martes, 31 de diciembre de 2024

EL COMIENZO DE UNA NUEVA TEMPORADA


Aunque ya vayan “tropecientas”, como es mi caso y de otros muchos aficionados cuquilleros, cuando casi se toca con la punta de los dedos la temporada venidera de la caza de la perdiz con reclamo, el pajaritero de corazón, el que ama profundamente esta modalidad cinegética hasta el punto de que tan ancestral manera de cazar la perdiz roja española, forme parte de su propia vida, aunque ya haya pasado muchas hojas del almanaque, se apodera de él una vitalidad tal que, aunque haya achaques y muchas goteras, parece que la maravillosa juventud vuelve a hacerse patente en su cuerpo, es decir, renace como el ave Fénix de sus propia cenizas.

Por supuesto, yo, que ya cumplo mis añitos en esto de con la jaula a cuestas, puedo certificar que lo expuesto anteriormente es una aseveración irrefutable, pues la caza de la perdiz con reclamo es un auténtico bálsamo o elixir para los ya estamos entrados en años, aun sabiendo que, el que más y el que menos, has pasado por un montón de contratiempos de salud, incluso, en muchos casos, llegando a verle ”las orejas al lobo”. Sí, el perdigonero está hecho de una madera especial, tan especial que, aunque su salud esté resquebrajada, trata de ocultar sus males o dolencias para que nadie, ni él mismo, le pueda prohibir, ni siquiera intentarlo, que salga al campo con su reclamos, aun siendo una época del año en donde las condiciones climatológicas son bastantes adversas y muy dañinas para la salud que quien ya no es un niño.

No hace falta decir que lo único que nos preocupa es el saber si Fulanito, Menganito, Zutanito, nuestros reclamos de garantía y otros con buen futuro estén en condiciones para afrontar una nueva temporada cuando, sabemos de más, que ya, por nuestra edad, no quedan muchas porque el tiempo, desgraciadamente, nunca se detiene y es inexorable con todos.

Lo demás, bártulos/trebejos, complementos y fincas no nos preocupan, pues el pajaritero hace tiempo que ya lo tiene todo en orden y solucionado. Solo nuestros reclamos y, por supuesto, la salud que es lo que siempre nos tiene en vilo.

Por todo ello, en este último día del año, recibe mis máximos deseos de buena SALUD y de que los reclamos, llegados el momento, aunque ya haya quien ha comenzado, den la talla.

FELIZ  2025 Y BUENA TEMPORADA

viernes, 27 de diciembre de 2024

NUNCA DEBEMOS OLVIDAR UNA GUITA O CUERDA CUANDO VAYAMOS A DAR EL PUESTO

Dos imágenes de cuerdas o guitas. La primera de rafia y pita, la segunda de cáñamo.

Si, desde siempre se ha dicho que al campo no se puede salir sin un palo, un saco, una cuerda y una navaja, cuando vayamos a dar el puesto, nunca debe faltar, por su importancia en momentos determinados, un trozo de guita o cuerda. Puede ser, incluso, que no la precisemos, pero, otras muchas veces, si se nos olvida, nos damos cuenta de su importancia. De hecho, puedo decir que cuando la he necesitado y no la llevaba consigo, he tenido que echar mano de los ganchos, de mi propia correa e, incluso, del cordón de las botas.

Y cuando hablamos de cuerda o guita -como se dice en el lenguaje rural cotidiano-, nos estamos refriendo a un trozo de diferente material, dígase: cáñamo, pita, sisal, yute, esparto, rafia, nylon… y con una longitud variable, según el pajaritero de turno. Aunque, también es verdad que, en muchos casos, se lleva un rollito de cualquiera de los materiales citados, para posibles eventualidades. En esta línea diré que, en mi caso, siempre me acompaña una cuerdecilla o cordelillo de cáñamo de un metro y medio y dos milímetros de espesor, aproximadamente, metida en la bolsa de cartuchos que uso para el puesto. Y, por si algún día, me la dejo olvidada en algún colgadero, circunstancia que, ocasionalmente, me suele ocurrir, en el coche tengo un pequeño palito con hilo fuerte de cáñamo enrollado en forma de madeja ovalada.

Eso sí, aunque todos somos conscientes de que la cuerda hace falta, veamos ahora para qué solemos utilizarla, indicando que, desde que cayó en desuso el puesto de monte, solo se emplea para todo lo relacionado con el montaje del pulpitillo y la sujeción de la jaula, porque, excepto en casos muy puntuales, poco amarrijos necesita el portátil. Por supuesto, en los lugares donde los tantos son de piedra, se puede fijar la jaula con la cuerda, cada uno a su forma y, si hay aves rapaces en la zona, muchos compañeros suelen ponerle vegetación encima del techo, tipo sombrero, amarrada con la misma.

Pues una vez hecha una introducción al tema del artículo, cuando ya me encuentro en el colgadero, para el repostero, suelo buscar una mata frondosa de jaras o jaguarzos, muy comunes por la zona donde cazo. Si esta tiene suficiente consistencia y frondosidad, no utilizo pincho, sino  que, con cordón de cáñamo, la amarro circularmente, a unos sesenta centímetros de altura y, sobre ella, tras cortar el ramaje del centro, hago una base con lo podado y con otras matas de los alrededores. Luego, sitúo al reclamo y lo afianzo con la cuerda que siempre llevo en la bolsa de cartuchos. Por último, le coloco sobre la parte delantera unas ramillas hasta el aro central de la jaula, aproximadamente.

Si utilizo el pincho, como suelo hacer normalmente, este, con base/asiento circular para asentar la jaula, lleva incorporado dos elásticos con unos ganchos para asegurar la misma, con lo que la cuerda la utilizo para hacer más cilíndrica y vistosa la mata que me va a servir para colocar al reclamo.

Otras veces, aunque no soy partidario de ello, cuando no hay mucha vegetación en el lugar escogido como plaza o tiradero, la cuerda me ha servido para fijar la jaula al tronco de cualquier árbol como pueden ser los acebuches, olivos, encinas/chaparras, almendros, pinos… Con ello, consigo camuflarla un poco con el grosor del troncón y no clavar el pincho en medio del limpio, lo que suele originar recelo en las patirrojas, a la hora de acercarse al reclamo. De todas formas, suelo desechar, a la hora de dar el puesto, las zonas con mínima vegetación, siempre que haya otra posibilidad.

Igualmente, cuando en el lugar escogido para la plaza tiene como punto idóneo para atalayar el reclamo algún arbusto tipo lentisco, chaparreta, coscoja, acebuche, tamuja…, suelo llevar a cabo el asentamiento y fijación de la jaula de dos formas. La primera consiste en amarrarla por el gancho con la cuerda a alguna rama adecuada y después camuflarla con ramitas del arbusto. También, para la segunda, que es la que normalmente suelo llevar a cabo, acostumbro a cortar lo suficiente del arbusto para introducir la jaula y camuflarla. Más tarde, con la cuerda, la rodeo conjuntamente con el ramaje que no he tocado. Por último, los trozos cortados los adoso en la parte delantera de la jaula para que esta se aprecie lo menos posible.

Para finalizar, decir que, más de una vez, he tenido que volver al lugar del puesto anterior en busca de la cuerda, pues las cabezas, muchas veces, no andan bien. Circunstancia que supongo que le habrá ocurrido a más de uno y a más de dos. Por ello, nunca viene mal, el llevar dos cuerdas o, bien, una y un rollito de hilo fuerte de cualquier material, para contingencias como esta.

                                  ---oo O oo---

PD. Recordar con cariño a los que ya tenemos una edad e informar a los más jóvenes que, dentro del tema de la cuerda, no sería de recibo por mi parte, no hacerle un hueco a la emblemática tomiza -cordel o trenza con dos cabos- y al hiscal -“jiscal”- con tres, que se tejían de forma manual antiguamente, cuando había carencia de casi todo, con cáñamo, hojas de palma, pita, enea… y que daba mucho avío a la hora de levantar/remendar los tantos y los aguardos, como en otras muchas tareas agrícolas y ganaderas y, por supuesto, en la fabricación de útiles para diferentes tareas (serones, cestas y espuertas, capazos, persianas, alfombras...), y revestimiento de recipientes. 

Imágenes de revestimiento de garrafas y fabricación de quincanas/capazos y empleitas o moldes para la elaboración del queso

Igualmente, no puedo olvidar el avío que, desde siempre, han dado las cuerdas de rafia negra de la alpacas y la de pita -imagen del principio-, dos cuerdas más que abundantes en cualquier vivienda de las fincas, pues ellas han sido desde siempre un gran apaño transitorio para un sinfín de amarrijos de todo tipo.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi "homilía".

martes, 24 de diciembre de 2024

FELICITACIÓN NAVIDEÑA 2024

     Se nos va el año, señal inequívoca que llegan Las Navidades, momento que aprovecho, para enviar a todos los visitantes de este blog mis más sinceras felicitaciones y el deseo de que la salud nos acompañe durante el próximo año.



lunes, 23 de diciembre de 2024

PRESENTACIÓN DE LA TERCERA EDICIÓN DE HISTORIAS DESDE EL COLGADERO

Durante el fin de semana pasado se ha celebrado en Cuevas del Becerro, Málaga, la VIII Feria del Reclamo de Cuquilleros al alba, evento que ha sido un rotundo éxito de actividades y de público.

 


Dos momentos de la presentación del libro y otros dos de entrega del mismo.

La Feria ha contado con numerosos stand de granjas cinegéticas, complementos de caza, productos alimenticios  y de cuchillería. Además, el domingo día 22, tras el  concurso de machos de reclamos, el cantaor Miguel de Tena, con su magnífica voz y Patrocinio hijo a la guitarra hicieron las delicias de los muchos asistentes al acto con sus cantes, principalmente con los dedicados a la caza en general y a la de la perdiz con reclamo en especial.

Igualmente, el viernes 20, como apertura de la misma se presentó mi manual Historias desde el colgadero, en su tercera edición en el salón de actos de la Casa del Pueblo de dicha localidad y con la asistencia de un numeroso público que  abarrotó el local. En dicho acto, se contó con la presencia de Pedro Nieblas, alcalde de la localidad, de Paco Jiménez, maestro donde los haya sobre la caza con reclamo y de Diego Rama, presidente de Cuquilleros al alba que compartieron la presentación en apoyo de dicho tratado pajaritero y de la caza de la perdiz con reclamo.

Para finalizar, mi agradecimiento de corazón al Ayuntamiento de Cuevas del Becerro y al grupo Cuquilleros al Alba por darme la posibilidad de presentar este sencillo manual sobre nuestra modalidad cinegética en forma de relatos cortos.

viernes, 13 de diciembre de 2024

¡QUÉ POQUITAS PATIRROJAS SE VIENEN HOY DE VUELO AL RECLAMO!

 

El conocido, tradicional y fascinante pichó, pichó, pichooooo… de la perdices hacia la plaza, qué poquito se escucha ya hoy día. No digo, Dios me libre, que no podamos sentir dicha emocionante sensación en nuestras carnes, pero qué poquitas veces.

¿El porqué…? Varias circunstancias rodean a tal situación, como para dar una respuesta que sea precisa y convincente a dicha pregunta.

Pienso, pues no lo sé a ciencia cierta, sino por conjeturas, que el motivo puede estar en que nuestra perdiz roja salvaje, ya no lo es tanto. Debido a ello, actitudes como la valentía y la territorialidad se le están borrando de sus genes, para sustituirlas en sus códigos genéticos, por la inseguridad y el cualquier sitio vale. De esta manera, ni hay arrojo para disputar un asentamiento “okupa” en un determinado paraje de una finca, ni se le da importancia al mismo, porque casi todos los son.

Echando la vista atrás, el “encogimiento o/y sobresalto del corazón” y la posterior alegría, que se producía, al escuchar el pichoteo de la perdices, al venirse de vuelo hacia el reclamo, cuando yo era niño y acompañaba a mis mayores al dar el puesto, hoy día casi es una utopía. Y cada día que pasa se escucha menos, primero, porque a medida que transcurren los años hay más escasez de perdiz de monte y segundo porque, las querencias sobre un determinado paraje, por degeneración/hibridación de la especie, se va perdiendo. Así, por símil taurino, si los toros bravos, cada año, lo son menos y, debido a tal circunstancia, cada año es más difícil lidiar con ellos, nuestras patirrojas autóctonas, cada temporada, valga la redundancia, son menos autóctonas y más vulgares.

Huelga decir que el picho, picho, pichooo… y, posterior, pooorrrroooonnn… en la plaza, en unos segundos, para mí es solo un recuerdo, una bendita añoranza. Y es así, porque hace ya muchos años, algunos más de sesenta, en el primer puesto del que tengo grabado en mi memoria, yendo de morralero con el abuelo Vicente y estando atalayado Facultades en el matojo, sentí esa fascinante emoción al escuchar una pareja de vuelo desde bastante lejos, que “aterrizó”, justamente, delante de la jaula dando un puesto de tarde en el aguardo de La Era, en el olivar de la finca familiar de La Atalaya.

Hoy día, con las perdices que pueblan nuestros campos, el intruso gana, pues, en muchos casos, ni saben de qué va aquello. No es como antes que, cualquier canto, al ser desconocido, era motivo del clásico: “vamos por él”. Y, además, como bien sabemos, los ejemplares de repoblación -que es lo que abunda hoy-, hasta que no pasa un buen tiempo, no entienden, ni de dominio, ni de cantos, ya que la vida en libertad es la que enseña el qué hacer y cómo hacerlo. En consecuencia, en los primeros momentos en libertad, como no conocen el terreno, solo deambulan e inspeccionan de aquí para allá y de allí para otro sitio y, por otra parte, escuchan a tantos congéneres, que no les importa mucho el canto de un determinado pájaro. Por lo que, difícilmente, utilizan el vuelo para pelear con el reclamo, más bien, curiosean ante las llamadas de este y se acercan a él apeonando a ver qué ocrre por allí, pero nunca con ánimo de disputa e intentar la expulsión del intruso.

Aclarar para finalizar que todo lo expuesto en esta entrada está referido a zonas donde he cazado o suelo cazar con asiduidad en kla actualidad y que, por lo tanto, conozco de qué va el tema. En otras, la verdad es que no lo sé, pero no creo que haya mucha diferencia. Además, como no salgo de alba, que es donde se pueden venir más fácilmente de vuelo y pichoteando, poco más puedo decir.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi “homilía”.

martes, 3 de diciembre de 2024

LOS UTENSILIOS DE CORTE PARA EL PUESTO


Aunque ya se hayan tratado en el blog con anterioridad algunos puntos de la entrada, ahora, dedico este artículo, única y exclusivamente, al tema que nos trae:  con qué y cómo cortar la vegetación o ramaje necesario para levantar/remendar/arreglar el repostero o/y el aguardo, sean estos del tipo que sean.


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Diferentes aperos que he utilizado para tareas de corte en el colgadero

No hace falta decir que ir al colgadero sin ningún utensilio o herramienta de corte -y lo digo por experiencia-, a no ser que todo esté arreglado de poco antes o se vaya a donde se haya producido corta o podas de olivos reciente u otra arboleda, a veces, puede resultar un verdadero quebradero de cabeza, pues no olvidemos que, aunque el aguardo levantado con vegetación del lugar ha quedado casi en desuso, la gran mayoría de las veces hay que camuflar el portátil y levantar o arreglar el pulpitillo y, como sabemos, tales labores requieren un determinado instrumento que nos ayude a dicho cometido. Es más, aunque en un determinado paraje, aguardo y tanto o pulpitillo sean tradicionalmente de piedra, siempre es necesario algo de vegetación para taponar agujeros, camuflar al reclamo, cubrir el empedrado del puesto para que no se suban las perdices al mismo o nos vean al acercarse al reclamo… Por tanto, aunque las manos pueden servir para tales tareas, una ayuda para las mismas, nunca viene mal y con ello evitar pinchazos, arañazos o heridas varias. Y, por supuesto, el corte de una herramienta siempre produce menos lesiones en el ejemplar arbóreo o arbustivo al que vayamos a “mutilar”, porque es obvio que es mejor un corte limpio de cualquier utensilio, que el que realizamos manualmente, con o sin guantes.

Al mismo tiempo, quiero dejar constancia que no podemos olvidar que a la hora de cortar ramaje o arrancar matas de una determinada zona, con o sin herramientas, hay que andar con cuidado, según los diferentes hábitats, puesto que puede existir vegetación protegida y porque, cuando cortemos ramas, hay que saber muy bien qué se corta, para evitar daños en la arboleda del lugar. De hecho, no sería la primera vez que, por el ansia de tapar mucho y rápido, nos cargamos olivos, chaparras, castaños, acebuches, algarrobos, algún frutal…, o, lo que es peor,  ejemplares silvestres protegidos.

Y ya dentro del tema del artículo, los utensilios de corte, tenemos que abordar dos cuestiones. La primera es que estos pueden variar mucho según la zona, pues no se puede olvidar que la vegetación cambia bastante de un lugar a otro y, como consecuencia, el instrumento a utilizar. La segunda sería que casi todo el herramentaje ha sufrido una gran transformación con el paso de los años, pues bártulos que se empleaban hace sus buenos años, hoy han caído en desuso por la aparición de otros útiles más adecuados o, al menos, es lo que se dice. Por supuesto, esto no quita que muchos pajariteros, muy apegados a lo tradicional, siguen utilizando, para los menesteres del tema que expongo, herramientas que ya usaron sus mayores, pues suponen para ellos, un verdadero legado cuquillero. En esta línea, huelga decir que las enseres antiguos de marcas conocidas: Bellota, Babco, Herco, Sigma, Teodomiro…, y las que fabricaban los herreros lugareños, pues siempre salían mejor de precio y al gusto de la zona, incluso al gusto personal, estaban fabricadas, al contrario de las de hoy, para durar mucho y, además, en buen estado. Todas tenían un excelente proceso de elaboración y los materiales empleados para ello eran de muy primerísima calidad.

Y metido en la variedad de utensilios que siempre se han usado para cortar el ramaje/maleza necesario para levantar o arreglar los reposteros y fabricar o tapar los aguardos, creo sin lugar a equivocarme que el hacha/hachuela o destral, ocupa una posición destacada para tal fin, principalmente, un tipo pequeño y manejable, pues lo que se suele cortar en los colgaderos, no es de excesivo porte y grosor, incluso algunas poseían en el lado opuesto de la cuchilla un pequeño martillo. Y sobre todas ellas, aparte de las que siempre se han comprado en las ferreterías o tiendas del ramo, debo decir que, en Andalucía, la población cordobesa de Posadas ha sido famosa en la fabricación artesanal de las mismas y para tareas diversas.

Ahora bien, si el hacha ha sido un utensilio de lo más empleado a la hora de cortar ramaje, broza o leña para el puesto, no podemos olvidar que, otros muchos, también han formado parte de los pertrechos pajariteros, siempre refiriéndome a Andalucía y, dentro de ella, a los más conocidos, pues no hace falta decir que hay y habrá caprichitos raros que utilizan muchos aficionados, según la idiosincrasia personal,

Y al hilo del párrafo anterior, no podemos olvidar en primer lugar a la tradicional cimbarra, calabozo o corvillo, un tipo de hachuela más o menos redondeada con un saliente o nariz en el extremo de la cuchilla, para con ello, evitar mellarla al dar en el suelo y que se utilizado, cada día menos, para chuponar olivos, frutales y algún que otro arbusto autóctono. También, desde siempre, se ha empleado la tijera de podar, tanto normal como las modernas telescópicas. Además, en muchos lugares, se han usado los machetes o machetones, una especie de catana, pero más fuerte y resistente. Por último, entre las que conozco, se puede hablar de los serruchos, que podemos encontrarlos de varios portes, incluyendo unos relativamente modernos, tipo navajas que, dicho sea de paso, van muy bien, si son de calidad.

Para finalizar, en lo que a mí se refiere y sin que ello sea lo ideal, ni mucho menos, aparte de cortar, tronchar o arrancar de broza de forma manual y sin guantes, porque nunca los he utilizado, puedo decir que, en un principio, por tradición familiar utilizaba la cimbarra o calabozo, de las que conservo dos ejemplares en buenísimo estado, pero que uso poco en la actualidad. Luego, con el paso del tiempo, buscando la comodidad y menor esfuerzo, empecé a emplear la tijera de podar de dos manos o telescópica, herramienta que sigo empleando en la actualidad porque, aparte de cortar ramaje de cierta consistencia, puedo eliminar alguna matilla de la plaza a ras de suelo, sin dejar rastro y sin tener que agacharme en demasía, todo sea dicho, pues las “goteras”, no perdonan. También, apuntar que, muy puntualmente, he usado un hacha portuguesa muy recortadita, regalo de un buen amigo hace ya sus años y que siempre llevo en el maletero en el coche para cualquier imprevisto que pueda surgir. Igualmente, decir que, alguna que otra vez, me he valido del serrucho, del tipo navaja, pero no me convence porque, aunque es muy bueno para algunas cosas, para mi entender, no es válido para otras. Y pienso, que la herramienta que usemos para el puesto, debe ser  multifuncional, que corte lo mucho y lo poco.

Como punto final decir que, cuando cazo el reclamo en la zona de Las Alpujarras granadinas, con puestos y tantos de piedras, suelo utilizar un pequeño escardillo o azada para arrancar a ras del suelo las bolinas y los lactones, arbustos muy abundantes en la zona y difíciles de cortar con otras herramientas y que estorban en la línea de tiro o los necesito para taponar huecos o cubrir el borde superior del aguardo para que, como bien sabemos, no se suban allí las patirrrojas antes de entrar al reclamo.

Supongo, que por otros lugares y por gustos personales, se utilizarán otros achacales o aperos para cortar ramaje, pero es obvio que de lo que no conozco, o poco sé de ellos, poco puedo hablar.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi "homilía".