martes, 31 de diciembre de 2024

EL COMIENZO DE UNA NUEVA TEMPORADA


Aunque ya vayan “tropecientas”, como es mi caso y de otros muchos aficionados cuquilleros, cuando casi se toca con la punta de los dedos la temporada venidera de la caza de la perdiz con reclamo, el pajaritero de corazón, el que ama profundamente esta modalidad cinegética hasta el punto de que tan ancestral manera de cazar la perdiz roja española, forme parte de su propia vida, aunque ya haya pasado muchas hojas del almanaque, se apodera de él una vitalidad tal que, aunque haya achaques y muchas goteras, parece que la maravillosa juventud vuelve a hacerse patente en su cuerpo, es decir, renace como el ave Fénix de sus propia cenizas.

Por supuesto, yo, que ya cumplo mis añitos en esto de con la jaula a cuestas, puedo certificar que lo expuesto anteriormente es una aseveración irrefutable, pues la caza de la perdiz con reclamo es un auténtico bálsamo o elixir para los ya estamos entrados en años, aun sabiendo que, el que más y el que menos, has pasado por un montón de contratiempos de salud, incluso, en muchos casos, llegando a verle ”las orejas al lobo”. Sí, el perdigonero está hecho de una madera especial, tan especial que, aunque su salud esté resquebrajada, trata de ocultar sus males o dolencias para que nadie, ni él mismo, le pueda prohibir, ni siquiera intentarlo, que salga al campo con su reclamos, aun siendo una época del año en donde las condiciones climatológicas son bastantes adversas y muy dañinas para la salud que quien ya no es un niño.

No hace falta decir que lo único que nos preocupa es el saber si Fulanito, Menganito, Zutanito, nuestros reclamos de garantía y otros con buen futuro estén en condiciones para afrontar una nueva temporada cuando, sabemos de más, que ya, por nuestra edad, no quedan muchas porque el tiempo, desgraciadamente, nunca se detiene y es inexorable con todos.

Lo demás, bártulos/trebejos, complementos y fincas no nos preocupan, pues el pajaritero hace tiempo que ya lo tiene todo en orden y solucionado. Solo nuestros reclamos y, por supuesto, la salud que es lo que siempre nos tiene en vilo.

Por todo ello, en este último día del año, recibe mis máximos deseos de buena SALUD y de que los reclamos, llegados el momento, aunque ya haya quien ha comenzado, den la talla.

FELIZ  2025 Y BUENA TEMPORADA

viernes, 27 de diciembre de 2024

NUNCA DEBEMOS OLVIDAR UNA GUITA O CUERDA CUANDO VAYAMOS A DAR EL PUESTO

Dos imágenes de cuerdas o guitas. La primera de rafia y pita, la segunda de cáñamo.

Si, desde siempre se ha dicho que al campo no se puede salir sin un palo, un saco, una cuerda y una navaja, cuando vayamos a dar el puesto, nunca debe faltar, por su importancia en momentos determinados, un trozo de guita o cuerda. Puede ser, incluso, que no la precisemos, pero, otras muchas veces, si se nos olvida, nos damos cuenta de su importancia. De hecho, puedo decir que cuando la he necesitado y no la llevaba consigo, he tenido que echar mano de los ganchos, de mi propia correa e, incluso, del cordón de las botas.

Y cuando hablamos de cuerda o guita -como se dice en el lenguaje rural cotidiano-, nos estamos refriendo a un trozo de diferente material, dígase: cáñamo, pita, sisal, yute, esparto, rafia, nylon… y con una longitud variable, según el pajaritero de turno. Aunque, también es verdad que, en muchos casos, se lleva un rollito de cualquiera de los materiales citados, para posibles eventualidades. En esta línea diré que, en mi caso, siempre me acompaña una cuerdecilla o cordelillo de cáñamo de un metro y medio y dos milímetros de espesor, aproximadamente, metida en la bolsa de cartuchos que uso para el puesto. Y, por si algún día, me la dejo olvidada en algún colgadero, circunstancia que, ocasionalmente, me suele ocurrir, en el coche tengo un pequeño palito con hilo fuerte de cáñamo enrollado en forma de madeja ovalada.

Eso sí, aunque todos somos conscientes de que la cuerda hace falta, veamos ahora para qué solemos utilizarla, indicando que, desde que cayó en desuso el puesto de monte, solo se emplea para todo lo relacionado con el montaje del pulpitillo y la sujeción de la jaula, porque, excepto en casos muy puntuales, poco amarrijos necesita el portátil. Por supuesto, en los lugares donde los tantos son de piedra, se puede fijar la jaula con la cuerda, cada uno a su forma y, si hay aves rapaces en la zona, muchos compañeros suelen ponerle vegetación encima del techo, tipo sombrero, amarrada con la misma.

Pues una vez hecha una introducción al tema del artículo, cuando ya me encuentro en el colgadero, para el repostero, suelo buscar una mata frondosa de jaras o jaguarzos, muy comunes por la zona donde cazo. Si esta tiene suficiente consistencia y frondosidad, no utilizo pincho, sino  que, con cordón de cáñamo, la amarro circularmente, a unos sesenta centímetros de altura y, sobre ella, tras cortar el ramaje del centro, hago una base con lo podado y con otras matas de los alrededores. Luego, sitúo al reclamo y lo afianzo con la cuerda que siempre llevo en la bolsa de cartuchos. Por último, le coloco sobre la parte delantera unas ramillas hasta el aro central de la jaula, aproximadamente.

Si utilizo el pincho, como suelo hacer normalmente, este, con base/asiento circular para asentar la jaula, lleva incorporado dos elásticos con unos ganchos para asegurar la misma, con lo que la cuerda la utilizo para hacer más cilíndrica y vistosa la mata que me va a servir para colocar al reclamo.

Otras veces, aunque no soy partidario de ello, cuando no hay mucha vegetación en el lugar escogido como plaza o tiradero, la cuerda me ha servido para fijar la jaula al tronco de cualquier árbol como pueden ser los acebuches, olivos, encinas/chaparras, almendros, pinos… Con ello, consigo camuflarla un poco con el grosor del troncón y no clavar el pincho en medio del limpio, lo que suele originar recelo en las patirrojas, a la hora de acercarse al reclamo. De todas formas, suelo desechar, a la hora de dar el puesto, las zonas con mínima vegetación, siempre que haya otra posibilidad.

Igualmente, cuando en el lugar escogido para la plaza tiene como punto idóneo para atalayar el reclamo algún arbusto tipo lentisco, chaparreta, coscoja, acebuche, tamuja…, suelo llevar a cabo el asentamiento y fijación de la jaula de dos formas. La primera consiste en amarrarla por el gancho con la cuerda a alguna rama adecuada y después camuflarla con ramitas del arbusto. También, para la segunda, que es la que normalmente suelo llevar a cabo, acostumbro a cortar lo suficiente del arbusto para introducir la jaula y camuflarla. Más tarde, con la cuerda, la rodeo conjuntamente con el ramaje que no he tocado. Por último, los trozos cortados los adoso en la parte delantera de la jaula para que esta se aprecie lo menos posible.

Para finalizar, decir que, más de una vez, he tenido que volver al lugar del puesto anterior en busca de la cuerda, pues las cabezas, muchas veces, no andan bien. Circunstancia que supongo que le habrá ocurrido a más de uno y a más de dos. Por ello, nunca viene mal, el llevar dos cuerdas o, bien, una y un rollito de hilo fuerte de cualquier material, para contingencias como esta.

                                  ---oo O oo---

PD. Recordar con cariño a los que ya tenemos una edad e informar a los más jóvenes que, dentro del tema de la cuerda, no sería de recibo por mi parte, no hacerle un hueco a la emblemática tomiza -cordel o trenza con dos cabos- y al hiscal -“jiscal”- con tres, que se tejían de forma manual antiguamente, cuando había carencia de casi todo, con cáñamo, hojas de palma, pita, enea… y que daba mucho avío a la hora de levantar/remendar los tantos y los aguardos, como en otras muchas tareas agrícolas y ganaderas y, por supuesto, en la fabricación de útiles para diferentes tareas (serones, cestas y espuertas, capazos, persianas, alfombras...), y revestimiento de recipientes. 

Imágenes de revestimiento de garrafas y fabricación de quincanas/capazos y empleitas o moldes para la elaboración del queso

Igualmente, no puedo olvidar el avío que, desde siempre, han dado las cuerdas de rafia negra de la alpacas y la de pita -imagen del principio-, dos cuerdas más que abundantes en cualquier vivienda de las fincas, pues ellas han sido desde siempre un gran apaño transitorio para un sinfín de amarrijos de todo tipo.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi "homilía".

martes, 24 de diciembre de 2024

FELICITACIÓN NAVIDEÑA 2024

     Se nos va el año, señal inequívoca que llegan Las Navidades, momento que aprovecho, para enviar a todos los visitantes de este blog mis más sinceras felicitaciones y el deseo de que la salud nos acompañe durante el próximo año.



lunes, 23 de diciembre de 2024

PRESENTACIÓN DE LA TERCERA EDICIÓN DE HISTORIAS DESDE EL COLGADERO

Durante el fin de semana pasado se ha celebrado en Cuevas del Becerro, Málaga, la VIII Feria del Reclamo de Cuquilleros al alba, evento que ha sido un rotundo éxito de actividades y de público.

 


Dos momentos de la presentación del libro y otros dos de entrega del mismo.

La Feria ha contado con numerosos stand de granjas cinegéticas, complementos de caza, productos alimenticios  y de cuchillería. Además, el domingo día 22, tras el  concurso de machos de reclamos, el cantaor Miguel de Tena, con su magnífica voz y Patrocinio hijo a la guitarra hicieron las delicias de los muchos asistentes al acto con sus cantes, principalmente con los dedicados a la caza en general y a la de la perdiz con reclamo en especial.

Igualmente, el viernes 20, como apertura de la misma se presentó mi manual Historias desde el colgadero, en su tercera edición en el salón de actos de la Casa del Pueblo de dicha localidad y con la asistencia de un numeroso público que  abarrotó el local. En dicho acto, se contó con la presencia de Pedro Nieblas, alcalde de la localidad, de Paco Jiménez, maestro donde los haya sobre la caza con reclamo y de Diego Rama, presidente de Cuquilleros al alba que compartieron la presentación en apoyo de dicho tratado pajaritero y de la caza de la perdiz con reclamo.

Para finalizar, mi agradecimiento de corazón al Ayuntamiento de Cuevas del Becerro y al grupo Cuquilleros al Alba por darme la posibilidad de presentar este sencillo manual sobre nuestra modalidad cinegética en forma de relatos cortos.

viernes, 13 de diciembre de 2024

¡QUÉ POQUITAS PATIRROJAS SE VIENEN HOY DE VUELO AL RECLAMO!

 

El conocido, tradicional y fascinante pichó, pichó, pichooooo… de la perdices hacia la plaza, qué poquito se escucha ya hoy día. No digo, Dios me libre, que no podamos sentir dicha emocionante sensación en nuestras carnes, pero qué poquitas veces.

¿El porqué…? Varias circunstancias rodean a tal situación, como para dar una respuesta que sea precisa y convincente a dicha pregunta.

Pienso, pues no lo sé a ciencia cierta, sino por conjeturas, que el motivo puede estar en que nuestra perdiz roja salvaje, ya no lo es tanto. Debido a ello, actitudes como la valentía y la territorialidad se le están borrando de sus genes, para sustituirlas en sus códigos genéticos, por la inseguridad y el cualquier sitio vale. De esta manera, ni hay arrojo para disputar un asentamiento “okupa” en un determinado paraje de una finca, ni se le da importancia al mismo, porque casi todos los son.

Echando la vista atrás, el “encogimiento o/y sobresalto del corazón” y la posterior alegría, que se producía, al escuchar el pichoteo de la perdices, al venirse de vuelo hacia el reclamo, cuando yo era niño y acompañaba a mis mayores al dar el puesto, hoy día casi es una utopía. Y cada día que pasa se escucha menos, primero, porque a medida que transcurren los años hay más escasez de perdiz de monte y segundo porque, las querencias sobre un determinado paraje, por degeneración/hibridación de la especie, se va perdiendo. Así, por símil taurino, si los toros bravos, cada año, lo son menos y, debido a tal circunstancia, cada año es más difícil lidiar con ellos, nuestras patirrojas autóctonas, cada temporada, valga la redundancia, son menos autóctonas y más vulgares.

Huelga decir que el picho, picho, pichooo… y, posterior, pooorrrroooonnn… en la plaza, en unos segundos, para mí es solo un recuerdo, una bendita añoranza. Y es así, porque hace ya muchos años, algunos más de sesenta, en el primer puesto del que tengo grabado en mi memoria, yendo de morralero con el abuelo Vicente y estando atalayado Facultades en el matojo, sentí esa fascinante emoción al escuchar una pareja de vuelo desde bastante lejos, que “aterrizó”, justamente, delante de la jaula dando un puesto de tarde en el aguardo de La Era, en el olivar de la finca familiar de La Atalaya.

Hoy día, con las perdices que pueblan nuestros campos, el intruso gana, pues, en muchos casos, ni saben de qué va aquello. No es como antes que, cualquier canto, al ser desconocido, era motivo del clásico: “vamos por él”. Y, además, como bien sabemos, los ejemplares de repoblación -que es lo que abunda hoy-, hasta que no pasa un buen tiempo, no entienden, ni de dominio, ni de cantos, ya que la vida en libertad es la que enseña el qué hacer y cómo hacerlo. En consecuencia, en los primeros momentos en libertad, como no conocen el terreno, solo deambulan e inspeccionan de aquí para allá y de allí para otro sitio y, por otra parte, escuchan a tantos congéneres, que no les importa mucho el canto de un determinado pájaro. Por lo que, difícilmente, utilizan el vuelo para pelear con el reclamo, más bien, curiosean ante las llamadas de este y se acercan a él apeonando a ver qué ocrre por allí, pero nunca con ánimo de disputa e intentar la expulsión del intruso.

Aclarar para finalizar que todo lo expuesto en esta entrada está referido a zonas donde he cazado o suelo cazar con asiduidad en kla actualidad y que, por lo tanto, conozco de qué va el tema. En otras, la verdad es que no lo sé, pero no creo que haya mucha diferencia. Además, como no salgo de alba, que es donde se pueden venir más fácilmente de vuelo y pichoteando, poco más puedo decir.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi “homilía”.

martes, 3 de diciembre de 2024

LOS UTENSILIOS DE CORTE PARA EL PUESTO


Aunque ya se hayan tratado en el blog con anterioridad algunos puntos de la entrada, ahora, dedico este artículo, única y exclusivamente, al tema que nos trae:  con qué y cómo cortar la vegetación o ramaje necesario para levantar/remendar/arreglar el repostero o/y el aguardo, sean estos del tipo que sean.


---oooOooo---


Diferentes aperos que he utilizado para tareas de corte en el colgadero

No hace falta decir que ir al colgadero sin ningún utensilio o herramienta de corte -y lo digo por experiencia-, a no ser que todo esté arreglado de poco antes o se vaya a donde se haya producido corta o podas de olivos reciente u otra arboleda, a veces, puede resultar un verdadero quebradero de cabeza, pues no olvidemos que, aunque el aguardo levantado con vegetación del lugar ha quedado casi en desuso, la gran mayoría de las veces hay que camuflar el portátil y levantar o arreglar el pulpitillo y, como sabemos, tales labores requieren un determinado instrumento que nos ayude a dicho cometido. Es más, aunque en un determinado paraje, aguardo y tanto o pulpitillo sean tradicionalmente de piedra, siempre es necesario algo de vegetación para taponar agujeros, camuflar al reclamo, cubrir el empedrado del puesto para que no se suban las perdices al mismo o nos vean al acercarse al reclamo… Por tanto, aunque las manos pueden servir para tales tareas, una ayuda para las mismas, nunca viene mal y con ello evitar pinchazos, arañazos o heridas varias. Y, por supuesto, el corte de una herramienta siempre produce menos lesiones en el ejemplar arbóreo o arbustivo al que vayamos a “mutilar”, porque es obvio que es mejor un corte limpio de cualquier utensilio, que el que realizamos manualmente, con o sin guantes.

Al mismo tiempo, quiero dejar constancia que no podemos olvidar que a la hora de cortar ramaje o arrancar matas de una determinada zona, con o sin herramientas, hay que andar con cuidado, según los diferentes hábitats, puesto que puede existir vegetación protegida y porque, cuando cortemos ramas, hay que saber muy bien qué se corta, para evitar daños en la arboleda del lugar. De hecho, no sería la primera vez que, por el ansia de tapar mucho y rápido, nos cargamos olivos, chaparras, castaños, acebuches, algarrobos, algún frutal…, o, lo que es peor,  ejemplares silvestres protegidos.

Y ya dentro del tema del artículo, los utensilios de corte, tenemos que abordar dos cuestiones. La primera es que estos pueden variar mucho según la zona, pues no se puede olvidar que la vegetación cambia bastante de un lugar a otro y, como consecuencia, el instrumento a utilizar. La segunda sería que casi todo el herramentaje ha sufrido una gran transformación con el paso de los años, pues bártulos que se empleaban hace sus buenos años, hoy han caído en desuso por la aparición de otros útiles más adecuados o, al menos, es lo que se dice. Por supuesto, esto no quita que muchos pajariteros, muy apegados a lo tradicional, siguen utilizando, para los menesteres del tema que expongo, herramientas que ya usaron sus mayores, pues suponen para ellos, un verdadero legado cuquillero. En esta línea, huelga decir que las enseres antiguos de marcas conocidas: Bellota, Babco, Herco, Sigma, Teodomiro…, y las que fabricaban los herreros lugareños, pues siempre salían mejor de precio y al gusto de la zona, incluso al gusto personal, estaban fabricadas, al contrario de las de hoy, para durar mucho y, además, en buen estado. Todas tenían un excelente proceso de elaboración y los materiales empleados para ello eran de muy primerísima calidad.

Y metido en la variedad de utensilios que siempre se han usado para cortar el ramaje/maleza necesario para levantar o arreglar los reposteros y fabricar o tapar los aguardos, creo sin lugar a equivocarme que el hacha/hachuela o destral, ocupa una posición destacada para tal fin, principalmente, un tipo pequeño y manejable, pues lo que se suele cortar en los colgaderos, no es de excesivo porte y grosor, incluso algunas poseían en el lado opuesto de la cuchilla un pequeño martillo. Y sobre todas ellas, aparte de las que siempre se han comprado en las ferreterías o tiendas del ramo, debo decir que, en Andalucía, la población cordobesa de Posadas ha sido famosa en la fabricación artesanal de las mismas y para tareas diversas.

Ahora bien, si el hacha ha sido un utensilio de lo más empleado a la hora de cortar ramaje, broza o leña para el puesto, no podemos olvidar que, otros muchos, también han formado parte de los pertrechos pajariteros, siempre refiriéndome a Andalucía y, dentro de ella, a los más conocidos, pues no hace falta decir que hay y habrá caprichitos raros que utilizan muchos aficionados, según la idiosincrasia personal,

Y al hilo del párrafo anterior, no podemos olvidar en primer lugar a la tradicional cimbarra, calabozo o corvillo, un tipo de hachuela más o menos redondeada con un saliente o nariz en el extremo de la cuchilla, para con ello, evitar mellarla al dar en el suelo y que se utilizado, cada día menos, para chuponar olivos, frutales y algún que otro arbusto autóctono. También, desde siempre, se ha empleado la tijera de podar, tanto normal como las modernas telescópicas. Además, en muchos lugares, se han usado los machetes o machetones, una especie de catana, pero más fuerte y resistente. Por último, entre las que conozco, se puede hablar de los serruchos, que podemos encontrarlos de varios portes, incluyendo unos relativamente modernos, tipo navajas que, dicho sea de paso, van muy bien, si son de calidad.

Para finalizar, en lo que a mí se refiere y sin que ello sea lo ideal, ni mucho menos, aparte de cortar, tronchar o arrancar de broza de forma manual y sin guantes, porque nunca los he utilizado, puedo decir que, en un principio, por tradición familiar utilizaba la cimbarra o calabozo, de las que conservo dos ejemplares en buenísimo estado, pero que uso poco en la actualidad. Luego, con el paso del tiempo, buscando la comodidad y menor esfuerzo, empecé a emplear la tijera de podar de dos manos o telescópica, herramienta que sigo empleando en la actualidad porque, aparte de cortar ramaje de cierta consistencia, puedo eliminar alguna matilla de la plaza a ras de suelo, sin dejar rastro y sin tener que agacharme en demasía, todo sea dicho, pues las “goteras”, no perdonan. También, apuntar que, muy puntualmente, he usado un hacha portuguesa muy recortadita, regalo de un buen amigo hace ya sus años y que siempre llevo en el maletero en el coche para cualquier imprevisto que pueda surgir. Igualmente, decir que, alguna que otra vez, me he valido del serrucho, del tipo navaja, pero no me convence porque, aunque es muy bueno para algunas cosas, para mi entender, no es válido para otras. Y pienso, que la herramienta que usemos para el puesto, debe ser  multifuncional, que corte lo mucho y lo poco.

Como punto final decir que, cuando cazo el reclamo en la zona de Las Alpujarras granadinas, con puestos y tantos de piedras, suelo utilizar un pequeño escardillo o azada para arrancar a ras del suelo las bolinas y los lactones, arbustos muy abundantes en la zona y difíciles de cortar con otras herramientas y que estorban en la línea de tiro o los necesito para taponar huecos o cubrir el borde superior del aguardo para que, como bien sabemos, no se suban allí las patirrrojas antes de entrar al reclamo.

Supongo, que por otros lugares y por gustos personales, se utilizarán otros achacales o aperos para cortar ramaje, pero es obvio que de lo que no conozco, o poco sé de ellos, poco puedo hablar.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi "homilía".

sábado, 23 de noviembre de 2024

UNA DE TANTAS CURIOSIDADES DE LA CAZA



Copia del artículo publicado en ABC  Sevilla en 1973

--- oo O oo ---

Por mediación de un buen amigo y muchos años compañeros de caza con reclamo, Manuel Somoza Ortega, ha llegado a mis manos un interesante artículo publicado en su día, 13/12/1973, en el periódico ABC de Sevilla, en donde A. Ceferino Bocanegra nos relata todo lo ocurrido en en la bella localidad onubense de Hinojos en el primer día de caza, día primero de septiembre, fecha en la que antaño se levantaba la veda.

En el escrito, el autor nos expone cómo desde el amanecer, cazadores lugareños, ataviados con pantalón y blusa de algodón, zahones de lona oscura, abultadas mochilas, cananas repletas de cartuchos y cantimploras, se juntaban con sus perros y sus armas en un lugar determinado, en este caso, el “pino gordo” del pueblo, a las siete de la mañana, para la inauguración de la temporada cinegética, cuando, afortunadamente, había de todo al “por mayor”.

En la citada jornada, se cazaría el predio de Las Pardillas y antes de empezar una vez reunidos todos, y ahí viene la curiosidad, el capitán de cacería interviene gritando “… palos señores, palos…”, es decir, sorteo de los puestos que han de ocupar los cazadores. Sugestiva forma de echar suerte, que aún perdura en la población y que se desarrollaba de la siguiente manera:

 … Cada cazador cortaba del monte un trozo de palito que no excediera de diez centímetros, procurando que tuviera un garrancho que lo distinguiera, haciéndole, además, con la navaja, alguna señal por donde cada cual conociera sin titubeos el palo suyo. Luego  se metían todos en un sombrero, al que se tapaba con otro y el capitán los iba sacando con dos dedos por la punta y mostrándolos a la vista de todos. El dueño del  palo los reconocía al instante y decía “mío” y se marchaba enseguida al lugar que le había asignado el capitán, empezando por el número uno de la cuerda y allí esperaría hasta el comienzo. Luego, el dos, el tres… que ocuparían sus respectivos sitios, hasta dar comienzo la marcha hacia adelante, situándose el capitán en el medio de los cazadores e indicando el avance…

Lo llamativo de esta forma de sorteo de puestos era la rapidez con que se llevaba a cabo y lo sorprendente, la retentiva de los cazadores que, entre muchos palitos, más de cien, conociera el suyo a la primera tentativa. Por supuesto, el que fallaba, que alguna vez lo había, recibía una buena reprimenda por parte de los demás amigos y compañeros asistentes.

Ni que decir tiene que esta forma de sorteo es una curiosidad cinegética más sacada de la rica tradición lugareña, en este caso de Hinojos, Huelva. Pero…, singularidades de todo tipo y de todos los ámbitos de la caza, nos las podemos encontrar en cualquier lugar de nuestra geografía nacional.

¡¡¡ Cómo para que luego se diga que la caza sólo es salir a apretar el gatillo… !!!

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte,  ya he dado mi “homilía”.

miércoles, 13 de noviembre de 2024

UNA VEZ MÁS, LLEGÓ LA TIJERA


Si “Tosantos” -por utilizar un vocablo más que conocido en el lenguaje cotidiano andaluz- y La Inmaculada son dos fechas más que tradicionales en las que muchos pajariteros, después de los largos meses de pelecha o muda, pasan los reclamos a las jaulas, tras el correspondiente recorte, aunque en mi caso, desde siempre, meto a los reclamos en las jaulas, por cuestiones domésticas, sobre mitad de octubre y, más tarde, recorto sobre la mismas fechas de noviembre, es decir, por estos días.

Este año, y van ni me acuerdo de veces, con la ayuda de Rubén Vargas, mi sobrino-nieto y alumno aventajado en el complicado mundo de la caza de la perdiz con reclamo, en el día de ayer, hemos recortado y arreglado uñas, picos y escamosidades de las patas de los componentes de mi jaulero, excepto de los pollos, a los que no suelo recortarlos hasta ver lo que dan de sí, una vez probados en el campo. A estos últimos, cinco noveles en total y dos segundas que recogí una vez finalizada la temporada anterior, solo les corto un poco las primeras rémiges para evitar posibles enganchones en los alambres de la jaulas. Luego, llegado el momento, el que demuestra cualidades positivas, pasa de nuevo por la “peluquería” y le pongo una anilla con el año de nacimiento y un número. Y el que no me llena o no muestra nada, al no gustarme soltarlo en el campo, por varios motivos, lo suelo regalar sobre la marcha o a final de temporada, diciendo, por supuesto, lo que yo pienso de él.

Sobre el tema del recorte, decir que aunque lo he llevado a cabo muchas veces yo solo, colgando los reclamos de una cuerda por las patas, es más cómodo y se facilita la faena entre dos y, si con ello, se enseña a las personas que se van iniciando en el mundillo pajaritero, mejor que mejor.


Recortando a un reclamo colgado por las patas para que lo viera mi sobrino y alumno Rubén.

Para finalizar, decir que mi forma de llevar a cabo tal labor, una más de las muchas que hay de hacerlo, consiste en cortar en forma de arco, con el resto de plumas de cada ala que no recorto, las diez rémiges primeras o más largas, además de las plumas piojeras, por tradición, y las dos o tres plumillas de la punta o gavilanes, nombre con las que yo las conozco. Por supuesto, el recorte incluye a todas las timoneras o plumas de la cola. Luego, un buen atusado de todo el plumaje con las manos, para que queden bonitos, pone fin a la labor anual de recorte. Además, decir que no apuro mucho el corte de la rémiges o remeras por dos motivos: uno para que estén más "abrigaditos" en los meses de frío y el otro, para que le cueste menos trabajo a la hora de mudarlas, pues pienso que mientras más se corte la pluma, más cuesta luego soltarlas.





Cuatro momentos del recorte

Vídeo del atusado del plumaje, una vez recortado.

Como epílogo, puntualizar que, desde el momento de la “barbería”, aparte de pulverizarlos bien sobre la marcha con agua y vinagre de manzana, les doy inmediatamente tierra para que se le asiente bien la pluma y queden más guapos. Proceder que voy repitiendo cada dos por tres, hasta que empieza la temporada de caza, con lo que evito, en lo posible, que se pasen de celo, pues entiendo que sacarlos en octubre, como es mi caso, es pronto, pero como dice uno de mis mejores relatos: Las necesidades mandan.

Como punto final decir que, a partir de ahora, iremos sacándolos al sol, fundamental vitamina para nuestros reclamos, aunque con cuidado en los días que apriete el astro rey.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi “homilía”.

martes, 5 de noviembre de 2024

LOS ASIENTOS PARA EL PUESTO


Cuando miro hacia atrás y recuerdo las diferentes formas que teníamos para sentarnos en el puesto cuando yo era un niño y las que hoy día utilizamos, me doy cuenta que los años pasan volando. Y lo peor del caso es que casi sin darnos cuenta, con lo que ello supone. Estamos deseando que llegue el próximo otoño para ampliar el jaulero con savia nueva y la próxima temporada de caza de la perdiz con reclamo, sin ponernos a pensar que en el envite, nos va la vida. Un año más supone, un año menos en cada uno de los almanaques individuales, si no se presenta por el camino algo que nos lleva por delante en la flor de la vida. Y si la paciencia es una de las máximas virtudes que siempre se le ha atribuido al cazador de reclamo, inevitablemente, cuando se pasa la mitad del verano, nos olvidamos de tal particularidad y queremos, obsesionadamente, que el calendario corra al máximo, supongo que para llegar el primero  a una meta de una carrera que, en el fondo, no existe.

Así, siguiendo el hilo de lo expuesto, de tener las posaderas que ni las sentía, cuando estaba sentado un buen tiempo sobre un buen pedrusco, a estar cómodamente arrellanado sobre una de las sillas de hoy que, incluso algunas tienen el agujero pa el cubata, han pasado bastantes años. Por tanto, en el transcurrir del tiempo, en mi caso, desde la década de los sesenta del siglo anterior a estas fechas, el que más y el que menos, entre los que me incluyo, ha utilizado muchos asientos diferentes.

Así, volviendo la vista atrás, cuando acompañaba al abuelo Vicente o al tío Jerónimo, me sentaba en el suelo con un “roalillo” de matas de jaguarzo, torvisca, matagallo, cantueso… o, bien, una buena piedra, no muy irregular, para no pasarlo mal durante el tiempo que duraba el puesto.

Con el paso de los años, llegó el banquillo de trípode y asiento de cuero u otros matriales y con él, bastante tiempo utilizándolo para dar el puesto. De hecho, por mis manos, desde los años citados, han pasado tres de ellos, el primero adquirido por encargo, los otros dos, de fabricación personal y patas de haya que las compraba a una empresa del ramo que, como tantos negocios, cerró hace unos años. Sobre ellos, tengo que decir que conservo el primero y el tercero, pues el otro lo regalé a un amigo. En este tiempo, también he utilizado, muy ocasionalmente, una banqueta rectangular de fabricación propia, también con base de piel y con patas metálicas de cuadradillo ligero.

Luego, no hace mucho tiempo, como los años no pasan en balde, cambié a dos sillas con asientos de material sintético o de loneta, con su correspondiente espaldar y patas de tubos fuertes, pero de poco peso. El motivo no fue otro que el de buscar la comodidad, pues con banquillos tradicionales, donde se está durante bastante tiempo en posición poco adecuada, se termina con dolores de espalda y lumbares. Y ya no está uno para que, cada dos por tres, ir a cazar el reclamo con mucho trabajo, pues se llega a situaciones que no se puede uno mover, cuando se levanta del aguardo.

También tengo que decir que desde que estoy en Las Alpujarras granadinas -tres temporadas-, con puestos de piedra hechos para sentarse en el suelo, utilizo un cojín de foame/espuma, ya que el terreno suele estar “más que duro” cuando se lleva un buen tiempo dentro del aguardo.

 Además, en algún intensivo, donde todo está preparado, incluido aguardo y repostero, como asiento he tenido las clásicas sillas de plástico y/o de madera plegable.

Para finalizar, decir que lo plasmado ha sido el del día a día a la hora de sentarme en el puesto, pero eso no quita que, en momentos ocasionales, por razones de poca cabeza u olvidos, he utilizado, aparte de mis rodillas, piedras, manojos de matas con la sayuela encima, trozos de corcho, cubos-comederos, troncones de árboles, ropa de abrigo doblada, cajas de colmenas abandonadas… Es decir, de casi todo. Y al hilo de lo dicho,  recuerdo que una vez, hace ya sus buenos años, con mi hijo Pablo acompañándome al puesto cuando era pequeño y con mi banquillo para él, aguanté estoicamente sentado en una jaula de perdiz que llevaba en el coche, porque no encontraba nada adecuado en las inmediaciones del colgadero. ¡Y mis jaulas tienen todas ganchos …!

Y, como siempre, "Doctores tiene la Iglesia". Yo..., por mi parte, y he dado mi "homilía".

lunes, 28 de octubre de 2024

PROBLEMÁTICA DEL CONEJO DE MONTE EN HUELVA


Dos imágenes de cuando había y se cazaban conejos de monte en La Dehesa de Enmedio

El tema del conejo monte ya fue tratado en este blog en diciembre de dos mil diecinueva. Cinco años después, en Huelva, excepto en muy contados lugares, seguimos en las mismas, pues no hay un conejo por ningún sitio.

--- oo O oo ---

Para comenzar, decir que nuestro simpático conejo de monte, el que llenaba las mochilas de los cazadores hace unos años, ha desaparecido en bastantes zonas de nuestro país en donde antes abundaba, y que en dichos lugares llegaba a considerarse, auténtica plaga. De hecho, siempre ha habido tantos, que los fenicios llamaron a España I-Shphanim, tierra de conejos. Ni que decir tiene que, muchos siglos después, enfermedades como la mixomatosis primero y a partir de mil novecientos ochenta y ocho, la hemorrágica (EHV), la destrucción de sus hábitat a causa de los cambios en la agricultura tradicional, más el uso herbicidas, pesticidas, insecticidas… y, cómo no, el cambio climático y el desmesurado aumento de sus depredadores, han ido minando sus poblaciones, hasta llegar, en algunos puntos de nuestra geografía nacional, a estar bajo mínimos. Pero aun así, con todas las problemáticas citadas, algunos quedan, en bastantes sitios.

En esta línea, hablando con amigos y conocidos de las diferentes provincias andaluzas, que es lo nuestro, se puede confirmar lo anteriormente expuesto. No los hay, excepto casos muy puntuales, en forma epidemia, pero sí sigue habiéndolos en casi todos los parajes. Sin embargo, algo debe ocurrir en la gran mayoría de los terrenos onubenses, pues no es normal que, desde unos años antes del comienzo de este milenio, pues la EHV tardó unos años en llegar a Huelva, lo que antes era salir al campo y tener que cortar la jornada cinegética poco después, porque ya había bastantes conejos a repartir, se ha transformado en ver algún que otro ejemplar a primeros de cada año y, a partir de ahí, esfumarse por completo. Es decir, como si se los hubiera tragado la tierra, cuando hace unos temporadas en muchas propiedades, sin abusar, se le mataban muchos cientos de conejos. Por citar un ejemplo, Los Millares, finca de Villanueva de los Castillejos, donde anualmente se llegaba a los cincuenta mil, hoy…, casi ni se cazan.

Es más, en todo el Andévalo, madre del conejo y otras especies de caza menor, suponían un verdadero problema, pues a las repoblaciones de encinas/alcornoque, siembras de cereal, leguminosas girasol y huertas, le daban unos palos espectaculares.

Sobre el tema, apuntar a nivel personal que, desde el año mil novecientos ochenta y cinco, estoy cazando por diferentes acotados andevaleños y puedo certificar que, en estos casi cuarenta años, la situación ha cambiado por completo. Si, sobre los años noventa, cuando llegabas al coto por la mañana para echar una jornada cinegética, siempre llevabas algún que otro ejemplar que habías conseguido en la carretera, hoy día, terminas el día de caza y ni verlos. Así, en la finca que gestiono desde hace veinticinco años, La Dehesa de Enmedio, de Puebla de Guzmán, si durante unas temporadas, cuando la enfermedad vírica (EHV) ya había hecho sus estragos por muchos puntos de la geografía provincial, se le mataban algunos cientos de conejos, hoy día, cero patatero. Simple y llanamente porque, los muy poquísimos que hay, ni se ven. Sin embargo, el día a día de la finca no ha cambiado mucho en cuanto a la cuestión agrícola, ni ganadera, a no ser que, en la actualidad, se siembra mucho más que hace unos años y, curiosamente, con semillas del terreno sin tratar y abono no químico, solo estiércol de ovejas y de granjas de pavos. Sin embargo, y aquí está la madre del cordero, si hace dos décadas había un jabalí tal cual, hoy los hay por piara. Igualmente, si en aquellos entonces solo estaba la pareja de cigüeñas  de la torre de la iglesia del pueblo, hoy, hay un nido en cada poste del tendido eléctrico. Y encima, se establecen allí desde principios de noviembre, cuando antes, como dice el refrán “por San Blas, la cigüeña verás”, es decir, el cuatro de febrero. Por lo que, entre una fecha y otra, son tres meses de depredación campando a sus anchas. Luego, en epoca de anidación y cría, arrasan con todo, incluso con otras especies protegidas, dígase sisones, alcaravanes, chotacabras, calandrias, lagartos y lagartijas, culebras, salamandras... 

Y lo mismo que ocurre en La Dehesa de Enmedio, sucede en casi toda la provincia. Así, aunque la reproducción del conejo, es espectacular -cuatro a seis partos al año con una media de cuatro crías y madurez sexual a los seis meses-, la depredación la supera. En otras palabras, hay muchísimas más mortandad que nacimientos. Consiguientemente, las poblaciones de conejos no llegan a estabilizarse, pues entre las dos enfermedades citadas, el zorro, el jabalí, el meloncillo, la cigüeña… no levantan cabeza. Y no la levantan, porque no hay el mismo número de depredadores en tierras de labor y olivares que es donde estos abundan en otras zonas andaluzas, que en terrenos de monte bajo que es lo normal del paisaje onubense. Tan es así que, las pocas fincas que tienen conejos en la provincia, que se pueden contar con los dedos de una mano, son propiedades que llevan a cabo, por intereses diversos, un control de depredadores máximo, circunstancia que la mayoría de los acotados no pueden llevar a cabo, porque no pueden, por muchos motivos, permitírselo. Igualmente, en los terrenos anexos a fábricas y polo químico de la capital los hay en cantidades, porque quitando algunas colonias de gatos domésticos, no hay depredadores. Igualmente, ocurre en determinado enclaves cercanos a marismas y riberas dedicados a las siembras de fresas, arándanos, frambuesas, calabazas, melones y sandías… Tan es así que, cosa impensable en otros terrenos, dan permiso de descastes por daños.

Para finalizar, solo decir que en Huelva corren muchos bulos sobre el tema: la falta de vías férreas, el lince, los mosquitos…, pero eso correspondería al programa televisivo IV Milenio. La realidad es que, aunque suene a chiste, en un corral no pueden convivir conejos y alimañas, máxime cuando los conejos nunca se comen a sus depredadores. “Elemental querido Watson”.

                                ------------------

 Como complemento al artículo, decir que, desde que se abrió la veda del conejo con perros esta temporada, once de agosto, en La Dehesa, la finca que gestiono, no habíamos salido a cazarlos hasta el pasado sábado que echamos un rato para ver cómo estaba la cosa, no perder la costumbre cinegética y charlar un poco entre amigos. El resultado de la jornada, con once escopetas, fue cero conejos, simple y llanamente porque, otra temporada más, no los hay. Y eso que se  sembraron en noviembre pasado cerca de cien hectáreas de trigo duro. Y al no haber conejos -elemento fundamental en la alimentación de los carnívoros silvestres-, en esta propiedad y en otras muchas de la provincia, las miras de los depredadores se ponen, aunque sea más difícil echarle mano, en la perdiz roja y, además, en la liebre, pues no se no olvide que este personal come todos los días.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi “homilía”.

------------------------------------------------------------

PD. Para finalizar decir que, si se escriben comentarios al artículo desde el apartado de Anónimo, pongan al final del texto escrito nombre y apellidos. Si no es así, aunque a veces sea una pena por su aportación, no se publicará lo expuesto.


domingo, 20 de octubre de 2024

SIEMPRE DECIMOS QUE NO, PERO, AL FINAL, UN BANDO O, INCLUSO, MUCHOS MÁS.

 


Una imagen de lo que debería ser mi jaulero según posibilidades personales. Con doce pájaros estaría más que bien.

La historia, normalmente, siempre se repite, Así, cada temporada que finaliza, viendo que durante la misma, muchos aspirantes a reclamos se han quedado sin darles las oportunidades que requerían, nos juramos y perjuramos, que es la última vez -después de soltar muchos componentes de nuestros jauleros-, que nos juntamos con un número desmedido de machos de perdiz a los que nos cuesta trabajo ver lo que nos pueden ofrecer. Incluso, algunos de ellos se les da largas sin tener la más mínima seguridad de sus posibilidades a la hora de salir al campo. De hecho, no sería la primera vez que hemos regalado un determinado aspirante a pájaro de jaula al parecernos que no reunía condiciones para nuestro jaulero y, una vez, en manos de otro pajaritero, que le ofrece más oportunidades, termina rompiendo en un buen reclamo.

Pues bien, la teoría anterior la conocemos todos de sobra, por lo que, anualmente, al finalizar el periodo hábil de la caza con reclamo de perdiz, nos decimos que se acabó, que la temporada próxima no vamos a juntarnos con un bando amplio de reclamos. Sin embargo, llegadas las primeras aguas y el comienzo de las ferias cinegéticas, hay un algo, que no sabría definir, ni explicar, que nos conduce a volver a tropezar en la misma piedra. El resultado final es el de siempre: otro buen bando, incluso en muchos casos, una auténtica barbaridad. Lo sabemos, pero volvemos a reincidir.

Por todo ello, quien escribe estas líneas ha vuelto a picar en la Feria Cinegética de Gibraleón, aun teniendo claro que el número de inquilinos del jaulero debe ser sobre ocho o diez pájaros de jaula, más tres o cuatro pollos que ingresen por temporada, para suplir a los que ya han dado de sí lo que debían de dar. A pesar de ello, a veinte de octubre, fecha de hoy, ya tiene dieciséis pájaros perdices (uno de siete celos, cuatro de cuatro celos, tres de tres celos, cuatro de dos celos y cuatro pollos del año). Y este número, aun colgando en zona baja, media y alta, creo que es excesivo, puesto que, la realidad del día a día, al final…, no es otra que la de no poder “atender” a todo ellos con las mismas posibilidades. Y lo que es peor…, alguno más llegará.

Para terminar, decir que aparte de lo expresado existen muchos condicionantes que se pueden poner para redirigir lo expresado: edad de los reclamos, pájaros metidos en años que, por cuestión sentimental y cariño, siguen en el jaulero, posibles bajas puntuales, enfermedades transitorias, regalos a los que no se puede decir que no -que los hay-, alicortados en cacerías, simplemente porque nos gusta tener y hacer pájaros… Pero…, en el fondo, la realidad nos dice que un jaulero con muchos inquilinos, si no se es muy racional con las salidas, circunstancia nada fácil, no es ni productivo, ni procedente. Y no lo es porque, aun saliendo al campo todos los días, siempre habrá reclamos a los cuales, por circunstancias diversas, no se le den verdaderas posibilidades, en la posible calidad de los colgaderos, ni en el número de salidas al campo.

Por supuesto, no me voy a meter en el conocido: “antes se tenían tres o cuatro pájaros”, pues es sabido que los tiempos han cambiado y las posibilidades son totalmente diferentes.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo…, por mi parte, ya he dado mi "homilía".

                              --------------

PD. Por favor, si se escriben comentarios al artículo desde el apartado de Anónimo, pongan al final del texto escrito nombre y apellidos. Si no es así, aunque a veces sea una pena, no se publicará lo expuesto.


lunes, 14 de octubre de 2024

IMPORTANCIA DE LOS FACTORES QUE ACOMPAÑAN AL RECLAMO

          En estas líneas que vienen a continuación, expongo de forma muy personal algunos factores que acompañan al reclamo y que hacen que, para mí, un pájaro de jaula sea santo de mi devoción o, por el contrario, no me entre por los ojos. Por supuesto, ni que decir tiene que, lo que yo opino de un reclamo puede ser compartido o frontalmente rechazado, pero, como digo siempre es mi opinión sobre el tema. Por supuesto, en el artículo no me refiero a la calidad de los pájaros de jaula, sino a sus características individuales que hacen, se quiera o no, que un aspirante a inquilino de un determinado jaulero, tenga futuro o no.

                                    ---- oo O oo ----

En la caza de la perdiz con reclamo, como en cualquier actividad, en este caso, cinegética o venatoria, existen una serie de factores que, de alguna forma, pueden influir en la concepción que tengamos sobre nuestra afición pajaritera, pues aparte de tener como en otras formas de caza un fin, es este supuesto, la muerte de las patirrrojas que entran al reclamo tras el trabajo del que esté en el repostero, existen otros componentes que, según el cuquillero de turno, variarán en grado diferente. Está claro que, lo que para un aficionado tiene poca importancia, para otro puede tener mucha o viceversa. Así, desde la coloración y belleza del plumaje, hasta las formas y variedades del canto, existen una serie de elementos, tanto del fenotipo, como algunos del genotipo, que pueden influir  en la calificación o valoración que se le pueda dar a un reclamo. Eso sí, como la vara de medir o ver, en este caso, varía de un perdigonero a otro, entramos en el ámbito de la diversidad, pues cada uno es un mundo.

Y como para gustos, los colores, en mi caso voy a exponer lo que yo pienso de diez factores -por fijar un número muy usual- que acompañan a los pájaros de jaula y que nunca pasan desapercibidos para mí. De hecho, en tertulias y diálogos con otros aficionados, muchos de ellos salen a relucir, incluso, a veces, se puede elevar el tono de la conversación por cuestiones de poca transigencia en los pareceres propios de unos y otros.

De acuerdo con el párrafo anterior, el hablar de los célebres estándares fenotípicos de los reclamos que siempre se han puesto como ideales: cabeza gorda, pico gorrión, plumaje sedoso y brillante, tufos corridos, corbata grande, patas cortas…, son formas de valoración de los mismos, pero, en principio, nunca excluyentes, ni para mí ni, creo que para nadie, aunque siempre existen los caprichos y manías pajariteras personales.

Así, en base a lo dicho, pienso y creo a nivel personal, ideas tan válidas como cualquiera, aun cayendo en posibles errores, que el pájaro de jaula debe reunir ciertas singularidades para que sea de mi agrado. Por tanto, desde lo máximo en las aptitudes y actitudes de un reclamo, a quienes piensan que da igual todo, con tal que cante en el repostero y se le tire caza, existe un mundo de diferencias. Yo, a nivel personal, no quiero ni un Pavarotti, ni un radiocasete; ni un óleo de Velázquez, ni la peor pintura. Quiero y tengo lo que me gusta. Y esto, mis ideas, se pueden resumir en estos diez mandamientos personales:

1.- En cuanto al aspecto externo decir que me gusta un pájaro que entre por el ojo, pero sin excluir a quien no es una pintura, a no ser que sea una auténtica fregona sin palo. Es decir, un pajarete que tenga buena planta y poco más.

2.- En cuanto a la coloración, siempre que sea la normal de la perdiz española, pero sabiendo que los tonos pueden variar, según el hábitat donde vivan, no soy muy exigente. Eso sí, el azulado de la pechuga, aunque me encanta, cada día se ven menos perdices con tal tonalidad, posiblemente por la hibridaciones. Por supuesto, ojos y patas me gustan mientras más rojos, mejor. Una buena corbata y un moteado cuantioso a su alrededor, me encantan. Luego, en cuanto a coloraciones por mutaciones genéticas, como pueden ser los pechiblancos, platas, blancos, cairos/azafranes, cobres…, aunque haya tenido alguno, no son santo de mi devoción, pues me gusta el jamón con jamón y el melón con melón; pero nunca, jamón con melón. Por supuesto sí entiendo que hay machos de jaula que presentan curiosidades en su plumaje como pueden ser algunas plumas blancas o motas negras en pechuga y tras las patas.

3.-  A mí, el pájaro grande no me desagrada, pero me gustan “recortaítos”. Eso sí, de cabeza grande y patas cortas, pues odio los “aflamencaos” cuando hablamos de ellas.

4.- En cuanto al pico, a no ser por roturas/fracturas y posteriores “apicochamiento”, los prefiero de pico fuerte, pero corto. En cuanto a las patas, me gustan los “patilisos” o con espolón pequeño, pues pienso que los reclamos de espolones grandes suelen ser fuertes en muchos aspectos en sus día a día.

5.- En lo referente a su comportamiento en casa, en el jaulero, debo decir que los saltimbanquis y sacadores de agua o los de copas, ni verlos, pues son manías excluyentes para mí. Por supuesto, pájaros que no dan la cara y guardan la distancia, mejor que mejor, porque no me gusta el picamiento de dedos, ya que algunos, de tanto manoseo, terminan muñequeros. En una palabra, me gustan nobles, que no se inquieten con mi presencia, pero no excesivamente mansos.

6.- En lo relativo a la música, para mí es muy importante un reclamo o cante de mayor sobrio y limpio -cantos hibridados o agallinados, no-, potente y de bastantes golpes, aunque los he tenido buenos, con no muchos. Cuchicheo pausado y no de locomotora, alternados con un piñoneo de suave entonación. Si a esto se le une el titeo o cañamoneo, que no todos los ponen en práctica, miel sobre hojuela. Por supuesto, los cantes de cañón ahembrados, aunque no me gustan, reconozco que matan mucha caza.

7.- Y vamos al campo. Para empezar, aunque los reclamos breguen un poco al colocarlos en el pulpitillo, no me importa, pero deben dejar dicha actitud, en cuanto me meta en el aguardo. Luego, mi pájaro debe tener pronta salida y alternancia de cantos, aunque las montesinas estén mudas. Que haga sus paradas, pero de trabajo continuo. Por supuesto, un reclamo que dé el do de pecho -que es lo que pido-, al menos, una hora/hora y media tiene que estar “liao”, aunque no escuche campo. Además, si no tiene depredadores cercanos, es decir, en todo lo alto, no debe interrumpir su trabajo, como si pasan por las cercanías ganado o coches, sin irrumpir en la plaza.

8.- Lógicamente, llegado a la última parte de la faena, debe -irrefutable condición-, recibir a lo que entre en plaza. Así, aunque me gustan erguidos y dando de pie bajito, acepto casi todo, menos las bulanas agresivas y amenazadoras cuando intuye la cercanía o ve a las patirrojas, pues nunca me ha atraído la fortaleza física. No me gustan los aspavientos tipo Sansón, pero, por el contrario,  me encantan las calladas de cercanía. Además, si al principio hay algún aplaste, no me importa, siempre que sea muy pasajero -mi Chimenea echó cuerpo a tierra dos veces y ha sido el mejor-. Huelga decir que el cargar los tiros sobre la marcha, aunque no se haga en los primeros puestos, no se le debe dar mayor importancia. Eso sí, reclamo de un solo disparo, para los regalos, por muy bien que lo haga en todo lo demás.

9.- Más tarde, acabado el lance o puesto, aunque a todo el mundo le gusta que lo reciba su reclamo cuando se acerca a él, palilleándole y hablándole y, que luego, tome la cacería abatida, cuando se le acerca, creo que tales circunstancias no son fundamentales, siempre que no sea un proceder incontrolado y organice con sus saltos, chirridos, aleteos y demás, una auténtica  “fiesta”.

10.- Como remate a “la faena”, existen particularidades de nuestros reclamos que nos pueden gustar o no, pues como empecé, el libro de los gustos está abierto. Y como el que suscribe forma parte de ese libro, vayan por delante algunas de ellas, tanto de mi gusto como de las que no aguanto. Está claro que me gusta que mis reclamos no canten mucho en casa y que no formen la de Dios con vecinos de jaulero o con otros nuevos inquilinos del mismo. Que sean dormilones y que les guste comer y, por lo tanto, que sus “cagales” sean abundantes y gordas. Que suelten pocas plumas, mientras están en la jaulas. Que se afilen el pico frecuentemente y se acicalen el plumaje con asiduidad. Por supuesto no me gusta que  alambren o boten cuando limpio sus habitáculos.

Por al contrario, nunca me ha gustado encontrarme un huevo en las jaulas o terreros, señal inequívoca de un error mío o de otros. Que no se pongan broncos y desabridos cuando me acompañan amigos o conocidos que visitan el jaulero. Que soporten, sin mucho baile a perros u otras mascotas de la familia o amigos. No hay que decir que cuando llegue al repostero o a casa tras la jornada no llegue hecho un adefesio debido botes y alambreos, tras el trayecto. Y como punto final del artículo, de esta “declaración de intenciones”, nunca he soportado que el reclamo salga al campo y hasta que no lleve una serie de puestos, no abra el pico o eche diez reclamaítas, dos curicheos y tres piñones y se acabó.

Y, como siempre, “Doctores tiene la Iglesia”. Yo, por mi parte, ya he dado la "homilía".

                                      ----------------

PD. Por favor, si se escriben comentarios al artículo desde el apartado de Anónimo, pongan al final del texto escrito nombre y apellidos. Si no es así, aunque a veces sea una pena, no se publicará lo expuesto.