miércoles, 19 de diciembre de 2018

FELICITACIONES NAVIDEÑAS

     Con mis mejores deseos para todas/os los visitantes de este blog y sus respectivas familias


jueves, 13 de diciembre de 2018

UN MAGNÍFICO OTOÑO SETERO.

          El otoño, tradicionalmente, siempre ha sido una estación meteorológica lluviosa y que, además, al ser frontera con el verano, en los primeros momentos del mismo, la gran mayoría de las veces, suelen ser templados. Por tanto, agua y temperaturas agradables son las dos premisas fundamentales para que sea una época setera por excelencia. Consecuentemente, en los años así, a las mágicas representantes del reino fungi las podemos encontrar en cualquier sitio, como de hecho está ocurriendo en lo que llevamos del actual. Así, con la tierras subidas de temperaturas debido al largo aunque no muy caluroso verano, los boletus  –tontullos o tentullos- y las Amanitas caesareas –tanas- han hecho las delicias de cuantos aficionados a la recolección de setas han salido al campo en su busca en terrenos de encinar, castañar y alcornocal... 




      A continuación, los Agaricus campestris –champiñones silvestres- y las Macrolepiotas proceras –gallipiernos- se podían encontrar en cualquier terreno estercolado por el ganado.



 Para finalizar, ya por estas fechas, los Lactarius deliciosus y sanguifluus –níscalos-, las Lepistas nuda –pies azul- y las Cantharellas cibarius –chantarelas o rebozuelos- y otros muchos son verdaderos tesoros que llevar a nuestras mesas.




Ahora bien, hay que tener muy claro que no nos lo podemos jugar a setas, pues recoger ejemplares de ellas sin tener mucha idea del tema puede ser, como de hecho es a veces, fatal. Pues no sería el primero que perdiera el pellejo en el envite. Tan es así, que también por estas fechas suele ser relativamente normal tropezarnos con la delicada y bellísima, pero mortal Amanita phalloide, un ejemplar que produce anualmente muchas muertes en nuestro país.



Pero además, un buen año de setas corre paralelo a una posible buena temporada de caza de perdiz con reclamo, pues ambos tienen “ingredientes” comunes. Terreno húmedo, mucha hierbas y temperaturas suaves y agradables, lo que hace años era un formidable celo del rabanillo. Ahora, que no se puede llevar a la práctica lo citado en último lugar, por no ser legal, esperamos impacientemente la apertura del periodo hábil con unas condiciones climatológicas formidables. Luego, el tiempo dirá, siempre que en la mata haya música y sapiencia.


miércoles, 5 de diciembre de 2018

TERTULIAS CUQUILLERAS

Cualquier afición debe reunir a personas que compartan sus pensamientos, opiniones, sensaciones, ideas, situaciones vividas, anécdotas… sobre la misma, ya que si no fuera así, ninguna de ellas perduraría en el tiempo, pues no tendría sentido practicar una determinada actividad, sea del tipo que sea, y ahí se acabó todo. Y si la actividad que se practica es la caza y todo consistiera en salir al campo a ponerla en practica y volver a casa con unas determinadas piezas abatidas y punto y final, haría mucho tiempo que lo cinegético o venatorio habría desaparecido, pues como bien sabemos el apretar el gatillo, la mayoría de los casos, es lo de menos. Es mucho más importante el compartir con otros compañeros que sienten en la misma dirección lo que ha ocurrido en cada lance en el que hemos participado. De esta manera, las tertulias cinegéticas se transforman en un importante medio para que una determinada modalidad de caza no se vaya al garete, sino que se fortalezca.

En esta línea,  nuestra afición cuquillera no iba  a ser menos y, desde siempre, las reuniones de amigos y compañeros para contarse todo lo relacionada con ella han sido el medio fundamental para que, a día de hoy, sea una modalidad de caza seguida por infinidad de fervientes practicantes. Chimeneas de cortijos, barberías, tabernas y bares, diferentes locales… desde siempre han sido lugar de reunión de infinidad de pajariteros. De esta manera, además de hablar de los muchos problemas que azotan a tan emblemática forma de caza, el poner en conocimiento de los compañeros el gran puesto que nos dio Fulanito, la mocholada que nos endosó Sutanito o una de las muchas anécdotas que a todos nos han pasado es la salsa de nuestra controvertida y ancestral afición.

Pues bien, como en años atrás, aquí en Huelva un grupo de amigos aficionados al reclamo solemos reunirnos de vez en cuando para charlar sobre todo lo que rodea a nuestra afición y contarnos multitud de batallitas sobre la misma. Así, bien en algún bar conocido o en mi garaje, Joaquín Moyo, Fernando Feria, Ángel Almendrote, David Soto, Gaspar Gómez, Manolo Monescillo, Manolo Jariego, Antonio Bermejo y quien suscribe nos solemos reunir para echar el rato hablando del reclamo y de paso tomar unas copas y degustar algún producto de la tierra. Máxime cuando cada día nos acercamos más  a la ansiada y esperada apertura del periodo hábil de la caza de la perdiz con reclamo.

Tres tomas de diferentes días en los que los componentes de nuestra Peña el Reclamo nos hemos juntados para charlar largo y tendido sobre nuestra afición cuquillera. Es obvio, que ella necesita de estos momentos, pues siempre han sido parte fundamental de nuestra tradición pajaritera




martes, 13 de noviembre de 2018

LAS PRUEBAS DE LOS RECLAMOS SIN ESCOPETA


Por estas fechas, cuando ya se divisa la nueva temporada, año tras año, muchos aficionados al reclamo suelen salir al campo, sin escopeta, a probar o campear sus pájaros perdices. Dicho proceder cuquillero tiene infinidad de adeptos y no menos detractores, sin profundizar en la legalidad o ilegalidad de tal forma de actuar con los reclamos o aspirantes a ello, porque esto sería un tema diferente a tratar.

Pues bien, sobre el tema quiero plasmar lo que opino, basándome en lo que durante muchos años he hecho, he visto, he escuchado…, pero, es obvio que mi forma de ver el tema no significa que sea palabra de rey, pues puedo estar totalmente equivocado. Simplemente expongo lo que creo y pienso sobre el tema sin más.

Hay que partir de la base que cuando hablo de pruebas me refiero a ir al campo a poner el reclamo en un repostero o tanto como cuando se caza de verdad, pero sin escopeta. Por tanto, no me refiero a sacar a los reclamos, todos más o menos juntos, a que tomen el sol y canturreen, pues eso es otro tema.

Aclarado esto, pienso que en principio y como se suele decir, si no hay tiro, no hay resabio, pero sí pueden ocurrir circunstancias que intervengan en la opinión o visión irreal de la situación por parte del dueño de un determinado ejemplar, pues lo primero que hay que tener claro es que un reclamo, sea el que sea, debe ponerse en la mata cuando se encuentre en condiciones para ello, circunstancia que por estas fecha, en un alto porcentaje, no ocurre. Por lo tanto, podríamos cometer errores graves, De hecho, seguro que se han soltado o regalado aspirantes a reclamos que podrían haber dado la talla en otras condiciones, máxime cuando son pollos. Un neófito no debe salir al campo si no está en su sazón, y no porque un machaco campero lo achante, porque el bueno no se achanta nunca, sino porque no va a responder como debiera. Tan es así que, a veces, pájaros consagrados no dan la talla por estas fechas, pues cuando hablamos de una prueba en la jara no hablamos de tomar el sol, sino que nos estamos refiriendo a un puesto en toda regla, pero sin la suerte suprema. Todo lo demás, excepto el disparo, puede ocurrir y, de hecho, a veces, ocurre. No será la primera vez que un pájaro puntero, cuando era pollo, haya dejado a su dueño en una de estas tentativas, cabizbajo, por suspender soberanamente en ella. Si ello puede acontecer en los primeros puestos del periodo hábil, como no va a suceder con anterioridad al mismo, máxime cuando los reclamos están en fase de encelamiento.

En resumidas cuentas, independientemente de que alguna vez hayamos picado en esto de las pruebas en el campo sin escopeta, las mismas no se deben entender como algo positivo, sino todo lo contrario y, mucho menos, noveles, sin estar en su punto álgido. Pero es más, en base a lo expuesto, no debemos deshacernos de ejemplares que no cumplan en este tipo de salidas. En esta línea y a modo de ejemplo -aunque seguro que no he sido el único-, hace ya muchos años deseché un pájaro de jaula porque no me dio la talla actuando de la forma reseñada y, luego, en manos de otro, fue un gran reclamo.

Hay quien pueda decir que hay muchas formas de probar reclamos. De esta manera, unos dirán que no dejan entrar el campo en plaza y tosen en cuanto los barruntan, otros que los prueban en donde hay poco campo para que no le entren, otros que no importa que le entren las montesinas…, pero en el fondo, en todos los casos se puede sacar la misma conclusión: hay más inconvenientes que cuestiones positivas en las referidas pruebas. No obstante, si solo sirven estos “exámenes” para ver cómo actúa un determinado ejemplar y hacerse con ello una composición de lugar, podría ser positivo, pero como cuando probamos también está en la mente la criba y el dar largas al que no cumple, entonces no existen unos mecanismos con base o fundamentos sólidos para la misma.

Además, si no es positivo esta forma de actuar o, al menos, a mí no me lo parece, menos efectivas son las probaturas que se realizan una vez cerrada la veda, porque experimentar en esas fechas es guardar mochuelos para el año próximo, pues el que no da el do de pecho en su momento, aunque en abril sea un fenómeno, no es un pájaro perdiz de fiar. Tan es así que, lo que se guarda por dar un gran puesto en primavera, la temporada siguiente es carne de suelta y tiempo perdido. Pues como bien sabemos, en dichos momentos cantan hasta las piedras. Por tanto, nunca puede ser válida una buena nota que ha sacado un determinado reclamo, cuando ya la mayoría de ellos están machacándose durante todo el día.

martes, 6 de noviembre de 2018

LOS CALLOS PLANTARES DE LOS RECLAMOS.

        Siempre han existido los callos en la planta de los pies de los pájaros de jaula (aporrillamiento), pero algo ocurre a día de hoy porque, la gran mayoría de las veces, nuestros reclamos los tienen desde bien jóvenes. Sin ir más lejos, muchos de ellos, con dos o tres años ya los presentan y, en algunos casos, bastante prominentes. Antes, era uno tal cual cuando el reclamo era ya mayorcete, pero en la actualidad, son casi la gran mayoría, sean jóvenes o viejos.

         Leyendo y comentando con amigos, siempre sale la  misma historia: el motivo desencadenante de tal problema no es otro que el suelo de las jaulas cuando éste es de material duro, como puede ser el alambre. Sin embargo, hay pájaros de jaula que tienen callos plantares y el suelo de las suyas no es metálico o duro, sino de cordaje de materiales diferentes: cáñamo, nylon, pita, esparto…

         Está claro que puede ser que en tal contrariedad el asiento de las jaulas pueda ayudar a que el callo pueda consolidarse y aumentar de tamaño pero, en realidad, ese abultamiento plantar no deja de ser, según tengo entendido, una infección producida por el continuo contacto que tiene esa parte de las patas con las deyecciones propias de cada ejemplar, tanto en jaula como en los cajones de muda, además de que, muchas veces, también intervienen los ácaros. Por tanto, para tratar dichas afecciones plantares, además de por medios quirúgicos –sajarle el callo y evacuar todo lo que tiene dentro si éste está mu desarrollado-, habría que utilizar productos desinfectantes como puede ser la limpieza con agua oxigenada, la Povidona Yodada (mercromina, o betadine, tintura de yodo…) y aplicar algún antibiótico en forma de crema, como es el caso de la Pomada antibiótica Liade, pues bacisporín, muy utilizado hace algunos años,  ya fue retirado. De hecho Liade la suelo utilizar cuando existe hinchazón en las patas y en los dedos de los canarios y va muy bien.

         Hay que puntualizar que si el aporrillamiento o callo plantar está ya muy desarrollado y no se le extirpa mediante pequeña intervención quirúrgica, actuación que no está al alcance de cualquiera, sino de profesionales del ramo, es difícil su eliminación, pero si en cuanto nos percatamos de que a alguno de nuestros reclamos le está empezando a salir, entonces sí puede paralizarse o aminorarse su crecimiento, con lo anteriormente expuesto. Dicho proceder, con los tres productos reseñados en el párrafo anterior, se debe llevar a cabo durante cinco o seis días seguidos y, a continuación, en días alternos hasta que se aprecie mejoría que, con total seguridad, se producirá, pues lo he comprobado muchas veces. Pues no se olvide que el pájaro perdiz que padecen esta problemática suele estar la mayoría del tiempo apoyado sobre una pata -la que menos daño tiene- o, bien, echado sobre el fondo de la jaula. Y tal situación no gusta a nadie, máxime sabiendo que el reclamo de turno está dolorido.

         Sobre este tema, se puede decir y argumentar que las patirrojas camperas, difícilmente tiene esta problemática, pero hay que pensar que no son muchas las que llegan a maduritas y, además, nunca suelen estar en contacto con su propias deyecciones o con suciedad. Pues, pueden vivir en hábitat de suelos duros y pedregosos, pero exento de porquerías.

         Para terminar, solo decir que este artículo va encaminado a un reflexión sobre el tema. Es decir, el preguntar y preguntarme el porqué se hace más palpable lo de los callos en la planta de las patas de las perdices, pues vengo observando en los últimos años que tal circunstancia poco deseada aumenta. Por consiguiente, si yo supiera cuál  es la causa de tal problemática enfocaría el tema de forma diferente. Tan es así que lo que puntualizo, en cuanto a medicamentos, es información que me ha llegado mediante amigos o profesionales, nunca que sea cosecha propia, pues de temas veterinarios, no tengo ni idea.


Imágenes de las respectivas patas de tres reclamos con callos. La primera  y segunda corresponden a dos reclamo de tres años. La última corresponde a uno de diez años. En todas ellas se puede apreciar la inflamación de la almohadilla plantar, callo o aporrillamiento. En el pájaro de más edad puede ser normal, pero no tanto en los dos de tres años.





jueves, 1 de noviembre de 2018

"TOSANTOS" UNA FECHA IMPORTANTE PARA LOS CAZADORES DE PERDIZ CON RECLAMO MACHO


             En los calendarios de caza en general, existen unas fechas que, desde siempre, han sido santo y seña de las diferentes modalidades que forman parte de la misma. En esta línea -a modo de ejemplo-, valgan dos de ellas muy representativas: el 15 de agosto como comienzo de la media veda y caza con perros y el 12 de octubre la apertura de la veda general, aunque últimamente se hayan alterado un poco los días de inicio.

            Pues bien, en el mundo de las fechas cinegéticas, hay una,  Tosantos”, primero de noviembre, que para muchos aficionados pajariteros es el pistoletazo de salida para la temporada cuquillera, pues una gran mayoría de los perdigoneros escogen este día para sacar a sus pájaros perdices de los pelecheros y meterlos en las jaulas, previo tradicional recorte. Y la verdad es que, aunque en esta afición nunca hay que tener prisas, porque la paciencia debe ser una  de nuestras grandes virtudes, en cuanto “sobrevuelan” estas fechas aparece la inquietud y el nerviosismo ante la llegada del día de tan ancestral tarea. Es más, en ocasiones, puede más la impaciencia que la tranquilidad y más de una vez y más de dos, hemos recortado algún reclamo antes de tiempo, con  algún  pretexto de por medio.

            Eso sí, el recorte, además de una función necesaria, aunque haya quien no lo lleve a cabo y no toque los reclamos por miedo a fracturas -no todos los aficionados saben coger los pájaros-, es algo más que una simple utilización de la tijera para dejar “guapos” a los componentes de nuestros jauleros, pues a la postre, dicho quehacer es un singularidad importante más del ritual cuquillero. Por consiguiente, el recorte se transforma en un bálsamo tranquilizador y esperanzador para los perdigoneros. Representa algo así como el momento de recoger los frutos de muchos meses de trabajo y desvelo al lado de nuestros reclamos, sufriendo por no saber cómo concluirá la muda y sí surgirá algún problema en el largo y tórrido verano. Pero, por otra parte, es el punto de partida para una nueva temporada pues, a partir de este momento, comienza el soleo, el aporte del verde, de bellotas y castañas picadas y de otras muchas golosinas, elementos todos ellos muy importantes en el día a día cuquillero.

          En lo personal, puedo decir que mis reclamos ya están enjaulados como apunté en un post anterior y, además, por tradición, no los suelo recortar hasta la mitad del mes en curso. Es decir, sobre sesenta días antes de la apertura del periodo hábil de caza. Siempre lo he hecho así y así continuaré.

            Ni que decir tiene que, desde ya, como si se tocara a arrebato, las reuniones y sesiones varias pajariteras proliferan en cualquier lugar, cosa que no ocurre durante el periodo de muda. Los inquilinos de la jaulas, todas limpias y muchas de ellas repintadas, empiezan a llamar la atención de los receptivos dueños y no es muy difícil ver a estos últimos acompañados de otros amigos y compañeros, contándose entre ellos las futuras excelencias de pájaros que lo más seguro es que no pasen un examen de preescolar, pues es el tiempo de la ilusión desmedida. Sin embargo, con el paso de los días y semanas, dicha expectación se irá transformando, primeramente, en movimientos de cabeza ante las negativas respuestas de algún que otro inquilino del jaulero que empiezan a mostrar su negativo proceder. Más tarde, llegarán los tacos e incluso las maldiciones. Y para finalizar, en muchos casos, se suelen abrir puertas con anterioridad a la apertura de la veda.

            Por cierto, por estas fechas ya otoñales, la mayoría de los últimos años, la sequía veraniega y los calores del “veroño” persistían. No obstante, en el actual, la cosa ha empezado bastante bien, pues el campo está precioso y eso es señal de que podemos estar en la antesala de una buena temporada cuquillera. Sin ir más lejos, el año pasado por estas fechas, los terrenos eran una pena, pues prácticamente no había llovido en buena parte de nuestra Comunidad, pero, a día de hoy, el paisaje rural se nos presenta totalmente verde y precioso, señal que ya han llegado las esperadas y necesarias lluvias otoñales. Con estas componendas nuestras patirrojas montesinas se enverdinarán y no tendrán problema para fortalecer su dieta con las proteínas aportadas por las abundantísimas hormigas de alas y  muchos gusanos que con la humedad pueblan todos los rincones de las diferentes fincas andaluzas.

jueves, 25 de octubre de 2018

EL PRINCIPIO Y EL OBJETIVO FINAL DE NUESTRO RECLAMOS


Aunque, como se suele decir, para gustos los colores, cualquier aficionado a la caza de la perdiz con reclamo macho tiene unos puntos de partida y un objetivo final para los reclamos que componen su jaulero o gallera. En unas palabras: que cada uno sabemos, o queremos saber, lo que deseamos con nuestros pájaros de jaula. Lo que pasa es que al haber tantos gustos como aficionados cuquilleros, pues al ser casi como los reclamos -únicos e irrepetibles-, tenemos infinidad de prototipos de machos de perdiz para nuestras jaulas.

Decir que yo tengo una idea específica de reclamo es como decir que hay miles de ellas, pero como en la diversidad está el gusto, vaya la mía. Eso sí, en mis artículos anteriores está más que trillado este tema, pero no le he dedicado un capítulo especifico como éste, aunque se podrían escribir multitud de páginas porque el tema es amplio. Sin olvidar que todos buscamos lo mejor en nuestros reclamos: barato, bonito y bueno. Lo que pasa es que reunirlo todo es imposible a no ser que hiciéramos una aleación o amalgama de varios de ellos.

Tengo que puntualizar que a primera vista no me importa mucho o, al menos, no es excluyente su morfología externa, siempre que mantenga unos mínimos de hechuras, pero no me fijo en demasía en detalles o caprichitos, que para otros aficionados puede ser importante. Eso sí, no me gustan los perdigones grandes, ni con espuelas de tal tipo, pero tampoco son unas características de rechazo.

Una vez en casa, porque en un principio no se suele ver lo que viene detrás, ya que solo se aprecia el fenotipo, lo primero que miro es su nobleza, no la mansedumbre, porque hay pájaros nobles que no son excesivamente mansos -el de Manué y Chimenea son dos ejemplos de ellos-. A continuación, si tengo la suerte de que escucharlo cantar en casa, valoro su música -no perfecta, pero sí una cosa normal-, porque pájaros con cante de mayor o cuchichío picado o deslavazado no los quiero, aunque puedan servir como reclamos. Más tarde, aunque puede ser antes que el cante, si saca agua, hace el Cristo, se echa para atrás…, malo. Por ahí, tampoco paso. De hecho, hace ya muchos años, sobre treinta cinco, deseché un reclamo por sacar agua y resulto, en manos de un buen amigo, un pájaro de primerísimo nivel. Pero, al menos yo, con esa característica negativa, no lo quise entonces y no lo quiero hoy. 

Con estas tres premisas, indispensable e innegociables para mí, llega la segunda parte: su trabajo en el campo, máxime cuando hay pájaros que ni cantan en casa, ni se mueven, pero que cuando están en la jara son todo lo contrario. Por tanto, lo primero que exijo es pronta salida y trabajo más o menos constante con o sin campo de oída. Ni que decir tiene que no quiero un reclamo que solo canta cuando escucha el campo, pues eso y nada es lo mismo, aunque haya días que este tipo de ejemplares "cantamañanas" pueda dar juego.

A continuación, busco que sepa marcar los tiempos cuando se le acerque las patirrojas camperas, que se venga "abajo" cuando estas últimas estén cerca, que reciba más o menos ortodoxamente, que no abuse de las bulanas y que no pinche en hueso en la suerte suprema. Es decir, que utilice el "capote de brega", que cargue el tiro y reinicie una nueva faena.

Obviamente, el titeo, el recibir sin moverse, el casi ni escucharle cuando se acerca las montesinas, el levantar campo, el mandar a callar, el meloseo con las hembras… son actitudes y aptitudes que nos gustaría que reunieran nuestros reclamos, pero no pueden ser excluyente si no las ponen en práctica porque, entonces, los jauleros estarían vacíos. Y cuidado, aunque parezca vulgar y que así los tiene cualquiera, si un pájaro de jaula reúne la nobleza, la salida en cuanto se pone en el campo, que trabaje durante un buen espacio de tiempo, música medianamente aceptable y que reciba y cargue tiro, sobra y deberíamos darnos por satisfechos. Buscar mucho más, posiblemente, será no dar nunca, si no hay suerte, con uno de ellos. Entramos en el mundo de los "banderas" y eso son palabras mayores pues, como siempre se ha dicho, de este personal hay quien se va a la tumba sin tener uno de ellos. Por tanto, todo lo reseñado en este escrito va enfocado al reclamo normal que nos gustaría tener y que más de una vez hemos tenido, sin pedirle mucho más. Es decir, el pájaro que nos hacer vivir, de vez en cuando, buenos lances, que es de lo que se trata: divertirnos cuando salimos al campo con nuestros pájaros de jaula.

        Por último decir que hay una cualidad, el picoteo en los dedos, que a todo el mundo le gusta y que casi siempre "picamos" al comprar un perdigón para jaula. El problema surge que cuando abusamos de tal circunstancia, a veces, terminamos convirtiendo a nuestro reclamo en muñequero y todos sabemos cómo suelen ser los que son así. Muy bonitos y llamativos, pero cuando los sacamos de caza, nos tenemos que sentar al lado del pulpitillo o repostero para que nos vea y canten.

miércoles, 17 de octubre de 2018

LAS HORAS DE LOS PUESTOS CON CAMPO AUTÓCTONO Y DE REPOBLACIÓN

        Este artículo, escrito durante el verano en Punta Umbría, es una opinión mía personal y puede ser que no sea compartida, pero así lo pienso y así lo transmito.


Es obvio que la diferencia entre la perdiz autóctona y la criada en cautividad, aun con todo el esfuerzo y empeño que se está poniendo por parte de los diferentes estamentos relacionados con el tema, para que las perdices de granjas se parezcan los más posible a las autóctonas, siempre estará presente, aunque día a día los ejemplares procedentes de explotaciones cinegéticas se asemejen más y más a sus congéneres las patirrojas salvajes. Aun así, aunque el porcentaje de pureza genética ande por encima del 90% en las granjas de primer nivel, la verdad es que, luego, sus comportamientos en libertad dejan mucho que desear. Serán un calco en el genotipo y en la musicalidad, pero en su día a día por el campo, fallan. De esta manera, por más que se quiera, en la bravura, en la territorialidad y conocimiento del terreno, en la sapiencia, en la suspicacia…, nunca se podrán igualar los dos tipos de perdices. De hecho, si donde se realizan sueltas hay depredadores, en un corto espacio de tiempo sus números bajan muy considerablemente. Y esto es así, porque sus mecanismos de defensa no los tienen desarrollados por no necesitarlos en los periodos de aprendizaje y por no tener a su lado quien se los enseñara. Sí llevan en sus genes mucha información de su especie, pero le falta bastante para completar el código genético de la misma.

Pues bien, lo anteriormente expuesto viene a demostrarnos que la perdiz criada en cautividad, cuando se suelta en una determinada finca, hasta que no se familiariza con su nueva situación, que no es un periodo de dos o tres días, deambula por el campo sin atender a lo que se espera de ella, pues el cambio de hábitat, aparte de innumerables bajas, le supone el que tener que actuar de forma diferentes a la están acostumbrada. De esta manera, aparte de ser presa fácil para los depredadores, también los son para las escopetas y para los reclamos, pues no se mueven por el mismo instinto de la autóctona. Consiguientemente, con perdices procedentes de una suelta de cuatro o cinco días, incluso de menos, no se puede hacer una valoración de nada porque los resultados siempre serían ficticios o engañosos. Por consiguiente, se pueden abatir infinidad de ellas en cualquier momento y en cualquier lugar.

Además, y bajo mi personal opinión, basada en la experiencia, cuando la perdiz de suelta lleva ya un tiempo en libertad y la queremos cazar con el reclamo, los célebres puestos de alba, sol y tarde tampoco se corresponden con los que hablamos desde tiempos remotos. Claro que se tiran en tan emblemáticos momentos, pero lo que la perdiz salvaje desarrolla en esas horas no lo llevan a cabo, ni de la misma forma, las de repoblación. De hecho, he podido comprobar que a primeras horas y a últimas de una jornada cuquillera, la perdiz de granja canta y se mueve menos, justo lo contrario que la montesina. De esta manera, el dar un puesto de alba con este tipo de perdiz es casi sinónimo de fracaso. Es más, a primeras horas del de sol y en los últimos momentos del de tarde, casi ocurre lo mismo, por lo que pocos ejemplares entran en plaza y, máxime, si el tiempo está frío o muy húmedo. Por el contrario, en las horas centrales del día 11/15 horas no es complicado ser partícipes de buenos lances con perdiz de repoblación. Lo cierto es que he podido comprobar en multitud de ocasiones que, en los cotos donde se dan dos puestos por la mañana, en el de a partir de las once siempre suele haber más movimiento que en el primero de la jornada matutina.

Esta diferencia de comportamientos entre los ejemplares de una y otra variedad creo que se debe a que la perdiz criada en explotaciones cinegéticas, al no tener que moverse en busca del sustento en las horas que llevan grabado en su código genético, porque siempre lo tienen a mano, haga sol, llueve o ventee, ha perdido el hábito de ir en busca de la comida a primera hora del día y en los últimos momentos del mismo, que siempre ha sido cuando lo ha hecho nuestra perdiz roja salvaje -para evitar, entre otras muchas cosas, a las rapaces-, independientemente de que en cualquier momento de una jornada, la reina de la caza menor pueda “picar” un apetitoso bocado. Por tanto, a la perdiz de suelta le es más cómodo conseguir el alimento en las horas centrales de la jornada, por estar habituadas a la falta de peligro en las granjas y, por lo tanto, al moverse en su búsqueda es más fácil entrar al reclamo.

Para finalizar, no es extraño que muchos aficionados que cazamos perdiz de repoblación lleguemos al cortijo, a veces, pasadas las 13 e, incluso, las 14 horas, circunstancia impensable cuando se caza la perdiz salvaje, pues ésta, a partir de las 11,30/12, deja de moverse y de cantar. Por tal motivo, entrar al reclamo en esa banda horaria, aunque no imposible, es muy complicado.

jueves, 11 de octubre de 2018

COMO TEMPORADA TRAS TEMPORADAS POR ESTAS FECHAS..., RECLAMOS A LAS JAULAS.

                                            El grueso de mi jaulero ya en sus respectivas jaulas.
Es pronto, pero como dice uno de mis relatos punteros: … cuando las necesidades mandan…. Aunque también es verdad es que hace muchos años, por estas fechas, no es que estuvieran enjaulados los reclamos, sino que ya se había salido al campo, incluso,  a veces,  ya se había tirado. Eran otros tiempos, pero así ocurría. Dígase la picaílla se San Miguel

Efectivamente, como en temporadas anteriores -y ya van muchas-, sobre el puente de la Virgen del Pilar, suelo sacar a los pájaros de la tierra y enjaularlos. Y lo hago por estas fechas, sin esperar mucho más porque, aunque alguno todavía anda soltando plumas -entre ellos Chimenea-, los que mudamos a nuestros reclamos en casa, tal circunstancia supone un verdadero estropicio. La tierra, las plumas y el polverío no es lo ideal para donde vive la familia. Por tanto, está claro que las quejas son totalmente justificadas. En el lugar de veraneo estaban en el exterior, pero ahora en la terraza de la casa, ya no es lo mismo.

A partir de ahora, como repetitivamente vengo haciendo desde hace muchos años, seguiré dándoles tierra semanalmente, pues es un cometido que en ningún momento corto, aunque estén enjaulados, pero en un lugar fuera de la casa. Luego, una vez en sus respectivas jaulas, en primer lugar, toca la necesaria y obligada desparasitación. Para los ácaros y parásitos externos suelo utilizar la ivermectina (Pulmosán), echándole unas gotas debajo de cada ala. En cuanto a los parásitos internos, les pongo piperacina durante dos días en el agua de beber.

Luego, sobre primero de noviembre llegará el tradicional recorte, el soleo, el verde, las bellotas…. para que lleguen medianamente en condiciones a la apertura de la veda. Hasta entonces, pienso de mantenimiento y un poco de mixtura de semillas de vez en cuando, como golosina. Aunque como bien sabemos, porque muchas veces lo hemos leído y hablado: el que es bueno necesita poco para marchar y el que es malo, por mucho que le ofrezcamos y pongamos a su alcance, nunca dejará de ser mochuelo.

Para finalizar, como año tras año, lo que nunca falta son las renovadas ilusiones. Nuestra afición está necesitada de ellas, pues bastantes palos recibimos por todos lados como para no tenerlas. Y cuando falten, lo mejor es decir: SE ACABÓ.

lunes, 8 de octubre de 2018

UNA CURIOSA ANÉCDOTA CON PERDIZ DE REPOBLACIÓN

 Ahora que el "veroño" se va, parece  que las primeras lluvias pronto nos regalarán el inconfundible aroma de la tierra mojada y los pajariteros empezamos con nuestra rutina cuquillera, no está de más leer esta anécdota curiosa y totalmente real.

        Como en tantas ocasiones se ha tratado en este blog y no menos veces en reuniones de amigos y aficionados, en  foros, en redes sociales, en artículos sobre el tema…, existe una abismal diferencia entre cazar con el reclamo perdiz de repoblación y perdiz autóctona. Es obvio y palmario que la satisfacción que nos puede producir un puesto con perdiz roja española, aunque no se apriete el gatillo, tras un encomiable trabajo del que está en el repostero, es infinitamente superior a quedarnos sin cartuchos abatiendo, una tras otra, a perdices de granja en cualquier puesto. Y es así, porque en nuestra afición, el que se precie de ella, valora más la calidad de los lances que la cantidad de ejemplares abatidos en el puesto. De hecho, en nuestros recuerdos siempre quedarán memorables faenas del reclamo de turno, aunque fuera para dejar seca una hembra recelosa o, incluso, no apretar el gatillo, antes que puestos en donde la plaza quede llena de granjeras abatidas.

       Ahora bien, aunque lo anteriormente expuesto es incuestionable y todos sabemos que la perdiz de repoblación es mucho más fácil hacerla llegar a la plaza que la autóctona y, por lo tanto, hacer buenas perchas, hay momentos en donde surgen situaciones puntuales que nos sirven para no confirmar la anterior aseveración. Y como muestra, aunque podría apuntar lances personales, sirva este botón:

       A un gran amigo y compañero de afición, buen cuquillero donde los haya y con muchos años con la jaula a cuestas, le gusta cazar perdiz autóctona y así lo hace desde que empezó en esta ancestral modalidad cinegética. Pues como él dice, aunque respeta todo lo demás, cazar la perdiz de granja no tiene la “gracia” que cuando cazamos la perdiz autóctona o de monte.

       Pues bien, este buen aficionado, como cualquier hijo de vecino, también se ha llevado más de un chasco en esto del reclamo. Así, no hace mucho tiempo, teniendo en el farolillo en un puesto de tarde, a uno de los mejores reclamos de su jaulero, en una propiedad que se precia de que, a día de hoy, su perdiz es “pata negra”, tras abatir el macho de una pareja que había entrado en plaza y no sin antes presentar múltiples problemas, la viuda dio todo un recital de lo que significa ser recelosa, esquiva, suspicaz y no estar dispuesta a dejarse embaucar por un pájaro de jaula, por muchos y buenos recursos que atesorara, como era el caso. Tan es así que, después de un encomiable trabajo de el de repostero, durante casi toda la tarde y sin ser capaz de meter a tan desconfiada hembra en la plaza, la cual canturreaba sin dar la cara y daba vuelo tras vuelo en las narices de el del pulpitillo, mi buen amigo, al que se le venía la noche encima, decidió dar por finalizado el puesto.

       Pero, como nuestra afición guarda siempre grandes sorpresas, de ahí su grandeza, aquella hembra, escurridiza, precavida y con mil adjetivos aplicables más, vino a demostrarle, una vez más, que en esta modalidad cinegética, la teoría falla. Pues al salirse del puesto, pudo comprobar, con gran estupor, que la susodicha viuda, que no se dejó doblegar por la categoría de su pájaro de jaula, no era autóctona como hubiera podido pensarse, sino de granja. Tan es así, que nada más enfilar para el reclamo para enfundarlo, la hembrilla, al advertir su presencia, en vez de salir de estampida, lo que hubiera sido lo más normal del mundo, se fue tras él hasta el farolillo, lo que le dio la posibilidad de comprobar que estaba anillada en una de sus patas, prueba inequívoca de su procedencia.


sábado, 29 de septiembre de 2018

NUESTRA PERDIZ ROJA CON EL PASO DEL TIEMPO

   Hoy traigo al blog este artículo, encontrado remirando por internet, de D. Manuel Gallardo porque creo que merece o, al menos yo así lo creo, leerlo detenidamente. Seguro que muchos pajariteros coincidirán con lo expuesto en el mismo, aunque también habrá quien difiera.

domingo, 23 de septiembre de 2018

...Y EN ZUHEROS, APARTE DE COMPARTIR UN DÍA FORMIDABLE, APARECIÓ FABIÁN.

Preciosa imagen del castillo de Zuheros a cuyos pies se celebra la Feria del Queso.

Ayer sábado, invitado por el buen amigo y mejor aficionado pajaritero Miguel Gómez asistí en unión de otros compañeros de afición y conocidos del anfitrión a la Feria del Queso, que se celebra durante este fin de semana en la preciosa localidad cordobesa de Zuheros, su localidad natal. Allí, aparte de degustar distintas variedades de tan preciado manjar de nuestra gastronomía andaluza y nacional, almorzamos en casa de Miguel y Sagrario, su esposa, que nos “regalaron” a los presentes con un puchero -con todos los avíos- típico de la zona de los que quitan el “sentío”. Y, además, como echamos unas buenas horas en su acogedora vivienda, no faltaron las charlas cuquilleras, ni el día a día de las diferentes familias que nos juntamos, alguna que otra cerveza, vino de la tierra y varios productos de nuestra rica dieta mediterránea aportados por otros de los que compartimos tan formidables momentos.

Tres momentos del encuentro. Las dos primeras imágenes en el recinto de la Feria y la segunda en la casa de Miguel Gómez.




Pero además, poco antes de poner rumbo de vuelta a Huelva. Apareció Fabián, como he bautizado a un macho de perdiz de segundo año criado en cautividad  e hijo de una pareja herida en cacerías y que me ha regalado mi buen amigo Juan Luis Rosa. Y le he puesto dicho apelativo porque entre los muchos tratados cuquilleros que han visto la luz, hay uno, para mí muy bueno, que se titula Buscando a Fabían o como perseguir una quimera. Obra de dos médicos de Cartagena en donde, aparte de plasmar unas historias pajariteras preciosas, hablan sobre la dificultad  de dar con un reclamo de primer nivel, como debió ser Fabián. Está claro que los aficionados siempre soñamos con un pájaro puntero, aunque como dice el título sea una quimera.

Una imagen de Juan Luis y mía en un momento del corto encuentro.


Pues bien, con treinta y muchos grados este pájaro de jaula y un pollito del año sacado en incubadora como resultado de las siempre necesarias tareas agrícolas, pero que a veces, como es el caso, se llevan nidadas para adelante, viajaron desde Mancha Real (Jaén) hasta Huelva, previa cortísima parada en Zuheros. Eso sí, bien entrada la noche llegaron a su destino sanos y salvos, como he dicho antes tras una auténtica odisea, pues con estas condiciones muchos reclamos perecen en el envite.

Esperemos que el empeño y esfuerzo que ha demostrado el amigo Juan Luis en regalarme dos pájaros de su zona, salvados en situaciones distintas -uno en el caso de los padres y otro como resultado de su destrozada nidada-, tenga su premio y saquemos algo de ellos. Es obvio que él ha puesto todo su interés, pero, igualmente, por mí parte, no me voy a quedar atrás, pues les ofreceré cuido máximo. Lo demás depende de ellos.

Para finalizar, vaya mi agradecimiento personal tanto a Miguel como a Juan Luis, dos tíos íntegros y grandes personas.

miércoles, 19 de septiembre de 2018

VARIEDAD DE JAULAS.

Reclamo en una jaula más o menos tradicional.
        Las jaulas, como casi todo en la vida, han ido sufriendo, a lo largo del tiempo, una continua transformación hasta llegar a aparecer en mercado modelos que son más unos verdaderos objetos de decoración que simples habitáculos para nuestros reclamos. Por tanto, de la jaula tradicional de nuestros ancestros, a algunas que se fabrican hoy existe un verdadero abismo.

Sobre el tema, aparte de diversas consideraciones, hay una verdad irrefutable e incontestable: el aficionado de hoy en día tiene un poder adquisitivo, inimaginable hace varias décadas. Por dicho motivo, cualquier pajaritero actual, independientemente, de su posición social y económica, se encuentra en disposición de adquirir un determinado modelo de jaula para todos sus pájaros. Es más, en un momento puntual, puede malvender, incluso regalar las que tiene para embarcarse en unas nuevas, circunstancia impensable hace cincuenta o sesenta años. En estos tiempos que corren, el ir al trastero, almacén, doblado... sacar una jaula de perdiz que llevaba años sin utilizar, arreglar sus desperfectos, darle un pintado y dejarla como nueva -particularidad más que tradicional y recogida en infinidad de artículos y manuales cuquilleros- es impensable, pues, desgraciadamente, se tiran a la basura muchas cosas que están en un uso formidable.


Tres jaulas más o menos normales recien pintadas.
Ni que decir tiene que los artesanos, aunque vayan quedando pocos, y los fabricantes del ramo lo saben y, por ello, ofertan en el mercado un sinfín de modelos de jaulas que, en muchos casos, cuestan unos buenos euros. Con ello, se pasa de lo práctico a la, y perdonen la expresión, pijadita o, por decirlo más mejor, al caprichito. En esta línea, jaulas robustas y muy bonitas, pero que, en el fondo, como dije al principio, sirven más para decoración que para tener en ellas a nuestros reclamos las podemos encontrar en cualquier parte. Jaulas con cuarenta mil detalles: diferente número y variedades de alambres, multitud de modalidades de puertas, con ganchos o con anillas para cogerlas y transportarlas, con o sin comederos dentro, con aros de maderas, alambre, PVC…, con un sinfín de tipos de piqueras, con mucha variedad de formas y materiales para el asiento, multitud de mecanismos para el cierre de puertas, con aberturas para que el pájaro saque la cabeza de medios para arriba, con gorritos para aminorar los botes, con nombres grabados, jaulas de castigo… Es decir, un verdadero y amplísimo catálogo de las mismas. Y no olvidemos que, historicamente, los aficionados al reclamo somos muy muy caprichosos y siempre nos ha gustado tener aperos y complementos que suponemos los mejor y distintos a los de los demás.

Tres modelos distintos de jaulas sacadas de diferentes portales de internet que sirven más de exposición que para meter dentro de ella a un reclamo. Son preciosas, pero a mi humilde entender se pasan en detalles y, por supuesto, en precios.





Pues bien, todas estas diferencias en los distintos modelos de jaulas no es que sea malo, pues como bien sabemos en la variedad está el gusto y en la diversidad, el acierto. Lo que pasa es que se llega, a veces, a detalles tan rebuscados que se alejan totalmente de la funcionalidad y del fin último de la jaula, pues no se olvide que la ancestral jaula sirve como habitáculo para el reclamo e ir con ella al campo a dar el puesto, con lo que, en un principio, no debería ser muy significativo todo lo demás. Lo que pasa es que todas estas diferencias tienen como destino el encarecimiento del producto, pues a nadie se le escapa que se ofertan jaulas a 100, 200, 300, 400 e incluso 500 euros y, por mucho dinero que se tenga, para el fin que se fabrican y comercian, es una auténtica barbaridad, aunque haya gente para todo. Por lo tanto, es más valido lo que muchos solemos pensar en estos casos: tal o cual jaula puede ser muy bonita, pero es una pena el sacarla al campo.

Además, no podemos olvidar que también existe un tipo de jaula tradicional, aunque no muy utilizada en multitud de lugares, fabricada con varetas de olivo u otros materiales de una determinada zona o región -chaparra, mimbre, retama, almez, caña…- que, en un principio, se construían así, simplemente, para su camuflaje en específicos rincones de nuestra geografía. Lo que pasa es que, la mayoría de ellas, al igual que las de alambre, han pasado a tener un fin expositivo, si así se le puede llamar y, por consiguiente, para adquirirlas también hay que rascarse bien el bolsillo, pues no resultan nada baratas, entre otras cosas porque su confección es tarea larga y laboriosa.


Tres modelos diferentes de jaulas de varetas de olivo fabricadas artesanalmente por el amigo y buen aficionado Juan Francisco Morón






martes, 11 de septiembre de 2018

LOS PÁJAROS PUNTEROS SEGÚN SUS DUEÑOS


     Que no es fácil dar con un reclamo de bandera es una máxima  incuestionable y huelga decir que todos los aficionados que llevamos unos años en esto de  la caza de la perdiz con reclamo lo sabemos de sobra. De hecho, hay cuquilleros que se van al otro mundo sin saber lo que supone "tener en sus manos” a un verdadero pájaro de jaula, no un "mediacuchara" -pues de esos hay y ha habido muchos-, sino un pájaro de primerísimo nivel.

Ahora bien, también suele ocurrir que muchos aficionados al reclamo encumbran a sus enjaulados hasta tal punto que, con más frecuencia de la cuenta, se habla de cinco o seis fenómenos en muchos de los jauleros particulares. Y tal circunstancia, si nos paramos a pensarla seriamente, no es más que una auténtica barbaridad. En unas palabras: lo expuesto anteriormente supone una sobrevaloración de lo que tenemos y, en algunos casos, una gran mentira, pues tener en un momento determinado, cinco o seis pájaros de elevadísimo nivel, aunque en algún caso mu muy puntual pudiera ocurrir, resulta mucho más que complicado.

Eso sí, pájaros a los que se le tira cacería y con muchas patirrojas abatidas, sí podemos reunir varios, pero reclamos de esos que no fallan, que cantan a cualquier hora y con cualquier tiempo, que se le tira en donde nadie es capaz de hacerlo, que trabajan igual a un macho, que a una hembra que a una collera, de esos, poquísimos. Pues como dice Juan José Cabrero en su fenomenal libro La perdiz con reclamo, este tipo de “material” son como los obispos, uno por provincia. Lo que pasa que para muchos pajariteros en cuanto un reclamo hace cuatro cositas ya es un fenómeno, aseveración que a las primeras de cambio se desvanece como los castillos de naipes. De hecho, como bien sabemos, cuando oímos hablar de pájaros que tienen 60, 80, 100… pájaros muertos, la mayoría de ellos son de repoblación Es decir, de trabajo, excepto excepciones, no muy complicado. Y con ello no quiero tirar por tierra, Dios me libre, a la repoblación, pues bastantes alegrías da en muchos lugares, pues si no fuera por ella no se podría cazar el reclamo de perdiz. Pero una cosa son los ejemplares de suelta y otra el ganado salvaje o auténtico de sierra. Pues no será la primera vez que pájaros de los que sus dueños hablan y no paran, cuando llegan a plazas de “primera categoría” y ganado de verdad, fracasan estrepitosamente.

En unas palabras, la exigencia de las cosas cambia con las personas. Pues lo que es superior para uno, para otro no tiene nivel.

Eso sí, vuelvo a reiterarme en lo dicho: de cinco o seis fenómenos en un determinado jaulero, al menos bajo mi opinión, nada de nada. Es más, ni a lo largo de la vida de un determinado perdigonero se tienen cinco o seis pájaros punteros en toda la dimensión de la palabra.

Para ir finalizando, se me ha venido a la memoria una frase que escuché, hace tiempo a no sé quien: "excepto en contadísimas ocasiones, el pájaro de bandera, deja de serlo, cuando lo prueba otro. Es obvio que se le pueden poner sus peros a la misma, aunque sirve perfectamente para el tema.

       Y para terminar, en la línea de lo que decía San Mateo: "muchos son los llamados, pero pocos los escogidos", yo añadiría: pocos, no; poquísimos. Pájaros de primerísimo nivel casi no existen. Todos tienen sus pequeñas cosillas.


lunes, 3 de septiembre de 2018

EL TRATO Y MANEJO DE LAS PERDICES ABATIDAS EN EL PUESTO


Desde principios de la humanidad y más exactamente desde cuando la actividad cinegética se transformó en algo fundamental para el hombre, el cazador siempre ha tratado con el más exquisito cuidado y respeto a todas piezas que, por un medio o por otro, abatía. Sin embargo, con el paso de los años y ya metidos en un pasado relativamente reciente, se ha ido perdiendo ese excelso trato que se les debe procurar a las piezas conseguidas en los lances cinegéticos en general y en los de los cuquilleros en especial, pues, en la gran mayoría de los casos, lo cazado no es más que un fin para aumentar nuestro ego como acaparadores de trofeos que añadir a nuestros ya dilatados estadillos cinegéticos. Tan es así que quien suscribe no pasa por alto el cómo se hacía hace ya muchos años y el cómo se hace a día de hoy. Y la verdad es que existe un verdadero abismo en dicho proceder en ambos momentos. En esta línea y refiriéndome a la caza del reclamo, cuando yo acompañaba a mi abuelo Vicente al puesto y teníamos suerte de tirar una o varias patirrojas, una vez que se daba por terminado el mismo, siempre existía un noble ritual a la hora de recoger las perdices abatidas y con posterioridad a tenerlas ya entre las manos. Recuerdo que el abuelo siempre era el primero que se acercaba a coger del suelo una de las perdices que había tirado o la única si solo había abatido una y, tras enseñársela al pájaro de jaula de turno, la acariciaba suavemente para asentarle bien el plumaje y la pendía por la cabeza para observar la belleza del trofeo. 

         Con posterioridad, mientras recogía todos los trebejos, la ponía al lado de la jaula con sumo cuidado para el regocijo del pájaro de turno. Más tarde, si había abatido varias, me daba la posibilidad de recoger las que quedaban en la plaza y, por supuesto, con la lección ya aprendida, la manoseaba delicadamente para que estuvieran presentables, pues siempre el tiro despluma un poco a las piezas conseguidas. El fondo de la cuestión era que aquellas perdices que ya habían pasado a mejor vida, mantuvieran un parecido similar a como eran antes de ser abatidas y no cogerlas de cualquier manera, a prisa y corriendo, porque a continuación se iba a dar otro puesto.

  Después, una vez en el cortijo, lo primero que se hacía, tras dejar al reclamo y todos los trebejos en sus lugares correspondientes, era el sacarle todas las tripas, tarea que se llevaba a cabo introduciéndole por la cloaca un palito con una horquillita en forma de uve en el extremo. Con posterioridad, se le daba a éste unas pocas de vueltas para que se reliaran en el mismo y, a continuación, se tiraba de él hacia afuera, saliendo todos los intestinos de la perdiz enrollados en el palito. Con posterioridad, se le limpiaba el exterior y se le introducían unos granos de sal gorda para que se conservaran mejor.

Una vez acabada esta faena, se procedía al apiolamiento, labor muy utilizada por aquellos entonces y que consistía en arrancar cada una de las remeras más larga de cada ala, anudarlas por el extremo superior e introducirle el cálamo o parte inferior de las mismas por cada uno de los orificios del pico. De esta manera, las perdices quedaban sostenidas como por una lazada para así poderlas colgar en un clavo o alcayata que hubiera en un lugar fresco para que aguantaran sin estropearse. Eso sí, antes de colgarlas en un determinado lugar y habitáculo, a las perdices, suspendidas por una de las manos por el cuello, se le pasaba la otra para alisarles y ponerles bien el plumaje para que tuvieran mejor vista y se parecieran lo más posible a cómo eran antes de toparse con el reclamo de turno  y con la escopeta de quien estaba dentro del aguardo participando en el lance.

                       Una pareja de perdices apioladas y colgadas de un clavo


Con todo este ritual, porque lo era, las perdices abatidas siempre dejaban una buena sensación a la vista y no como hoy, donde un buen número de aficionados las colocan en cualquier sitio y de cualquier manera, dígase apretadas en el frigorífico, tras venir ya, la mayoría de las veces, todas amontonadas en el morral o en bolsas de plástico. De este modo, a la hora de cogerlas para consumirlas o para regalarlas, están endurecidas de múltiples formas, por lo que no son muy agradables a la vista. Sobre ello, tengo que decir que no todo el mundo obra igual. De hecho y por citar un ejemplo, tengo un buen amigo y no menos aficionado -del que copié dicho proceder- que, en cuando llega de dar el puesto, hace la operación del destripado de las perdices abatidas y, más tarde, las lía individual y cuidadosamente, como si fueran una botella, en papel de periódico. Así, quedan mucho mejor, se conservan bien y ocupan menos lugar en el congelador.