sábado, 3 de enero de 2015

¿DÓNDE ESTÁN LOS FENÓMENOS?

En uno de los capítulos de Con la jaula a cuestas, mi manual sobre la caza del reclamo, hablaba de lo complicado que resulta toparse con un pájaro puntero, de bandera, fenómeno o como queramos llamar a un fuera de serie. Tan es así que, afirmaba que en los muchos años que llevo de aficionado a esta modalidad cinegética, nunca había llegado a mis manos ninguno de ellos, circunstancia difícil de creer, pero puedo asegurar que es una pura realidad.

De esta manera, continuando con lo expuesto en mi libro, aseveraba que reclamos que habían servido, que me habían dado muchas satisfacciones y dejado en mi retina algunos lances inolvidables, sí había tenido unos buenos pocos: el de Manué, Correa, Castelar, Gitano, D. Benito, Manchego… eran buenos ejemplos, pero de esos de los que la gente cuenta y no acaba, ninguno. En una palabra, algunas décadas buscando un figura y, hasta el día de hoy, sin encontrarlo.

También quiero puntualizar, por si se puede pensar que a lo mejor es que estropeo los pájaros, que no soy de esos aficionados que van al campo a matar y matar perdices para engrosar sus queridos estadillos. Que disparo, por citar un ejemplo, a patirrojas que entran a la carrera por la plaza, independientemente de que si, como resultado de tan improcedente forma de actuar, para quien se considere cazador, el reclamo de turno nunca podrá llegar a ser un primer espada porque, con conductas tan poco cuquilleras, el progreso no existe para ellos, sino todo lo contrario. Cada día que pase irá yendo a menos hasta terminar por no abrir el pico y entrar a formar parte del pelotón de los mochuelos.

Pues bien, hecha la aclaración anterior, no tengo más remedio que decir que nunca he podido entender y menos creer cómo en los jauleros de algunos aficionados puede haber, año tras año, cuatro o cinco fenómenos. Más bien pienso que en estos casos, lo que ocurre es que el correspondiente perdigonero sobrevalora a sus reclamos a base de alabanzas desmesuradas de las virtudes que Fulanito, Menganito o Zutanito atesoran, bondades que, la gran mayoría de las veces, tienen su punto y final cuando es otra persona distinta quien enjuicia en el campo al citado fenómeno. Entonces, el escuchar al dueño frases como “esto no me lo ha hecho a mí nunca”, “qué raro, si ayer le tiré tres”, “qué le pasará hoy al pájaro”…, después de una auténtica “mocholada” o una faena de aliño, por citar un símil taurino, es lo normal. Obviamente, tengo que pensar que para muchos cuquilleros el reclamo puntero, de bandera o fenómeno son etiquetas que cuelgan a muchos pájaros de jaula, cuando la realidad es que tales etiquetados no pasan de ser “peones aventajados”, pero de “oficiales de primera”, nada de nada. Lo normal es que estos reclamos de pacotilla, en cuanto la situación se le pone complicada, dígase por topar con un macho cobardón de los que saben latín o una hembra recelosa, resabiada y curtida en mil batallas, le faltan recursos para ponerlos en el sitio y no están a la altura de lo que se le supone a un reclamo de primera nivel.

Sobre este tema, recuerdo una anécdota que me ocurrió hace ya algunos años, cuando al haberme quedado sin pájaros de garantía, solo con el de Manué, decidí comprar un reclamo a prueba. Pues bien, una soleada y plácida tarde de principio de veda, no por adornar la historia, sino porque aquella jornada vespertina era una maravilla, fui a probar un pájaro a La Rebolla –coto del que era socio por aquellos entonces- qué, según su dueño, era un auténtico primer espada, puesto que, los recursos que atesoraba eran más que envidiables, cuestión que quedó en entredicho a las primeras de cambio.

El sitio donde probamos a tan fenomenal reclamo, siempre según opinión de su dueño, fue un morrete con mucha oída y querencia que había frente al Cabezo Pantano, una zona de bastante densidad de perdices. Y la verdad es que el susodicho salió pronto, en cuanto se le quitó la sayuela, con la suerte de que con no mucho trabajo, un bandete de cinco o seis camperas de las de antes se le vino rápidamente a sus alrededores. Pero ahí quedo la cosa, no supo utilizar los mecanismos suficientes para meter en plaza a ninguno. Es más, al acercarse se ampararon en la zona donde teníamos el aguardo y los veía claramente, por lo que, al poco rato, viendo que no se le venían, se descompuso de tal forma que terminó por no cantar, hinchado como un globo y con ganas de quererse salir de la jaula.

Como me daba cuenta que allí no había nada que hacer y me había llevado al de Manué, por si las moscas, cosa que ocurrió, cambiamos de pájaro porque al parecer, según el que quería vender a tan inconmensurable pájaro de jaula, no le debía gustar el sitio en donde lo habíamos colocado. De esta manera, aunque el campo voló al salirme del puesto para ir a buscar a mi reclamo, al poco tiempo tres patirrojas estaban frente al él, fruto de otros tantos disparos, sin que tuviera que realizar un trabajo del otro mundo.

Ante lo que estaba viendo, el dueño del aquel mochuelo en toda regla, porque no tenía otro calificativo, tuvo que aceptar la situación y con cierta contrariedad en su rostro me dijo:

- ¡Amigo, vaya pájaro que tiene Vd!

- No, simplemente, es un reclamo regularcito. Lo que pasa es que, posiblemente, su reclamo no esté encelado –le respondí, por ser benévolo y no decirle no vale un duro.

No hubo muchas más diálogo, enfundé al de Manuel, recogí mis pájaros abatidos de la plaza y después de una despedida bastante fría y para salir del paso, me vine para Huelva con la sensación de que una cosa es predicar y la otra la dura realidad.

Para terminar, solo decir que esta pequeña historia real viene a confirmarnos casi en forma de parábola que fenómenos hay muchos en los jauleros y en la boca de sus dueños, pero ahí se quedan. Luego, cuando el campo es el juez y hay público en la sala, ya no lo son tanto.

2 comentarios:

  1. francisco manuel8 de enero de 2015, 9:55

    Buenos dias José Antonio y feliz año. Cada una de las entradas de su blog, reflejan los pensamientos que a muchos aficionados nos pasan por la mente y algunas como esta son tan brillantes que no necesitan puntualizaciones, sino mas vivencias que la conviertan en ley.
    La exigencia de cada aficionado como la ética o el miedo son libres, y en nuestra afición con tanto "nuevo rico" la exigencia se ha enterrado.
    En todos lo años de aficionado que tengo he tocado algunos pájaros aceptables, muchas medias cucharas y muchísimos mochuelos. Los mejores que recuerdo eran los pájaros de mi casa cuando era niño, pero porque solo había dos y nunca había medias cucharas, pero aun así fenómenos recuerdo que en mi casa en 100 años de reclameros, en generaciones, únicamente se comentaban dos, El NIÑO Y FELIPE. Esos eran pájaros de ensueño que nunca se dejaban una perdiz en el campo cuando había lance. Si en una casa de verdaderos aficionados, con perdiz en el campo que hacía pájaros, con cazadores de verdad, sin cacería de bar y mimando a sus reclamos en todo, solamente se tocaron con dos fenómenos en varias generaciones, me río yo, de los fenómenos actuales.
    Al morir mi abuelo en el año 98, me topé justo en el celo siguiente con un pájaro que era un fenómeno, ha sido el tercero de la casta, pájaro serio, templado, trabajador incansable, armonioso y que nunca se dejó una faena a medias,sólo duró diez temporadas, pero hizo las delicias del que les habla. Hoy seis temporadas después de su muerte, todavía lo añoro y lo añoraré, pues habiendo cazado EL NIÑO de mi casa con mi abuelo miles de puestos, puedo aseverar que este, no le perdía el paso.
    La mayor nostalgia que me queda, es que por probabilidad, es fácil que me muera sin tocar otro como ese, pero la ilusión de volverlo a sentir es lo que me hace ser jaulero.
    Disfruten de los pájaros,recuerden que el máximo respeto hay que tenérselo al animal que hay en la jaula y a nuestra joya del campo que cuesta mucho ponerlas en un tanto para fusilarlas de cualquier manera.
    UN SALUDO.

    ResponderEliminar
  2. Amigo Francisco Manuel.

    No quiero repetirme, pero es lo que tú dices: pocos y hace tiempo. De esta manera, el otro día me dirigía aun compañero en un foro y le puntualizaba qué cuantos años hacía que no tenía un pájaro puntero, puesto que, a fechas de hoy no es fácil dar con uno de ellos.

    De todas formas, la paciencia e ilusión, dos de nuestras más enraizadas cualidades, siempre nos acompañan. Por ello, nunca será tarde para abrirle, si hay suerte, las puertas a un buen reclamo.

    Saludos y gracias por tus palabras.

    ResponderEliminar