viernes, 3 de octubre de 2014

CADA RECLAMO, UN MUNDO.

         Aunque puedan existir aficionados cuquilleros que no sean capaces de diferenciar por su aspecto externo o fenotipo a sus reclamos, que los hay, lo normal es que un buen pajaritero conoce a cada uno de sus perdigones de tal manera que, aunque sea solo por las patas, sin ver el resto del cuerpo, es capaz de saber, en un momento determinado, de cual pájaro se trata. A veces, puede plantearse alguna dudilla, pero lo normal es que el reclamista de verdad diferencie uno por uno a todos y cada uno de los componentes de su jaulero o gallera por lo que ven sus ojos. Y es así porque, como muy bien debemos de saber, cada pájaro es único e irrepetible. Es decir, nunca dos reclamos serán réplicas exactas.


Imágenes de cuatro reclamos: Chimenea, Manchego, Guerrilla y Alpujarreño, según orden de aparición. Lo único que han tenido en común, ha sido su procedencia, puesto que, de una forma u otra, todos ellos han nacido o nacieron en cautividad. Por lo demás, cada uno, un mundo diferente.





            Pero si ya de por sí, su morfología externa diferencia perfectamente a cada uno de los ejemplares que tenemos o han pasado por nuestras manos, no digamos de su genotipo o aptitudes y actitudes que un reclamo que lleva impreso en su código genético. Es decir, comportamiento, música y formas de actuar ante una determinada situación… Debido a ello, ahora sí que no existe la menor duda a la hora de diferenciar un pájaro de otro. Por consiguiente, la nobleza o cobardía, la mansedumbre o aspereza, la tranquilidad o nerviosismo, el ser cercano o arisco; el tipo de cante de mayor, el cuchichío, el piñoneo…, la manera de recibir a machos o hembras, forma de cargar los tiros… son cualidades que diferencian claramente a un reclamo de otro.

            En base a ello, cuando tenemos la mala suerte que un buen pájaro se nos va, bien de viejo o por cualquier tipo de accidente o muerte repentina, de antemano sabemos que, a nuestro jaulero, ya nunca llegará otro como él. Es más, si es un reclamo puntero, de esos que en la vida uno, si es que tenemos la suerte de tropezarnos con alguno de ellos, los grandes recursos que empleaba para atraer a las patirrojas camperas nunca pasarán al olvido. Así, todo lo que llegue detrás será medido con una vara bastante larga. Me ha pasado a mí, y creo firmemente, que también le ocurre a casi todos los perdigoneros.