jueves, 28 de abril de 2011

CANTOS EN LA MADRUGADA.

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El simpático y más que conocido mirlo común, huidizo, receloso y esquivo en nuestros campos y bosques, pero sociable y cercano cuando habita en las poblaciones, anda, por estas fechas, como la mayoría de las aves, en “tareas” reproductoras. Curiosamente, esta especie protegida, cada día que pasa, se hace menos rural y mucho más urbana. No hay un rincón poblacional, por lo menos en esta parte de Andalucía, en donde nuestros sentidos no puedan captar a algunos de estos ejemplares. Esta claro que, los muchos factores que han hecho que otras muchas especies animales hayan caído en franca regresión, en este caso no han supuesto el principio de la decadencia, sino todo lo contrario. Así, los parques, jardines, huertos... con arboleda, son lugares ideales y seguros para que las parejas de esta especie encuentren un hábitat adecuado.

Debido a ello, los machos que tienen a la hembra incubando o con pollos de poco tiempo, se supone que sienten la misma soledad que a todos/as nos envuelve cuando la persona amada no está con nosotros/as. Así, puestos a imaginar, el canto debe ser la mejor forma de mitigar las muchas horas que estas aves pasan en soledad para el bien de la perpetuación de la especie y, máxime, cuando las horas de penumbra, empiezan a hacer mella en sus organismos.

 Por consiguiente, atalayados en lo más alto de los árboles que embellecen el paisaje urbano o en las muchas antenas que sobresalen de los edificios y, cuando la madrugada marca las cuatro o las cinco, los machos “Rodríguez”, que no deben dormir mucho, como dice para el gallo -una hora- la canción/dicho  popular, comienzan a lanzar al aire sus llamativos y penetrantes cantos, sólo interrumpido por el ruido de algún vehículo que se pasa de decibelios o de algún vecino que no dormita a esas horas y sube/baja persianas o enciende luces que terminan molestando a algunos de “nuestros buenos amigos”.


A tan intempestivas horas, lo peor del tema es que, aparte de la belleza de su canto -como se puede apreciar al leer estas líneas-, éste no pasa desapercibido para los oídos de los que tienen el sueño ligero o la edad les va haciendo que con cinco o seis horas de cama, al menor ruidito, lo que queda es “contar borregos” hasta poner los pies fuera del colchón; justamente, lo que me pasa a mí. Pero…,  a pesar de que a uno le guste la naturaleza y sus maravillosos regalos, hay cosas que joden y, ésta, es una de ellas.

También es verdad, que cuando salimos a pasear y tropezamos con una bella cría como la viene a continuación, la alegría y el gozo nos reboza, ya que en un hábitat tan complicado como el de la ciudad, afortunadamente, la vida no se para. “Se apagan velas, pero otras  muchas, se encienden”.


                                                                        Jardín de la Avda. de Andalucía. Huelva.
Lo que si está meridianamente claro, al ver esta última instantánea es que, la primavera, empieza a estar en su apogeo.

domingo, 10 de abril de 2011

SER JAULERO. UNA PESADA CARGA QUE SIEMPRE SE LLEVA A CABO CON ILUSIÓN.


Si algo hay que nos distingue a los aficionados al reclamo del resto de cazadores, es la enorme paciencia que siempre demostramos en los muchos aspectos que forman parte de tan singular modalidad cinegética.

Aun respetando todas las demás, ninguna de ellas tiene al aficionado ocupado los trescientos sesenta y cinco días del año. Sin embargo, la nuestra, llega hasta tal punto que, además de todos esos días, también muchas de sus noches tenemos que estar a “pie del cañón”.

Si dejamos a un lado a los aficionadoss que acaban la temporada y se despreocupan de los reclamos hasta el año siguiente, reduciéndose su actividad a echarle de comer y beber y hasta aquí llegué y, nos referimos a los aficionados con MAYÚSCULAS, como los define el maestro Manuel Romero Perea, entramos en el verdadero mundo que rodea a tan apasionante y cautivadora afición. Está claro, aunque difícil de entender por el que no sienta de la misma forma, que las perdices, sus jaulas, la comida, todos los pertrechos...., son entendidos por el perdigonero como parte de su vida. Parece una locura, pero miles y miles de casos están para afirmarlo.

El dar el puesto es lo que más le gusta y apasiona a todos los jauleros/as, pero el día a día, durante meses, hasta llegar a dicho momento, ya no atrae tanto. Pues bien, ni que decir tiene que, la época de caza, es para los que estamos poseídos por esta pasión, lo máximo, pero sólo dura cuarenta y dos días: El resto, trescientos veintitrés, tiempo más que suficiente para que si el “hechizo” que nos atrapa, no fuera lo suficientemente fuerte, más de uno y más de dos, lo mandarían todo a hacer gárgaras, como de hecho lo hacen algunos que no han llegado a la pasión que nos suele embargar.

La historia empieza después de cerrarse la veda con las cotidianas riñas de la familia por el continuo canto de los encelados perdigones. Incluso es posible que, algún vecino, nos llame la atención y se ponga de puntas con nosotros.

Casi al unísono, aparecen los cajones de muda y la tierra. El que tenga un lugar adecuado -que no es todo el mundo-, formidable, pero el que no, discusiones continuas por el polverío que sale de los mismos en un principio y, luego, para acabar con el cuadro, el polvo y las plumas. No olvidemos que, durante la época del pelecho, tenemos que cambiarle la tierra a los cajones cada dos por tres.

Paralelamente a lo anterior, entramos en la época de adecentamiento y pintado de las jaulas y arreglo de fundas, esterillas y demás pertrechos para que estén en buen estado al comienzo de la próxima temporada.

Cuando las calores empiezan a disminuir y se nos quitan de la cabeza las asfixias y enfermedades que en esta época del año suelen “revolotear” por encima de nuestros reclamos y que más de una vez se han cobrado alguna vida, el aficionado, que también ha ido “pelechando” a la vez que sus reclamos, comienza su verdadero “sin vivir”. Empieza la época de la preparación de sus pájaros para que lleguen en buena forma a la apertura de la veda. Recorte, desparasitación y búsqueda de verde, bellotas, castañas..., son el pan nuestro de cada día.

Con el paso de las semanas la atención a todo el jaulero es máxima: excrementos, coloración de los ojos y posibles plumitas -indicativas de una muda extemporánea-, llegadas a toda pastilla a la casa porque se nos han olvidado los pájaros al sol..., es la manía de todos los días.

No se puede olvidar que, en cualquier momento del año, pueden aparecer los piojillos, las caguetas, la pepita, ..., las fracturas de picos, alas y patas...

Ni que decir tiene que hay que cambiarles el agua casi a diario y todos los días habrá que ponerles su ración de pienso o granos y limpiarle muy a menudo los excrementos de los jauleros.

Si a todo lo anterior, le sumamos, las idas y venidas a diferente lugares para la adquisición de pollos con los que “refrescar” nuestra gallera, picado de esas golosinas que tanto le gustan a los reclamos -bellotas, habas, garbanzos, castañas, verde...- y las muchas vueltas que le damos a la cabeza mientras miramos a la atmósfera porque no llueve o por que lo hace sin conocimiento, nos daremos cuenta que esta afición nuestra, no es cosa para todo el mundo, sino para verdaderos enamorados de la misma.

Luego, una vez comenzada la veda y después de esperar todo un año, comienzan los culazos y las burracadas. Así, pájaros que nos tenían medio enamorados en casa, cuando llegan al campo o son mudos o saltimbanquis. Pero aun así, a algunos de ellos, les esperamos dos o tres años porque un día nos echaron tres reclamitos y nos cambiaron de opinión, para al final, tenerlos que soltar o regalar porque son unos auténticos mochuelos.

Y no hablemos de la “alegría” que nos entra cuando sobre abril o mayo nos encontramos un huevo que nos ha puesto uno de los pollos de incluso dos celos, o que cuando quedan diez o doce días para abrir la veda, haya un revuelo nocturno con lo que ello conlleva.

Pero hay más.  A veces, pasan temporadas y temporadas  sin dar con un pollo, ya no que tenga un gran futuro, sino simplemente que cante en el campo. Aun así, año tras año, el aficionado,  poco a poco va olvidando los sinsabores de una pésima campaña y renueva la ilusión y los deseos de que el próximo año le traiga algunas de las  alegrías que no le proporcionó el que ha pasado. Se contenta con tan poco que, posiblemente y por citar un ejemplo, busque en la comida que le echó -como se podrían buascar cuarenta nil excusas-, el culpable de sus desasosiegos. La mayoría de las veces son mentiras piadosas que nos decimos a nosotros mismos, pero en un alto porcentaje actúan como bálsamo reconductor de nuestro decaído ánimo.

¡Cómo para que luego digan que lo nuestro no es una afición digna de los mejores elogios!

                                                                                                 

lunes, 4 de abril de 2011

ECOS DEL UNIVERSO.





Pues sí, como se puede comprobar, “Ecos del Universo” es el título de un libro escrito por Manuel García, patrocinado por la Obra Social de Cajasol e impreso por Artes Gráficas Bonanza.

Así, a primera vista, es lo más normal del mundo, como ocurre en infinidad de casos. Pero si nos adentramos en el mundo que rodea al autor Manuel García García, Manolo o, simplemente, Manolito, como cariñosamente lo conocemos muchos de sus allegados, el panorama cambia trescientos sesenta grados, porque, para “más inri”, aparte de otras deficiencias físicas, Manolito es paralítico cerebral.

Es duro, durísimo, para él y no digamos para sus padres -Pepe y Flora-, que sus cuarenta y siete años hayan supuesto una vida más que difícil y complicada por sus continuas alteraciones emocionales. Por tanto, en la actualidad  y ante su delicada situación personal, el autor del libro es usuario de la Residencia de Graves Afectados, perteneciente a la Asociación de Paralíticos Cerebrales de Huelva. Está claro que dicho Centro le ofrece a Manolo una serie de posibilidades impensables en su hogar familiar y máxime cuando desde, hace unos años, tiene que recibir tratamiento de hemodiálisis.

Todo lo que rodea a Manolo es como su libro: un poema tras otro. Hasta su propia imagen es un calco. Así, palabras cargadas de sentimentalismo, recuerdos olvidados, frases entrecomilladas, misteriosos gestos en su rostro..., parecen proceder de la suave y fresca “brisa” que siempre le acompaña en su enigmática soledad.

De esta forma, porque personas con una sensibilidad exquisita, amable y cariñoso, como lo define Cinta Monsalvete -Presidenta de la Asociación-, no se encuentran todos los días, he querido hacerle un hueco en mi humilde blog, para que quien se acerque por aquí y no lo conozca, pueda saber algo de tan maravillosa persona.

Sirvan como ejemplos de su personalidad, sueños, inquietudes, anhelos..., estos tres poemas recogidos en la citada obra.





PD. Sí, Manolito, sí. Aunque los que estamos en un nivel superior a ti, o así lo creemos, pensemos que muchas veces desvarías, tu mundo y tú merecen mucho más la pena que una simple palmadita en el hombro o una frase poco profunda para “quitarte de enmedio”. Por todo ello, por mí y por los demás, te pido de corazón mil perdones por nuestro orgullo y torpeza.


*Algunos datos están sacados del propio libro y de la prensa escrita local que se hizo eco de la noticia.