Hoy
traigo al blog este interesante artículo de un profesional curtido en mil
batallas como Asesor técnico y profesional en Patología, manejo y alimentación aviar y conocedor, como pocos, de los entresijos de la cría
de la perdiz en cautividad. Sobre ello, tengo que decir que Benito Parro ya
participó en la primera experiencia de cría de nuestra perdiz roja en
cautividad, en Quintos de Mora (Toledo), hace ya unos buenos años. Por tanto, sobre el mundo de la perdiz está capacitado para dar su opinión profesional
que es la que viene a continuación, aunque como él dice, de cada párrafo se puede hablar largo y tendido.
ooo O ooo
Las perdices criadas en cautividad en un
noventa por ciento de los casos perciben un grado de energía y horas luz, a
veces, de forma prolongada y excesiva, con lo que se pretende que los animales
adquieran peso y transformación en menos tiempo, consiguiendo que se
desarrollen de forma prematura y anticipada, al verse alterado su sistema
orgánico y sensorial, motivo por el cual a la hora de afrontar de forma precoz
tareas de celo y reproducción, obligamos a través de la alimentación y exposición a la luz solar
-dentro de un habitáculo muy reducido de movilidad- asuma tareas que no debería
asumir hasta haber alcanzado otra edad y dentro de un espacio mucho más amplio,
donde quemar parte de la grasa y energía adquiridas de forma precoz en los momentos críticos de su crianza y desarrollo. No cabe duda que si hacemos un mal manejo del
animal en la fase de crecimiento estamos limitando la vida del animal de forma
considerable.
Según lo ya expuesto, los
años de vida de los pájaros de granja depende de tres factores básicos: genética,
manejo y alimentación.
Genética: debemos adquirir,
independientemente de la explotación cinegética donde compremos, ejemplares lo
más puros posibles.
Manejo: hacer que crezcan
de la forma más natural posible, sin luz eléctrica de por medio, y empleando tres metros cuadrados de suelo por
animal para su total desarrollo.
Alimentación: la más apropiada
según la edad de los animales, inculcándoles a ingerir cereales de calidad en
grano a partir de los cuarenta días de edad, yendo en plan progresivo hasta
alcanzar el sesenta por ciento de dichos cereales en un plazo de tiempo de cuarenta/cuarenta
y cinco días más de vida. Por consiguiente, se debe mantener el pienso en una
proporción del cuarenta por ciento de la ración diaria y que el contenido en
proteínas, vitaminas y minerales sea lo más correcto posible, vigilando el
nivel de aminoácidos que nos aporte el pienso junto a los correctores con los
que se equilibra la ración.
Para finalizar, solo me
queda decir que cuando dispongamos de un pájaro que se haya criado en las
condiciones ya descritas y que su genética sea la mencionada, seguro que no
difiere en nada en lo relativo a los años de vida de vida útil a la que posee
un ejemplar salvaje. Lo que pasa es que en la gran mayoría de las explotaciones
cinegéticas, las perdices que salen de la misma van destinados en un altísimo
porcentaje -más del noventa y cinco por ciento- a sueltas para ojeos y
repoblaciones, no para reclamo. De esta manera, lo que interesa es que los
ejemplares, en poco tiempo, adquieran la madurez física-externa para dichos
cometidos, lo que significa que, al forzar muchos parámetros que intervienen en
su crecimiento, se debilita en el tiempo su vida o cumplen a malas penas con su
cometido como reclamo.
Benito Parro
Quintanero