Esta mañana, después de estar arreglada la segunda cuerna de los dos ciervos que he abatido durante la temporada recién acabada, las he colocado en el comedor de mi vivienda. No es que sean una cosa del otro mundo, pero para mí sí lo son, aunque sea por el simple hecho de ser las primeras. Es más, creo que han quedado hasta bonitas y, máxime, cuando el que me las ha preparado ha sido mi hijo Pablo que, para ello, tiene carnet de taxidermista expedido por la Deleg. de Medio Ambiente.
Esperemos que no sean las última, aunque los pisos no sean lugares más idóneos para colgar estos "cuadros". Pero, obviamente, hay lo que hay.
Estos son los dos trofeos del año.

