demasía el tiempo, o al menos, y vuelvo a repetir, esa es mi forma de pensar y actuar.
Y no es flor de un día, ni escribir por escribir, sino que año tras año he ido comprobando que, al menos para mí, es la mejor forma de proceder que, por las razones expuestas anteriormente, se debe emplear. De hecho, si se visionan con detenimiento muchas grabaciones de puestos que están colgadas en la red, nos daremos cuenta que lo que estoy diciendo no está muy lejano a la realidad. Se apura tanto el lance para darle más belleza y para que quien lo vea pueda disfrutar más con él que, muchas veces, no se aprovecha el momento idóneo para disparar. Así, cuando se aprieta el gatillo, el reclamo ya ha pasado su fase inicial de máxima “efervescencia”.                                                                           

3 comentarios:

  1. Exactamente José Antonio, si lo dejas demasiado tiempo corres el riego de que se le pase al reclamo lo mismo que al campero ese momento de clímax , de máximo ardor guerrero. Ahí es dónde está el quid de la cuestión, lo que nos suele pasar es que no siempre se suele conocer cual es ese momento, Y me explico, eso viene condicionado al estado de ánimo, a los puestos que llevamos sin tirar, a la comodidad en la cual nos encontramos, etc.,contando siempre que no sea motivado por temor a que el disparo pueda suponer un riesgo para nuestro reclamo, y me refiero a peligro de rebote en piedras o de que le alcance el disparo directamente. Ya te enseñaré un lance que tengo con mi reclamo "Pedro" en el cual la collera se le mete debajo del tanto en un gran arbusto y se acomoda, llega un momento en que se hacen amigos,jejeje, echan hasta ratos de silencio. Un saludo.

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  2. ¿ Y quién sabe...?
    Creo que si no hubiese duda, se perdería esencia en el lance.
    Unas veces será estrategia y otras veces será sorpresa, no sé.
    Un saludo.

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  3. Efectivamente, toda la razón del mundo.

    Ahora bien, si entramos en el qué ocurrirá y el cómo y cuándo, siempre, en cualquier actividad, deben existir una serie de principios, normas o formas de actuar, puesto que, si no fuera así, nada funcionaría como Dios manda,

    La caza del reclamo, para no ser menos, desde siempre se ha movido por patrones fijos, pero adaptados a las diferente situaciones y a quien la practica, como es este caso.

    El cuándo apretar el gatillo, aun de la forma que he expuesto en el artículo, nunca es una situación que se repita dos veces, pero creo que no se debe alargar mucho el lance y así lo expongo.

    Saludos desde una Huelva muy, muy lluviosa.

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