Imágenes de dos tipos de ganchos: de exposición (2ª) y los de uso (1ª)
Unos de los utensilios o trebejos importantes para la caza de la perdiz con reclamo, los ganchos -fundamentales
tradicionalmente-, cada día que pasa se van transformando en menos necesarios y,
en una gran cantidad de ocasiones, solo sirven para ocupar un lugar entre los
recuerdos que los aficionados guardamos con todo mimo y cariño en cualquier
rincón de nuestra vivienda. No quiero decir que ya no se utilicen, puesto que
hay muchos cuquilleros que siguen echándose el reclamo a la espalda con ayuda
de los mismos -entre los que me incluyo, aunque, para decir la verdad, también utilice otros utensilios-,
pero la inmensa mayoría de pajariteros no los tienen entre los avíos imprescindibles, porque
otros trastes de invención propia o fabricados por personas del ramo, los han
sustituido.
Pero la cuestión está en que otros
novedosos bártulos ofrecen la posibilidad de llevar al puesto o aguardo dos, tres o
cuatro pájaros de jaula, tal circunstancia cambia en mucho la forma de
entender y practicar nuestra ancestral afición. Pues no es lo mismo llevar un
reclamo a las espaldas desde el coche hasta el puesto, que llevar dos o tres
pájaros al mismo, circunstancia bastante común -respetable por supuesto- en
los tiempos que corren.
Y no lo es porque, aparte de que los ganchos servían y sirven para trasladarnos con el reclamo a la espalda un buen trecho, incluso de varios kms, si llevamos varios perdigachos, aparte de la lata que puedan dar cuando cante el que está en el tanto o repostero o cuando se escuchen las patirrojas salvajes en los aledaños del aguardo, ya no es lo mismo. Nuestra afición de desvirtúa con nuestro proceder y pierde un poco la magia y grandeza que siempre le ha acompañado.
El porqué
de esta situación, creo que está claro o, al menos, así lo pienso yo. Con un
solo reclamo hay que aguantar carros y carretas en el aguardo, es decir, todo
lo que dure el puesto sea de alba, sol o tarde y, si llevamos más de uno, en
cuanto no cante o no nos guste lo que está haciendo, rápidamente cambiaremos de
protagonista. Y ello, queramos o no, no es muy ortodoxo. Y no lo es porque con tal
proceder es más complicado hacer un pájaro de garantías, pues, a veces, por no
decir todas, hay que aguantar muchas culadas para sacar un perdigón que merezca
la pena. Pero si me apuro, el llevar varios pájaros al aguardo, lo que nos
indica es la poca calidad cuquillera que poseemos, puesto que no es muy
aventurado el afirmar que, si se actúa así, es por el ansia de apretar el
gatillo y sumar montesinas a nuestros estadillos. ¿Nos podemos figurar lo que
dirían nuestros abuelos si nos vieran llevar al puesto dos o tres pájaros? Pues…,
casi seguro que se echarían a reír y nos tildarían de todo menos de aficionados
al reclamo. Y lo peor es que no les faltaría razón.
Por último, si nos fijamos en los productos
que nos ofrecen los comerciantes del ramo, veremos que podemos adquirir muchos
cachivaches, bastantes de ellos sin utilidad real, pero ganchos utilizables y
funcionales para llevar al reclamo a la espalda y amarrarlo al repostero, a no
ser de esos de colgarlos en la pared, por lo bonitos y bien hechos que están,
pocos. Canastas de loneta, palma, esparto, pita ... para varios reclamos las encontraremos de muchos
tipos, pero de los que nos lleva este artículo, poquitos. De esos de cuerda de
cáñamo u otro material con dos ganchos metálicos de distintas formas/tamaños podemos
preguntar en muchos comerciales y la respuesta siempre será la misma: no los
tengo. Y no los tienen, no porque sean caros o baratos, de una forma u otra. No
los tienen, por la sencilla razón que los aficionados no los procuran. Y hoy,
lo que no se vende mucho, no interesa tenerlo en existencias.

