Olvidado y difícil de conseguir el pollo de campo, desgraciadamente nos tenemos que aviar con el de granja y, con él, el maravilloso color y sabor que presentaba el primero. Pero, como lo que hay es lo que hay, olvidémosno de rémoras y vayamos con los tiempos que corren.
Aunque podemos utilizar el pollo entero, el muslo completo y las alas cortados en trozos, son ideales para este plato rápido y fácil de cocinar.
Preparación.
1.- Se corta la carne en trozos medianos. Si lo cortamos muy pequeños, al ser el pollo muy blando, terminará deshaciéndose.
2.- En un buen perol de suficiente fondo con bastante aceite de oliva, se doran muchos ajos cortados en cuatro trozos a lo largo con cáscara.
3.- Se apartan los ajos ya bien doraditos y se echa el pollo troceado con unas hojas de laurel, perejil cortadito, un poco de comino, un poco de tomillo y la sal correspondiente. Si gusta el pique, se le puede agregar alguna guindilla.
4.- Se le va dando vueltas a los trozos para que se doren un poquitín por todos sitios.
5.- Una vez que el pollo esté refrito se le quita un poco de aceite, se le agrega buen vino blanco y los ajos antes apartados.
6.- Moviendo de vez en cuando para que no se peguen los ajos en el centro del perol, esperamos a fuego lento que se consuma el vino.
7.- Se debe apartar en plato hondo para echar algún que otro “barco” en el aceitito resultante y en los trocitos de pollo que se han quedado desmenuzados.
8.- Un buen mosto, que ahora está en su punto, podría ser su acompañante.
El que preparé el sábado pasado en el campo, salió más que bueno. Así andaba de liao.