viernes, 21 de mayo de 2021

EL RECIBO


Hoy traigo de nuevo al blog una reflexión/artículo del amigo Vicente Hurtado sobre lo que él entiendo por recibo en plaza, aunque haya muchas formas de entenderlo y justificarlo.

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       Seguramente este sea el aspecto que más conversación tenga dentro de esta afición nuestra.

Creo que, desde que aparecieron en escena las redes sociales, lo que respecta al recibo se ha sacado bastante de madre, antiguamente se hablaba del recibo en todas las tertulias, pero se hablaba con más flexibilidad, ahora han salido opiniones para todos los gustos y señores, que se consideran “grandes doctores” del reclamo, sientan cátedra sobre cómo tiene que recibir un pájaro.

¡¡¡Estos señores pretenden decirle a un animal vivo, con instintos ancestrales y propios de su raza, cómo tiene que comportarse cuando vea venir al enemigo!!!

Estos señores repiten una y otra vez: “el pájaro tiene que recibir tieso y de pico, todo lo que no sea eso, no es recibo”.

Resulta también curioso (al menos, a mí me lo resulta), que muchos de los aficionados que afirman categóricamente este tipo de cosas, sean de los que tienen poco tiempo para cazar y, como consecuencia de esto, tienen pocas horas de puesto, con lo que su experiencia en “la doma” de los reclamos es muy corta.

Como no puede ser de otra manera, yo respeto esa opinión, pero no la comparto.

Y no la comparto porque, como he dicho antes, el reclamo es un animal que está vivo y tiende a comportarse con arreglo a lo que le dicta su genética, de tal manera que si nosotros pretendemos cambiarle su comportamiento podemos correr el riesgo de romper un pájaro extraordinario.

Creo que es mucho más sensato dejarse ir con el comportamiento instintivo del reclamo para, con el paso del tiempo y el crujir de la escopeta, que él vaya dándose cuenta de que no son necesarias tantas “alegrías” en el recibo.

Soy de los que piensan que recibo es todo cante o gesto que el reclamo use para conseguir meter el campo en plaza y, una vez que éste entre, que esté centrado en la jaula y en la pelea.

Ese hecho, el que el campo esté centrado en la jaula y en la pelea, es lo que indica que el reclamo está diciendo lo que tiene que decir para mantener embelesado al campero hasta que decidamos tirarlo, a partir de ahí lo mismo de válido es que esté recibiendo de pico y tieso como un garrote, como que esté hecho una pelota dando vueltas en la jaula y no le escuchemos decir nada (lo que no quiere decir que no diga), el resultado  es el mismo, el del campo  ensimismado peleando con él.

 A mí, como a cualquiera, me gusta un pájaro que reciba sin mover ni una pluma pero, tengo que reconocer, que me gustan bastante más los que moviéndose mucho, son capaces de meter al campo en plaza y de fijarlo en la pelea hasta que decidamos tirar porque creo que tiene mucha más dificultad y encanto esto segundo que lo primero.

De entre los pájaros que he tenido

-MATIAS: Flemático, no se movía, siempre recibió de pico.

-CAMILO: Tieso, con el pico hacia arriba, siempre recibió de pico.

-ECIJANO: Tieso, pujado, siempre recibió de pico.

-RONDANO: a los machos los tomaba doblado al esterillo con el ala derecha en escudo y recibiendo de pico, a las hembras a todas titeando, si entraban juntos recibía al macho.

-ALTUBE: Siempre de pico y derecho como una vela, pero raramente acudían.

-FULGENCIO: Dando vueltas y trechas en la jaula, no se oía recibir, cuando llegó la tecnología comprobé el titeo que formaba ¡con razón no se le iban! El pájaro que le hizo 41 lo tomó derecho y ya no se movió más.

-MONTORO: Según venía el enemigo, así recibía.

-VIOLINES: Derecho y de pico.

-PANAERO: Derecho y de pico.

-GRANAINO: Derecho y de pico.

-PAREJO: Siempre recibió derecho y de pico.

-LAGARTIJO: Según venía el enemigo.

-MACHAQUITO: Moviéndose siempre mucho y de pico.

-CHIMENEAS: Dos celos y medio del tercero, moviéndose mucho, luego se paró él solo y recibía derecho y de pico.

En consecuencia y después de todo lo dicho, estamos ante una modalidad en la que por ser tan personal y usar como reclamo un animal vivo,  con su carácter y su ADN., no podemos pretender que dos y dos sean cuatro salvo en contadas excepciones.

 

                                           Vicente Hurtado Navarro