lunes, 29 de mayo de 2017

ACABAMOS LA TEMPORADA CON CUQUILLEROS AL ALBA

Este pasado domingo, día 28 de mayo, invitado por mi buen y querido amigo Diego Rama, presidente de la Asociación Cuquilleros al Alba, me trasladé hasta Villanueva de Algaidas (Málaga) para participar, junto a muchos amigos y conocidos, en la Asamblea general de dicha asociación y, de camino, arrimar el hombro en pro de nuestra ancestral afición pues, como bien sabemos, falta le hace. Da igual que sea éste o aquel quien organice un evento, la historia es sumar.

Y la verdad es que la Asamblea y la posterior comida de hermandad fueron un verdadero éxito, por gran la asistencia de compañeros/as de afición de muchos rincones andaluces y por las tranquilizadoras palabras de D. Agustín Rabadán y de D. José María Mancheño, presidentes de las Federaciones de Caza de Castilla la Mancha y Andalucía respectivamente, sobre el momento actual de la caza sobre la perdiz con reclamo macho en ambas Comunidades.

Y para ser sincero,  quiero hacer constar que el acto y el posterior almuerzo fueron un rato más para conocer a nuevos compañeros de otras zonas de nuestra querida Andalucía y charlar sobre nuestras inquietudes cuquilleras y, como no, contarnos infinidad de vivencias y anécdotas sobre nuestra afición.

Eso sí, porque es de bien nacido ser agradecido, trasladar a D. Diego Rama, presidente de Cuquilleros al Alba su maravilloso y exquisito trato y, de camino, hacer hincapié en lo mucho y bien que está luchando por nuestra ancestral forma de caza.

Pero también hay que hacer constar que, tanto Ángel Doblado a la guitarra como la cantaora Cristina Regajo, La Farruca, -dos artistas como la copa un pino- nos hicieron pasar unos agradables momentos con sus cantes flamencos en general y sobre nuestra modalidad cinegética en particular.

Cinco imágenes de la Asamblea. La primera nos muestra el cartel que presidía la mesa. La segundo recoge en el momento en la que los dos presidentes autonómicos de la caza charlan con dos asistentes a la Asamblea. En la tercera se puede ver a cuatro de los participantes. La cuarta recoge un momento de la comida. Por último, la quinta nos ofrece una parte de los asistentes alrededor de algunas de las mesas. 







Para terminar, solo decir que este blog, al igual que en años anteriores, "se va de vacaciones" a Punta Umbría. Si Dios quiere, volveremos a mediados de septiembre, cuando los nuevos pollos le den el empujón a la nueva temporada.

FELIZ VERANO A TODOS/AS

lunes, 8 de mayo de 2017

EL NOMBRE DE NUESTROS RECLAMOS


                                        Quinteño y el Alpujarreño, dos reclamos de mi propiedad.

El de Manué, Castelar, Correa, D. Benito, Chimenea, Alpujarreño, Montija, Quinteño, Veinticinco… son todos nombres de reclamos que pasaron en su día de mi jaulero o forman parte en la actualidad del mismo. Unos mejores y otros peores, como en cualquier casa de vecinos, pero esta circunstancia no tiene nada que ver con el artículo, pues lo que quiero transmitir y compartir es que línea sigo para ponerle nombre a mis reclamo.

Pues bien, aunque nombres o apelativos hay, ha habido y habrá de todos los tipos y procedencias, sobre el tema tengo que decir que, en lo que a mí respecta, normalmente, a todos mis reclamos les suelo poner dos líneas de nombres: su lugar de nacimiento y el de la persona de la que procede. Además, a un número reducido de los que tengo o he tenido, les he puesto nombres relacionados, de alguna marera, con situaciones puntuales. Así, de estos últimos -por citar algunos ejemplos-, Correa se llamó así porque se lo cambié a un vecino de la zona por una correa de cuero que le hice. Repinto, porque esperé, un buen tiempo, en una Peña de Cazadores del mimo nombre a que me lo trajesen. El Veinticincoocupó, cuando llegó casa, un casillero con ese número y la gente que lo veía le empezaron a nombrar por ese número. Pechín, porque tiene la parte del pecho de color blanco. Galindo, porque era un macho de jaula muy pequeño, como el personaje del que recibió su denominación. Castelar, por el nombre del protagonista de la obra Memorias de un reclamo

Aparte de lo citado, lo normal es que a los noveles que llegan a mis manos les ponga como nombre el de su lugar de nacimiento, bien el de la localidad, el de la finca o zona geográfica. De esta manera, muchos reclamos de mi jaulero se denominaron o se llaman de tal forma; el Alpujarreño, Montija, Ribera, Chimenea, Quinteño, Manchego, Calatraveño, Segura, Portugués, Sierranorte, Tharsileño…

Igualmente, otros muchos han recibido el nombre de quien me lo regaló o vendió. Como ejemplos de ellos, puedo citar: el de Manué, el de Pedro, el de Andrés, D. Benito, Ariza, el de Raimundo…

Curiosamente, nunca le he puesto a un reclamo nombre de futbolista, ni de torero, circunstancias bastante normal en nuestra afición.

Para terminar, tengo que decir que hasta que un pollo no apunta maneras en el campo y sé que me voy a quedar con él, no lo “bautizo” y, por consiguiente, se nombra con el número del casillero donde lo coloco, de ahí lo del Veinticinco, pues fue ese cardinal en el que lo instalé cuando llegó a casa procedente de la granja El Cristo de Lucena. Particularidad que apunta, igualmente, José Murillo en su obra Los Riberos del Salor, precioso libro sobre la afición cuquillera y que estoy leyendo ahora mismo. Eso sí, una vez que forma parte de mi jaulero le pongo -por capricho- dos anillas. Una metálica -que me hace mi buen amigo Diego Ramírez de Cuevas Bajas- en la caña de la pata derecha, con el año de su nacimiento y otra verde pistacho con un determinado número en el mismo lugar de la pata izquierda.

                                                        Imagen de las patas de Montija con las dos anillas.