jueves, 25 de octubre de 2018

EL PRINCIPIO Y EL OBJETIVO FINAL DE NUESTRO RECLAMOS


Aunque, como se suele decir, para gustos los colores, cualquier aficionado a la caza de la perdiz con reclamo macho tiene unos puntos de partida y un objetivo final para los reclamos que componen su jaulero o gallera. En unas palabras: que cada uno sabemos, o queremos saber, lo que deseamos con nuestros pájaros de jaula. Lo que pasa es que al haber tantos gustos como aficionados cuquilleros, pues al ser casi como los reclamos -únicos e irrepetibles-, tenemos infinidad de prototipos de machos de perdiz para nuestras jaulas.

Decir que yo tengo una idea específica de reclamo es como decir que hay miles de ellas, pero como en la diversidad está el gusto, vaya la mía. Eso sí, en mis artículos anteriores está más que trillado este tema, pero no le he dedicado un capítulo especifico como éste, aunque se podrían escribir multitud de páginas porque el tema es amplio. Sin olvidar que todos buscamos lo mejor en nuestros reclamos: barato, bonito y bueno. Lo que pasa es que reunirlo todo es imposible a no ser que hiciéramos una aleación o amalgama de varios de ellos.

Tengo que puntualizar que a primera vista no me importa mucho o, al menos, no es excluyente su morfología externa, siempre que mantenga unos mínimos de hechuras, pero no me fijo en demasía en detalles o caprichitos, que para otros aficionados puede ser importante. Eso sí, no me gustan los perdigones grandes, ni con espuelas de tal tipo, pero tampoco son unas características de rechazo.

Una vez en casa, porque en un principio no se suele ver lo que viene detrás, ya que solo se aprecia el fenotipo, lo primero que miro es su nobleza, no la mansedumbre, porque hay pájaros nobles que no son excesivamente mansos -el de Manué y Chimenea son dos ejemplos de ellos-. A continuación, si tengo la suerte de que escucharlo cantar en casa, valoro su música -no perfecta, pero sí una cosa normal-, porque pájaros con cante de mayor o cuchichío picado o deslavazado no los quiero, aunque puedan servir como reclamos. Más tarde, aunque puede ser antes que el cante, si saca agua, hace el Cristo, se echa para atrás…, malo. Por ahí, tampoco paso. De hecho, hace ya muchos años, sobre treinta cinco, deseché un reclamo por sacar agua y resulto, en manos de un buen amigo, un pájaro de primerísimo nivel. Pero, al menos yo, con esa característica negativa, no lo quise entonces y no lo quiero hoy. 

Con estas tres premisas, indispensable e innegociables para mí, llega la segunda parte: su trabajo en el campo, máxime cuando hay pájaros que ni cantan en casa, ni se mueven, pero que cuando están en la jara son todo lo contrario. Por tanto, lo primero que exijo es pronta salida y trabajo más o menos constante con o sin campo de oída. Ni que decir tiene que no quiero un reclamo que solo canta cuando escucha el campo, pues eso y nada es lo mismo, aunque haya días que este tipo de ejemplares "cantamañanas" pueda dar juego.

A continuación, busco que sepa marcar los tiempos cuando se le acerque las patirrojas camperas, que se venga "abajo" cuando estas últimas estén cerca, que reciba más o menos ortodoxamente, que no abuse de las bulanas y que no pinche en hueso en la suerte suprema. Es decir, que utilice el "capote de brega", que cargue el tiro y reinicie una nueva faena.

Obviamente, el titeo, el recibir sin moverse, el casi ni escucharle cuando se acerca las montesinas, el levantar campo, el mandar a callar, el meloseo con las hembras… son actitudes y aptitudes que nos gustaría que reunieran nuestros reclamos, pero no pueden ser excluyente si no las ponen en práctica porque, entonces, los jauleros estarían vacíos. Y cuidado, aunque parezca vulgar y que así los tiene cualquiera, si un pájaro de jaula reúne la nobleza, la salida en cuanto se pone en el campo, que trabaje durante un buen espacio de tiempo, música medianamente aceptable y que reciba y cargue tiro, sobra y deberíamos darnos por satisfechos. Buscar mucho más, posiblemente, será no dar nunca, si no hay suerte, con uno de ellos. Entramos en el mundo de los "banderas" y eso son palabras mayores pues, como siempre se ha dicho, de este personal hay quien se va a la tumba sin tener uno de ellos. Por tanto, todo lo reseñado en este escrito va enfocado al reclamo normal que nos gustaría tener y que más de una vez hemos tenido, sin pedirle mucho más. Es decir, el pájaro que nos hacer vivir, de vez en cuando, buenos lances, que es de lo que se trata: divertirnos cuando salimos al campo con nuestros pájaros de jaula.

        Por último decir que hay una cualidad, el picoteo en los dedos, que a todo el mundo le gusta y que casi siempre "picamos" al comprar un perdigón para jaula. El problema surge que cuando abusamos de tal circunstancia, a veces, terminamos convirtiendo a nuestro reclamo en muñequero y todos sabemos cómo suelen ser los que son así. Muy bonitos y llamativos, pero cuando los sacamos de caza, nos tenemos que sentar al lado del pulpitillo o repostero para que nos vea y canten.

miércoles, 17 de octubre de 2018

LAS HORAS DE LOS PUESTOS CON CAMPO AUTÓCTONO Y DE REPOBLACIÓN

        Este artículo, escrito durante el verano en Punta Umbría, es una opinión mía personal y puede ser que no sea compartida, pero así lo pienso y así lo transmito.


Es obvio que la diferencia entre la perdiz autóctona y la criada en cautividad, aun con todo el esfuerzo y empeño que se está poniendo por parte de los diferentes estamentos relacionados con el tema, para que las perdices de granjas se parezcan los más posible a las autóctonas, siempre estará presente, aunque día a día los ejemplares procedentes de explotaciones cinegéticas se asemejen más y más a sus congéneres las patirrojas salvajes. Aun así, aunque el porcentaje de pureza genética ande por encima del 90% en las granjas de primer nivel, la verdad es que, luego, sus comportamientos en libertad dejan mucho que desear. Serán un calco en el genotipo y en la musicalidad, pero en su día a día por el campo, fallan. De esta manera, por más que se quiera, en la bravura, en la territorialidad y conocimiento del terreno, en la sapiencia, en la suspicacia…, nunca se podrán igualar los dos tipos de perdices. De hecho, si donde se realizan sueltas hay depredadores, en un corto espacio de tiempo sus números bajan muy considerablemente. Y esto es así, porque sus mecanismos de defensa no los tienen desarrollados por no necesitarlos en los periodos de aprendizaje y por no tener a su lado quien se los enseñara. Sí llevan en sus genes mucha información de su especie, pero le falta bastante para completar el código genético de la misma.

Pues bien, lo anteriormente expuesto viene a demostrarnos que la perdiz criada en cautividad, cuando se suelta en una determinada finca, hasta que no se familiariza con su nueva situación, que no es un periodo de dos o tres días, deambula por el campo sin atender a lo que se espera de ella, pues el cambio de hábitat, aparte de innumerables bajas, le supone el que tener que actuar de forma diferentes a la están acostumbrada. De esta manera, aparte de ser presa fácil para los depredadores, también los son para las escopetas y para los reclamos, pues no se mueven por el mismo instinto de la autóctona. Consiguientemente, con perdices procedentes de una suelta de cuatro o cinco días, incluso de menos, no se puede hacer una valoración de nada porque los resultados siempre serían ficticios o engañosos. Por consiguiente, se pueden abatir infinidad de ellas en cualquier momento y en cualquier lugar.

Además, y bajo mi personal opinión, basada en la experiencia, cuando la perdiz de suelta lleva ya un tiempo en libertad y la queremos cazar con el reclamo, los célebres puestos de alba, sol y tarde tampoco se corresponden con los que hablamos desde tiempos remotos. Claro que se tiran en tan emblemáticos momentos, pero lo que la perdiz salvaje desarrolla en esas horas no lo llevan a cabo, ni de la misma forma, las de repoblación. De hecho, he podido comprobar que a primeras horas y a últimas de una jornada cuquillera, la perdiz de granja canta y se mueve menos, justo lo contrario que la montesina. De esta manera, el dar un puesto de alba con este tipo de perdiz es casi sinónimo de fracaso. Es más, a primeras horas del de sol y en los últimos momentos del de tarde, casi ocurre lo mismo, por lo que pocos ejemplares entran en plaza y, máxime, si el tiempo está frío o muy húmedo. Por el contrario, en las horas centrales del día 11/15 horas no es complicado ser partícipes de buenos lances con perdiz de repoblación. Lo cierto es que he podido comprobar en multitud de ocasiones que, en los cotos donde se dan dos puestos por la mañana, en el de a partir de las once siempre suele haber más movimiento que en el primero de la jornada matutina.

Esta diferencia de comportamientos entre los ejemplares de una y otra variedad creo que se debe a que la perdiz criada en explotaciones cinegéticas, al no tener que moverse en busca del sustento en las horas que llevan grabado en su código genético, porque siempre lo tienen a mano, haga sol, llueve o ventee, ha perdido el hábito de ir en busca de la comida a primera hora del día y en los últimos momentos del mismo, que siempre ha sido cuando lo ha hecho nuestra perdiz roja salvaje -para evitar, entre otras muchas cosas, a las rapaces-, independientemente de que en cualquier momento de una jornada, la reina de la caza menor pueda “picar” un apetitoso bocado. Por tanto, a la perdiz de suelta le es más cómodo conseguir el alimento en las horas centrales de la jornada, por estar habituadas a la falta de peligro en las granjas y, por lo tanto, al moverse en su búsqueda es más fácil entrar al reclamo.

Para finalizar, no es extraño que muchos aficionados que cazamos perdiz de repoblación lleguemos al cortijo, a veces, pasadas las 13 e, incluso, las 14 horas, circunstancia impensable cuando se caza la perdiz salvaje, pues ésta, a partir de las 11,30/12, deja de moverse y de cantar. Por tal motivo, entrar al reclamo en esa banda horaria, aunque no imposible, es muy complicado.

jueves, 11 de octubre de 2018

COMO TEMPORADA TRAS TEMPORADAS POR ESTAS FECHAS..., RECLAMOS A LAS JAULAS.

                                            El grueso de mi jaulero ya en sus respectivas jaulas.
Es pronto, pero como dice uno de mis relatos punteros: … cuando las necesidades mandan…. Aunque también es verdad es que hace muchos años, por estas fechas, no es que estuvieran enjaulados los reclamos, sino que ya se había salido al campo, incluso,  a veces,  ya se había tirado. Eran otros tiempos, pero así ocurría. Dígase la picaílla se San Miguel

Efectivamente, como en temporadas anteriores -y ya van muchas-, sobre el puente de la Virgen del Pilar, suelo sacar a los pájaros de la tierra y enjaularlos. Y lo hago por estas fechas, sin esperar mucho más porque, aunque alguno todavía anda soltando plumas -entre ellos Chimenea-, los que mudamos a nuestros reclamos en casa, tal circunstancia supone un verdadero estropicio. La tierra, las plumas y el polverío no es lo ideal para donde vive la familia. Por tanto, está claro que las quejas son totalmente justificadas. En el lugar de veraneo estaban en el exterior, pero ahora en la terraza de la casa, ya no es lo mismo.

A partir de ahora, como repetitivamente vengo haciendo desde hace muchos años, seguiré dándoles tierra semanalmente, pues es un cometido que en ningún momento corto, aunque estén enjaulados, pero en un lugar fuera de la casa. Luego, una vez en sus respectivas jaulas, en primer lugar, toca la necesaria y obligada desparasitación. Para los ácaros y parásitos externos suelo utilizar la ivermectina (Pulmosán), echándole unas gotas debajo de cada ala. En cuanto a los parásitos internos, les pongo piperacina durante dos días en el agua de beber.

Luego, sobre primero de noviembre llegará el tradicional recorte, el soleo, el verde, las bellotas…. para que lleguen medianamente en condiciones a la apertura de la veda. Hasta entonces, pienso de mantenimiento y un poco de mixtura de semillas de vez en cuando, como golosina. Aunque como bien sabemos, porque muchas veces lo hemos leído y hablado: el que es bueno necesita poco para marchar y el que es malo, por mucho que le ofrezcamos y pongamos a su alcance, nunca dejará de ser mochuelo.

Para finalizar, como año tras año, lo que nunca falta son las renovadas ilusiones. Nuestra afición está necesitada de ellas, pues bastantes palos recibimos por todos lados como para no tenerlas. Y cuando falten, lo mejor es decir: SE ACABÓ.

lunes, 8 de octubre de 2018

UNA CURIOSA ANÉCDOTA CON PERDIZ DE REPOBLACIÓN

 Ahora que el "veroño" se va, parece  que las primeras lluvias pronto nos regalarán el inconfundible aroma de la tierra mojada y los pajariteros empezamos con nuestra rutina cuquillera, no está de más leer esta anécdota curiosa y totalmente real.

        Como en tantas ocasiones se ha tratado en este blog y no menos veces en reuniones de amigos y aficionados, en  foros, en redes sociales, en artículos sobre el tema…, existe una abismal diferencia entre cazar con el reclamo perdiz de repoblación y perdiz autóctona. Es obvio y palmario que la satisfacción que nos puede producir un puesto con perdiz roja española, aunque no se apriete el gatillo, tras un encomiable trabajo del que está en el repostero, es infinitamente superior a quedarnos sin cartuchos abatiendo, una tras otra, a perdices de granja en cualquier puesto. Y es así, porque en nuestra afición, el que se precie de ella, valora más la calidad de los lances que la cantidad de ejemplares abatidos en el puesto. De hecho, en nuestros recuerdos siempre quedarán memorables faenas del reclamo de turno, aunque fuera para dejar seca una hembra recelosa o, incluso, no apretar el gatillo, antes que puestos en donde la plaza quede llena de granjeras abatidas.

       Ahora bien, aunque lo anteriormente expuesto es incuestionable y todos sabemos que la perdiz de repoblación es mucho más fácil hacerla llegar a la plaza que la autóctona y, por lo tanto, hacer buenas perchas, hay momentos en donde surgen situaciones puntuales que nos sirven para no confirmar la anterior aseveración. Y como muestra, aunque podría apuntar lances personales, sirva este botón:

       A un gran amigo y compañero de afición, buen cuquillero donde los haya y con muchos años con la jaula a cuestas, le gusta cazar perdiz autóctona y así lo hace desde que empezó en esta ancestral modalidad cinegética. Pues como él dice, aunque respeta todo lo demás, cazar la perdiz de granja no tiene la “gracia” que cuando cazamos la perdiz autóctona o de monte.

       Pues bien, este buen aficionado, como cualquier hijo de vecino, también se ha llevado más de un chasco en esto del reclamo. Así, no hace mucho tiempo, teniendo en el farolillo en un puesto de tarde, a uno de los mejores reclamos de su jaulero, en una propiedad que se precia de que, a día de hoy, su perdiz es “pata negra”, tras abatir el macho de una pareja que había entrado en plaza y no sin antes presentar múltiples problemas, la viuda dio todo un recital de lo que significa ser recelosa, esquiva, suspicaz y no estar dispuesta a dejarse embaucar por un pájaro de jaula, por muchos y buenos recursos que atesorara, como era el caso. Tan es así que, después de un encomiable trabajo de el de repostero, durante casi toda la tarde y sin ser capaz de meter a tan desconfiada hembra en la plaza, la cual canturreaba sin dar la cara y daba vuelo tras vuelo en las narices de el del pulpitillo, mi buen amigo, al que se le venía la noche encima, decidió dar por finalizado el puesto.

       Pero, como nuestra afición guarda siempre grandes sorpresas, de ahí su grandeza, aquella hembra, escurridiza, precavida y con mil adjetivos aplicables más, vino a demostrarle, una vez más, que en esta modalidad cinegética, la teoría falla. Pues al salirse del puesto, pudo comprobar, con gran estupor, que la susodicha viuda, que no se dejó doblegar por la categoría de su pájaro de jaula, no era autóctona como hubiera podido pensarse, sino de granja. Tan es así, que nada más enfilar para el reclamo para enfundarlo, la hembrilla, al advertir su presencia, en vez de salir de estampida, lo que hubiera sido lo más normal del mundo, se fue tras él hasta el farolillo, lo que le dio la posibilidad de comprobar que estaba anillada en una de sus patas, prueba inequívoca de su procedencia.