domingo, 16 de junio de 2024

EL MAESTRO DE ESCUELA Y LA CAZA CON RECLAMO

         La caza de la perdiz con reclamo, como modalidad cinegética muy ancestral, siempre ha contado con verdaderos devotos y fieles y, muchos de ellos, han conseguido, con su talante personal y buenas prácticas cuquilleras, que tan señorial afición perdure en el tiempo para disfrute de las generaciones más  jóvenes y las venideras.

El mundo rural, las poblaciones pequeñas y fincas de las mismas, desde siempre fueron el "germen" de verdaderos apasionados a esta noble forma de cazar a nuestra perdiz roja. De hecho, la abundante literatura cuquillera española, pues los años de vida de una persona no dan para ahondar in situ en las raíces de esta admirable afición, nos cita en diferentes tratados sobre la modalidad, una serie de personajes que, con pequeñas variaciones de un autor a otro, se repiten en todos los volúmenes perdigoneros. Así, el maestro, el cura, el juez -si lo había- y el alcalde, más los dueños de fincas y otros personajes lugareños importantes de cada zona, son actores principales en la historia de esta emblemática modalidad de caza.

Pues bien, en casi todas las obras pajariteras nos encontramos con el correspondiente maestro de escuelas, D.  Fulano, D. Mengano, D. Zutano…, siempre con el Don por delante en señal del respeto máximo que, desde la antigüedad, ha acompañado a tan insigne e ilustre profesión. Así, la relación del maestro con varios de los “actores” de los citados han dado materia prima más que suficiente para innumerables relatos y anécdotas sobre nuestra afición. Y como el maestro era un verdadero referente en cualquier localidad, cosa que, desgraciadamente, en la actualidad ya no ocurre, su más que respetable personalidad se trasladaba al mundo del reclamo en muchos aspectos del día a día perdigonero, cuando esta afición era vista como una actividad cinegética con mucha solera y con apego social. No hay que olvidar que la docencia ha dado renombrados reclamistas, muchos de cuyos nombre podría citar, pero por respeto y por lo innumerable de su lista, prefiero referirme a ellos por su más que noble nombre de la profesión.

Por supuesto, no faltan las “escenas costumbristas” del maestro rodeado de paisanos echando el rato perdigonero en los bares, las barberías, en casa del herrero, en el salón de casas particulares, en las chimeneas de los cortijos… En una palabra, el maestro de escuela era un verdadero icono de esta tradicional y señorial afición y a quien se le pedían consejos en muchos aspectos sobre los pájaros de jaula. Además, no se puede olvidar que al maestro, por su cultura, no muy abundante en muchos lugareños por aquel tiempo, se le solicitaba ayuda y consejos para muchas situaciones personales y de cumplimentación de documentación agraria/patrimonial para su entrega en diferentes organismos locales y provinciales. Evidentemente, tal circunstancia terminaba con relaciones de amistad con muchos vecinos de la localidad y, como no, tal particularidad desembocaba en permisos para cazar el reclamo en buenas fincas de la zona.

En esta línea, el ver al maestro salir pitando de la escuela a las cinco de la tarde y circulando a toda velocidad por calles, carreteras vecinales y caminos con su Vespa o Lambretta con el reclamo entre las piernas y la escopeta enfundada a la espalda o amarrada a la moto, era en muchos lugares una escena más que común. De hecho…, el “ahí va D. José -por citar un nombre muy común-, a dar el puesto” era la “comidilla” diaria de los vecinos que lo veían camino del colgadero.

Es más, no podemos olvidar que la gran mayoría de las escuelas de hace sus buenos años formaban parte de la vivienda del maestro, ya que había pocos centros públicos. Por lo tanto, y lo digo porque lo he conocido, los niños, en los recreos de la mañana, ayudaban al maestro en la alimentación y cuidado de sus reclamos. ¡Y había hasta filas y listas para tales menesteres!

Para terminar, solo decir que muchos docentes/maestros han participado activamente en numerosos eventos relacionados con la caza del perdigón. Sirva como ejemplo la figura de D. Pedro García Jiménez -gran aficionado cuquillero-, que ya a principios de los años setenta, organizaba, en donde ejercía labores docentes, Albox -Almería-, Ferias del Reclamo. Otros maestros nos han dejado de su puño y letra, tratados sobre la caza de la perdiz con reclamo. Debido a ello, y en lo que yo conozco, no quiero dejar en el tintero a quienes han publicado y compartido sus propias vivencias, reflexiones y conocimientos cuquilleros en obras sobre nuestra modalidad de caza. Así, de los que tengo noticias, aunque habrá más, vaya mi aplauso y consideración para D. José Bustos Fernández -aunque ejerció de militar- por su obra La perdiz y los reclamos para su caza. Para D. José Fernando Titos Alfaro por sus obras: El Chepa, Aventuras, venturas de un reclamo de perdiz, El mundo del reclamo y la caza de la perdiz hembra... Para D. Felipe Moreno Delgado, autor de Celo y querencia. Para D. Manuel Romero Perea, autor de La caza de la perdiz con reclamo y El Reclamo de perdiz. Raíces de una caza milenaria. Para D.  Avelino Ruiz Calatrava, autor de Manco. Historia de un reclamo. Y por último, para D. Vicente Hurtado Navarro, autor de la obra El reclamo. Varias reflexiones y algunos sentimientos. 

     Seis de las muchas obras de maestros

Además, sería injusto si, entre los docente citados, dejara en el olvido a mi primo Manuel Jerónimo Lluch Lluch, que  nos dejó hace unos años y aunque no editó ningún volumen sobre el reclamo, sus muchos artículos y relatos publicados en su día en muchos medios de información, principalmente en la revista Trofeo Caza, donde era asiduo colaborador,  sirvieron para entretener al lector y, de camino, apoyar a nuestra noble afición cinegética. 

 Ni que decir tiene que todos los citados, más otros muchos, que los habrá, pero no tengo información de ellos, han arrimado el hombro y aportado su granito de arena en pro de nuestra milenaria forma de cazar la perdiz roja española.