miércoles, 27 de febrero de 2013

RECUERDOS DE NIÑEZ: CON EL ABUELO A PALOMAS.


          Era muy temprano, todavía noche cerrada. El abuelo abrió la puerta de mi habitación y, con voz suave y cariñosa, me dijo:
            - ¡Vamos niño, que ya es la hora!
            - Ya voy, abuelo –le respondí.
Sabía que había que levantarse rápido si no quería recibir la primera reprimenda del día, pero en los minutos que permanecí en la cama, pude extasiarme con la maravillosa sinfonía que producía el campo antes del amanecer: el repetitivo quiquiriquí de los gallos, los espeluznantes ladridos de Litri y Chamaco –los dos mastines del abuelo-, el  continuo berreo de las ovejas y cabras que habían dormitado en las cercanías de la casa, los primeros cantos de las madrugadoras cotolovías, los “maullidos” de algún mochuelo que pasaba los últimos momentos de oscuridad atalayado en algún poste o árbol cercano…, eran una auténtica bendición del cielo para mí
       Tan ensimismado estaba, siendo participe de aquella maravillosa orquesta que nuestra madre Naturaleza pone en las manos de quien la busca que, sin quererlo, se me fue el santo al cielo. Tan es así que el segundo aviso del abuelo no se hizo esperar.
- Niño, o te das prisa o te quedas en tierra –me requirió.
Ahora sí que estaba claro, no era cuestión de enfadarlo y que me dejara con la abuela en casa. Por consiguiente, salté de la cama, me aseé a la carrera un poco y, momentos después, estaba desayunando al lado de la chimenea.
 - ¿Se nos han “pegao” las sábanas? –me preguntó el bueno de Manolillo –obrero de la finca- que también daba los últimos sorbos a un reconfortante y humeante tazón de café negro.
- No, Manuel, no. Lo que pasa es que me he “quedao” un rato escuchando la formidable sinfonía que nos ofrecen los primeros momentos de la mañana –le contesté.
Mientras charlábamos Manolillo y yo, el abuelo había “aparajao” a Lucera  -yegua de la finca- y, tras amarrarla en los barrotes de la ventana, entró en la casa restregándose una mano contra la otra y buscando en la vetusta alacena el aguardiente de guindas para mitigar el intenso frío que hacía en la calle.
- ¡No veas la “pelona” que ha “caío esta madrugá” -dirigiéndose a Manolillo! No os quiero contar la temperatura que hace en la calle –relataba el abuelo mientras se bebía la buena copa que se había servido. Estaba claro que, solo con verlo, no hacía falta que contara nada, puesto que su congestionada cara lo delataba.
Poco después, el abuelo preparó su escopeta Jabalí y un buen “puñao” de cartuchos Galgo verde y, cuando las primeras luces del día asomaban por el horizonte, a lomos de Lucera nos dirigíamos a Becerra –un buen morrete muy querencioso que había en las cercanías de la carretera de Cazalla- para hacer un aguardo a palomas. Era un buen año para ellas y no había que dejar pasar la ocasión. Tan es así que, días atrás, habíamos estado recargando una buena partida de cartuchos de cartón  para dichos menesteres.
Por el camino, una humedad terrible y una densa niebla se iban apoderando de todos los rincones de La Atalaya. Por tanto, las  muchas palomas  que iban y venían sin rumbo fijo, casi chocaban con nosotros a nuestro paso. Estaba claro que la mañana, aunque desagradable, se presentaba formidable para dar el aguardo a palomas.
Cuando llegamos a Becerra, lo que nuestros ojos presenciaban era una verdadera gozada: torcaces por todos lados revoloteaban en busca de una buena atalaya desde donde les fuera más fácil echarse al suelo para dar buena cuenta de las grandes parvas de bellotas que había en aquel rincón de la finca.
Agazapados, tras atar a Lucera en una chaparrera, fuimos ascendiendo con sumo cuidado hasta dar con el aguardo, situado frente a un gran quejigo, con mucha y buena querencia para aquellas plomizas y elegantes aves.
Una vez dentro, el abuelo cargó su Jabalí, mientras la emoción que me corría por todo el cuerpo hacía que el frío se apoderara de mí, de tal forma que hasta me castañeaban los dientes. No era para menos, el continuo revuelo de palomas yendo y viniendo ponía nervioso al cazador más avezado.
A los pocos minutos, el primer disparo hizo que el fresquillo nervioso se me cortara de cuajo. Así, instantes después, corría tras una y otra torcaz que habían quedado vivas, mientras el abuelo recogía las que habían quedado “hechas un taco” bajo las desnudas ramas de aquel centenario y “desnudo” quejigo.
Una y otra vez se volvía a repetir la historia y el suelo del aguardo tenía tantas torcaces que era difícil moverse dentro de él. Tan es así, que el abuelo, viendo lo que habíamos conseguido, me indicó que volvíamos a la casilla, porque la cosa, con treinta y tantas palomas, ya estaba bien.
Así, con dos buenos perchas de ellas nos dirigimos a buscar a Lucera, las afianzamos en su montura y pusimos rumbo para donde habíamos partido hora y pico antes. Además, con exquisito cuidado, entre mis manos iba una joven torcaz que sólo tenía un plomazo en la punta del ala y que, al igual que alguna que otra tórtola criada a mano y mis dos o tres colleras de palomos zuritos formaría parte de mi palomar, uno de los maravillosos entretenimientos de los niños de la década de los cincuenta.

martes, 26 de febrero de 2013

NUESTRA FLORA MENOS CONOCIDA. LA TORVISCA



                                                                                                                                                     Matas de torvisca.
       La torvisca,torvisco, matapollo, chorovisco, matagallina... –Daphne gnidium- es un arbusto que tiene como hábitat el bosque mediterráneo: encinares, alcornocales, chaparrales, matorrales... Sus tallos o ramas, casi totalmente lisas, pueden alcanzar metro y medio de altura con muchas hojas en forma de espada en la parte alta de la planta Sus flores son blancas y aparecen a finales de verano o principio de otoño. Los frutos son bayas  alargadas de medio cm  de color verde al principio y rojo anaranjado cuando maduran y  se mantienen en la planta todo el otoño.

     El torvisco es una planta venenosa y no consumida por el ganado. En contacto con la piel produce irritaciones y, si este persiste durante tiempo, produce grandes ampollas. 

    Curiosamente, en tiempos no muy atrás, las correas de su corteza se utilizaron como ataderos para gavillas de cereales, haces de leña... También se ha empleado como fuerte purgante y para cauterizar heridas.


Imágenes de las hojas, flores y frutos de la torvisca.



Bibliografía: Wikipedia

sábado, 23 de febrero de 2013

TIEMPO PARA REFLEXIONAR I.



     Una vez acabada la temporada llega el momento de reflexionar. Una reflexión que, si queremos buscar las sendas de la mejora, debe ser sería, realista y, por supuesto, basada en los errores que hemos cometido durante la temporada que finaliza. Estos últimos debemos analizarlos paso a paso, determinar el por qué sucedieron, si es que se puede y tratar de ponerles las soluciones pertinentes, para no volver a tropezar en la misma piedra el próximo año. Obviamente, estamos hablando de todos aquellos factores que están en nuestras manos el ponerle remedio, ya que, desgraciadamente, otros muchos, por más que queramos, se nos escapan de nuestras posibilidades. Así, la meteorología que tenemos hoy día, la falta de casta y bravura de las patirrojas, el continuo desmonte de las fincas, la agricultura actual… son situaciones coyunturales ajenas a nuestra voluntad y contra las que poco podemos luchar, por más que queramos.

     Ahora bien, otros muchas sí están a nuestro alcance y tenemos que analizarlas concienzudamente para que los años venideros sean lo más agradables posible, dentro de la mediocridad en la que, últimamente,  se está transformando la caza de la perdiz con reclamo. Así, estos diez aspectos que vienen a continuación, pueden ayudarnos para conseguir un buen reclamo o para no estropear lo que tengamos. No es nada nuevo, todos/as los conocemos, pero, desafortunadamente, mas veces de la cuenta no cumplimos con ellos. Así, no es anormal que luego vengan las quejas hacia nosotros mismos por nuestro propio descontento en la forma de proceder.

   Para empezar, debemos meditar detenidamente sobre los componentes de nuestro jaulero. Está claro que figuras hay pocas, cada vez menos, pero soy de los que piensan que dejar de un año para otro a medianías es allanar el camino para futuros sofocones y decepciones. El reclamo que no sirve, no sirve, por muchos puestos que le demos o por muchos años que lo aguantemos. Por consiguiente, mantener a “medias tintas” no tiene sentido. Es preferible tener poco con buena pinta que muchos que, desde el principio, no nos dicen nada. Así, aunque discutible, soy de los que están firmemente convencidos que el buen reclamo se muestra desde el primer puesto y, si no lo hace, en un altísimo porcentaje pinta en mochuelo.

     Continuando con nuestros reclamos, hay que tener bien claro que, si queremos hacer buenos pájaros, al aguardo sólo debemos llevar uno y, por supuesto, darle todo el tiempo que dure el puesto. Alternar dos o tres es, aparte de sinfonías musicales dentro del puesto, sinónimo de no llegar a dar nunca con una buena jaula, ya que, como aprendices que son, si desde el primer momento, lo acostumbramos a puestos de poca duración, cuando tienen que dar el do de pecho, fallan. Por algo, nuestros progenitores, cuando salían al campo, lo hacían con un solo reclamo y, de esta forma, cuando el de turno era un pollo, era igual: “palante” con él y dos horas en el tanto. Si tenía sangre, terminaba rompiendo. Por consiguiente, el llevar varios perdigones al puesto puede que ayude al jaulero de turno para tirar patirrojas, pero no a formar buenos “espadas”.

     Es palabra de rey y un axioma palmario que, para llegar a “hacer” un buen reclamo, es irrefutable  que debemos echarle muchas horas al novel de turno, pero…,  para estropear a una buena promesa, nada más que se necesita una décima de segundo, justo lo que se tarda en apretar el gatillo. Por lo tanto, debemos tener siempre en el entrecejo que, si hay la más mínima duda de que el lance no va salir bien, lo mejor es no disparar. Si no hay disparo, como muchos grandes maestros de este arte milenario nos hacen saber, no hay recelo de los reclamos. Lo malo es disparar por sumar uno más a nuestro estadillo sin que se den las condiciones adecuadas. Lo único que puede ocurrir, si lo hacemos, es que nos estemos lamentando durante mucho tiempo de nuestra torpeza.

     Cuando el “campo” entra en plaza, bajo modesta mi opinión, no debemos excedernos en alargar el lance más tiempo de la cuenta antes del disparo. Soy de la opinión que cuando más excitado está el reclamo es en el justo momento de aparición de la patirroja de turno, ya que, como podremos comprobar, si lo hacemos, llega el momento en que el de la jaula termina pasando un poco del tema. Debemos esperar solamente lo suficiente para que lo reciba bien y, poco después, apretar el gatillo.

     Partiendo de la base de que el buen aficionado no va con el “taco” por delante para adquirir los reclamos, no le queda otro remedio que hacerlos. Debido a ello, la paciencia y la perseverancia son cualidades que no deben faltar. Un buen reclamo no se “fabrica” de hoy para mañana. De esta forma, hay que dar muchas culadas para sacar adelante un simple “mediacuchara”. Querer tener figuras sobre la marcha, es cuestión de azar, pero no lo normal. El cuándo y de dónde son impredecibles y, si no lo tenemos claro, malo. Un reclamo que apunte grandes maneras llegará a nuestras manos cuando tenga que llegar, no cuando queramos.

     En la misma línea del párrafo anterior, tengo que decir que, los pollos, por regla general, no deben salir mucho al campo en su primer año e, incluso, en el segundo. Unos puestecitos para ver cómo pintan y punto. Abusar de ellos nunca fue bueno. Pero, además, debemos sacarlos al campo cuando las patirrojas camperas estén en su mejor momento, ya que, de lo contrario, terminarán aburriéndose y, cada día que vaya pasando, lo harán peor.

    Es fundamental y de obligado cumplimiento saber que el manoseo diario da sus frutos en lo relativo a la nobleza, templanza y la mansedumbre de los reclamos. Nuestros perdigones deben acostumbrase a nuestra persona  y nuestra voz. Intentar que aves que, por lo general, son esquivas y ariscas adquieran docilidad acercándose a ellas de higos a brevas es como predicar en el desierto. Así, con el trato diario, aparte de llegar a diferenciar perfectamente a cada componente de nuestro jaulero, nuestros pájaros y, en especial, los más jóvenes, terminarán familiarizándose con nuestra presencia.

     La limpieza e higiene diaria de casilleros, terreros, bebederos… es fundamental y nunca se debe echar en el olvido. Así, jaulas con excrementos que llegan a salir por el suelecillo, tierra sucia y llena de deposiciones y bebederos con el agua verde y hasta corrompida, que hay casos en lo que ocurre, es sinónimo de llevar muchos décimos para que nos toque la “lotería” no deseada. La no limpieza es sinónimo de infecciones, y todos sabemos lo que ocurre cuando aparecen. De camino, decir que, el aficionado de turno, luego será de los que se quejan amargamente a diario de su mala suerte.

     La alimentación de nuestros reclamos -tratada en este blog en artículos anteriores- debe estar basada en el principio de la lógica y sensatez. No importa tanto el qué comen nuestros reclamos como en el cómo y cuándo deben comerlo. Está claro que como casi todo aspecto importante no debe dejarse a la improvisación, o lo que es lo mismo, ahora esto y luego lo otro porque quiero conseguir tal cosa. Nuestros pedigones son seres vivos sedentarios y, por lo tanto, su alimentación debe estar acorde con su tipo de vida. Así, suministrarles más proteínas, vitaminas, duración diaria de la luz, golosinas… de la cuenta, para adelantar situaciones puntuales como el encele o coloración es condenar a nuestros reclamos a una vida no demasiado larga y a alteraciones en sus procesos naturales, como pueden ser la mudas extemporáneas o pasadas de celo. Debemos tener claro que, como gallináceas que son, no se les puede alterar su dieta en un corto espacio de tiempo, si no queremos que ocurran situaciones no deseadas.

     Para finalizar, es de obligado cumplimiento, para todo el que sienta el reclamo en sus venas que, nuestra afición, la que hemos escogido porque nos da pocas pero grandes satisfacciones y, porque además, en la mayoría de los casos, nos hicimos fervientes seguidores de ella, puesto que, en nuestros hogares, desde bien pequeños, el canto de las perdices de nuestros progenitores no estaba muy lejana de nuestra cuna y, ya, desde bien pequeñitos, nos alegraban el día con su maravillosa música, no debe ser algo que se “le mete mano” un mes antes de la apertura de la veda, sino que, desde que acaba cada temporada, hay que estar muy encima de nuestros reclamos hasta que se abra la venidera. Es siendo así y, muchas veces, las cuentas no salen, así que…, díganme si hacemos lo contrario.

jueves, 21 de febrero de 2013

FINAL EN ANDALUCÍA.


                               Quinteño con la pareja a sus pies
        Aunque todavía quedan unos días, ayer dí por terminada mi temporada 2013 en la Sierra Norte de Sevilla -Las Mesas de Constantina-. Ni allí ni aquí en Huelva, se puede decir que esta "cuarentena" pasada ha sido buena. No lo ha sido y, así, hay que hacerlo constar. Ni el campo, ni las jaulas han estado bien, pero el aficionado sabe demás que éste es nuestro sino, Aun así, siempre tenemos claro que cualquier pequeña alegría es suficiente para nosotros. Más o menos lo que me ha pasado a mí en el día de ayer: llevé cinco parejas de pájaros a la Atalaya para intentar que puedan verse otra vez por allí las patirrojas, tras desaparecer hace diez o quince años y, de camino, eché el día de cuelga. Por la mañana, le tire una pareja al Jabalquinto que le compré al amigo Raimundo, con un quehacer bastante bueno, dicho sea de paso. Ya por la tarde, las vacas de la finca me entraron en el puesto y me tuve que levantar. Sobre las cinco y cuarenta y cinco dí por terminado el puesto y la temporada en nuestra Comunidad. La semana próxima, Dios mediante, en el puente de nuestro Día, al igual que en años anteriores, subiré a Ciudad Real a terminarla.

lunes, 18 de febrero de 2013

ABNEGADOS JAULEROS.


Jaulero con todos los pertrechos y pensando en qué ocurrirá poco después.
           Se empieza a acabar la temporada. Y terminará como tantas otras, como ocurre siempre: bastante peor de lo esperado tras grandes ilusiones creadas con anterioridad a la apertura de la veda de la caza de la perdiz con reclamo. Es una asignatura que conoce muy bien el jaulero, sólo el jaulero. Quien no lo es no sabe de qué va el tema y, por lo tanto, no está en posesión de dar una clase teórica sobre ello. Esta modalidad cinegética es como es y no como parece, por mucho que nuestros detractores, que son más de la cuenta, se afanen en hacer ver que es una "epidemia" que acaba en poco tiempo con todas las montaraces que pueblan los terrenos en donde se caza el cuco.
            Aparte de la calidad de los reclamos  que componen el jaulero de un aficionado, que no siempre está formado por figuras, cosa altamente difícil por más que se buscan y rebuscan, hay que contar muy mucho con una serie de circunstancias ajenas a los mismos y a la mayor o menor cantidad y calidad de montaraces que pueda haber en un cazadero. Particularidades que el día a día viene a decirnos que cazar la jaula no es tan fácil como puede parecer, sino todo lo contrario. Meteorología adversa, que es lo más cotidiano, montesinas no en el mejor momento, ganado de las fincas, tareas agrícolas y ganaderas, tránsito de vehículos, rapaces y otros animales salvajes, recolectores de setas y espárragos…, hacen que la mayoría de las veces, el puesto no se dé con las mínimas garantías que se necesitan para ello, lo que hace que, en un porcentaje muy elevado, éste acabe sin tocar pluma y con el consiguiente disgusto y/o sofocón del jaulero de turno. Y lo peor del caso es que, casi siempre, no se trata de un puesto puntual, sino de temporada tras temporada. Es difícil de entender, pero los que llevamos muchos años en esto, sabemos que una alegría, cuando se tiene, que no es todos los días, como queda dicho anteriormente, viene precedida de muchos “dolores de cabeza” y así seguirá siendo a posteriori hasta dar con otra pequeña satisfacción, ya que pensar en otra cosa es hacer castillos en el aire. No es anormal que buenos perdigoteros, con “jaulas” normales, de las que forman el noventa por ciento de las "galleras" de los cuquilleros, acaben la temporada con ocho o diez camperas abatidas, tras dar cuarenta o cincuenta puestos.
         Pero es más, cuando empieza la nueva temporada, justamente cuando se cierra la veda y se deja de cazar el reclamo, el aficionado de verdad comienza con su ritual que año tras año lleva a cabo para que, sus reclamos, aquellas patirrojas que forman parte de su jaulero y de su  vida, tengan a mano todo lo que necesitan para poder llegar al próximo año en las mejores condiciones  posibles. Así, un sinfín de atenciones y cuidados forman parte del día a día del perdigonero para sus reclamos. Lo sabe y no le cuesta trabajo llevarlos a cabo, sino que disfruta con ellos, llegando a veces a transformarse en una verdadera “droga, tan desmedida en muchos casos que, incluso, llegan a surgir problemas familiares por prestar más atención a los reclamos que a sus quehaceres domésticos. Los cajones de muda y su limpieza, el cambio de tierra, la desparasitación, las vitaminas para ayudar a la muda, el cambio diario del agua de los bebederos, las posibles enfermedades… es la tarea diaria desde marzo hasta noviembre/diciembre en que llegará el recorte y el paso a las jaulas. Luego, vendrá el verde, las golosinas –bellotas, castañas, garbanzos, habas…-, el soleo…, para que nuestros queridos reclamos lleguen a punto a la apertura de la veda. Es decir, un año “liao” al máximo para que, luego, los cuarenta días que dura la veda nos den muchos más sinsabores que alegrías. No olvidemos que, ademas de cuido de nuestros perdigones, hay que tener siempre listo todos los pertrechos y complementos que esta caza requiere, que no es poco.
            Supongo que los que saben cómo es este mundillo entienden perfectamente lo que quiero decir. Por el contrario, los que chocan frontalmente contra esta modalidad de caza, dirán que utilizamos demasiada palabrería para defender lo indefendible, pero…, la verdadera realidad radica en una evidencia palpable y demostrable: el jaulero da bastante más que recibe, mucho más. Se queja poco y lo único que desea es que lo dejen tranquilo con lo que le gusta. Cuidar sus reclamos todo el año y, cuando llega su momento, salir a echar el rato en el campo, para intentar disfrutar de vez en cuando, si la suerte le acompaña.

domingo, 17 de febrero de 2013

SEXTA SEMANA.


        La última semana en la zona baja y penúltima en la zona alta no han sido muy buenas que digamos. El campo sigue igual de malo o peor -canta poco, se atranca o entra mal- y los reclamos empiezan a ponerse fuertes y nerviosos al no tener patirrojas que los animen. De hecho, Chimenea, por primera vez, me ha fallado, ya que, se trajo una collera y al verla de lejos, porque el colgadero estaba muy limpio, y no entrarle, se descompuso un poco y no se vino abajo, por lo cual, el macho que no andaba bueno le dio un recital de cuchichío y piñones, pero terminó por retirarse y llevarse consigo a la hembra. Dos días antes le había tirado un macho que lo entró con gran trabajo -de los de campo y sierra- y, aunque le titeó a la hembra, ésta no quiso entrar e igualmente le dio el sofocón, por lo que supongo que, pocas fechas después, no estaba recuperado del anterior disgusto y no anduvo muy fino. 

         Así, en Constantina -Sierra Norte de Sevilla-, he tirado dos machos y una hembra y, en la Puebla, nada, aunque aquí solo he ido a probar pollos. Pero como todo no va ser malo, he sacado un novel que me ha regalado un amigo de las Alpujarras y me dio un puesto bastante bueno, aunque no escuchó campo, al igual que el rubio de Jabalquinto que le he comprado al amigo Raimundo. El cual tiene una estampa envidiable y un trabajo suave y bonito.

       A continuación algunas imágenes de estos días. En la primera estamos mi hermano Juanvi y yo a la entrada de la casa de la finca del abuelo Vicente, la Atalaya, en Constantina. La siguiente muestra parte de una de las patas del macho que le tiré a Chimenea. Las dos  últimas pertenecen al rubio de Jabalquinto que, como se puede apreciar, tiene una bella estampa.






jueves, 7 de febrero de 2013

ENTRE PUESTO Y PUESTO, GURUMELOS.


            En Huelva y las provincias limítrofes, por estas fechas más o menos, cuando la caza de la perdiz con reclamo está en plena efervescencia, el gurumelo -amanita ponderosa-, una de las setas más apreciadas y buscadas, empieza a aparecer por nuestros campos. Así, desde época de la dominación romana -los césares la tenían como plato estrella en sus grandes fiestas al igual que la tana-, este endemismo del suroeste español y norte de África, hace que, muchísimos de los aficionados a la recolección de setas pateen el campo de arriba a abajo con la ilusión de llevar a casa un buena cesta de tan fenomenal y apreciado bocado.

          Sin embargo, el gurumelo que, curiosamente, nace bajo tierra y, solamente, los buenos aficionados, lo encuentran cuando están en forma de "papa", al darse cuenta de las grietas o témpanos que presenta la tierra antes de la salida del mismo, hay que conocerlo muy bien, ya que, una confusión con las amanitas virosa o verna -ambas mortales pero más blancas que él-, puede resultar fatal. Aun así, esta preciada seta, en estos momentos forma parte de la economía de muchas familias de la zona. puesto que, al existir gran cantidad de paro, el gurumelo  supone una entrada de muy buenos euros para muchas casas que, desgraciadamente están bajo mínimo. De hecho, los primeros kilos que se sacan pueden alcanzar en el mercado hasta 50/60 euros.

        Esta seta, se puede encontrar desde enero hasta abril en terrenos cubiertos por vegetación de encinas, alcornoques, eucaliptos... y, por supuesto, monte bajo. Su sombrero, con una cutícula lisa, es de color blanquecino al principio, pero con el tiempo se vuelve ocre pardo rojizo. Las láminas, blancas en un primer momento, se tornan de color crema y el pie grueso y macizo, bulboso hacia la base, siempre es más claro que el sombrero. Aun así el gurumelo está teñido por color natural del terreno donde nace. Además, como todas las Amanitas tiene una volva que lo envuelve cuando es pequeño 

Instantánea de cuatro gurumelos en diferentes estadios.


            Pues bien, como además de jaulero soy muy aficionado a la recolección de setas, hoy he dejado el reclamo a un lado y he salido a echar el rato de gurumelos al Cobujón con unos amigos: mi socio Rafa, su hijo y José Mari. De ellos, tanto Rafa como José Mari son dos consumados especialistas en su búsqueda y, máxime, cuando hay poco material, como ocurre ahora y los que hay están todos bajo tierra, por lo que su recolección es sólo para los muy puestos en el tema y que saben de otros años las "ronchas" donde se crían.


           Se han cogido pocos, sobre dos kg, pero he pasado una jornada formidable al lado de Jose Mari y de mi socio e hijo. De esta forma, al no ser un fenómeno en la recolección de este tipo de seta, he estado observando y fotografiando todo el proceso de localización y sacado de ejemplares. Además, tres horas anda que te anda cerro arriba y cerro abajo en buenísimo para cuando las edades empiezan a pasar factura.

Imágenes de gurumelos cogidos en el día de hoy.




   

martes, 5 de febrero de 2013

DOS BUENOS PUESTOS DE SOL.


          Parece que la temporada empieza a ponerse a tono, ya que, sin ir más lejos, ayer le tiré una viuda resabiona, desconfiada y sabiendo lo que hay que hacer para no entrar en plaza al Manchego que, después de casi una hora de trabajo, con un bote incluido al no dar la cara en ningún momento la susodicha, tras utilizar toda clase de recursos, tres embuchados magistrales y casi imperceptibles del reclamo, terminaron por hacerla entrar en una plaza demasiado limpia.

        Esta mañana, he colgado a Saldor y mi alegría ha sido inmensa, puesto que, tras venírsele una collera de vuelo con el correspondiente pichó, pichó, pichó..., primeramente, le ha entrado el macho y, tras dejárselo seco al pie del repostero, ha cargado el tiro en toda regla, mientras la ya viuda rajeaba amparada por el monte. A continuación, la ha trabajado bastante bien y la ha entrado en plaza. Mientras tanto, para que se le olvidaran los desaguisados anteriores, se la he dejado un buen rato en la misma y, posteriormente, la he dejado sin mover una pluma. Saldor, al contrario que en días pasados, le ha hecho nuevamente el entierro al igual que al macho y, con un suave cuchicheo, ha permanecido bastante tiempo, demostrando que esta vez sí estaba contento, antes de comenzar de nuevo a cantar de mayor. De esta forma, espero que, con estos dos certeros tiros, empiece a olvidar malos momentos anteriores y vuelva al buen camino que se le supone a un aceptable reclamo.

Imágenes del Manchego y Saldor  con los trofeos a sus pies y de una de las patas del inmenso macho de esta mañana.





           También reseñar que las dos mañana han sido las que siempre deseamos: soleadas, sin viento y no muy frías y, además, para dar más belleza a las mismas, los verderones y los pinzotes también participaban con sus maravillosos cantos. Está claro que anunciaban que la primavera, aunque no se corresponda con la fechas del calendario, está próxima por estas tierras. Como muestra esta "cigala" que viene a continuación. Por lo tanto, mucho cuidado al mover las piedras que están en la plaza.



domingo, 3 de febrero de 2013

CUARTA SEMANA DE VEDA.


                                                   Bella estampa de Chimenea en el puesto de cuatro.
          Esta semana no ha sido mala para mi, sino todo lo contrario, ya que tirar ocho patirrojas, en otros tantos puestos, no se hace todas las semanas con lo malo que marcha la temporada de reclamo, al menos por aquí. Aun así, tengo que decir que el "campo" sigue más bien flojo -canta poquísimo y entra mal- y los de la jaula tampoco andan muy finos. Posiblemente, haya tenido más suerte de la cuenta, pero lo cierto es que le hecho un puesto de cuatro a Chimenea, una pareja y un macho a Saldor, que dicho sea de paso, supongo que todavía se acuerda de la hembra que le fallé hace días y, esta mañana, después de tirarle un macho y dejárselo seco, no cargó el tiro tras recibir muy bien a la pareja  y, con la hembra en la plaza echándole embuchados, no la tomó bien y dejé que se fuera para no agravar la situación. Por último, al Manchego le maté una hembra y su macho y otros que andaban por la zona no quisieron entrar, a pesar que el trabajo del reclamo fue muy aceptable.



Las tres imágenes siguientes muestran a la hembra en plaza tras tirarle a su macho y a dos de las patas de algunas de las patirrojas abatidas. 




Por cierto, la flor de jara nos anuncia que la primavera empieza a apuntar aunque estemos en pleno invierno.