martes, 13 de septiembre de 2016

LA DECADENCIA DE LOS GANCHOS

Unos de los utensilios o trebejos fundamentales en otros tiempos para la caza de la perdiz con reclamo, los ganchos, cada día que pasa se van transformando en menos necesarios y, en una gran cantidad de ocasiones, sirven para ocupar un lugar entre los recuerdos que los aficionados guardamos con todo mimo y cariño. No quiero decir que ya no se utilicen, puesto que hay muchos compañeros/as que siguen echándose el reclamo a la espalda con ayuda de los mismos, pero la inmensa mayoría no lo tiene entre los avíos cuquilleros imprescindibles, porque otros artilugios de invención propia o fabricados por personas que se dedican a la venta de utensilios o enseres del ramo, lo han sustituido. 

Las dos imágenes que vienen a continuación nos muestran los ganchos tradicionales que todavía utilizo regularmente. Están hechos de cuerda de cáñamo y hierro. Eran, como se puede observar en la segunda imagen, de ni abuelo Vicente, pues tiene una V grabada.



Pero la cuestión está en que esos otros bártulos posibilitan al perdigonero para llevar al puesto o aguardo dos, tres o cuatro pájaros de jaula y, tal circunstancia, cambia en mucho la forma de entender y practicar nuestra afición. Pues no es lo mismo llevar un reclamo a las espaldas desde el coche o cortijo hasta el puesto, que llevar dos o tres pájaros.

Y no lo es porque, aparte de que los ganchos servían para trasladarnos con el reclamo a cuestas un buen trecho, incluso de varios kms, si llevamos varios perdigachos, aparte de la lata que puedan dar cuando cante el que está en el tanto o repostero o cuando se escuchen las petirrojos salvajes en los aledaños del aguardo, ya no es lo mismo. De esta manera, nuestra afición de desvirtúa con nuestro proceder.

El porqué, creo que está meridianamente claro. Con un solo reclamo hay que aguantar carros y carretas en el tollo, es decir, todo lo que dure el puesto, sea de alba, sol o tarde y, si llevamos más de uno, en cuanto no cante o no nos guste lo que está haciendo, rápidamente, cambiaremos de protagonista. Y ello, queramos o no, no es ortodoxo. Y no lo es, porque con tal proceder, es más complicado hacer un pájaro de garantías, pues a veces, por no decir todas, hay que aguantar muchas culadas para sacar un perdigón que merezca la pena, Pero si se me apura, el llevar varios pájaros al aguardo, lo que nos indica es la poca calidad cuquillera que poseemos, puesto que no es muy aventurado el afirmar que se procede así por el ansia de apretar el gatillo y sumar montesinas a nuestros estadillos y para nuestro ego personal en las tertulias con los amigos aficionados. ¿Nos podemos figurar lo qué dirían nuestros abuelos si nos vieran llevando al puestos dos o tres pájaros? Pues casi seguro que se echarían a reír y nos pondrían como un trapo. Y lo peor del caso es que no les faltaría la razón.

Además, si nos fijamos en los productos que nos ofrecen los comerciantes del ramo, veremos que podemos adquirir muchos cachivaches, bastantes de ellos sin utilidad real, pero ganchos servibles para llevar al reclamo a la espalda y amarrarlo al repostero, a no ser de esos de colgarlos en la pared, por lo bonitos y bien hechos que están, pocos. Canastas o cestas de loneta, palma o plástico para varios pájaros las encontraremos de muchos tipos, pero de los que nos lleva este artículo, poquitos poquitos. Debido a ello, de esos de cuerda de cáñamo u otro material con dos ganchos metálicos de distintas formas, según zonas, podemos preguntar en muchos comerciales y la respuesta siempre será la misma: no los tengo. Y no los tiene el correspondiente vendedor, no porque sean caros o baratos, de una forma u otra. No los tiene, por la sencilla razón que los aficionados no los procuran porque no lo usan. Y hoy, lo que no se vende mucho no interesa tenerlo en existencia.

     De todas formas, en las sierra andaluzas, en donde la caza del reclamo sigue llevándose a cabo  a la vieja usanza, por tradición y porque con las caminatas que hay quedar, el llevar varios reclamos no procede, afortunadamente los ganchos de siempre todavía se utilizan, tanto para el traslado del reclamo como para la sujeción en el repostero. Y no solo en las sierras, en otros muchas zonas, otros muchos aficionados todavía los seguimos utilizando. Sí, aunque tengo algunos para el recuerdo y la exposición, los de la fotos, los de mi abuelo Vicente -que pueden tener alrededor de 80 ó 90 años-, yo los sigo usando para echarme el reclamo a la espalda. Eso sí, por ser un objeto muy olvidadizo y fácilmente extraviable por el color de la cuerda y su camuflaje con la vegetación, hay que andar con pies de plomo. Si no es así, no ganaremos para ganchos.