domingo, 27 de mayo de 2012
¿YA SE PUEDE CAZAR CON EL CALIBRE 22?
A partir de esta temporada, todos/as los aficionados a la caza que posean un rifle del calibre 22, podrían utilizarlo para el ejercicio legal de la misma, si definitivamente queda acordado.
domingo, 20 de mayo de 2012
LOS INSECTICIDAS/PLAGUICIDAS Y LA PERDIZ ROJA.
La historia de siempre: los cazadores luchando denodadamente por la supervivencia de nuestra perdiz roja salvaje y los insecticidas/fitosanitarios utilizados en la agricultura moderna, acabando poco a poco con ellas.
¿Nadie, de los que este tema forma parte de sus competencias, es capaz de poner pie en pared y acabar con esta sangría y otras que van lastrando poco a poco al santo y seña de nuestra actividad cinegética?
Está claro que, entre plaguicidas y arados/desbrozados en la época de cría, más otras muchas actuaciones del hombre, las poblaciones de perdices van cuesta abajo y sin freno.
¿Alguien mueve un dedo por tales circunstancias?
¿Alguien mueve un dedo por tales circunstancias?
viernes, 18 de mayo de 2012
¡QUÉ LE PASA AL CONEJO DE MONTE POR LA ZONA DE HUELVA?
Cuando la enfermedad vírica empieza a dar la cara por estos parajes, allá por el año 1990, ninguno nos imaginábamos los estragos que iba a causar. Tan es así que, a los dos años, muchas fincas en donde hasta ese momento se abatían varios miles de conejos, quedaron prácticamente en cuadro. Pues bien, desde aquellos entonces, hace la friolera de más de veinte primaveras y, si además, la mixomatosis sigue también causando muchas bajas año tras año, las poblaciones de conejos, no es que se hayan recuperado, sino que, en muchas zonas de nuestra provincia, se encuentran al borde de la extinción.
Parece ser que, por otras regiones españolas y andaluzas, nuestros conocidos conejetes se han recuperado muy mucho, pero no es nuestro caso en la zona más occidental andaluza. Así, en mi coto, a ocho o diez km de la frontera portuguesa, llevamos dos años con unos números reducidísimos, prácticamente sin cazarlos. Es más, este año no es que haya mejorado la cosa, sino que, tristemente, parece ser que ha empeorado.
Sin ir más lejos, ayer tarde, estuve dando una vuelta por la finca para rellenar los veinte comederos fijos que tenemos en la misma, y tengo que decir que, en las fechas que estamos, mediados de mayo, cuando los conejos deberían estar tropezándose unos con otros, lo que vi fue uno tal cual y pare usted de contar. Es decir, casi para echarse a temblar.
Algunas imágenes de la Dehesa de Enmedio, donde antes, se le mataban varios miles de conejos.
Algunas imágenes de la Dehesa de Enmedio, donde antes, se le mataban varios miles de conejos.
No sé lo que tardarán en recuperarse nuestros queridos lepóridos y volver a alegrar a cazadores que están deseosos de ir al campo a disfrutar, pero, lo cierto es que, aunque a poco más de ciento cincuenta km de nuestra capital, hay bastantes de ellos en los campos, incluso causando daños en las cosechas lugareñas, aquí, la cosa está más que mala. Y lo peor..., sin visos de mejoría. Por lo menos, a corto plazo.
domingo, 13 de mayo de 2012
FRACASO DE SETAS.
Entre las pocas lluvias y el calor que se nos ha venido encima de momento, la primavera va fatal para la recolección de setas. He salido varias veces -dos tardes en la última semana- y el resultado ha sido un auténtico fracaso. Entre los dos días, me he traído para casa una tana -Amaniota caesarea- y ocho o diez boletus aereus. Es decir, poquísimo comparado con otros años por estas fechas. Si tengo que decir, que había bastantes Amanitas rubescens, pero con este tipo de setas, quitando el gurumelo y la tana, el resto, aunque muchas son comestibles, como la citada, no suelo cogerlas porque me dan un poco de yuyu.
Pocas setas, pero la floración primaveral es un maravilla.
Las dos primeras imágenes pertenecen a la misma tana -la reina de las setas-, las dos segundas, a dos boletus aereus distintos. La tercera, a dos Amanitas rubescens, comestibles, pero yo no las quiero, ya que, con las amanitas hay que tener mucho cuidado.
jueves, 10 de mayo de 2012
COMIENZA LA MUDA.
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Algunas de las plumas recogidas en el día de hoy. |
Aunque todavía no es la fecha ideal para el comienzo de una muda perfecta, no se puede remar contracorriente. Cada reclamo es un mundo diferente y, por consiguiente, dentro de unas coincidencias inherentes a su especie, ninguno se comporta de la misma forma.
Así, algunos reclamos, por estas fechas demasiadas tempranas, en zonas templadas, como es en la que vivo, empiezan a soltar las primeras plumas. No es una suelta masiva como les ocurre a los que la comienzan en agosto o septiembre, pero, desde ya, es un reguero continuo que tomará verdadero cuerpo allá por finales de junio, cuando empiecen a apretar las calores veraniegas.
Es ahora cuando, en contra de lo que piensan muchos, nuestros reclamos necesitan más cuido. Se encuentran débiles y calenturientos y, por ello, debemos ofrecerle todo lo que esté a nuestro alcance para compensar su bajo estado físico y nutricional, ya que la pelecha les produce algunas carencias. Así, además de otras muchas cosas, vitaminas con aminoácidos y un buen pienso rico en proteinas no les debe faltar mientras dure la muda.
Eso sí, los cajones de muda deben, dentro de lo posible, estar en lugares frescos y sin corrientes de aire. Además, un buen espurreo con agua a los reclamos, de vez en cuando, no viene nada mal.
Eso sí, los cajones de muda deben, dentro de lo posible, estar en lugares frescos y sin corrientes de aire. Además, un buen espurreo con agua a los reclamos, de vez en cuando, no viene nada mal.
miércoles, 9 de mayo de 2012
¡OTRA VEZ CON LA CAZA A CUESTAS!
Al hilo de un artículo anterior, ahora surge éste, en el que, de nuevo, se mira a la caza con no muy buenos ojos. Como docente -treinta y siete años me avalan- y cazador, cada día me quedo más sorprendido de las polémicas que se levantan en cuanto se habla de caza y, eso que, ya en la enciclopedia Álvarez -mi primer libro cuando era estudiante- como en muchos textos anteriores se podía leer y, además lo aprendíamos, que los hombres primitivos, nuestros ancestros, fueron cazadores por los siete costados. Eso es, CAZADORES, aunque sus fines y formas fueran muy distintas a las de hoy.
Por lo tanto, no sé que puede pasar en la actualidad que, cuando se habla de cinegética, empieza a dar un mal tufillo. Creo tener claro que ,en mis muchos años de maestro de escuela, he podido apreciar que los niños/as hijos de cazadores/as, no eran peores que otros, ni les afectaban negativamente vivir cerca del mundillo de la caza. Además, de flora y fauna estaban, no más preparados que algunos de sus compañeros/as, pero como mínimo, un poquitín puestos. Está claro que, al estar en contacto con ellas, algo se les quedaba.
Posiblemente, lo que pase es que los tiempos van cambiando y, a lo mejor, la opinión de un sexagenario ya no es la que "mola" hoy día. Pero, aun así, no podemos olvidar que, miles y miles de familias españolas, viven de la caza y que muchos de sus hijos/as estudian gracias a ello. Y el Estado, a través de sus organismos autonómicos, obtiene, como mínimo, algo de beneficio de las diferentes actividades cinegéticas que se practican en nuestro país.
Posiblemente, lo que pase es que los tiempos van cambiando y, a lo mejor, la opinión de un sexagenario ya no es la que "mola" hoy día. Pero, aun así, no podemos olvidar que, miles y miles de familias españolas, viven de la caza y que muchos de sus hijos/as estudian gracias a ello. Y el Estado, a través de sus organismos autonómicos, obtiene, como mínimo, algo de beneficio de las diferentes actividades cinegéticas que se practican en nuestro país.
Pues bien, la polémica surge ahora en Castilla León, al parecer, con un vídeo que la Federación Provincial de Caza ha grabado sobre las diferentes modalidades de caza para dárselas a conocer al alumnado castellano-leonés.
El siguiente enlace nos puede aclarar un poco lo que ocurre en esta Comunidad.
lunes, 7 de mayo de 2012
CUANDO LA AFICIÓN PUEDE MÁS QUE LA CABEZA.
Aunque no había llovido desde el amanecer,
las tierras eran un auténtico fanguetal
y escupían agua por todas partes. Había balsas por todos sitios,
pantanos saliéndose, sembrados inundados, regajos y arroyos desbordados..., lo
que indicaba que había caído agua a chuzos en los últimos días. Tan es así que
el arroyo Malagón a su paso por la mina del Toro –Puebla de Guzmán-, no había
quien lo pasase. Por consiguiente, para acceder al Soldado, coto del que era
socio por aquellas fechas, había que dar un gran rodeo por Zurita, la finca
colindante. Pero, aun yendo por allí, no era tarea fácil, ya que los coches se
quedaban atascados cada dos por tres y, máxime, los que no eran todoterrenos,
como era mi caso.
Con estas condiciones climatológicas tan adversas, lo
mejor era quedarse en casa, pero nada más lejos de la realidad, puesto que,
aunque llevaba lloviendo casi sin parar los meses de noviembre y diciembre,
esperábamos el fin de semana como si fuera el maná. Estaba claro que podía más
la afición que la cabeza.
Pues con estas trazas, habíamos llegado el viernes por la
tarde al cortijo, pero la mala climatología nos impidió dar el puesto. Por
ello, no nos quedaba otra alternativa que mirar y remirar por la ventana y puerta
para ver si cambiaba el panorama. Pero nada, no pudo ser.
La mañana del sábado, aunque se presentó gris y
encapotada, con el paso del tiempo empezaron a abrirse grandes claros, por lo
que, sobre las diez, decidimos dar el puesto. Así, con la ropa de agua a
cuestas, por si las moscas, me dirigí a echar el rato con uno de mis reclamos.
Pero, el fuerte viento que había dejado el frente que acababa de pasar hizo que, al rato, como
ni mi pájaro, ni el campo estaban para
sinfonías, volviera al cortijo con la idea de tomar un tente en pie y
buscar el sitio del puesto de la tarde.
Con esta idea, después de un pequeño bocado, me acerqué
con mi Renault 20 para ver cómo estaba la pasada de un regajo que tenía que
atravesar, ya que, donde quería dar el puesto, estaba en la otra parte de la
finca y, para ello, no tenía otra alternativa que la de acceder al otro lado.
Una vez allí, pude comprobar que aquel arroyuelo iba tan
crecido que mi coche nunca podría pasar
al otro lado. Por lo tanto, había que buscar un estrechamiento de su curso para
poder saltar a la otra parte. Para ello, busqué corriente abajo, pero no era
una empresa fácil, ya que iba desbordado y con una fuerza imponente de sus
achocolatadas aguas, Sin embargo, aprovechando las raíces de una encina que habían quedado al
descubierto por la continua erosión del agua, me las ingenié para montar una
pasarela con unas tablas y hierros que busqué.
El viento empezaba a desaparecer y el sol, que le había ganado la partida
a las nubes, me habían puesto los “dientes largos”.
Una vez terminada la “obra de ingeniería”, volví al
cortijo y, entre bromas de los compañeros al enterase de lo que había
fabricado, fuimos comiendo y pasando el rato hasta la hora del puesto de la
tarde. De este modo, sobre las cuatro, cargué todos los cacharros y el reclamo
en el coche y me dirigí hasta el lugar por donde debía pasar.
Una vez allí, me cargué a las espaldas todos los trastos
y, con excesivo cuidado y bastante miedo metido en el cuerpo, conseguí, no sin
grandes esfuerzos, pasar al otro lado del arroyo.
A continuación, tras liviana caminata, preparé el
colgadero y di el puesto que, si no recuerdo mal, fue bueno, ya que conseguí
tirar una collera, si la memoria no me falla.
Más tarde, y otra vez cargado con todos los pertrechos,
me encontraba de nuevo a pie de “puente”. Pero ahora, la travesía de aquella
rudimentaria pasarela no iba a ser fácil, aunque el agua había bajado
bastante de nivel. Así, esta vez, aquel puentecete que horas antes había
construido, falló. Cedieron las tablas torpemente amarradas y, aunque intenté
agarrarme a grandes adelfas que había en una de las orillas, no conseguí llegar
a la otra, por lo que, al final, tras romperse una de la ramas a la que me
había sujetado, cuerpo y cacharros estaban en medio de la gran corriente de
agua.
Aunque me encontraba impresionado por lo que acaba de
ocurrir y con gran friolera por la baja temperatura del agua, desde el primer
momento, me di cuenta desde un primer momento que la cosa pintaba bastos. Pero
estaba claro que no había llegado mi hora, por lo que “alguien” me debió echar
una buena mano ya que, al caer, mi portátil, que lo llevaba en bandolera, se
había enganchado en la vegetación, lo que hizo que la corriente no me
arrastrara. De todas formas, estaba inmerso en una situación complicada y había
que salir de ella lo antes posible. Cosa que conseguí tras ímprobos esfuerzos y
un buen rato de lucha contra la fuerza del agua y la imposibilidad de asirme a
algo fuerte que me permitiera salir indemne de aquel atolladero. Pero, al
final, lo conseguí. La rama de una buena adelfa fue mi salvación.
Una vez en la orilla, a salvo y chorreando agua por todos
partes, empecé a darme cuenta de la gravísima situación que había superado y la
gran suerte que me había acompañado. Afortunadamente, el reclamo que me
acompañaba aquella tarde, también había salvado el pellejo. Sólo me faltaba la
escopeta, el banquillo y la pareja de patirrojas. El arma la recuperé sobre la
marcha, el banquillo lo encontré la semana siguiente, enganchado en la maleza,
pero, de las perdices abatidas, nunca más se supo.
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