Manchego, un pájaro adquirido al principio de su segundo celo. Hoy, tiene siete años y es un buen reclamo hecho por mí.
Ahora que se acerca el tiempo de la adquisición de nuevos inquilinos para completar nuestros jauleros, creo que sería importante el reflexionar sobre qué comprar. Por tanto, lo que viene a continuación es mi opinión sobre el tema que, por supuesto, no es "palabra de rey", sino una más dentro de las que pueda haber.
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Antes que nada, debo decir que ya he tratado este tema en otros momentos y en diferentes artículos del blog, sin embargo, nunca está de más, volver a reincidir en una cuestión que siempre ha sido núcleo de muchas conversaciones y discusiones entre pajariteros, pues no es lo mismo hacer pájaros, que comprarlos ya hechos, pues los pollos tambien cuestan dinero. Pero, además, he dicho bastantes veces, que adquirir pájaros punteros hoy día, pues hace años era otra cosa, no es fácil, pues soy de la opinión del que el reclamo de primer nivel no se vende, ocurra lo que ocurra, excepto en contadísimas ocasiones. Es más, quien vende pone en el mercado lo que para él no es un fuera de serie, ni siquiera un pájaro apañadete, incluso, se puede llegar a decir que se vende lo que no sirve. Y voy más lejos aún, cuando compramos un reclamo de los que el vendedor habla y no para, después de ofrecerle en casa lo mejor al nuevo inquilino, inclusive desubicando de jaulas y lugares de privilegio a otros reclamos, al final, tras muchos despropósitos, nos damos cuenta que, más de uno de los que nos hemos desecho, tenían más calidad que lo que ha llegado a casa. Y no me meto en si compramos campo o granja, porque todavía lo tengo más claro, ya que, lo que adquirimos, en un alto porcentaje, es granja auténtica -con todos mis respetos- que da el pego y se gana dinero fácil, puesto que es irrefutable que no se pueden tener año tras año, varios fenómenos, como dicen los tunantes vendedores. En dos palabras: el célebre tocomocho… Y, además, una vez descubierto el engaño…, calladitos, pues, por salud personal, mientras menos se entere la gente, mejor.
Pero bien, aparte de que si campo o granja, si tocomocho o buena compra, surge el dilema de siempre: la satisfacción y disfrute con el reclamo. Si nuestras miras van encaminadas a conseguir un macho de jaula al que se le abatan muchas patirrojas, perfecto, si se acierta en la adquisición. Pero si lo que, realmente, buscamos es la satisfacción personal, esta nunca nos la podrá ofrecer el que ha llegado a nuestras manos a base de billetes, sea cual sea su cantidad, pues en él nunca veremos plasmado nuestro esfuerzo del día a día.
De esta forma y resumiendo lo expuesto, siempre he tenido claro dos cosas, basadas en hechos contrastados en mi ya larga trayectoria con la jaula a cuestas.
1.- Todo lo que he comprado, excepto dos reclamos, cada uno en su línea, ha sido dinero tirado a la basura, sin culpar al vendedor, sino por mi torpeza en adquirir lo que, aunque me entró por los ojos, no valía. Y los que sirvieron -uno en “activo” en estos momentos-, fueron porque en un caso, el conocido vendedor no sabía lo que vendía al no haberlo “placeado” y, en el otro, porque era un pollo de segunda que, tampoco, se intuía hasta donde podía llegar. El resto, tres o cuatro, fiándome y con sana voluntad, ni para regalarlos. Auténticos cantamañanas.
2.- Si desde siempre se ha dicho que “no hay mayor gozo que ver a un hijo crecer”, creo a “pies juntillas”, que las alegrías y satisfacciones que nos producen los machos de jaula “forjados”por nosotros mismos desde que dan sus primeros pasos, nunca tendrán comparación con las que nos puedan proporcionar los reclamos adquiridos ya hechos. Por todo ello, lo tengo claro: prefiero y siempre he preferido “moldear” noveles, que llevar al campo reclamos que lleguen ya a mis manos con muchas tablas.
Y como en esto del reclamo, pocas veces dos y dos son cuatro, para finalizar, debo decir, porque es de justicia que, a veces, cuando se tienen ya unos buenos años, se puede entender que se opte por comprar, si se tiene seguridad en quien vende, pájaros hechos. A esas edades no se puede esperar mucho tiempo a formar savia nueva, porque en el fondo, cada día que pasa cuesta, aunque no se quiera entender, más trabajo salir al campo a dar el puesto.
Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado la "homilía".
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