viernes, 12 de abril de 2019

ADIÓS, CHIMENEA. MUCHAS GRACIAS POR LOS AÑOS QUE ME HAS HECHO DISFRUTAR.

Una imagen de Chimenea, un reclamo ya historia.

      No es fácil el escribir objetivamente cuando los sentimientos personales forman parte del tema o contenido de lo que se quiere compartir, pues lo normal es que se sobredimensione para bien o, para mal, lo relatado sobre un determinado episodio, acontecimiento, suceso… que, de alguna manera, ha intervenido en mayor o menor medida en el discurrir de nuestra vida. No obstante, como lo que quiero exponer ha formado parte de este blog durante muchos años, no debo pasar la ocasión, porque es de bien nacidos ser agradecidos, para que el final no figure en el mismo, máxime cuando el personaje principal de la historia, Chimenea, ha sido fuente de multitud de artículos y, por supuesto, alegrías e inolvidables lances durante una década, pues muchas patirrojas autóctonas y de repoblación quedaron abatidas a sus pies tras inolvidables y memorables trabajos en el pulpitillo.
No me quiero extender mucho en esta entrada, porque podría caer, como suele ser normal, en excesivas alabanzas o adulaciones. Pero la realidad es que esta mañana, este gran reclamo, al menos para mi, de procedencia granjera, ha pasado a mejor vida antes de despuntar el día. Tenía algunos achaques propios de la edad, pero nada me hizo suponer, en el día de ayer, que estaba consumiendo los últimos momentos de su vida. Sin embargo, desgraciadamente, así ha sido.
Podría escribir mucho sobre él, pero casi todo está ya más que apuntado. Por tanto, solo me queda darle las gracias  de todo corazón a Chimenea por los maravillosos momentos que me ha regalado en sus diez años de existencia. Consiguientemente, la vara de medir que deja creo que es bastante larga.
Para concluir, y como se suele decir, la historia pone a cada uno en su sitio y este pájaro de jaula no iba a ser menos. El tiempo -y esperemos que sea mucho- me lo irá confirmado. Eso sí, para mí, hasta el día de hoy, ha sido el mejor. Ni que decir tiene que otros vendrán que dirán mucho de él.
Como punto final y como homenaje a su buen hacer en el repostero, pulpitillo, farolillo, tanganillo, matojo... valga este capítulo extraído del libro Historias desde el colgadero publicado en 2016.

               EL DEBUT
C

himenea no tardó mucho tiempo en debutar como reclamo, debido a que, desde el primer momento que formó parte de mi jaulero, aprecié en él algo que me atraía sobremanera. Tan es así que, si llegó a mis manos un viernes al mediodía, el sábado de la segunda semana siguiente, se estrenó en el campo, casi sin pensarlo, pero así ocurrió. No resultó muy ortodoxo mi proceder, sin embargo, es lo que aconteció.

Fue en la finca del amigo Jesús Gómez, La Solana de la Corte, perteneciente al término municipal de El Almendro (Huelva). Y lo peor del caso fue que la mañana de su puesta de largo como reclamo, no era la que nos gusta escoger a los cuquilleros para tales menesteres. Así, frío, lluvia y viento eran las características de aquella jornada matutina de finales de enero.

Recuerdo que fui a la citada finca, porque mi hermano Juanvi se había quedado en La Dehesa de Enmedio, dando el puesto en mi lugar. El colgadero elegido fue una preciosa meseta que había casi al coronar un cerrete cubierto por vegetación de pino piñonero, encinas y matorral no demasiado espeso, lindera con una zona de olivar.

En un principio, el reclamo elegido era El Manchego, un pájaro ya con sus buenos puestos, que le había comprado a un amigo que dejó la afición. De hecho, llegó a estar en el pulpitillo bastante tiempo, casi una hora, pero no abrió el pico. Las malas condiciones meteorológicas, principalmente, el fuerte airazo, el movimiento de las grandes aspas de un molino de viento que había en las proximidades del aguardo y el continuo tiroteo a los zorzales en la finca colindante fueron los culpables, diría él, de no escuchársele ni un solo canto de mayor.

Como aquel día, me había llevado a Chimenea para que se fuera acostumbrando al movimiento y traqueteo del coche, como suelo hacer con los pollos del año, lo tenía en el maletero y por mi cabeza rondó la poca ortodoxa y descabellada idea de ir por él, ponerlo en el matojo y ver cuál era su comportamiento, como tantas veces suele ocurrir, no me pude resistir. De esta manera, llevé al todoterrenos al Sr. Manchego y, a los pocos minutos, Chimenea estaba en el repostero, cantando desde que le quité la sayuela y sin el más mínimo temor ni al agua, ni al viento, ni al ruido de las aspas del molino, ni al tiroteo vecino… Me costaba trabajo dar crédito a lo que mis expectantes e incrédulos ojos estaban presenciando, pero era así.

A unos seguros y potentes reclamos, tras unos segundos de observación del paisaje, le siguió un atractivo cuchichío intercalado con seductores piñones. Y mucho de sugestivo debería tener su música porque, al poco tiempo, una hembra le contestó en la costana frente a donde él estaba enclavado.

A partir de ahí, todo fue un inmenso gozo y alegría. Chimenea, como si fuera un pájaro curtido en mil batallas, atraía a la campera ante mi cara de orgullo y satisfacción, que no acababa de creerse lo que estaba ocurriendo en tan desagradable, climatológicamente hablando, mañana.

Y no fue tarea fácil porque aquella dama no se lo iba a poner nada fácil a tan atrevido y osado neófito, puesto que, en cuanto dio la cara y lo vio erguido y arrogante en su atalaya, con una rápida carrera, se amparó en el manchón de monte donde yo tenía apostado el aguardo y de allí no había quien la moviera. Estaba dispuesta a dar la murga y solo un continuado charachachá, charachachá, charachachá… era su carta de presentación. Pero estaba claro que, allí en el matojo, había madera noble, por lo que, viendo la actitud de aquella recelosa hembra, Chimenea echó la cabeza a la esterilla y un atrayente y melodioso titeo surgió de su cuerpo, a lo que no pudo resistirse la buena señora que, ahora sí, con paso firme y decidido se dirigió para Chimenea, que le seguía musicándole esas cosas que solo ellos saben decirse y a las que no suelen ofrecer resistencia, por muy desconfiada y cautelosa que sea una patirroja. Luego, unos buenos instantes de música de recibo y, tras certero disparo, solo alguna que otra pluma movida por el fuerte viento reinante en aquel momento fueron los que acompañaron al magistral entierro que Chimenea le dedicó, en su primer tiro, a aquella escamosa y esquiva perdiz autóctona. Es innecesario decir que acababa de nacer, lo que hoy, siete años después, es una realidad irrefutable y constatable, un pájaro puntero o un gran espada, como decimos en la jerga cuquillera.

Luego, antes de que acabara esa temporada, varias patirrojas más fueron la continuación de una historia que tuvo el principio más que feliz anteriormente reseñado. Huelga decir que, a partir de ese momento, Chimenea siempre ha ocupado un lugar privilegiado, tanto en los cajones de muda, como en el habitáculo donde mis reclamos pasan la mayoría del año. Es más, aunque a los reclamos punteros no les hacen falta muchas milongas para siempre dar la talla, cuando él sale al campo, siempre le acompañan una de mis mejores jaulas, acorde con su más que gran envergadura, una preciosa sayuela bordada con mis iniciales, regalo de un buen amigo y una artesanal, cómoda y fuerte esterilla, En otras palabras, unos buenos complementos de caza, como nos gusta decir a los cuquilleros.
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     POR CIERTO, NO SE NOS OLVIDE UNA MÁXIMA DE LA EXISTENCIA:POR MUCHO MIMO Y CELO QUE PONGAMOS EN EL CUIDO DE UN SER VIVO, ENTRE LOS QUE NOS PODEMOS INCLUIR, SIEMPRE HAY UN PRINCIPIO Y UN FINAL. PÒR CONSIGUIENTE, INDEPENDIENTEMENTE DE LOS CUIDADOS QUE LE DISPENSEMOS, "LA FECHA DE CADUCIDAD", AUNQUE DUELA, NUNCA FALTA. ESO SÍ, COMO YA DIJO ALGUIEN: "ANOCHECERÁ, PERO SIEMPRE AMANECERÁ DE NUEVO".

3 comentarios:

  1. Siempre llegará otro.

    Sus recuerdos es lo importante.

    Saludos

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  2. No suelo publicar comentarios anónimos, pero por lo que significa el tema, haré una excepción

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  3. Se ha ido un gran reclamo. Quienes hemos disfrutado de algunos de sus valientes lances lo tendremos siempre presente en nuestros recuerdos. Chimenea, aunque te has marchado seguirás entre nosotros.
    M. Monescillo

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