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jueves, 27 de noviembre de 2025

PRIMER ENCUENTRO LITERARIO DE AUTORES CINEGÉTICOS DE LA PROVINCIA DE HUELVA

 

En la tarde de ayer, martes 26, en el Salón de plenos de la Excma. Diputación de Huelva, se celebró el I Encuentro de autores cinegéticos de dicha provincia, en al cual fui invitado como autor de tres libros sobre la caza con reclamo: Con la jaula a cuestas, Historias desde el colgadero y La caza de la perdiz con reclamo, anécdotas y lances curiosos.


Una imagen de mis tres libros.

Ante todo vaya mi agradecimiento a la Diputación y muy en especial a D. Pedro Rodriguez, Funcionario Jefe del Dpto de caza y luchador incansable en pro de la misma a nivel provincial, por invitarme a dicho encuentro y poder dar a conocer mis obras sobre la ancestral caza de la perdiz con reclamo.

El acto, con el salón repleto de aficionados al mundo cinegético en general, contó con la presencia de la Diputada de Cultura Dª Gracia Baquero y con el Diputado de Medio Ambiente D. Arturo Alpresa que, además, actuó como presentador y moderador del citado encuentro.

En el mismo, participaron y expusieron el contenido de sus libros los amigos y autores Manuel Verdier, Lucas Llanes, José Luis Lobo, Francisco González, José Ignacio Ñudi, Elia García, viuda de Aquilino Moreno (q.e.p.d.) y quien suscribe, además de debatir sobre la grandeza de la caza en general y responder a preguntas de los asistentes, todo ello bajo la magistral moderación de D. Arturo Alpresa, también cazador y, por supuesto, enamorado de la Naturaleza y profundo conocedor del mundo rural.

Además, los contertulios dejaron claro que la literatuta cinegética es una forma de acercar al lector a la tradición rural de la caza y a la importancia que tiene la misma en el cuidado y respeto de la Naturaleza y Medio Ambiente.


Dos momentos del encuentro

Una vez finalizado el encuentro, en un salón anexo, la Diputación de Huelva invitó a una copa a los asistentes, que sirvió de charla cinegética entre familiares, amigos y conocidos.

Con los familiares que me acompañaron

       Ni que decir tiene que para mí, un pajaritero amante de la naturaleza, con muchos años cazando el reclamo y aprendiz de escritor, es una gran satisfacción que se haya reconocido a nivel provincial ambas facetas de mi vida. Por ello, mil gracias a los que lo han hecho posible y a toda mi familia que siempre me ha apoyado.

Un cordial saludo.


sábado, 23 de noviembre de 2024

UNA DE TANTAS CURIOSIDADES DE LA CAZA



Copia del artículo publicado en ABC  Sevilla en 1973

--- oo O oo ---

Por mediación de un buen amigo y muchos años compañeros de caza con reclamo, Manuel Somoza Ortega, ha llegado a mis manos un interesante artículo publicado en su día, 13/12/1973, en el periódico ABC de Sevilla, en donde A. Ceferino Bocanegra nos relata todo lo ocurrido en en la bella localidad onubense de Hinojos en el primer día de caza, día primero de septiembre, fecha en la que antaño se levantaba la veda.

En el escrito, el autor nos expone cómo desde el amanecer, cazadores lugareños, ataviados con pantalón y blusa de algodón, zahones de lona oscura, abultadas mochilas, cananas repletas de cartuchos y cantimploras, se juntaban con sus perros y sus armas en un lugar determinado, en este caso, el “pino gordo” del pueblo, a las siete de la mañana, para la inauguración de la temporada cinegética, cuando, afortunadamente, había de todo al “por mayor”.

En la citada jornada, se cazaría el predio de Las Pardillas y antes de empezar una vez reunidos todos, y ahí viene la curiosidad, el capitán de cacería interviene gritando “… palos señores, palos…”, es decir, sorteo de los puestos que han de ocupar los cazadores. Sugestiva forma de echar suerte, que aún perdura en la población y que se desarrollaba de la siguiente manera:

 … Cada cazador cortaba del monte un trozo de palito que no excediera de diez centímetros, procurando que tuviera un garrancho que lo distinguiera, haciéndole, además, con la navaja, alguna señal por donde cada cual conociera sin titubeos el palo suyo. Luego  se metían todos en un sombrero, al que se tapaba con otro y el capitán los iba sacando con dos dedos por la punta y mostrándolos a la vista de todos. El dueño del  palo los reconocía al instante y decía “mío” y se marchaba enseguida al lugar que le había asignado el capitán, empezando por el número uno de la cuerda y allí esperaría hasta el comienzo. Luego, el dos, el tres… que ocuparían sus respectivos sitios, hasta dar comienzo la marcha hacia adelante, situándose el capitán en el medio de los cazadores e indicando el avance…

Lo llamativo de esta forma de sorteo de puestos era la rapidez con que se llevaba a cabo y lo sorprendente, la retentiva de los cazadores que, entre muchos palitos, más de cien, conociera el suyo a la primera tentativa. Por supuesto, el que fallaba, que alguna vez lo había, recibía una buena reprimenda por parte de los demás amigos y compañeros asistentes.

Ni que decir tiene que esta forma de sorteo es una curiosidad cinegética más sacada de la rica tradición lugareña, en este caso de Hinojos, Huelva. Pero…, singularidades de todo tipo y de todos los ámbitos de la caza, nos las podemos encontrar en cualquier lugar de nuestra geografía nacional.

¡¡¡ Cómo para que luego se diga que la caza sólo es salir a apretar el gatillo… !!!

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte,  ya he dado mi “homilía”.

lunes, 28 de octubre de 2024

PROBLEMÁTICA DEL CONEJO DE MONTE EN HUELVA


Dos imágenes de cuando había y se cazaban conejos de monte en La Dehesa de Enmedio

El tema del conejo monte ya fue tratado en este blog en diciembre de dos mil diecinueva. Cinco años después, en Huelva, excepto en muy contados lugares, seguimos en las mismas, pues no hay un conejo por ningún sitio.

--- oo O oo ---

Para comenzar, decir que nuestro simpático conejo de monte, el que llenaba las mochilas de los cazadores hace unos años, ha desaparecido en bastantes zonas de nuestro país en donde antes abundaba, y que en dichos lugares llegaba a considerarse, auténtica plaga. De hecho, siempre ha habido tantos, que los fenicios llamaron a España I-Shphanim, tierra de conejos. Ni que decir tiene que, muchos siglos después, enfermedades como la mixomatosis primero y a partir de mil novecientos ochenta y ocho, la hemorrágica (EHV), la destrucción de sus hábitat a causa de los cambios en la agricultura tradicional, más el uso herbicidas, pesticidas, insecticidas… y, cómo no, el cambio climático y el desmesurado aumento de sus depredadores, han ido minando sus poblaciones, hasta llegar, en algunos puntos de nuestra geografía nacional, a estar bajo mínimos. Pero aun así, con todas las problemáticas citadas, algunos quedan, en bastantes sitios.

En esta línea, hablando con amigos y conocidos de las diferentes provincias andaluzas, que es lo nuestro, se puede confirmar lo anteriormente expuesto. No los hay, excepto casos muy puntuales, en forma epidemia, pero sí sigue habiéndolos en casi todos los parajes. Sin embargo, algo debe ocurrir en la gran mayoría de los terrenos onubenses, pues no es normal que, desde unos años antes del comienzo de este milenio, pues la EHV tardó unos años en llegar a Huelva, lo que antes era salir al campo y tener que cortar la jornada cinegética poco después, porque ya había bastantes conejos a repartir, se ha transformado en ver algún que otro ejemplar a primeros de cada año y, a partir de ahí, esfumarse por completo. Es decir, como si se los hubiera tragado la tierra, cuando hace unos temporadas en muchas propiedades, sin abusar, se le mataban muchos cientos de conejos. Por citar un ejemplo, Los Millares, finca de Villanueva de los Castillejos, donde anualmente se llegaba a los cincuenta mil, hoy…, casi ni se cazan.

Es más, en todo el Andévalo, madre del conejo y otras especies de caza menor, suponían un verdadero problema, pues a las repoblaciones de encinas/alcornoque, siembras de cereal, leguminosas girasol y huertas, le daban unos palos espectaculares.

Sobre el tema, apuntar a nivel personal que, desde el año mil novecientos ochenta y cinco, estoy cazando por diferentes acotados andevaleños y puedo certificar que, en estos casi cuarenta años, la situación ha cambiado por completo. Si, sobre los años noventa, cuando llegabas al coto por la mañana para echar una jornada cinegética, siempre llevabas algún que otro ejemplar que habías conseguido en la carretera, hoy día, terminas el día de caza y ni verlos. Así, en la finca que gestiono desde hace veinticinco años, La Dehesa de Enmedio, de Puebla de Guzmán, si durante unas temporadas, cuando la enfermedad vírica (EHV) ya había hecho sus estragos por muchos puntos de la geografía provincial, se le mataban algunos cientos de conejos, hoy día, cero patatero. Simple y llanamente porque, los muy poquísimos que hay, ni se ven. Sin embargo, el día a día de la finca no ha cambiado mucho en cuanto a la cuestión agrícola, ni ganadera, a no ser que, en la actualidad, se siembra mucho más que hace unos años y, curiosamente, con semillas del terreno sin tratar y abono no químico, solo estiércol de ovejas y de granjas de pavos. Sin embargo, y aquí está la madre del cordero, si hace dos décadas había un jabalí tal cual, hoy los hay por piara. Igualmente, si en aquellos entonces solo estaba la pareja de cigüeñas  de la torre de la iglesia del pueblo, hoy, hay un nido en cada poste del tendido eléctrico. Y encima, se establecen allí desde principios de noviembre, cuando antes, como dice el refrán “por San Blas, la cigüeña verás”, es decir, el cuatro de febrero. Por lo que, entre una fecha y otra, son tres meses de depredación campando a sus anchas. Luego, en epoca de anidación y cría, arrasan con todo, incluso con otras especies protegidas, dígase sisones, alcaravanes, chotacabras, calandrias, lagartos y lagartijas, culebras, salamandras... 

Y lo mismo que ocurre en La Dehesa de Enmedio, sucede en casi toda la provincia. Así, aunque la reproducción del conejo, es espectacular -cuatro a seis partos al año con una media de cuatro crías y madurez sexual a los seis meses-, la depredación la supera. En otras palabras, hay muchísimas más mortandad que nacimientos. Consiguientemente, las poblaciones de conejos no llegan a estabilizarse, pues entre las dos enfermedades citadas, el zorro, el jabalí, el meloncillo, la cigüeña… no levantan cabeza. Y no la levantan, porque no hay el mismo número de depredadores en tierras de labor y olivares que es donde estos abundan en otras zonas andaluzas, que en terrenos de monte bajo que es lo normal del paisaje onubense. Tan es así que, las pocas fincas que tienen conejos en la provincia, que se pueden contar con los dedos de una mano, son propiedades que llevan a cabo, por intereses diversos, un control de depredadores máximo, circunstancia que la mayoría de los acotados no pueden llevar a cabo, porque no pueden, por muchos motivos, permitírselo. Igualmente, en los terrenos anexos a fábricas y polo químico de la capital los hay en cantidades, porque quitando algunas colonias de gatos domésticos, no hay depredadores. Igualmente, ocurre en determinado enclaves cercanos a marismas y riberas dedicados a las siembras de fresas, arándanos, frambuesas, calabazas, melones y sandías… Tan es así que, cosa impensable en otros terrenos, dan permiso de descastes por daños.

Para finalizar, solo decir que en Huelva corren muchos bulos sobre el tema: la falta de vías férreas, el lince, los mosquitos…, pero eso correspondería al programa televisivo IV Milenio. La realidad es que, aunque suene a chiste, en un corral no pueden convivir conejos y alimañas, máxime cuando los conejos nunca se comen a sus depredadores. “Elemental querido Watson”.

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 Como complemento al artículo, decir que, desde que se abrió la veda del conejo con perros esta temporada, once de agosto, en La Dehesa, la finca que gestiono, no habíamos salido a cazarlos hasta el pasado sábado que echamos un rato para ver cómo estaba la cosa, no perder la costumbre cinegética y charlar un poco entre amigos. El resultado de la jornada, con once escopetas, fue cero conejos, simple y llanamente porque, otra temporada más, no los hay. Y eso que se  sembraron en noviembre pasado cerca de cien hectáreas de trigo duro. Y al no haber conejos -elemento fundamental en la alimentación de los carnívoros silvestres-, en esta propiedad y en otras muchas de la provincia, las miras de los depredadores se ponen, aunque sea más difícil echarle mano, en la perdiz roja y, además, en la liebre, pues no se no olvide que este personal come todos los días.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi “homilía”.

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PD. Para finalizar decir que, si se escriben comentarios al artículo desde el apartado de Anónimo, pongan al final del texto escrito nombre y apellidos. Si no es así, aunque a veces sea una pena por su aportación, no se publicará lo expuesto.


martes, 25 de junio de 2024

RELATOS DE CAZA Y NATURALEZA A LA LUZ DEL CANDIL

     Hace ya sus buenos años, mediante un amigo, llegó a mi conocimiento la existencia de unos PDF sobre parte de la obra literaria del docente y escritor granadino José Fernando Titos Alfaro, un pajaritero que puso al servicio de todos los lectores una recopilación personal de volúmenes sobre caza en general y naturaleza, titulado como el artículo que hoy traigo al blog: Relatos de caza y naturaleza a la luz del candil. Conjunto de quince libros -algunos de ellos en poesía- que el autor hizo llegar a nuestras manos, sin que ello supusiera gasto alguno, a no ser que el lector prefiera imprimirlos y encuadernarlos.

Los diferentes volúmenes que lo conforman, todos ellos escritos con un encanto especial y un maravilloso “olorcillo” a campo y a personajes nacidos y vividos en el mundo rural, son auténticos “cuadros” de un artista con la “pluma” y, por lo que se ve en sus relatos y anécdotas, un pajaritero de tradición y con amplios conocimientos sobre el mundo del reclamo y la caza en general.

Pues bien, ahora que llega el verano, no estaría de más que le buscáramos algo de tiempo -pues las vacaciones lo dan-, para leer algunas de sus obras, porque desde mi humilde punto de vista, merece la pena. De hecho, he leído varios de ellos y otros los he hojeado en varias ocasiones.

Por lo tanto, y este es el objetivo de la entrada, el que no conozca estos relatos y esté interesado en echarle un vistazo o imprimirlos, para añadirlos a su biblioteca cinegética, puede hacerlo en el siguiente enlace:

Pinchar en INICIO al abrir el enlace 

https://josefernandotitos.wordpress.com/about/

    Para finalizar, decir que con esta entrada, nos tomamos vacaciones veraniegas, puesto que el blog tambien debe descansar y, quien lo sustenta, más. Por tanto a partir del uno de julio no se atenderá ni los comentarios. Ya que en Punta Umbría no me es fácil publicar, porque el tfno no es mi fuerte y un alto en el camino nunca viene mal. Por tanto, si no ocurre nada muy especial o crucial en relación con los temas del blog, nos veremos DM en septiembre.

                ¡¡¡ FELIZ VERANO !!!

viernes, 12 de abril de 2024

VOLVEMOS AL PALEOLÍTICO

Hoy, en el apartado de colaboraciones, traigo el último artículo que José Ignacio Ñudi Marianas publica en su blog: El tío Calañas, del Club de Caza.

Sobre el autor, de Huelva, pero con profundas raíces calañesas, decir de forma muy objetiva que, aparte de ser un gran y empedernido cazador en todas las modalidades, excepto en el reclamo de perdiz, es un periodista de fuste -director de la revista TROFEO CAZA en su momento-, porque lo que se lleva dentro nunca se pierde, pero que, por motivos de salud, tuvo que dejar la profesión, como se decía antes, en sus años mozos.

No obstante, el amigo José Ignacio, sigue al pie del cañón y, aun con problemas físicos de envergadura, caza y “pluma” las sigue llevando “palante”, porque ambas actividades forman parte de su vida.

Para finalizar, decir que, aunque nos une una sincera y gran amistad desde hace bastantes años, no traigo aquí el artículo solo por ello, sino porque todos sus escritos transmiten unos conocimientos amplios del mundo de la caza y del mundo rural y, por supuesto, calidad de escritura. Así pues, en el siguiente enlace se puede leer su última reseña.  Además, añado otro enlace con su blog por si a alguien le interesa seguirlo.

              https://www.club-caza.com/article/art/30240

                https://www.club-caza.com/blogs/blog/15

viernes, 26 de marzo de 2021

LA CAZA

                                      Imagen cedida por el autor del artículo.

        Hoy, en el apartado de colaboraciones, traigo al blog este artículo sobre las sensaciones que tiene el autor del mismo sobre las diferentes modalidades de caza que practica.
                                                       ooo O ooo

“Porque todavía algunas partes de nuestra geografía, siguen en plena temporada de cuquilleros, quiero escribir algo sobre la caza.

Ejerzo todas las modalidades, bueno casi todas. Al salto ya no, por dislocaciones en una pierna que rompí tibia y peroné y también tobillo, inexcusablemente cazando. Esas lesiones han abreviado mis condiciones físicas y no puedo seguir a las perdices ni conejos. Son las limitaciones producidas por el accidente de caza.

Dicho esto, sí quiero decir que ejerzo la montería, la media veda, el zorzal, la paloma de invierno y por supuesto la caza de la perdiz con reclamo, para mí, la caza más extraordinaria que concurre y que daré las doctrinas más adelante. Estas modalidades sí puedo practicarlas ya que se llevan a cabo desde puesto fijo.

Todas las modalidades para nosotros los “cazaores”, como expresaría Luis Chamizo, te precipitan el corazón y te avivan las neuronas transportándote no sé yo donde.

La caza del zorzal en una mañana serena es indescriptible, oír aún de noche los primeros que transitan con su clásico chip, chip, chip, te acelera el cuerpo anhelando que venga la clara del día y emprender el vaciado de la canana para abatir al común, al alirrojo, al charlo y al real.

La media veda en esas tardes veraniegas de los cuarenta grados, aventurados a la sombra de un matorral o pantalla en un rastrojo esperando que brote la tórtola con su zigzagueante vuelo para echarte la escopeta a la cara ambicionando abatirla, si lo consigues la complacencia es inmensa pues es el tiro por excelencia.

La paloma de invierno quedando puesto a boca de ribero o en plena dehesa y ver esos grandes bandos esperando que alguna se despiste y entre al puesto para apreciar el “cebollazo” después del disparo tiene un encanto que solo los cazadores sabemos que es.

La montería. Junto con la caza de la perdiz con reclamo, es la modalidad que más literatura tiene, son muchos los escritores que sobre estas dos modalidades han escrito páginas y páginas que luego encuadernaron en preciosos libros.

 Estar en un collao, en un sopié, es un cortadero o en una traviesa, a la espera de oír un venao rompiendo monte, ver las palas entre las jaras de un gamo, el romper del jabalí con su clásico “jociqueo” gruñón, un muflón intentando huir entre los canchos en el testero de enfrente. Todo esto son los lances que los cazadores intentamos tener la suerte de poder producir cada vez que salimos de montería, lances que ampararemos en nuestras retinas por mucho tiempo.

La caza de la perdiz con reclamo, como he dicho más arriba, para mí es la esencia de todas las modalidades cinegéticas. De alguna manera la estamos cazando todo el año, aunque apenas son dos meses los que poseemos para sacar nuestros reclamos, digo que la estamos ejerciendo todo el año porque todo el año estamos pendiente de nuestros enjaulados, mimándoles, ayudándoles con la muda, hablándoles y mirándoles cada día. Es un binomio perfecto al que llegamos con nuestros reclamos, hasta tal punto que llegan a conocernos hasta por las pisadas.

Colgar en el pulpitillo al alba un pollito,  a expectativas de que las camperas echen sus primeras coplas con apenas visión y ver la reacción de tu pollito es algo que acrecienta esta caza, esencialmente por las esperanzas depositadas en el pollito que has estado custodiando y mimando los meses anteriores. No siempre, más bien casi nunca, la cosa sale como uno quisiera, pue la mayoría de las veces, las expectaciones las ves engañadas al comprobar que el buen pájaro que tanto prometía y que creías tener es un medio-cuchara al que darás alguna oportunidad más, llegando en ocasiones a tener que excluir por no dar la talla.

Colgar en el pulpitillo a un reclamo corriente, de esos hay muchos, pero ya digo corriente, también tiene su hechizo, pues siempre esperas más de un corriente, siempre esperas que vaya superándose, procurando no hacerle ninguna “trastá”, puesto que dentro de su normalidad no consienten ninguna faena fuera de lo establecido, si la ejecutas como aguardista, posiblemente, el corriente tendrá que ir al cajón desastre.

 Casi todo son inconvenientes es esta caza, por eso es tan grande, son diversas las “culás” que te llevas por distintos constituyentes que nombro: El pájaro de la jaula no ha cantado o ha cantado poco. Las camperas no cantan o cantan poco, o se te ponen detrás del aguardo y no consuman a la plaza. El atajo de 0vejas que te atropella. Las vacas que también te atropellan, el esparraguero que hace lo mismo. El ganadero de la finca dando voces llamando a su ganado, Las águilas que aplastan a nuestros reclamos. Las hembras resabiadas. Los machos camperos cobardes, etc, etc. Por eso, quiero decir que a pesar de estos inconvenientes no declinamos en nuestra afición ya que nosotros no vamos al campo por carne, vamos al campo a comprender a nuestros reclamos a ver si hacen como los buenos toreros, una buena faena de esas que hacen los reclamos que son superiores.

Colgar en el pulpitillo un reclamo superior es la tranquilidad, el aguardista entre su plantío sabe perfectamente quienes son los superiores de su plantilla. Sabemos lindamente que ni las vacas, ni las ovejas, ni las águilas, ni el esparraguero, ni el ganadero, ni el aire, ni la lluvia, ni nada de nada desconcertara su trabajo en el pulpitillo. Ya sean hembras resabiadas, machos cobardes, disparos fallados, estos superiores tienen todo cuanto hay que tener en el cortejo y provocación.

 Estos superiores que llegan a estar buscando campo por más de dos horas sin cerrar el pico aun no habiendo escuchado ninguna campera por falta de celo de estás, al final las hacen cantar y las meten en la plaza, pero claro de estos hay pocos, muy pocos.

Esta caza te conserva en inquebrantable alerta, agudizando tu oído, tu vista y tus sentimientos. Esos reclamos superiores que nada más colgarlo te salen por alto en busca de campo, ese curicheo también por alto, ese senseo fuerte y potente levantado campo, esos reclamos de buche, esos piñoncitos suaves, ese recibir con titeo, ese curicheo apenas inapreciable arrastrando el ala hace que se pare el mundo mientras miras a tu reclamo.

        Viva la caza !!!”

                                     Francisco Giraldo Sánchez

miércoles, 6 de enero de 2021

DE CUANDO SE CAZABA EL HAMBRE. DOCUMENTO PDF

     Hoy, nuevamente, en el apartado de colaboraciones, traigo al blog un texto de Miguel Bulnes Cercas, pero, además, tengo que dejar claro que este nuevo post, en realidad no es un simple relato, anécdota u opinión, sino un manuscrito cuyo destino, no era otro que la publicación como nueva obra de este autor.

Sin embargo, Miguel, cuando ya estaba todo listo para que la editorial -no cito el nombre porque creo que no debo hacer publicidad- lo imprimiera, ha decidido que sea en este humilde rincón particular en donde vea la luz, circunstancia para la que no tengo suficientes palabras de agradecimiento -que son muchas-, pues no es fácil tal determinación en los tiempos que corren, máxime cuando se trata de un escritor más que reconocido y con una prodigiosa “pluma”.


Por consiguiente, la obra De cuando se cazaba el hambre, una maravillosa y emotiva historia rural está, desde estos momentos, día de Reyes, a disposición de quien quiera leerla e imprimirla (92 páginas en A-4) y, cómo no, pasar unos muy entretenidos momentos con su lectura, en donde el autor, el tío Cirilo, D. Joaquín, Germanín, el perro Pipo… nos retratan, en su día a día, la grandeza de la caza y de la vida lejos de la urbe.


Por todo ello, y para hacerlo fácil y no alargarme mucho, mil gracias a Miguel. Se las mereces de sobra.


 DESCARGA EL LIBRO DE CUANDO SE CAZABA EL HAMBRE AQUÍ


miércoles, 16 de diciembre de 2020

CON RESPECTO A LA CAZA

 

                                        Escena de caza  del Paleólitico tomada de internet

Hoy traigo al blog un nuevo artículo del amigo Manolo Quintanilla en el que, desde su punto  de vista de escritor no cazador, nos transmite su visión personal sobre la caza. La entrada finaliza con un bello poema cinegético.

ooo  O  ooo

‘Como un suspiro en el azul del cielo’. Así terminaba mi poema dedicado a la caza en un artículo enviado a tu blog para su respetable divulgación. Este último verso me hizo recapacitar y retomar la temática; buscar un enfoque convergente en la materia prima, deslizar la suave luz de la ‘poesía’ sobre la piel esforzada de la concatenación y el dilema de los opositores: vida-muerte; hombre-animal; con toda la controversia sociopolítica que engloba el discurso. La disputa naturalista… y ella defensa de la ‘cinegética’ con mayúsculas, el ataque y la defensa. Los detractores y los amantes y un largo silogismo impertérritos en el que serán muy necesarios doctores de ambos posicionamientos para dilucidar, en definitiva –nada pues, ambas lateralidades disponen de un cosmoide de argumentos a su favor, que jamás; ¡improbable¡… se podría finiquitar tal controversia en concordato.

 

Para defender tales frentes en la consabida batalla, solo se podía invitar al corazón y al alma, a lo más espiritual del hombre ‘cazador’ honesto y de actitud caballeresca, para hacer comprender que no existen malos subterfugios, malintencionadas ideas, y aún menos perversidad en la condición del cazador. Existe un binomio; la libertad de la presa y la superación del hombre en abortarla. El argumentario no es precisamente la necesidad de la básica búsqueda del alimento, sino el espíritu. De la grandeza de ofrecerse como opositor a la cuestión de invertir las épocas, la disputa natural del encuentro entre amigos naturales, la diatriba con toda la realidad del enfrentamiento: hombre-presa. Ambos, no antagonistas sino amantes de la demostración de sus habilidades naturales, sin ofrecer desventajas; puesto que, si eso ocurriese, no estaríamos disertando una hoja de ruta a seguir, no estaríamos equilibrando la balanza, pues solo se ofrecería un diabólico espectáculo de desventajas y sería en este preciso instante cuando todo lo que enmarca el espacio rousiniano sufriría un terrible desafuero. Yo acato las reglas de la caza en la igualdad que disponen las normas del juego universal de lo intrínseco a la natural composición del universo; o sea aquí en la paleta primaria del pictórico naturalismo se ofrecen a ese duelo impreciso, dos contrincantes, dos oponentes en gallardías majestuosas, en casi equilibrio equitativo y perfecto. El hombre con sus armas, y la presa con las suyas, y añadiendo al lienzo de la contienda, en la visual de la vida intacta y aparente, un árbitro en magnanimidad justiciosa, que es la propia ‘naturaleza’. Ventajas e inconvenientes para uno y para otro. Y al final de la contienda… que cada uno rinda sus honores en la batalla vencida, que no es más que un resultado final, donde a veces, el cazador cobra su presa, o sea, es el campeador de la partida, el receptor de los aplausos, el orgulloso actor de recibir el premio; en otras ocasiones, las más, es la presa la que obtiene el premio, con el ostentoso aplauso de la naturaleza, sus habilidades y la aceptación de la derrota por parte de su oponente.

 

En este marco de enfrentamiento entre hábiles caballeros es donde se debe de figurar la verdadera filosofía de la ‘caza’. Todo lo demás, tanto, por parte de los defensores a ultranza menospreciando las opiniones y pensamientos acordes a sus más íntimas convicciones sin argucias, ni maledicencias, con la verdad por castizo criterio, de los contrarios; como de los detractores acérrimos que, en cuestiones de contrastes de sus valoraciones al respecto, carecen de conocimiento en suficiencia de la materia, y que añaden a la configuración mediática, una distorsión ontológica, cultural manifiesta.

 

Y para ultimar esta narración particular y ajena a toda inclinación y posicionamiento, o postureo. La caza, a mi parecer, es una manera natural del proceder humano que mantiene sus ímpetus arósticos perdurables en el tiempo y con natural inclinación a los postulados del quehacer del hombre inmerso en su entorno y en su hábitat. Es como imponerle al sol que no alumbre, sería una actitud incomprensible y además contra natura. Mi deseo es que el hombre conviva con su entorno natural, que lo respete y que lo cuide, no exijo más. Y que en ese maravilloso espectro convivan el cazador y la presa.

 

 

         POEMA: DE LA POESÍA Y LA CAZA

 

Los pájaros golpean el tambor de la mañana

Y el sol reverdecido canta en los mallares

La perdiz inquieta en su sosiego, mira, espía, suspira…

La alborada de otro pájaro en su vuelo.

El cazador ha mimado su mirilla

Es un triunfo, casi un alto beso sobre el tórrido ariscal del suelo.

Bajo los labios de la escopeta fría

Tiembla la hermosura

¡Alegría, un festival de tiros, la cacería!

 

                               Manuel Vázquez Quintanilla


jueves, 15 de octubre de 2020

LA CAZA: DIVERSIÓN - NECESIDAD - ARTE

 Siguiendo con las colaboraciones, hoy le toca el turno a un compañero docente, aunque dedicado a otras labores profesionales, Manuel Vázquez Quintanilla. El amigo Manuel no es cazador, pero al dedicarse también a la "pluma" y conocer de primera mano el medio rural y la caza, ha tenido a bien colaborar con este escrito sobre la caza en general que, para mí, es muy bueno y completo. Termina con un poema, su fuerte, que no tiene desperdicio. Por todo ello, os animo a leerlo con detenimiento. 


                                   0000 O oooo


Tríptico e inherente al hombre en sus más íntimos elementos que sustancia la naturaleza humana. El hombre como elemento añadido al paisaje del entorno natural ejerció la primordial tarea de sobrevivir como otro factor más de la continuidad de integrarse en su espacio natural, en el que fue dispuesto para la confirmación del mundo.

 

La caza la utilizaron todos los seres que se encontraron en ese ambiente, no sabemos si hostil o naturalmente ‘correcto’; lo que si es cierto es que esa herramienta denominada ‘caza’, la practicaron todos los jugadores que en suerte les toco poblar el planeta tierra, para seguir adelante en el dificilísimo camino de la supervivencia. Todos, sin excepción, cazaron, desde el más encumbrado en la pirámide vital, hasta el menor de los invertebrados, animales de todas las especies, las plantas… Todos se vieron abocados a buscar el sustento en la aniquilación, eliminación de otro ser vivo para su sustento vital.

 

 Es por lo tanto ‘la caza’ un elemento a tener muy en cuenta en la genética, o sea en el proceso biológico-metafísico de la naturaleza humana. Científicamente es un hecho que se evidencia por sí mismo en el devenir del hombre. No obstante, con transcurrir de la historia, es verdad que el hombre, ya no tuvo la necesidad imperiosa de ‘cazar’ para mantenerse en el ciclo de la vida -el resto de seres de su entorno sí- y el hecho de cazar se fue convirtiendo en una especie de adiestramiento para seguirse manteniendo en forma en el hecho de la vida.

 

El ejercicio de la caza, era una especie de entrenamiento militar, para los que ejercían el oficio de soldados en toda la extensión del término. La caza necesita de unas habilidades específicas que son difíciles de conseguir si no se produce el esfuerzo del entrenamiento. Se marcan pautas, diagramas mentales, imaginación, audacia, en definitiva, inteligencia para conseguir el objetivo final.

 

Desde esta perspectiva la caza pasa a ser de una necesidad biológica, a un arte de estrategias militares y de esfuerzo físico: la fuerza, la resistencia, la entrega, etc. Y es a la vez la estrategia, la valoración, el cálculo de probabilidades, el análisis, la toma de decisiones. Como se puede apreciar, un entrenamiento fundamental para el juego militar, de ahí que la ‘caza’ tuviera un sentido más que esencial en siglos pasados. Ya no era un elemento de supervivencia, ahora era un ejercicio de habilidades que se habrían ido consolidando a través del tiempo en el sustrato de la materia sustancial inherente al hombre. Ya no era un elemento meramente físico, sino que se había ido introduciendo poco a poco en el psiquis del hombre. Esto no significa más que (evolución).

 

A posteriori, cuando ya se habían superado esos estadios precordiales y en el hombre ya no premiaban los elementos de la caza como herramienta útil para sus propósitos, la pregunta que nos hacemos es la siguiente:

 

¿Qué ha ocurrido en todo este proceso para que  la caza siga transmitiendo ese magnetismo en el hombre?

 

Es un hecho más que evidente que el hombre, cazador desde los tiempos prehistóricos, aún en la era sideral sigue cazando y va a seguir cazando.

 

En este campo de la modernidad, de lo todo superado, donde casi tocamos el cielo infinito con la punta de los dedos, donde conseguimos que llueva a nuestro capricho, donde enviamos sondas investigadoras al confín de la galaxia, el hombre (cazador), sigue aferrándose a ese impulso innato de la adquisición de la presa, no por ser su enemiga sino por el hecho en sí de seguir siendo hombre, sencillamente eso, y es ahí en ese espacio íntimo de la más ínfima célula en donde surgen todos los resortes, toda esa magnitud impulsiva de darse a la aventura de la vida, de rememorar sueños desgastados que se han quedado en el rincón más oscuro del alma.

 

De esta manera, este hombre (novísimo), este ser que cabalga en patinete por la senda asfaltada, que lleva en su corazón parte de sangre y materia tóxica, que traslada en su mente una carga explosiva de alta tecnología, sigue en su fuero interno siendo un cazador, un paje de recuerdos dibujados en los paneles de cuadros del ‘romanticismo’; en donde la ‘caza’ se hizo compañera de baile del arte. Son numerosísimas las obras pictóricas en donde la caza toma el protagonismo de la obra, en donde el artista no ve nada cruel en el hecho de abatir al animal.

 

Es un juego donde sencillamente existe un personaje, el cazador que con sus habilidades debe de vencer al otro contrincante, la pieza, que al mismo tiempo dispone de todas sus herramientas. Entiendo que no hay desventaja en esa lid, son dos oponentes enfrentados en el sencillo juego de la vida. El cazador, jugador leal, se enfrenta a este propósito con la honradez que dicta la partida. En la mayoría de las ocasiones vence la presa al cazador. Esas bellas escenas pictóricas en donde la lucha es transfigurada en obra de arte es una demostración de que en la caza hay que detenerse a analizar muchos conceptos.

 

 No quiero obviar en el desarrollo de este artículo, el que en la caza también se disfruta de lo que la naturaleza expone ante nosotros, difícilmente en estos tiempos se pueden apreciar tantos matices que son ofrendas a nuestras sensibilidades en un día de caza; todo el campo se entrega a nuestros sentidos: los olores, los colores, los sonidos, la tierra en su desnudez más primitiva expuesta ante el hombre que vuelve a revivir sus tiempos arcaicos, casi lo de menos es la esencia del propósito ‘el captar la pieza’; tanto se disfruta en un sentido como en el otro. El hombre y la pieza protagonistas y al mismo tiempo espectadores del gran espectáculo de la naturaleza. Creo que ahí se resume todo, el hombre volviendo a ser el hombre de natural inclinación al disfrute de ser abrazado de nuevo por la madre que lo parió, que no es otra que la bendita ‘naturaleza’ y ese es el tríptico mágico:

 

Hombre-animal-naturaleza.


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                      Poema: Cazando

 

En la quietud de la rivera sola

Son un mar de esmeraldas los bancales

Que con sus tibios oros otoñales

El Fausto de la tarde torna sola

Ansiando disparar la vencedora

Sigue el viejo trueno las señales

Que fustiga el verdor de los pinares

Con el péndulo oscuro de la hora

Vuela la tórtola… el aire claro

Rasga a la seca angustia de un disparo

Después queda tan solo alguna pluma

Que en florido zarzal abate el vuelo

Y un humo leve, blanco que se esfuma

Como un suspiro, en el azul del cielo.

 

                     Manuel Vázquez Quintanilla.