lunes, 23 de marzo de 2015

EL PÁJARO DE GRANJA, SU PLANTA, COSTE Y CALIDAD.


Quinteño, un rubio con una gran planta y de los escogidos, pero un auténtico fracaso al segundo y tercer celo.
                     Llevo algunos años asistiendo a ferias sobre el reclamo y la caza en general, en donde, como bien sabemos, diferentes explotaciones cinegéticas y otros comerciales ofrecen machos para jaulas. Igualmente, las propias granjas también venden directamente sus ejemplares a particulares, bien en las propias instalaciones o bien enviándolos a través empresas dedicadas al transporte urgente. Ni que decir tiene que, en todos los casos, se ofertan ejemplares ya enjaulados y escogidos por demostrar unas ciertas condiciones como puede ser la belleza, mansedumbre o nobleza, buena música… Evidentemente, si queremos llevarnos algunos de estos aspirantes a reclamo para casa y que forme parte de nuestro jaulero, tenemos que rascarnos bien el bolsillo. En consecuencia, cincuenta, sesenta, cien e, incluso, ciento cincuenta euros es lo normal que hay que desembolsar para adquirir uno estos pájaros, cuando otros muchos, de la misma procedencia y nacidos y criados en las mismas condiciones, pero que no han pasado esa criba, por diferentes motivos, pueden costar entre quince y veinticinco euros, más o menos.

                      Pues bien, cualquier persona no muy puesta en esto del reclamo pensaría qué lo que adquirimos es un “artículo” de más calidad que el resto del “material” que se vende. Es más, muchos de nosotros, cuquilleros, incluso de muchos años y con más o menos experiencia, actuamos de la misma forma y, hablando siempre desde mi particular opinión, volvemos a tropezar en la misma piedra, adquiriendo este tipo de ejemplares pensando que hemos dado con la gallina de los huevos de oro. Es más, durante un cierto tiempo, incluso estamos seguro de ello. Así, no nos faltan palabras para ensalzar y encumbrar a lo que hemos adquirido, máxime, cuando al llegar a nuestro jaulero, el nuevo inquilino nos regala, en cuanto le hacemos hueco en el mismo, con esas “monerías” que tanto nos gustan: buen cante de mayor, atractivos cuchicheo y piñoneo, grandiosas bulanas, titeos al comer las muchas golosinas que le echamos… En una palabra, por más de una cabeza,  ha rondado la idea de que el tan ansiado y buscado fenómeno o pájaro de bandera ha llegado a nuestras manos. Por supuesto, no le falta el más pequeñísimo detalle: un buen lugar entre el resto de reclamos, una de las mejores jaulas que poseemos, incluso, a veces, sacando a otros reclamos de las mismas para meter allí a la nueva adquisición, todo tipo de atenciones… Y más aún, incluso nos rompemos la cabeza buscándole un nombre con solera y tradición, porque a un pájaro de tal categoría no se le puede poner cualquiera.

                      Evidentemente, esta calentura que nos atenaza durante algunas fechas tiene poco soporte y, transcurrido no mucho tiempo, nos vamos dando cuenta poco a poco de que, que pensamos, en los primeros momentos que era un auténtico fenómeno, ya no lo es tanto y empezamos a ponerles pegas cada día con más base. Lo peor es que, al final, como no tenía que ser de otra forma, despertamos del sueño y caemos en la dura realidad: D. Fulano, D. Mengano o D. Zutano, o como lo hayamos querido llamar, no llega ni siquiera a Fulanito, Menganito o Zutanito. En una palabra, exceptuando contadas excepciones, que también las hay, una vez más, hemos adquirido un auténtico mochuelo. De esta manera, lo que antes eran palabras de elogios y piropos hacia el nuevo pollo, ahora se transforman en todo lo contrario, incluso, más de una vez, echamos manos de verdaderos tacos y frases malsonantes. Lo peor del caso es que, en la mayoría de las ocasiones, no hay que esperar a la apertura d la veda, puesto que, en nuestra propia casa, nos damos cuenta de la ínfima calidad de nuestra compra. Otras veces, se mantiene nuestra incertidumbre e impaciencia hasta el periodo hábil de caza, pero en cuanto le damos varios puestos, incluso en el primero, no tenemos más remedio que darnos cuenta de las evidencias y poca categoría de nuestro querido novel y, consecuentemente, darle puerta. A pesar de ello, puede ocurrir que al ser nuestro encabezonamiento grande –como a mí me ha ocurrido con más de uno-, aun sin hacer nada del otro mundo, lo mudemos y lo dejemos para el próximo año, dónde, muy a pesar nuestro nos volverá a demostrar su ínfima validez y falta de recursos.

                    Tengo que puntualizar que al escribir estas palabras, lo que trato de exponer son sentimientos y opiniones basadas en mi propia experiencia, puesto que, de este tipo de reclamos escogidos por las granjas, andaluzas y del resto de España, y personal que se dedica a su venta, varios he adquirido, no muchos, porque no me gusta ir en contra de mis principios, pero algunos, en momentos puntuales de debilidad, sí he comprado. Curiosamente, al menos en mi caso, tengo que decir que ninguno de esas adquisiciones ha salido para adelante. Todos me decepcionaron sobre manera en su momento y, a todos, unos antes y otros después, les di larga, habiéndome costado algunos de ellos, más de cien euros, que no está nada mal. Y esto no significa que los criadores o vendedores me quisieran engañar, aunque su dinero obtienen con los enjaulados, pero aun con su buena voluntad, el pájaro bueno no está casi nunca donde se busca, sino donde  se encuentra. A modo de ejemplo, diré que mis dos mejores reclamos de granja: Castelar o del Burgos y Chimenea, fueron del montón y adquiridos a última hora, cuando todo estaba ya más que escogido. Es posible que haya sido buena suerte, igual que mala con los que he comprado escogidos y de granjas de postín -de los que han llegado a mis manos unos buenos pocos-, pero ahí queda. Mucho ruido y pocas nueces.

                      Para finalizar, y a modo de resumen, al menos yo, pienso que pagar por pájaros de jaula escogidos por quienes los ofertan, más que buenos euros, no por su valía futura, sino por su presencia del momento, como ya he dicho con anterioridad, es tirar el dinero, excepto, y vuelvo a repetir, en casos muy, muy puntuales. No se nos olvide que de los mismos reproductores proceden y en las mismas incubadoras se han sacado los que están en los expositores de las ferias, a veces, amontonados y en las voladeras de las granjas. La gran suerte es no es dar, sino encontrarnos con ellos.

viernes, 20 de marzo de 2015

MIS TIMBRADOS: PRIMERA NIDADA.

Marzo, como nos marca la tradición, es un mes fundamental para el comienzo de la cría de canarios, al menos, aquí en nuestra Andalucía, máxime cuando las temperaturas en este mes  de comienzo de la primavera viene templado, como ocurre este año. Por consiguiente, las buenas temperaturas y el sol hacen que los reproductores entren en celo y comiencen  las puestas y eclosiones.


                                                          Dos machos reproductores cebando a sus crías.
De esta manera, en la primera nidada, ocho de las diez pareja que he echado este año,  ya tienen pollos, exactamente, veinticuatro. Solo una puso huevos sin fecundar, claros como se suele decir. El resto, aunque a la pareja nueve le quité huevos y se los eché otra porque las puestas eran pequeñas, siguen adelante con la ceba de sus correspondiente nidadas.

En la tarde-noche de ayer,  anillé las crías de dos parejas por lo que, a día de hoy, ya tengo quince con su “carnet de identidad”. Ocho amarillos o pintos de la línea Pepe de la Rosa y siete verdes de la de José Luis Plaza.

Por último decir que, en estos momentos, la atención al aviario tiene y debe ser máxima. De esta manera, comida, agua, limpieza y constante vigilancia del mismo para evitar cualquier problemilla, de los muchos que se dan en esta actividad, es el día a día o, para ser exactos, el hora a hora, puesto que, aparte que no puede faltarles el agua limpia, la pasta de cría, la fruta, la verdura fresca…, el anillado y los accidentes en crías y reproductores están a la orden del día. Así, pollos que ya no les entran la anilla en la pata, huevos atravesados en las hembras, enganches en los alambres, pollos que se caen del nido, padres que no alimentan convenientemente a sus crías…, son contrariedades que no se pueden dejar de un día para otro. Debido a ello, ni que decir tiene que, en estos momentos, hay que dedicarle muchas horas diarias a nuestros aviarios si queremos que la cosa marche por buen camino.

Cuatro imágenes de la cría 2015. En la primera, podemos ver un momento de la eclosión de una de las nidadas. La segunda nos muestra a pollos solicitando comida. La tercera nos muestra la pata de del pollo que portará la anilla nº 1. En la cuarta se puede ver a cuatro pollos en fase de emplume.






martes, 17 de marzo de 2015

Y LUEGO DICEN QUE LOS CAZADORES...

         Una simple lectura del contenido del enlace siguiente, nos demuestra que muchos de los más que alarmantes descensos de las poblaciones de bastantes especies que conforman nuestra fauna mediterránea, aunque a muchos le pese, no se deben al proceder de los cazadores en sus diferentes modalidades cinegéticas. Muy al contrario, ellos son, o somos para ser más exactos, los que menos tenemos que ver en la regresión de especies cazables y otras muchas protegidas.


          Por cierto, nuestra perdiz roja ha sufrido y sigue sufriendo en sus propias carnes, tales actuaciones de la agricultura moderna.

lunes, 16 de marzo de 2015

LAS "LIMPIAS" DE FINAL DE TEMPORADA.


 Evidentemente, no es la primera vez que hablo sobre este tema y, probablemente, tampoco será la última. Y no lo es porque, año tras año, cuando finaliza la temporada o está a punto de concluir, nuestro jaulero se ve mermado de ejemplares que en otro momento, incluso fueron referencia del mismo y, con el tiempo, nos hemos ido dando cuenta que no son más que auténticos mochuelos. Pájaros que, por circunstancias diversas, nos hicieron creer que podrían servir en años venideros, pero que al final, lo que he dicho mil veces sobre que “el buen reclamo, desde el primer día”, vuelve a hacerse realidad.

Es más, esta aseveración que siempre he tenido clara, no soy el único que la hace. De hecho, en estos momentos estoy leyendo “Reclamos y Recibos: Memorias de un Cazador de Reclamo” de D. Francisco Sánchez-Casas, obra que me ha regalado el sobrino del escritor y buen aficionado, José Antonio Saúco Sánchez-Casas. Pues bien, en la página ciento catorce y en el apartado dedicado al año 1974, habla sobre el reclamo Mudelo, propiedad del Sr. Saúco, el cual, aunque era un pollo con poco trapío y con aspecto más bien de hembra, el día de su debut, dio un gran puesto y el autor le tiró un macho de capa y espada. En dicho capítulo, de todo lo que escribe sobre este reclamo entresaco las siguientes palabras. “Los pájaros que van para fenómenos tienen que empezar como el Mudelo y el que no lo haga así no pasará de ser vulgar. Esto no quiere decir que por excepción, falta de celo u otro motivo, pueda darse lo contrario, comenzar mal y luego poco a poco enmendarse. El pájaro que no demuestre sangre o temperamento al enfrentarse al campo, respondiendo con las músicas adecuadas y, sobre todo, recibiendo y quedándose al tiro, no alcanzará más cota que la de regular”. Como se puede comprobar en la cita que hago del Sr. Sánchez-Casas, tanto él en su momento, como yo en la actualidad, coincidimos en que el pájaro puntero o, simplemente, un buen reclamo, desde el primer puesto debe dar la talla. Lo he recalcado muchas veces y en el manual Con la jaula a cuestas, vuelvo a hacerlo patente.

            En base a todo lo expuesto anteriormente, lo peor que debemos hacer y, en infinidad de ocasiones, tropezamos en dicha piedra, es guardar de un año para otro machos de jaula que no muestran condiciones en sus primeros momentos porque, bien por un motivo u otro, creemos que, a la temporada siguiente o en los próximos años, se harán reclamos de primera fila. Craso error comentemos.

            Así, cuando llegamos al final de cada periodo legal de caza, o al finalizar el mismo, empezamos a abrir puerta y a darle largas a quienes nunca deberían de haber ocupado lugar en nuestro jaulero. Y no es que con un año más se hayan enmendado, sino que vuelven a incidir en los defectos que ya le observamos temporadas pasadas y lo que hemos conseguido con ellos, es perder tiempo y lugar para otro cualquier pájaro que, posiblemente, hubiera servido.

            En dicha línea, primeramente, durante la temporada que acaba de concluir me he deshecho de dos pájaros –con dos y tres celos respectivamente- procedentes de una granja andaluza de mucho caché y, además, escogidos. Bellos, nobles, con buena música…. Pero en el campo, uno de ellos por un motivo y el otro, por otro diferente, nunca dieron la nota mínima que se le debe exigir a un reclamo. Y lo peor del caso es que el año pasado, yo ya sabía o, al menos me imaginaba, que esto iba  a ocurrir, pero como dejé plasmado en mi libro, esperé otra temporada para ver qué pasaba y, una vez más, porque nunca aprendemos, no acerté en mi decisión. Doce meses después, volvieron a ser dos auténticos calamidades. Y no han sido los únicos, dos pollos, dos de segundo celo y un tercera también han seguido el mismo camino. Ni que decir tiene que la peor falta que un aspirante a reclamo puede tener no es otra que, cuando se le acerque el campo o, se callen o, reciban de pluma como auténticos globos de feria, pero sin recibir de pico. También es verdad que no se pueden, o se deben, soltar pájaros por un calentón del cuquillero de turno, sino que tiene que ser una decisión muy meditada y asentada en hechos contractados.

            Qué alguno de ellos, bien arropadito en el repostero, con plazas tapaditas de las que no se ve a las patirrojas de lejos y con campo fácil, se le pegaría algún tiro, cierto. De hecho, dos de los que ya no están en mi jaulero llevaban sus tiritos, pero de los que no satisfacen a nadie. Sin ir más lejos, a uno de ellos, en Ciudad Real, le entró la pareja de callado, tras un buen trabajo desde que lo puse, los tomó muy bien, le maté el macho en su sitio, cargó el tiro correctamente, pero…, la hembra, tras el disparo, se amparó al lado del aguardo y ahí acabó el puesto.  Fue incapaz de volver a cantar. No cabía en la jaula dando vueltas, pero no abrió más el pico. La viuda le cantaba pero no se le acercó, porque supongo que le daría miedo nada más verlo y en el plan que estaba.

            Pues ejemplos como el anterior, se podrían citar muchos y, a pesar de ello, lo pelechamos con la idea de que el año próximo se produzca un cambio que, como bien sabemos, en un altísimo porcentaje, no se produce. Consiguientemente, nuestro jaulero estará ocupado, en parte, por reclamos que no llegan nunca a ser ni “mediascucharas”. Pájaros en los que creemos ver futuro, por cuatro monerías que nos hicieron un día, pero que nunca llegarán a ser realidades.

            Con este panorama, muy conocido por los cuquilleros, aunque normalmente no le prestamos mucha atención, lo mejor es actuar sin contemplaciones: el que no sirve, nunca servirá por muchos mimos y puestos que le demos en buenas fincas. Debido a ello, mientras antes le demos larga, mucho mejor. Y si nos quedamos solamente con dos o tres, que no nos preocupe, siempre habrá la posibilidad de tropezar con algún pollo con futuro. Perder el tiempo con reclamos que nunca pasarán de regulares y vulgares, como lo recoge D. Francisco Sánchez-Casas en el libro anteriormente mencionado, lo único que nos proporcionará serán decepciones y disgustos.

            Para finalizar, sólo decir que empecé la temporada con doce pájaros, entre ellos varios pollos, y la acabo con cinco. Y es para estar contento, puesto que, el no perder el tiempo con lo que no nos ofrece un mínimo de garantías debe ser una norma a cumplir y a no pasar por alto.

martes, 10 de marzo de 2015

¿CAMPO AUTÓCTONO O DE REPOBLACIÓN?

Aunque ya he escrito y comentado muchas veces lo que pienso sobre este controvertido tema, quiero, una vez más porque es el pan nuestro de cada día, y basándome en situaciones reales que vengo comprobando año tras año, dar un poco más de luz, siempre bajo mi opinión que, equivocada o no, es una más de las muchas que hay sobre el tema. Esta vez dejando a un lado al reclamo y centrándome en los ejemplares que pueblan nuestros campos.

Ante todo soy, aunque luego leyendo mis palabras pueda parecer que no es así, un verdadero defensor de nuestra autentica perdiz roja española o Alectoris rufa. Digo esto, porque quien ha conocido, como es mi caso, este tipo de perdiz hace ya unos años y la compara con la de hoy, aunque sea perdiz de sierra, en donde afortunadamente no ha llegado la hibridación con la perdiz de granja, existe un verdadero abismo. Los motivos de tal cambio, en los cuales no me voy a parar, son muy variados, como todos sabemos o entendemos que puedan ser. Pero lo que sí es cierto es que entre aquella perdiz, fuerte, dominadora de su territorio, esquiva, valiente… y la de hoy, aunque pueblen los mismos parajes, existen considerables diferencias.

Está claro que, con los años que tengo, he tenido la suerte de conocer a la perdiz de antaño y disfrutar de lances que hoy, excepto en contadísimas ocasiones, no son comunes. De esta manera, patirrojas que se venían de vuelo desde bien lejos y caían en medio de la plaza, que entraban al reclamo arrastrando el ala, que se engarabitaban encima de la jaula, que cantaban de lejos y a los pocos minutos estaban delante del reclamo con el clásico cuchicheo de la perdiz de campo, que se le mataba el macho o la hembra y al poco tiempo el viudo/a estaba otra vez dando vueltas al farolillo, que cantaban sin cesar en la horas clásicas de los puestos…, hoy día, aunque nos cueste aceptarlo, es muy muy difícil encontrarlas y, si me apuro, no existen. Lo que hay hoy día son perdices cobardonas que cantan poco, que no entran bien al reclamo, que se atrancan en las cercanías del colgadero o se van de vuelo cuando están en las proximidades del puesto sin el más mínimo motivo, que le tiras el macho o la hembra  de una pareja y el/la que queda o no vuelve a entrar y da bien la lata al reclamo o vuela y nunca más se supo de él o ella. En una palabra, un auténtico y continuo sofocón del aficionado de turno que tiene la suerte de colgar en algunos de los maravillosos parajes en donde todavía este tipo de perdiz, aunque no sea la de antes, puebla sus rincones. Está claro que, aunque digamos que el verdadero cuquillero, el de tradición, el de sentimiento…, se contenta con poco, también es verdad que a cualquiera de ellos, de vez en cuando, le gusta, porque es ley de vida, llegar al cortijo, tras vivir un buen puesto, con una sonrisa de oreja a oreja y, esto, desgraciadamente a día de hoy, no es lo normal, ni mucho menos. Muy al contrario, el sofocón, el disgusto, las ganas de mandar todo al garete… suele ser lo común en infinidad de ocasiones. Y es así, porque en los últimos años nos hemos ido acostumbrado a casi tirar en todos los puestos y, con la perdiz de hoy, tal circunstancia es una quimera.

Ante este panorama tan desolador que nos rodea, la perdiz de repoblación, no cualquiera ni de cualquier manera, sino una perdiz cuya procedencia nos asegure una buena calidad de ejemplares y soltada en su tiempo, tras un buen y serio estudio de las posibilidades de una determinada finca, queramos aceptarlo o no, no es “bajarse los pantalones” como se suele decir. Y no lo es, porque es de humano el disfrutar y, si lo que realmente queremos no nos lo proporciona lo que hay en el campo, de ley es buscar alternativas y, ésta, se quiera o no, es una de ellas. Pero ojo, no hablo de cotos intensivos en donde se van soltando ejemplares de muy dudosa procedencia, cada dos por tres y cuando la necesidad de bolsillo lo requiera y en los que se pueden hacer puesto de “dolor de cabeza”. Me refiero a cotos, en donde quien lo lleva adelante, realiza una suelta de un determinado número de perdices con buen “pedigree”, en su tiempo, dígase al comienzo del otoño, los cuida y cuando llega su momento, la apertura de la veda del reclamo los caza, sin que antes se le haya dado palizas y palizas al salto y al ojeo. Así, estas perdices cuando llega la apertura de la veda, allá por principio de enero, con tres meses más o menos en el campo, más las que han quedado del año anterior, están emparejadas, conocen el terreno y, aunque nunca llegarán a poseer la sapiencia, sentido y bravura de la autóctona, entran a la jaula que, muchas veces, da gusto verlas. Por supuesto que no son de campo, pero el aficionado se divierte, vaya que sí.

         Todo lo expuesto lo refrendo porque soy de los que le gusta decir la verdad de lo que siento y de lo que hago. En base a ello, año tras año, abato autóctonas y de repoblación y no pesa, ni me duele decirlo. En la finca que tengo arrendada hace dieciséis año, sólo hay autóctonas –aunque cada año están peor-, pero empiezo a plantearme el realizar sueltas si la cosa no cambia. Y es así, porque aparte de los sofocones que se puedan coger colgándole a este tipo de perdices, los reclamos terminan hechos polvo, porque para ellos, no hay nada peor, que puestos y puestos sin matarles cacería y eso es lo que está ocurriendo últimamente. Pasan los días y los días, puestos y puestos y ni se les tira y ni se les acercan las patirrojas. Y lo peor es que muchas veces, pasan las jornadas y ni se escucha el campo. Pero existe un problema añadido. Con la perdiz autóctona de hoy, nos podemos encontrar, y este año me ha ocurrido a mí, que pájaros que dieron grandes puestos, con el campo lejos o sin escuchar una pitada, por supuesto, a los tres o cuatro celos te das cuenta que son unos auténticos mochuelos y los tienes que soltar, puesto que, cuando llega el momento en el que tienen que dar el do de pecho, no sirven y le hemos aguantado carros y carretas pensando que eran unos buenos reclamos. Está claro que de salón todos los espadas son buenísimos.

lunes, 9 de marzo de 2015

COMIENZA LA TEMPORADA DE CRÍA DE CANARIOS.

Una vez finalizada la temporada de caza, aparte del constante cuido de los reclamos hasta la apertura de la nueva temporada y el arreglo y limpieza de complementos y pertrechos, la cría de canarios timbrados me tendrá ocupado hasta cuando, allá por finales de año, acaben los concursos de canto.

Coincidiendo con la semana que he pasado en Ciudad Real cazando el reclamo, a últimos de febrero, la mayoría de las parejas iniciaron la puesta y, por estos días, comenzarán, como ha ocurrido esta mañana, la eclosión de los primeros pollos de 2015. De hecho, la mayoría de las nidadas están compuestas por huevos fértiles y no claros como suele ocurrir al principio de cada temporada. Tan es así que, en estos tres próximos días, nacerán, si no surgen inconvenientes, más de veinte crías.

Este año sólo tengo dos líneas procedentes de dos muy buenos criadores onubenses, una de José Luis Plaza de color verde y otra de José de la Rosa, de color amarillo, más alguna pareja con machos o hembras de ambos. Si a esto le sumamos otra de color isabela oro procedente de Gregorio Coronel, otro buen criador de la vecina Punta Umbría, completo mi aviario para el dos mil quince. Obviamente, los reproductores que he dejado, aparte de algunos del año pasado, son ejemplares que me dieron buena puntuación en los concursos que participé en el 2014. Así, tanto unos como otros tienen planillas con 89, 90 y 91 puntos, que no está nada mal. En total, para no “aburrirme”, he echado diez parejas, con lo que deberé emplear bastante tiempo en la limpieza y desinfección de habitáculos, anillado de crías, preparación de alimentos, principalmente la pasta o bizcocho, y otras muchas tareas que se presentan en este apasionante mundo de la canaricultura.


Seis instantáneas de la cría 2015. En la primera, segunda y tercera se puede ver a tres reproductoras incubando. La cuarta nos muestra una puesta de cinco huevos. Por último, la quinta y sexta nos ofrecen dos momentos de la eclosión de dos nidadas diferentes que se esta produciendo en estos momentos.








jueves, 5 de marzo de 2015

AHORA SÍ. CREO QUE CHIMENEA ES UN BUEN RECLAMO.

                                                    Chimenea y su elegancia en el farolillo.
      Hace algunos años, justamente el 30-01-2011, escribía: "CHIMENEA, UN PROYECTO QUE EMPIEZA A CONSOLIDARSE". Pues bien, cuatro años después, no tengo más remedio que decir que, lo que entonces era un proyecto de reclamo, hoy es una realidad totalmente consolidada. Y lo es porque, Chimenea, posiblemente el mejor pájaro de todos los que han pasado por mis manos, ha completado una excepcional temporada, máxime teniendo en cuenta que estuvo una semana sin salir al campo por una herida en una pata que le produje, por un rebote, al disparle una hembra y otra por males familiares. Aun así, al final de los cuarenta y dos días que marca nuestra Orden de Vedas, le he tirado y abatido veintiuna patirrojas entre autóctonas, de las de verdad, y de repoblación, que no está nada mal con los tiempos que corren. Pero mucho más importante que dichos números es saber que no ha fallado en ningún puesto, bien haya sido con viento, lluvia, frío o en encinar, eucaliptar, campiña, sierra... En una palabra, ha pasado por todas las diferentes alternativas por las que a un reclamo se le pueden presentar y siempre ha dado el do de pecho. Tan es así, que pocas perdices se le han resistido esta temporada, solo la última, una hembra que, tras dejarle "seco" el macho, que es lo que suelo hacer para presenciar y recrearme en la facilidad que tiene para atraer a las féminas, se le atrancó de tal manera, que estuvo unos segundos un poco desquiciado ante la tozudez de la "señora" en entrar al trapo. La ya viuda, cantaba incesantemente y se dejaba ver, pero de atravesar el limpio que la separaba del matojo, nada de nada. Al final, superado su mal trance, volvió a la suavidad y al titeo y, doña pájara, no tuvo más remedio que acercarse hasta donde debe ser. Lo sorprendente del lance fue que la susodicha era un ejemplar de repoblación, cuando muchas veces pensamos que este personal entra en plaza fácilmente.

Pues bien, si hace cuatro años dije que no sabía, al ser de granja, cuánto duraría ofreciendo el máximo nivel, hoy vuelvo a repetir lo mismo. Pero la realidad, totalmente incuestionable y demostrada, es que los cinco maravillosos años que me dado no se los quita nadie. No sé si setenta y tres patirrojas rodadas a sus pies, que son las que lleva en las cinco temporadas, son muchas o pocas para lo que se supone un reclamo puntero o de bandera, pero su excepcional música con un poderoso reclamo incluido, su tranquilidad, los recursos que utiliza y su elegancia y belleza que demuestra en el repostero están fuera de toda duda. Y lo curioso del caso es que, en casa o cuando voy a cualquier finca a echar unos días de cuelga, mientras los demás reclamos se desgañitan con sus machacones cánticos, él sólo emite, de vez en cuando, un imperceptible cuchicheo y pica repetidamente el aro de madera de su jaula, justamente como suele hacer cuando barrunta a las patirrojas y éstas están a punto de entrar en plaza.

Para finalizar, siempre he dicho que soy de los que pienso que nunca ha pasado por mis manos un fenómeno o de bandera, y no sé, dada mi alta exigencia, si él lo será, pero lo que si tengo claro es que, como Chimenea, pocos aterrizarán en mi jaulero, bien de granja como es él o de campo, aunque de estos últimos cada vez llegan menos a mí poder por las razones que ya he expuesto muchas veces. Comenzó su formidable andadura con un gran puesto hace cinco años, en una mañana de viento y agua y, hace unos días, ha terminado esta temporada con otro del mismo estilo, aunque muy diferente en lo meteorológico.

Algunos momentos de esta temporada. La primera imagen nos muestra la herida que sufrió en una pata al dispararle a una hembra y rebotarle un plomo o trozo de laja.  En la  segunda, tercera, cuarta  y quinta se puede apreciar la clásica y esbelta postura de Chimenea  en el pulpitillo. En la sexta se le ve con tres perdices a sus pies,. En la séptima se le puede ver con la última pareja abatida en Ciudad Real.








martes, 3 de marzo de 2015

PUNTO Y FINAL, AL MENOS PARA MÍ.


       Este pasado domingo, sobre las once y veinte, puse fin a la temporada de reclamo 2015, en un precioso colgadero de Castellar de Santiago (Ciudad Real) con perdiz de repoblación. Y lo hice tirándole una collera a un pollo de El Chopo. Está claro que los años empiezan a pesar y, además, los reclamos necesitan un merecido descanso. Ni que decir tiene que llevan muchos puestos y no menos km para el pellejo. Por lo tanto, aunque tengo invitaciones para la colgar en la zona  alta de Huelva y Sevilla y en las Alpujarras granadinas, por este año, se acabó.

De esta manera, los últimos tres días y la mañana del domingo, como año tras año, coincidiendo con el puente del Día de Andalucía, he estado cazando por aquellos lares en compañía de dos amigos de Huelva y acompañados de nuestras correspondientes señoras. El resultado de los siete puestos que di, fueron trece granjeras abatidas., aunque en dos de ellos, ambos de mañana, no tiré. Ello significa que, a veces, no es tan fácil como pueda parecer.

Pues bien, como me gusta ser serio en mis comentarios y apreciaciones, tengo que decir que la perdiz de repoblación, aparte de su parte mala, que la tiene, comparada con la autóctona, tiene una gran parte buena: rápidamente descubre a los mochuelos, puesto que, difícilmente se va uno de un puesto sin que el campo, o mejor dicho repoblación/granja, lo tenga cerca. Así, el pollo de turno, que sin “material” en las cercanías puede un fenómeno y dar un festival musical –incluso su dueño más de una vez habla de sus excelencias-, cuando se le acercan unas pocas granjeras, no entran a las primeras de cambio en plaza y se le atrancan, cosa normal, lanzan al aire sus propias debilidades, ante la perplejidad de sus dueños: “globos” dentro de las jaulas sin canto de recibo, alambreos, saltos, descomposición y nerviosismo total, agachamientos… De hecho, debido a lo anteriormente expuesto, entre pollos del año y segundas, le he dado puerta a cinco pajarrucos, entre ellos dos de los famosos rubios.

Con anterioridad a estas últimas jornadas de caza, estuve dos días en la Finca Herraderos situada en el término de la localidad manchega de Villanueva de San Carlos, cazando perdiz autóctona, nuestra verdadera Alectoris rufa. Está claro que con dicho “ganao”, hay que tener jaula para apretar el gatillo, porque como el amigo José Luis Gómez, arrendatario de dicho coto, le comenta a todo el que lo llama para ir a cazar a la citada finca, o llevas reclamos de garantías, o no te comes un pimiento. Aun así, en los dos días de estancia en la misma, tire dos parejas de patirrojas en los cuatro puestos que di.

Para ir terminando, diré que el amigo Chimenea, reclamo granjero de cinco celos, con plomeo incluido en una pata, ha visto a sus pies a 21 perdices entre autóctonas y de repoblación, número que no está nada mal. A Alpujarreño, que no ha estado como el año pasado, le he tirado 8, a Ribera –pollo del año-, para mí una gran promesa, otros 8. Por último, a un segunda procedente de Los Yebenes toledanos, le he abatido dos pares, tras un gran trabajo y a un pollo de El Chopo, regalo de mi amigo Alonso, como dije al principio, una collera. Igualmente, a algunos de los que le he dado larga, también les he matado alguna que otra perdiz. Por consiguiente, para la temporada próxima solo dejo cinco reclamos, puesto que, guardar medianías, es guardar sofocones para el año que viene, circunstancia que, al menos yo, tengo más que clara que no debemos permitir.

Como punto final tengo que decir que, independientemente de los resultados obtenidos, en unos casos buenos y en otros malos, la temporada que toca a su fin ha sido, según mi propio criterio, de regular para mala. Y ha sido así por dos motivos: la falta de lluvias durante la misma y los fuertes vientos que hemos soportados muchas jornadas. En la parte positiva, no puedo pasar por alto la gran temporada de Chimenea, lo que viene a demostrarnos, una vez más, que los reclamos criados en cautividad pueden llegar a ser pájaros punteros y la aparición de dos pollos con muy buena pinta: D. Benito, un segunda y Ribera, un pollo del año.

       A partir de ahora y hasta la temporada próxima, cuido máximo de los reclamos, arreglos y limpieza de pertrechos y, como dice el amigo Raimundo, cría de canarios y gusanos de seda para las nietas.


Estas imágenes que vienen a continuación recogen diferentes momentos de la última semana de reclamo de quien suscribe. La primera y segunda nos muestran un amanecer y anochecer en tierras manchegas. En la tercera y cuarta se puede ver a Chimenea en dos momentos diferentes. La quinta nos muestra al pollo del Chopo y a las dos perdices que le maté. En a sexta y séptima se ve a D. Benito con un par abatido en primer lugar y con el total que le maté en el mismo puesto . La octava, novena y décima nos muestran las patas de dos machos y la mancha en la cola de lo que se supone que era rey de bando. Por último, en la undécima se nos ve a los tres compañeros que fuimos a Castellar y nuestras respectivas esposas.