domingo, 3 de noviembre de 2013

DE MONTERÍA 2013/14. CALAÑAS: MANCHA "LOS CHARQUITOS".



             En  el día de ayer, con gran asistencia de aficionados/as, se monteó la mancha “Los Charquitos”, precioso rincón andevaleño con vegetación de encinar salteado de monte bajo y perteneciente a la familia Ñudi. Pues bien, en esta finca y también con la presencia del amigo José Ignacio Ñudi –muy recuperado del mal trance vivido hace dos años y con el que charlé durante varios momentos de la jornada-, tuve la inmensa fortuna -porque no tiene otra lectura- de abatir mi primer venado, después de llevar toda la vida cazando –cuarenta y cuatro años desde que tengo permiso de armas-.


Imágenes del salón de la Sociedad.




            No sé si estaba para mí, pero mi buen amigo Fernando y postor de la armada que me correspondió, ya me dijo con anterioridad a ponerme en mi puerta, que iba a matar un buen venado que andaba por allí. Dicho y hecho, ya que, no mucho más tarde, con los primeros movimientos de coches, mi hijo Pablo, que me acompañaba, me alertó de la presencia de la res que, ladera abajo, venía hacia nosotros. Apunté y, aunque se movía con un trote no muy rápido, fallé el primer disparo. A continuación, ya en estampida, logré acertar con el segundo tiro y, aunque volví a errar el tercero, ya iba tocado de muerte. Aun así, a toda velocidad, tras recorrer incomprensiblemente un buen trecho, saltó una alambrada, pero…, poco después, en el cortafuego lindero cogió la célebre “borrachera” y, tras varias vueltas sobre sí mismo, cayó muerto. Aunque no me lo creía, había abatido un buen trofeo. Mi primer trofeo en lo que a cérvidos se refiere.

            Luego, aunque se tiraron muchos tiros –una armada "liquidó" 25 reses-, no hubo más suerte. Así, aunque pude abatir dos ciervas, cosa que no es mi “palo”, se dio por terminado un buen día de montería con unos más que aceptables números. Así, 20 venaos, 18 cochinos y 44 "pepas" llegaron a la junta de carne, varios de ellos/as, con gran trabajo de algunos socios, ya anochecido. 

Imagen del frontal de la puerta que me correspondió -la siete de mi armada-. Como se puede apreciar, un buen escape/colada en forma de embudo pegado a una alambrada.


En las tres imágenes que vienen a continuación se me puede ver con el trofeo, con mi hijo Pablo y con Fernando, el postor de la armada, y su hijo.




Y como no puede, ni debe faltar, para finalizar una  jornada de caza, una buena brasa con productos de la tierra, mesa, una copillas  y charla entre amigos/as puso punto y final a un feliz día papa mí.




Como anécdota tengo que decir que, mientras estábamos en la puerta, este simpático bello y raro ejemplar de  mantis palo andaba curioseando junto a nosotros.