jueves, 30 de octubre de 2014

CUIDADOS DE NUESTROS RECLAMOS, LA ALIMENTACIÓN Y SOLEO.


Como bien sabemos, nuestra querida perdiz roja, el buque insignia de la caza menor y estandarte de los aficionados al “cuco” es un ave perteneciente al orden de las gallináceas y, por lo tanto, es omnívora. Es decir, se alimenta tanto de materia  de procedencia vegetal como de animales: hojas, tallos, brotes, raíces, frutos, semillas..., pequeños invertebrados -hormigas, gusanos, larvas, orugas, lombrices, mariposas, saltamontes-, líquenes.... son la base de su dieta diaria

En base a ello, si la perdiz está en libertad, su hábitat le proporciona todo lo necesario (proteínas, vitaminas, minerales...) y ella elige la proporción que necesita en cada momento porque lo lleva grabado en su código genético. Así, nuestras patirrojas saben qué comer y cuándo hacerlo. En esta línea, aunque el terreno no sea muy rico en los nutrientes que nuestras camperas necesitan, afortunadamente, siempre están de un buen ver, puesto que, aprovechan lo más mínimo que el terreno donde viven les ofrece y, como decía el otro, un día da para mucho desde por la mañana hasta por la noche. De hecho, he comprobado personalmente cómo perdices procedentes de eucaliptares, estaban gordas como pelotas, y eso que este tipo de terrenos no es muy productivo que digamos, sino todo lo contrario.

El gran problema surge con la cría en cautividad que, en teoría, no debería ser tal, si le ofrecemos todo lo que ellas consiguen en libertad. Lo que pasa es que no es tan fácil como pudiera parecer. Tenemos que dar respuestas a dos preguntas básicas: ¿cómo darle todos los alimentos que necesitan? y ¿cuándo dárselos? Si lo conseguimos y le ofrecemos una dieta compensada y equilibrada según sus necesidades, a lo largo del año, habremos conseguido el objetivo, pero si fallamos, por exceso o por defecto, el resultado será tener ejemplares faltos de vitalidad y belleza, no tanto en las granjas, como en nuestros jauleros o galleras.

Antiguamente, nuestros progenitores o ancestros, faltos del pienso compuesto actual, alimentaban básicamente a sus reclamos de campo -no existían los de procedencia granjera- con trigo y otros cereales como alimento básico. A estas semillas, le añadían diferentes complementos alimenticios según época del año: habas y garbanzos remojados, almendras, castañas, bellotas... y todo tipo de verduras y frutas: berros, cerrajas, amapolas, rábanos, guisantes tiernos, restos de pepino, de melón, de sandía, de manzana...., Además, nunca les faltaban los saltamontes, gañafotes o cigarrones -muy abundantes en aquellas fechas- y diferentes tipos de gusanos y larvas. Como se puede comprobar, una alimentación más que variada que hacía que aquellos pájaros, no todos por supuesto, fueran una maravilla e, incluso algunos de ellos, se mantengan todavía en nuestra memoria por su calidad y atractiva estampa.

Y hoy, ¿qué pasa? ¿Por qué nuestros reclamos pierden bastante de su vitalidad y belleza, cuando sobre el papel, los alimentos a nuestro alcance son más variados y completos que los de antes?

Aparte de la variación genética y morfológica de nuestras perdices, que ha supuesto la aparición de individuos híbridos o granjeros que, aunque existen, no es un tema que nos ocupe en este capítulo, creo que el problema radica en tres factores principales:

1.- El no ofrecerles lo que necesitan en cada uno de los diferentes momentos por los que pasa un reclamo a lo largo de un año.

2.- El querer adelantar el “celo” de nuestras “jaulas” a base sobrealimentación y potingues y meringotes varios.

3.- Aunque no sea un tema de alimentación propiamente dicho, la falta de sol y contacto con el aire libre, en la mayoría de los casos, repercute negativamente en el aspecto de nuestros reclamos.

El primer factor no debería ser un obstáculo con los piensos compuestos actuales. Pero lo es, bajo mi punto de vista. Si ofrecemos a un pájaro el mismo alimento durante todo el año, sin poder de elección, su alimentación es deficitaria. En esta línea, muchos piensos llevan más proteínas de la cuenta, por lo tanto, el nivel de ellas será siempre el mismo, y, eso, a la larga, puede acarrear serios problemas.

Vayamos por partes:

En principio y basándome en la comida que yo doy a mis reclamos, que no tiene por qué ser “palabra de rey”, pero sí una opinión más y sacada de mi experiencia personal y consejos de algún amigo como es Manuel Romero Perea, opino que la base de la alimentación anual de una perdiz en cautividad debe ser el pienso compuesto, no alto en proteínas –reposo o mantenimiento- y trigo u otro cereal. Con ello, se consigue que el pájaro coma en cada momento lo que necesite y de esta manera, equilibre su dieta. Si a esto le añadimos, según época del año, algunas verduras y frutas como las bellotas, castañas, almendras o habas/garbanzos remojados…, estamos acertando de pleno.

Pero llegada la época de muda, periodo fundamental en la vida de un reclamo y donde éste pasa por estado febril y delicado, es fundamental el aportarle una ración extra de proteínas y vitaminas para que tan difícil trance se supere con las mejores garantías. Además, les ayuda a mantener los niveles de queratina de las plumas. Por tanto, es el momento de sustituir, durante esos tres o cuatro meses que, aproximadamente, dura la máxima virulencia de esta fase, el pienso de mantenimiento, reposo o como se le quiera llamar, por otro con más porcentaje de proteínas –el de celo o alta energía-, para con ello, ayudarle en su transitoria debilidad y conseguir una muda perfecta que, como bien sabemos, es base fundamental para que, meses después, adquieran una buena puesta a punto. Por consiguiente, en este periodo y, sólo en éste, suelo darle aminoácidos con vitaminas, necesarios para un buen “espelecho” y emplume. El resto del año, las obtienen de los alimentos que toman.

Una vez recortados, desparasitados y pasados a la jaulas, allá por principio/mediados de noviembre, comiendo el pienso y trigo de siempre, suelo ir aumentándole la mano de castañas y bellotas y verde en días alternos. Además, desde hace algunos años, suelo darles guisantes verdes –descongelados-, durante los doce meses.

En segundo lugar y fuente de grandes fracasos y mudas a destiempo o extemporáneas, es fundamental no querer conseguir en “cuatro días” lo que debe ser un proceso largo y paso a paso, como es la preparación para el inicio de temporada. La sobrealimentación sin regla y la administración de vitaminas y otros potingues o meringotes al “por mayor”, en la mayoría de las ocasiones, lo que se consigue con ello es el efecto contrario: como mal menor, el pasarse de “celo” y como mayor –terrible para los colgadores-, empezar con una muda fuera de tiempo a poco de iniciarse la época de caza.

Creo, a modo de resumen, que con las pautas marcadas, el pájaro debe llegar a la apertura de la veda en óptimas condiciones, siempre que hablemos de perdigones que merezcan la pena. Pedir peras al olmo no es fácil. Luego, el campo hará el resto. Eso sí, lo anteriormente expuesto deben ser pautas a seguir con duración en el tiempo. El hoy le echo esto, mañana cambio a otra cosa y pasado vuelvo a lo primero, porque lo segundo no me ha dado resultado que, a veces, ocurre, es sinónimo de fracaso total.

La buena salud y presencia se manifiesta, cuando nuestros reclamos disfrutan tomando el sol a diario, principalmente a primeras horas del día. Ese rojo sangre de los ojos, pico y patas sólo se consigue a base de soleo. La vitamina “D”, procedente del astro rey -aunque la encuentren en algunos alimentos-, no le puede faltar, ya que aparte de dar belleza a su siempre maravillosa y atractiva estampa, es fundamental para su organismo. Por tal motivo, si el aficionado vive en un pueblo, no le resultará muy complicado, pero si vive en la ciudad, aparte de los horarios de trabajo -a la hora crítica del sol-, la disposición de los pisos hace que en muchas terrazas, donde están los reclamos, ni da el sol. En otras, por el contrario, como es mi caso, da desde que sale hasta que se oculta. Por lo tanto, hay que ingeniárselas para que nuestros perdigones lo reciban, pero no en demasía. No será nunca como los pájaros que lo toman a diario, pero al menos, conseguiremos que no estén blancos como la cal. Pero mucho cuidado…, muchos buenos reclamos se han asfixiado en un lamentable descuido de sus dueños. Y no es por decirlo, ni asustar a nadie, puesto que, el que suscribe, con muchos años metido de lleno en esta ancestral afición., puede dar fe de tal afirmación. En esta línea, D. Benito, uno de mis mejores reclamos, se me asfixió al sol, en un lamentable descuido.

lunes, 27 de octubre de 2014

DE MONTERÍA EN CALAÑAS. MANCHA "EL MARCO".


Ayer, día veintiséis, con una preciosa y templada jornada matinal, se monteó en Calañas la mancha “El Marco”. Hermoso rincón andevaleño con vegetación de pino piñonero y monte bajo.

                                                                 Preciosa vista del frontal de mi puerta.
Pues bien, como ha ocurrido en la mayoría de las temporadas, los resultados de esta ansiada montería fueron bastante buenos, puesto que, al final, se abatieron 44 reses: 14 venados, 6 guarros y 24 ciervas.

Tengo que decir que, dentro de los números citados, hubo dos o tres ciervos muy para colgarlos en una pared con 12 y 13 puntas y un cochino espectacular que, Simón, uno de los postores, tuvo la gran suerte y veteranía de abatir. Además, casi a la finalización de la montería, cuando ya no se piensa que se puede tirar nada, me entró un buen venadete con una cornamenta muy bonita e igualada de diez puntas y me quedé con él de un certero disparo.
Cuatro imágenes de los trofeos conseguidos. En la primera, se puede ver a Juan Conde con el buen venao que consiguió. En la segunda, Fabiano Trufero posa con el venao y el guarro que abatió. En la tercera, se me puede ver con mi bonito ciervecete. Por último, la cuarta, nos muestra a Simón con el enorme guarro que apañó. Esto nos demuestra que, afortunadamente, en Calañas, además de personas formidables, todavía  y, a día de hoy, estos buscados  y apreciados bichitos, con tan espectaculares bocas, existen. Por tanto, la ilusión nunca debe faltar, sea cual sea la mancha que se montee.





jueves, 23 de octubre de 2014

CON LA JAULA A CUESTAS.


           Ayer, día veintidós  de octubre, en la Sala de Juntas de la Asociación de Vecinos "La Morana" de Huelva, perteneciente a mi barriada Adoratrices/Huerto Paco, con la compañía de veinticinco asistentes -capacidad de la sala- entre amigos y algunos familiares, presenté mi tratado sobre la caza del reclamo Con la jaula a cuestas: Opiniones, vivencias y anécdotas de un cazador de reclamo.

         Este manual sobre nuestra ancestral afición, en sus 168 páginas recoge mi punto de vista sobre varios aspectos relacionados con nuestra modalidad cinegética, algunas vivencias propias y relatos sobre la caza del reclamo. Además, 49 fotografías y un dibujo ilustran el contenido total del libro.

      Por consiguiente, como ya indiqué en artículo anterior, esta nueva obra sobre tan peculiar y antiquísima forma de caza se presentará oficialmente en la VI Feria de Reclamo de Benamejí, organizada por Jauleros Andaluces, el día 12 de diciembre próximo, coincidiendo con la apertura de la misma.

      Por último, solo decir que su precio es de 12 € o 14,50, si se envía por correo. Cantidad mínima para que todo el que quiera acceder a dicho libro, no le suponga un problema, cuando nuestra economía está bajo mínimos. En la misma línea, con ese precio lo que también deseo es sólo cubrir gastos, puesto que no tengo ningún deseo lucrativo.

Cuatro momentos del acto de presentación: en la primera, segunda y tercera imagen se me puede ver dirigiéndome a los asistentes. La cuarta nos muestra un momento de la copa a la que invité a quienes me acompañaron en la presentación de mi libro, aun jugando el Real Madrid. Cosa que hay que agradecer porque, en nuestra querida España, aparte del equipo de la tierra o, somos del Madrid o, del Barcelona.





          

martes, 21 de octubre de 2014

A LOS QUE HACEN COMENTARIOS DE FORMA ANÓNIMA.


        Después de cuatro años y medio de andadura con este blog, hace unas fechas ya dejé claro que no iba a contestar, ni a publicar los comentarios que hicieran usuarios que entran en el blog de forma anónima, circunstancia que quiero reiterar claramente. 

        El motivo de tal decisión no es otra que saber a la persona que me dirijo o bien conocer quien realiza el determinado comentario, Eso no significa que estos sean ofensivos o inadecuados, puesto que si lo fueran, no los publicaría de ninguna forma, pero creo o, al menos, así lo pienso que, quien escriba sobre un determinado tema, debe poner su nombre y apellido o correo electrónico.

martes, 14 de octubre de 2014

ENJAULE DE TIMBRADOS DEL AÑO.


           El 12 de octubre, es una fecha que, aparte de la festividad que representa, los criadores de timbrados del sur de España, solemos enjaular a los pollos del año, para que se vayan  acostumbrando a la que será su morada hasta los venideros concursos de canto.

             Desde ahora hasta final de año, fecha en que dichos concursos van acabando, mis timbrados de 2014, terminarán de asentar sus notas musicales y dirán ante los diferentes jueces lo que llevan dentro. Buena procedencia tienen, así que ellos tienen la palabra, en este caso la música. 

               En mi caso, los ejemplares con anillas números 1, 2, 8, 13, 16 y 33, en principio me gustan mucho por las notas que emiten, aunque luego, Dios dirá. Pero en estos momentos, tienen muy buena pinta. 

            Entre ayer y hoy, he metido en jaulas 15 de los  34 machos que creo que he sacado, de un total de 58 crías que, para ser el primer año, no está nada mal.

            De momento, y en una primera fase, se verán unos a otros durante 6 u 8 días. Luego, irán a los transportines y, allí con luz durante unas jornadas y en penumbra el resto, esperarán al momento de los concursos a los que espero asistir.

Como se puede comprobar es las tres imágenes siguientes, mis timbrados tienen tres tipos de plumaje: verde, amarillo  e isabela.




lunes, 13 de octubre de 2014

EMPEZAMOS CON LAS MONTERÍAS.


Este fin de semana se ha abierto el periodo hábil para la caza mayor. De esta forma, el sábado, día de la apertura asistí a una montería en El Patrás en la mancha El Guijo. Esta mañana, me he trasladado a Calañas, para montear Cabreriza.

En ambas no he podido disparar porque no he tenido la suerte de ver nada. El sábado solo se consiguió una cierva y un cochinete, puesto que, aunque estaba la cosa floja, llovió a cántaros al final de la jornada. Eso sí, pude coger algunos boletus. No muchos porque caía agua a manta y no podía pararme con el coche en el camino hacia la comida.


Dos imágenes de El Patrás. En la primera, unos monteros y jóvenes acompañantes. En la segunda, se me puede ver con un gran boletus o tontullo que cogí y que pesó 1 kilo y 280 gramos.



Este domingo, la mancha de Cabreriza, desmontada hace unos años, tampoco tenía mucho ambiente. Aun así, se han matado seis venados, uno de ellos de trece puntas y otros seis guarros, aunque se ha escapado un gran ciervo de unas dieciséis o dieciocho puntas. Esta finca, suele ser la primera en cazarse porque está situada en el extremo oeste, entre dos carreteras provinciales y, por tal motivo, con el continuo tráfico de vehículos, las reses paran poco en la misma.


En la siguiente imagen se puede ver a Juan Jesús Sánchez, presidente de La Sociedad de Cazadores de Calañas, antes del sorteo, dando la bienvenida a los presentes y recordando las medidas de seguridad que se deben adoptar por parte de los monteros.


Por consiguiente, esperemos que de ahora en adelante, el tema se ponga mejor. El tiempo ha cambiado a más fresco, ha llovido bastante y el campo empieza a estar precioso. Circunstancias que presagian una buena temporada.

domingo, 12 de octubre de 2014

DÍA DE LA HISPANIDAD.

          Como español, me siento orgulloso de este día doce de octubre, porque se celebra nuestra Fiesta Nacional o Día de la Hispanidad. Pero además, aunque muchas veces se nos olvide, también es el día de la Virgen del Pilar, patrona de nuestra Benemérita, es decir, de nuestra Guardia Civil, muchas veces incomprendida y criticada, pero que, bajo mi punto de vista, nuestro país le debe mucho más de lo que pensamos a todo los niveles y en el mundo de la caza, también.

         Está claro que de cuestiones políticas no voy a hablar en mi blog, pero sí de Naturaleza y Reclamo. Pues bien, tanto en uno como en otro aspecto, si no fuera por los "del tricornio", como popularmente se le conoce a los integrantes de este Cuerpo, nuestros campos estarían muchísimo peor de lo que hoy están, porque sin que alguien nos pueda parar los pies, aplicando la legislación vigente, otro gallo cantaría. Es más, posiblemente nuestra Alectoris rufa, solo la conociéramos por pintura. De esta manera, nuestros acotados serían un atropello tras otro.

          Eso sí, a veces, cuando hacemos lo que no debemos, nos encontramos con lo que no queremos. Pero de ello, los únicos responsables somos quien incumplimos la Ley. De esta manera, no podemos culpar a los hombres y mujeres de nuestro Instituto Armado de nuestras desgracias personales si traspasamos la raya que nos permite nuestra legislación vigente. 

           Por todo ello, vayan mis felicitaciones más sinceras a todos los miembros de la Guardia Civil en el día de la celebración de su patrona.

viernes, 10 de octubre de 2014

¿CUÁNTO TIEMPO DEBEMOS DEJAR AL CAMPO EN LA PLAZA ANTES DEL DISPARO?

Cuando alguien dijo aquello de que "para gusto los colores", seguro que no sabía con exactitud, la realidad tan incuestionable que estaba enunciando. Y es así, porque cada persona es un mundo diferente a lo hora de los gustos o formas de actuar ante una situación que se le presenta.
Pues bien, lo anterior, traslado al mundo de la Caza de la Perdiz Reclamo, viene como anillo al dedo y, no en una cuestión puntual, sino en cada una de las circunstancias que rodean a nuestra querida y ancestral afición. Sin ir más lejos, el tiempo que cada perdigonero suele dejar al campo en la plaza, antes de abatirlo, es una de ellas y en la que, difícilmente, nos pondremos nunca de acuerdo.
Está claro que doctores tiene la iglesia y cada maestrillo, su librillo, pero, llegar a un entente común sobre el tiempo que debe transcurrir desde que una patirroja entra en plaza hasta el momento de apretar el gatillo es complicado, bastante complicado. De esta manera, si dejamos al lado a los que disparan a las camperas en cuanto aparecen por el colgadero y, a veces aunque no den la cara,  y nos referimos al aficionado normal, al que deja que el reclamo que ese día tiene en el repostero, reciba en condiciones o “tome” bien a la patirroja o patirrojas que hayan llegado a su presencia, entramos en un mundo en donde cada uno tiene su particular y, por lo tanto, muy respetable opinión. Por ello, desde el que le gusta no dejar al campo mucho tiempo delante del reclamo, entre los que me incluyo, pasando por el que los deja una eternidad, existe un amplísimo abanico de gustos, opiniones y formas diferentes de actuar.
De todas formas, como la opinión que se tenga debe ser respetada, aunque pueda ser no compartida, sobre esta cuestión, mi apreciación particular y que suelo llevar a cabo, en condiciones normales, es la siguiente:
 Pienso y creo que no estoy muy equivocado que el reclamo de turno: Fulanito, Menganito o Zutanito, en cuanto presiente que las perdices están por los alrededores del cazadero o cuando éstas acaban de entrar en plaza, bajo mi punto de vista, llegan al más alto grado de excitación o estímulo, estado que, con el paso de los minutos, lo normal es que vaya bajando paulatinamente. Tan es así que, de vez en cuando, el de la jaula pasa un poco de las camperas, porque su dueño ha abusado del tiempo. Situación que se puede comprobar, más que perfectamente, cuando probamos algún pájaro sin escopeta, puesto que, en algunas ocasiones, las camperas están tanto tiempo cerca del reclamo que éste, alguna que otra vez, hasta termina alambreando y botando o sin sin cantar. Por citar un ejemplo tengo que decir que, hace ya unos buenos años, una pareja de perdices autóctonas se estableció en los alrededores de la vivienda de una de las fincas donde cazaba, para criar. Tan es así que sacó trece perdigones. Pues bien, un buen día, a modo de prueba, coloqué un pájaro sobre el tronco de un árbol que había en las inmediaciones del cortijo y, en cuanto echó tres reclamos, le entró la citada collera. Las recibió con un ímpetu tal, que la jaula se le quedó chica: bulanas y más bulanas, cuchichío, piñones… Pero, a medida que iba pasando el tiempo, también iba pasando su fogosidad, hasta llegar el momento en el que tuve que salir de la casa para espantar al macho –la hembra se fue al poco tiempo de entrar-, porque el buen señor ya no quería saber nada del garbón campero. Ni que decir tiene que el tal, no aguantó mucho en mi jaulero.
Entonces, ¿cuál debería ser el espacio de tiempo idóneo?, sería la pregunta. Aunque la respuesta es bastante complicada, porque cada situación es diferente, pienso que debemos dejar a las camperas antes los ojos del reclamo poquito tiempo, no entrar y zambombazo, pero no mucho. Que vea a las patirrojas que llegan, que las tome bien, dos o tres vueltas, si es que la dan, y no mucho más. Así, en cuanto veamos que nuestro reclamo está en todo su esplendor de satisfacción, independientemente de otras circunstancias, debemos apretar el gatillo. Ahora bien, como incidencias diferentes se pueden presentar muchísimas, habrá que saber cuándo debemos esperar un poco más o, por el contrario, no debemos esperar nada. Eso sí, a veces no tenemos más remedio que dejar que pasen los minutos, como cuando entra uno de los componentes de una determinada collera y esperamos a que lo haga el que se ha quedado atrás, porque tiene menos celo. Pero por norma general, no debemos alargar en demasía el tiempo, o al menos, y vuelvo a repetir, esa es mi forma de pensar y actuar.
Y no es flor de un día, ni escribir por escribir, sino que año tras año he ido comprobando que, al menos para mí, es la mejor forma de proceder que, por las razones expuestas anteriormente, se debe emplear. De hecho, si se visionan con detenimiento muchas grabaciones de puestos que están colgadas en la red, nos daremos cuenta que lo que estoy diciendo no está muy lejano a la realidad. Se apura tanto el lance para darle más belleza y para que quien lo vea pueda disfrutar más con él que, muchas veces, no se aprovecha el momento idóneo para disparar. Así, cuando se aprieta el gatillo, el reclamo ya ha pasado su fase inicial de máxima “efervescencia”.                                                                           

lunes, 6 de octubre de 2014

DE VUELTA A CASA.

Como ya hacía algún tiempo que no traía al blog un relato, espero que éste os resulte ameno y entretenido. Tras leerlo, os daréis cuenta que está basado en el artículo anterior: la diferencia de los reclamos y el conocimiento de los mismos por parte de sus dueños
____________________________________________________

A mi buen amigo Miguel Gómez, cuquillero de los de antaño, quien me puso en el camino para escribir esta entrañable y curiosa historia basada en hechos reales.

Sagri y Francis volvían de un maravilloso e inolvidable viajes de recién casados, más que felices por todas esas cosas que les suelen ocurrir a todos los que contraen matrimonio y se toman, como siempre ha marcado la tradición, unos días lejos de la rutina diaria y a lado de quien, en esos momentos, es su ser más querido.

La vuelta a casa y el reencuentro con la familia siempre es un motivo de alegría y satisfacción por todo lo que dicha circunstancia conlleva: besos y abrazos entre unos y otros, entrega de regalos procedentes de los diferentes lugares por donde se ha pasado, narración detallada de peripecias y anécdotas que han sucedido durante el viaje de novios, vuelta a tomar contacto con algunas cosas a las que se le tiene especial cariño, pero que no hay más remedio que dejar atrás, aunque, a veces, se deje encargado a amigos y familiares de su cuidado… Sin embargo, en ocasiones, el regreso al punto de partida, también trae consigo el conocimiento de alguna situación desagradable que ha ocurrido durante la ausencia de la pareja, justamente, lo que le aconteció a Francis, en cuanto “aterrizó” por casa de los padres de su mujer.

De esta manera, Francis, mientras hablaba con sus suegros de los pormenores del viaje, fue observando que el semblante de Beni, el padre de Sagri, no era el que, normalmente, él conocía, por lo que, con el paso de los minutos, su cabeza empezó a dar vueltas y más vueltas porque, por ella no circulaba otra idea que no fuera la de que algo habría tenido que suceder para que el comportamiento y aspecto de su suegro no fuera el habitual.

Debido a ello, en cuanto pasó la fase inicial de satisfacción por el rencuentro, como suele ocurrir tras todos los viajes, Francis se dirigió al padre de Sagri, con mucha afabilidad, pero con grandes deseos de saber si había surgido algún problema durante su ausencia.

- Suegro, te veo raro y un poco apesadumbrado. ¿Ha ocurrido algo durante nuestro viaje? –le preguntó.

Con posterioridad a unos interminables segundos de silencio, Beni, con voz insegura y entrecortada, tras tragar saliva varias veces para intentar suavizar su reseca garganta, le respondió:

- Hijo, tu sabes demás que, a lo que me has encargado, en todo momento le he puesto mi máximo empeño y dedicación. No obstante –prosiguió Beni-, esta vez, la mala suerte me ha acompañado. Así, al echarle de comer a tus reclamos, uno de ellos, en un incomprensible descuido, se me ha escapado y, como sabes que estoy ya un poco torpón, porque los años no perdonan, no lo he podido coger. Por ello, lo único que espero es que no sea uno de los buenos, cosa que yo no te puedo decir, porque, como bien sabes, no diferencio a tus perdigones –finalizó.

- No me digas, suegro -le respondió Francis. ¡Cuéntame bien lo que ha pasado!

- Mira Francis, sin querer, después de rellenarle a uno de tus pájaros el comedero interior de la jaula y al irle a cerrar la puerta, dio un apretón y, en un abrir y cerrar de ojos, estaba campando sus anchas por medio del corral. A continuación –continuó relatando Beni-, aunque intenté cogerlo durante un buen rato, se engarabitó en los tablones que tengo apoyados sobre una de las paredes y, desde allí, dio un salto y se encaramó en el tejado.

  - Pero bueno, Beni, ¿y no viste nada más? ¿No has averiguado dónde fue a parar después de perderlo de vista? –le requirió Francis, mientras iban los dos camino del corral para averiguar cuál era el perdigón que se había escapado.

  -Lo tiene Toño, el vecino de por encima, pero me dijo cuando fui a preguntarle si él lo había cogido, que sí, que lo tenía, pero que, como todas las perdices son iguales, para dártelo, tendrías tú que reconocerlo –le manifestó Beni.

  Luego, cuando llegaron al corral, el sofocón fue enorme porque, Francis comprobó, con gran desánimo y abatimiento, que el reclamo que había cogido las de Villadiego era Malagón, un  gran pájaro puntero, regalo de su mujer y procedente de dicha localidad manchega. Beni, por su parte, nervioso y sudoroso al saber de cuál reclamo se trataba, después de agitar la cabeza varias veces en señal de desconsuelo e impotencia, volvió a decirle a su yerno:

  - Francis vamos a casa del vecino, puesto que, seguramente, en cuanto te vea, no tendrá más remedio que dártelo porque, como bien sabes, te tiene bastante aprecio y respeto.

No obstante, no todo resultó tan fácil como se creyera en un principio. Debido a ello, una vez en casa de Toño, éste se negó en principio, pero más tarde, tras discutir un buen rato con cierta tensión, le dijo a Francis:

- Mira chaval, yo no sé, aunque tu suegro dice que a él se le ha escapado uno de los tuyos, si el pájaro que cogí en el tejado de mi casa será de tu propiedad o no, porque para mí son todos iguales. Por lo tanto –continuo Toño-, ahora, vamos a ir hasta el patio y verás que todos los perdigones los tengo enjaulados, tomando el sol y un poco de tierra formando un circulo en el suelo. Sí sabes cuál de ellos es, te lo llevas y no se hable más, si no es así, me quedo con él, como bien comprenderás.

De esta manera, cuando llegaron al corral de la casa, Francis al darse una vuelta alrededor de los pájaros, rápidamente, y sin el menor atisbo de error, reconoció a Malagón, pero…, dejándose querer, volvió a dar varias vueltas más, con el propósito de hacer ver que no sabía cuál era su pájaro.

En vista de ello, Toño, con una guasona alegría que le llegaba de oreja a oreja, se dirigió de nuevo a Beni y le dijo:

-Ves, vecino, como no es tan fácil diferenciar a las perdices. Como ya te dije el otro día –continuó Toño-, el pájaro que me encontré, lo mismo podía ser de tu yerno, que de cualquier otro al que se le hubiera escapado, por lo que, como no es capaz se saber cuál es, me quedaré con él.

Francis, que esperaba lo que estaba sucediendo, interrumpió la charla de su suegro y el vecino y, dirigiéndose a Toño, ahora sí, con voz autoritaria y con una seguridad pasmosa le requirió:

- Mira, Toño, te has equivocado de todas todas, porque yo, desde el primer momento, he sabido quien era Malagón, aunque he estado callado para ver tu reacción. Por lo tanto, espero que acabemos con esta situación tan poco agradable y, de una vez por todas, seas tú el que des el primer paso, sin que me obligues a que tenga que ser yo, el que descubra las cartas.

No obstante, ante la obstinación de Toño que seguía creyendo que Francis no había reconocido a su perdigón, éste se acercó hasta el mismo y, al agacharse ante él, palillearle con los dedos y hablarle cariñosamente, Malagón, como solía hacer cada vez que su dueño le hacía tales carantoñas, arrancó, ante la sorpresa y ojos de incredulidad de Toño, con un cuchichío imperceptible y picoteando los cordelillos del suelo de la jaula en señal de regocijo.

Ahora sí que no había la más mínima duda, como se pudo comprobar en los rostros más que alegres y gozosos de Francis y Beni y en la cara descompuesta y semblante compungido de Toño. Estaba claro que, ante tales evidencias, Malagón volvería a casa. Es más, seguro que Sagri recibiría la noticia con una indescriptible y radiante satisfacción.

viernes, 3 de octubre de 2014

CADA RECLAMO, UN MUNDO.

         Aunque puedan existir aficionados cuquilleros que no sean capaces de diferenciar por su aspecto externo o fenotipo a sus reclamos, que los hay, lo normal es que un buen pajaritero conoce a cada uno de sus perdigones de tal manera que, aunque sea solo por las patas, sin ver el resto del cuerpo, es capaz de saber, en un momento determinado, de cual pájaro se trata. A veces, puede plantearse alguna dudilla, pero lo normal es que el reclamista de verdad diferencie uno por uno a todos y cada uno de los componentes de su jaulero o gallera por lo que ven sus ojos. Y es así porque, como muy bien debemos de saber, cada pájaro es único e irrepetible. Es decir, nunca dos reclamos serán réplicas exactas.


Imágenes de cuatro reclamos: Chimenea, Manchego, Guerrilla y Alpujarreño, según orden de aparición. Lo único que han tenido en común, ha sido su procedencia, puesto que, de una forma u otra, todos ellos han nacido o nacieron en cautividad. Por lo demás, cada uno, un mundo diferente.





            Pero si ya de por sí, su morfología externa diferencia perfectamente a cada uno de los ejemplares que tenemos o han pasado por nuestras manos, no digamos de su genotipo o aptitudes y actitudes que un reclamo que lleva impreso en su código genético. Es decir, comportamiento, música y formas de actuar ante una determinada situación… Debido a ello, ahora sí que no existe la menor duda a la hora de diferenciar un pájaro de otro. Por consiguiente, la nobleza o cobardía, la mansedumbre o aspereza, la tranquilidad o nerviosismo, el ser cercano o arisco; el tipo de cante de mayor, el cuchichío, el piñoneo…, la manera de recibir a machos o hembras, forma de cargar los tiros… son cualidades que diferencian claramente a un reclamo de otro.

            En base a ello, cuando tenemos la mala suerte que un buen pájaro se nos va, bien de viejo o por cualquier tipo de accidente o muerte repentina, de antemano sabemos que, a nuestro jaulero, ya nunca llegará otro como él. Es más, si es un reclamo puntero, de esos que en la vida uno, si es que tenemos la suerte de tropezarnos con alguno de ellos, los grandes recursos que empleaba para atraer a las patirrojas camperas nunca pasarán al olvido. Así, todo lo que llegue detrás será medido con una vara bastante larga. Me ha pasado a mí, y creo firmemente, que también le ocurre a casi todos los perdigoneros.