miércoles, 25 de julio de 2018

¿VENDERÍA UN BUEN CUQUILLERO A SU MEJOR RECLAMO?

         Ahora que la parada estival va ya por los medios ,empezamos a darle vuelta a la cabeza sobre la composición de nuestro jaulero para la próxima temporada, tenemos que tener claro que lo bueno se vende pocas veces y, en la mayoría de los casos, lo que compramos, aun con los "aplausos" del vendedor, no es lo que tenemos en mente.

A
unque éste el tema de la compra-venta de reclamos de perdiz está muy trillado, nunca faltan ganas de hablar sobre el mismo, pues el quid de la cuestión tiene más que nada un trasfondo sentimental, rozando casi el cariño absoluto. De hecho, hay infinidad de reseñas y anécdotas que se refieren al tema y que podrían servirnos de introducción.

En esta línea, leyendo en estos días el libro de Avelino Ruiz Calatrava “Manco. Historia de un reclamo”, me ha dado alas para escribir este artículo, pues el manual recoge, con una gran prosa, un precioso y emotivo pasaje sobre la cuestión que nos trae.

Así, en uno de los capítulos de la obra, un señor desconocido, don Fulgencio, que en el bar de Currillo escuchaba, paciente y atentamente, las conversaciones cuquilleras que sobre dicha modalidad cinegética mantenían el citado Currillo, Andrés, el zapatero, Desiderio, el guarda y Carlete -cuatro lugareños amigos y personajes del libro- se dio a conocer y les preguntó, viendo la pasión que ponían en los relatos cuquilleros que compartían, varias cuestiones sobre la caza de la perdiz con reclamo, pues aunque era muy cazador, nunca había estado dentro de un aguardo.

Pues bien, no mucho tiempo después, D. Fulgencio se presentó en casa de Andrés para decirle que se estaba empezando a aficionarse a la caza del reclamo pero que, para ello, necesitaba un buen reclamo. Para ello, había preguntado en el pueblo por el mejor y le había indicado que ese era Manco, el pájaro de jaula del Andrés. No hace falta decir que el zapatero, gran apasionado de su afición, le dijo, tras darle la bienvenida y alegrarse de que se estuviera aficionando tan ancestral modalidad de caza, que no, que Manco no se vendía. Y para ello, utilizó los fundamentos siguientes, según sus propias palabras plasmadas en el libro anteriormente citado, tras que don Fulgencio le ofreciera lo que estimara conveniente por dicho animal, aunque fuera un auténtico disparate:

- “Debo decirle que lo que usted pide es imposible. Hay cosas que no se venden. ¿Acaso puede usted comprar el alma de algún hombre? ¿O el pensamiento de alguien? ¿O el amor de una persona? Mire usted señor, aunque Manco sea un animal, de él he obtenido tantas satisfacciones a lo largo de estos años que no debo considerarlo como un simple animal, sino más bien un ser especial en mi vida, una parte de mí mismo proyectada bajo su saya de plumas, un cuerpo donde a menudo encuentro mayor comprensión que en nuestra superior inteligencia, viciada por la razón y las costumbres. Por tanto y para terminar este asunto, sepa usted que lo que quiere comprar es una parte de mi corazón y eso no está en venta, ya que, sin sus latidos, yo también moriría de pena y no podría disfrutar su dinero”.

Con lo anteriormente expuesto, que lo comparto al cien por cien, no tengo más que decir que, si existen personas que se dedican a la compra y venta de reclamos como fuente de ingresos o como complemento de ello, cosa totalmente legal y entendible, también las hay, como el citado Andrés, que nunca venderían a su mejor reclamo por muchos billetes que se pusieran encima de la mesa, aunque su economía no fuera muy boyante, incluso estando bajo mínimos. En esta línea y hablo por mí, nunca pasaría a otras manos un pájaro puntero de mi jaulero y, mucho menos, el mejor, porque como se dice por ahí: para que lo disfrute otro, lo disfruto yo. De hecho, nunca he vendido un reclamo. He regalado medianías que han dado mucho juego en manos de amigos y compañeros, pero de vender, nada de nada y, mucho menos, si hablamos de un pájaro de calidad. Sí es verdad que, gracias a Dios, nunca he pasado por estrecheces económicas, pero creo que, aun así, siempre hubieran podido más los sentimientos que los dineros. Es más, pienso y estoy seguro de ello, que el mejor nunca se negocia. Se transfiere, aun hablando del referente de un determinado jaulero -según el vendedor-, un buen pájaro de jaula de segunda fila, pero “el figura”, el santo y seña de nuestras tertulias cuquilleras, aunque existan necesidades “de bolsillo”, creo que nunca está en venta.

Para finalizar, únicamente decir a modo de resumen, que el pájaro de bandera siempre llegará, si llega algún día, a nuestras manos sin pagar mucho por él. No busquemos el mirlo blanco con el “taco”, pues como bien sabemos, la gran mayoría de las veces pagamos una burrada, incluso hablando de miles de euros, por quienes no pasarían un examen de no muchas complicaciones. Pajaritos medianos, de los que dan el avío, sí se comercian. “Figuras”, aparte que hay poquísimos -aunque de boquilla pueda haber muchos-, no se suelen, excepto en casos muy muy puntuales, vender.

domingo, 1 de julio de 2018

LA LARGA ESPERA



H
ay un refrán español que, como todos, nos dice la absoluta verdad, en este caso, sobre el tema de la impaciencia: El que espera, desespera. Por tanto y, de acuerdo con él, como bien sabemos y hemos comprobado en infinidad de ocasiones, las esperas se suelen hacer largas y cargadas de incertidumbre para quien, en un tiempo más o menos cercano, está en la antesala de la llegada de alguna coyuntura o evento importante para él.

Pues bien, el aficionado al reclamo, año tras año suele estar a la espera de acontecimientos que se repiten en el tiempo, por lo que, lo que debería ser motivo de tranquilidad, por ser archiconocido, se transforma en incertidumbre y preocupación. No hay motivo ni razón para ello, pero así es: lo que siempre, al final, sucede, porque es lógico, parece que no va a llegar nunca. Y lo peor del caso es que no nos damos cuenta que en ello, puesto que en el paso de los días, semanas o meses va implicada nuestra propia vida. Desear lo de mañana es sinónimo de pasar el hoy y, por consiguiente, nos queda un día menos de existencia. Lo triste de caso es que, casi sin darnos cuenta, caemos en esta terrible historia con más frecuencia de la cuenta.

En esta línea, ahora por estas fechas, nosotros los aficionados a la jaula, andamos de muda, porque aunque no es una situación nuestra, sino de nuestros reclamos, no lo tomamos como si fuera algo propio. Y tal circunstancia, el cambio de pluma, por su importancia en el futuro comportamiento de nuestros perdigones en la próxima temporada, hace que nos entre en el cuerpo la intranquilidad. Situación que, como decía al principio, no es buena compañera del aficionado al “cuco”. Sí es verdad que, la mayoría de las veces, preocupa más el machaconero canto de los pájaros de jaula que el propio cambio de plumaje, pues no olvidemos que mientras que no llega tal circunstancia, no existe ni noche ni día para ellos. El cuchichi, cuchichi… es lo normal las veinticuatro horas del día y, se quiera o no, lo que a uno le puede gustar a otros, dígase familiares y vecinos, termina hartándolos y surgen las duras críticas. Es más, hay momentos en los que, incluso a nosotros mismos, no nos faltan ganas, aunque nunca se haga, de retorcer pescuezos, pues todo el mundo tiene un límite.

Es obvio que todos sabemos que, antes o después, el inicio de la caída de plumas llegará. Por consiguiente, como sabemos de sobra, mientras más tarde llegue, mejor. Pero por estas fechas, finales de junio, ya andamos con la mosca detrás de la oreja, sin darnos cuenta que la temporada anterior ocurrió, más o menos, igual. Es decir, el pájaro muda, como otros procesos naturales, cuando tiene que mudar, no cuando nosotros queremos.

Este año, excepcional cien por cien en cuanto a climatología y a sus temperaturas, en las fechas actuales, se presenta bastante fresco, más de la cuenta. Por ello, no es anormal que, como ha ocurrido en el nacimiento de las nidadas de pollos de perdiz, ande bastante retrasado, pues una de las circunstancias que influye mucho en que la muda dé comienzo es la subida de temperaturas, cosa que no está ocurriendo.

Por todo ello, los que no tenemos un lugar alejado de nuestras viviendas para que nuestros queridos reclamos muden en condiciones y estén vigilados, tenemos que aguantar el chaparrón y ser pacientes, aunque estemos hartos de escuchar casi todo el día la “celestial” música de nuestros encelados reclamos.

Para concluir, solo decir que mi Chimenea, con casi diez años, es la primera vez que lo veo hecho un Sansón. No canta,  pero en cuanto me ve, me quiere “comer”. Se embola y me hace frente. Y tal estado no es normal, al menos en él.

PD. Os deseo a todos/as un feliz verano, pues aunque el actual no esté, meteorológicamente hablando, muy bueno (de hecho, ayer llovió aquí en Punta Umbría y en muchos lugares de la provincia onubense, al igual que hace unos días), sí lo tenemos encima.