martes, 2 de marzo de 2021

LA MANO DE DIOS

 

                           Imagen de Feriante cedida por Paco Giraldo

Hoy, nuevamente, en el apartado de colaboraciones, traigo al blog este artículo, en forma de relato, sobre un reclamo de granja, Feriante, que hace más que feliz a su dueño cada vez que sale al campo.

000  O  000

Fue en el año 2017 en una mañana de domingo, es decir hace cuatro celos. Después de irme un rato a mi cerca y tras terminada la tarea de trastear por el pequeño huerto, pues aún quedaban algunos pimientos de los llamados italianos y alguna que otra sandia morosa por recolectar, llamé a mi mujer y la dije que si nos íbamos a Badajoz a la feria de la caza y me contestó con un “vale, estupendo así comemos por ahí, que hoy no tengo nada preparado”. Así que todo perfecto, pues mi propósito era ver los perdigones que allí se venden y trasladar uno a Ihabernando para aumentar la nómina.

Era el último día de feria y, claro, todo estaría ya muy enmendado, pero al mismo tiempo más barato, pues las empresas expendedoras ese día descienden los precios para llevar de vuelta lo menos posible. Eran las doce en punto cuando aparcábamos en el magnífico parking de IFEBA.

Le expliqué a mi mujer que nos diéramos prisa, ya que apenas quedan tres horas de feria y lo mismo ya no había perdigones para adquirir. Justo nada más entrar, había un pasillo a la derecha dónde se podían ver los expositores de los machos de perdiz, pero la entrada estaba casi colapsada y, para más inri, me tropecé con unos cuantos Viveños (Gentilicio de mi pueblo Ibahernando) que son devotos cada año a la magnífica feria de la caza que tenemos en Extremadura. Mientras yo compartía un rato de “hablaero” con mis conciudadanos, mi mujer se fue derecha al expositor de las perdices, bendita la hora que me encontré con mis paisanos, pues aquello fue como si de una diáspora viveña se tratara, ya que estaban todos allí, o casi todos.

 Inmediatamente, después de despedirme de ellos, me acerqué a los expositores perdigoneros, donde me espera mi mujer mirando unas codornices en esos instantes y vi como varios perdigones tenían puesto, en papel de libreta cuadriculado, vendido, vendido, vendido, por lo que apenas subsistían un par de ellos por vender y fijé mis ojos en ellos. No juzgaban ni altaneros, ni con buenas hechuras, más bien eran broncos y desconfiados. Me critiqué por no haber acudido a la feria el día anterior y así hubiera tenido más opciones de elegir. 

Una vez pasada la pequeña desazón, por no tener ya donde elegir, le dije a mi mujer:

-  Vámonos a ver otras cosas, los dos perdigones que subsisten no me gustan y, además, quería cómprame un chaleco sin mangas de los que abrigan.

Pero…, en esos santiamenes, llegó la sorpresa, ya que mi mujer me dijo:

-   Mira ese del medio, le he dicho al chico que le pusiera el papel de vendido.

Así que lo miré y me aproximé a él, y la historia es que me gustó, pues ni se movió, ni saltó, ni hizo aspavientos. Es más, él también me miró a mí. Fue un flechazo, bueno, fueron dos flechazos, el primero lo tuvo con Toñi.

De regreso a casa, con el perdigón metido en el transportín, el asiento trasero, le investigué a Toñi, qué cómo y porqué había elegido aquel macho. Me contestó que le había metido los dedos por los alambres del expositor y que no paraba de picárselos. Zanjamos ponerle de nombre Feriante ya que había sido adquirido en una feria.

En la temporada 2017/2018, le maté catorce perdices. La siguiente, la 2018/2019, fueron treinta. La pasada 2109 /2020, sesenta y seis y, por último, en lo que va de ésta, ya ha participado en 21 responsos. No es cuestión de gatillo, pero las faenas y lo vivido con Feriante no tienen palabras. Aunque eso es otra historia que, si cuento con el asentimiento del administrador de este blog, contaré próximamente.

                                        Francisco Giraldo Sánchez.