miércoles, 30 de diciembre de 2015

EN BUSCA DE POLLOS EN LA FINCA LAS MEDIANAS



Un pavo real dándonos la bienvenida y una cierva comiendo en mis manos.

Esta mañana, en unión del amigo Juan Conde, nos hemos trasladado hasta la finca Las Medianas, perteneciente al término municipal del Cerro de Andévalo, para comprar un pollo que el amigo Juan le tenía prometido a mi amigo y compañero de caza, Manolo Monecillo.

En dicha finca andevaleña, una preciosa propiedad de 800 ha, hay montada una pequeña explotación cinegética de perdices, dedicada principalmente a repoblación propia y acogida al Plan de Pureza Genética de Consejería de Medio Ambiente de la Junta de Andalucía. De camino, una mínima parte de los ejemplares machos se venden para reclamos, aunque dicho sea de paso, tal circunstancia no es muy conocida entre los aficionados onubenses. Sin embargo, mediante un amigo de la zona, me enteré del tema y he querido probar para ver cuáles son los resultados.

Decir que, en principio, los ejemplares que he podido ver de cerca, aparte de nobles y bien conformados en cuanto a su morfología, poseen singularidades específicas muy semejantes a nuestra auténtica perdiz roja salvaje. De hecho, uno de los trabajadores de la finca me comentaba que la mayoría de las parejas reproductoras proceden de la propia finca o bien cedidas por la Consejería de Medio Ambiente.

Tan me entraron por los ojos los pollos, que ya no solo nos trajimos el de Manolo, sino que vino otro para mí. Lo que viene a dejarnos claro, una vez más, que los perdigoneros no podemos ir a lugares donde se puedan adquirir nuevas promesas,  pues la mayoría de las veces, como ha sido el caso de hoy, picamos. Y ya no es picar, sino que el bando que tengo en casa cada vez es mayor. Ni más ni menos que quince. Una auténtica burrada

Dos imágenes de la pequeña explotación de perdices. En la primera se puede ver a parte de las jaulas de puesta. La segunda nos muestra un extremo de uno de los dos voladeros que tiene la finca que, como se puede apreciar, en estas fechas ya tiene pocos inquilinos.



En esta última toma, se puede apreciar el colorido del plumaje y de las patas del pollo que me traído para casa.




         Por cierto, con las últimas aguas caídas, que no ha estado mal la cosa, el campo empieza a recobrar su normalidad. En unos días estará precioso.

lunes, 28 de diciembre de 2015

VOLVEMOS A LAS MONTERÍAS




Después de un mes y medio apartado del mundo de la caza por motivos de salud, este pasado domingo acompañé a mi hijo Pablo y a mi hermano Adolfo a Calañas para echar el rato de montería y volver a charlar con los amigos monteros de la localidad andevaleña.

Así, con una mañana fría y con viento, se monteó la mancha La Atalaya, finca situada en la zona del Cobujón y con una preciosa vegetación de pino piñonero eucaliptus y monte bajo y que año tras año presenta unos buenos números de reses abatidas. De hecho, aunque marranos cada vez hay menos por la zona, siempre se va a las puertas que han correspondido en los sorteos con la ilusión de abatir algún buen ejemplar, como de hecho ocurre de vez en cuando. Por el contrario, casi todas las manchas de Calañas están bastante buenas de venaos, lo que se traduce en buenos ejemplares en la mayoría de las jornadas venatorias.

El resultado de ayer no fue malo puesto que se abatieron unos buenos pocos de ciervos -todos con más de diez puntas, premisa para poder dispararles-, algunas ciervas y ocho guarros. Entre ellos, mi hijo Pablo se quedó con un venadete de once puntas y mi hermano una cochina medianeta y una cierva.

martes, 22 de diciembre de 2015

FELIZ NAVIDAD


¡Feliz, feliz Navidad, la que hace que nos 

acordemos de las ilusiones de nuestra 

infancia, le recuerde al abuelo las alegrías 

de su juventud, y le transporte al viajero a 

su chimenea y a su dulce hogar!


                                                         Charles Dickens


miércoles, 16 de diciembre de 2015

TIEMPO DE SOLEO.

                                                                              Rato de soleo matutino
Por estas fechas, año tras año, los perdigoneros andamos atareados ofreciéndoles a nuestros reclamos todo aquello que pensamos puede servir para que se pongan a punto con miras a la apertura de la veda, allá por la segunda quincena del próximo mes de enero.

De esta manera, verde, bellotas y castañas picadas…, varios días a la semana, es lo común por estas fechas de comienzo del invierno. Eso sí, sin pasarnos para evitar las tan temidas mudas extemporáneas. Pero además, desde hace ya algún tiempo los aficionados solemos solear al personal. Bien por la mañana, o bien por la tarde, colocamos los reclamos al sol para que se pongan más bonitos al recibir la vitamina D, que hace, entre otras muchas cosas, que sus ojos, picos y patas vayan adquiriendo el  atractivo color rojo.

Sobre el tema del soleo, como se puede apreciar en la imagen superior, este año me he hecho de una red para echársela por encima de las jaulas y, con ello, evitar que, tanto gorriones, como palomas, puedan posarse en los comederos y provocar enfermedades en los reclamos.

En las dos imágenes que vienen a continuación se puede ver el estado actual de Chimenea, en primer lugar, y del Alpujarreño en segundo. Han hecho una buena muda y ya están adquiriendo el atractivo color rojo.



Para terminar, decir que hasta aquí podemos llegar los cuquilleros. Es decir, el ofrecerle a nuestros reclamos todo lo que esté en nuestras manos para que lleguen en óptimas condiciones a la apertura de la veda. Ahora bien, la climatología es una base fundamental y este año, al igual que los anteriores, la cosa no pinta bien. El otoño comenzó de forma inmejorable, pero hace mes y medio que no llueve y tal circunstancia para nuestras patirrojas es lo peor que les puede ocurrir. Y lo peor del caso será que cuando llegue enero se meterá una invernada de las de época, con frío y viento. Justamente lo que no debería ocurrir. Tiempo al tiempo.


sábado, 14 de noviembre de 2015

UN BUEN DÍA EN LA DEHESA


                                                El grupo participante en la jornada de  caza.

 En el día de hoy mi hijo Pablo, los compañeros de coto y yo nos hemos trasladado hasta Puebla de Guzmán para echar un rato de caza en nuestro coto La Dehesa de Enmedio, charlar sobre cómo se va desarrollando la temporada cinegética actual y, como no, tomar unas cervecillas, unos vinillos y degustar productos de la tierra.

El día para no desentonar ha sido fabuloso: soleado, templado y con poco viento. Si a ello le unimos que el campo está precioso y que por fin se empiezan a ver los resultados del cuido de la finca, se puede decir que la jornada ha sido ideal para matar el gusanillo, puesto que los campos por esta zona de nuestra Comunidad no están para tirar cohetes. Es más, como nuestro coto no tiene mucho monte, las perdices, como todos años, es complicado entrampillarlas y que vayan a las puertas. Si a esto le unimos que no somos muchos socios, el abatirlas es muy complicado. Lo bueno es que se mueven bastantes bandos, cosa que no ocurría en años anteriores. Señal inequívoca que para la caza con el reclamo la situación pinta muy bien.

En resumidas cuentas que entre ocho escopetas, desde las nueve y media hasta las trece horas, nos hemos llevado para el cortijo once liebres, dos conejos, una perdiz, una pitorra o becada y dos codornices. Números no muy abundantes, pero que, con los tiempos que corren, saben a bendita gloria.

viernes, 13 de noviembre de 2015

LA GRAN DIFERENCIA ENTRE LA PACIENCIA Y LA ANSIEDAD

               Ahora, cuando nuestros reclamos se encuentran en fase de encelamiento, es una época ideal para que reflexionemos sobre las cosas que hacemos mal y nos propongamos no volver a tropezar en la misma piedra. De ello depende muy mucho el futuro de nuestros reclamos y, en particular, de los más jóvenes.

             Aunque todos conocemos perfectamente el tema, hablamos de él con propiedad y nunca somos de los que comenten tal error, la dura realidad viene a confirmarnos que, a veces, aunque sabemos de sobra  lo que suele acontecer cuando no actuamos como deberíamos hacerlo, caemos en la tentación y, en un pispás, tiramos por tierra lo que cuesta mucho trabajo llegar a conseguir: un buen reclamo.

         Aun partiendo de la base de que el que tiene madera de pájaro puntero, en una gran mayoría de las ocasiones, suele salir adelante, aunque su dueño le haga más de una perrería, lo normal es que, durante el periodo de aprendizaje de los pollos, debemos extremar el buen obrar en nuestras actuaciones, para, con ello,  evitar que lo que tiene muy buena pinta, termine siendo un mochuelo más, por nuestro mal y torpe proceder en el momento más importante de la faena de un reclamo: el disparo.

         Si bien, muchas veces, la mala suerte acompaña en un determinado lance: yerro en el disparo, plomo de cabeza y correspondiente botes del campero ante los ojos del reclamo, ataque de una rapaz u alimaña, herida por plomo rebotado…, también es verdad, que existen situaciones en las que el que está en el aguardo, bien por inexperiencia,  por nerviosismo, por ansias de llegar al cortijo con una buena percha de patirrojas…, no obra como debiera hacerlo y, en un segundo, lo que se tarda en apretar el gatillo, estropea un buena promesa de pájaro de jaula. Por tanto, si la paciencia es uno de las grandes cualidades que todo cuquillero que se precie de ello, debe poseer, la celeridad en la suerte suprema suele ser fatal. Debido a ello, disparar sin que se cumplan las condiciones que se deben dar en tal primordial momento es sinónimo de fracaso. Si se dispara, sin que el neófito que está atalayado en el repostero esté cumpliendo una serie de pautas que se supone que debe llevar a cabo, o nos precipitamos en el disparo, antes o después, nuestro proyecto de reclamo nos la jugará.

         Por todo ello, puedo decir con la mano en el corazón, que alguna vez me he ido de ligero. Es más, creo que muchos compañeros también han actuado de dicha forma y, al igual que yo, habrán echado a perder algún que otro pollo en el que se tenían puestas muchas ilusiones. De esta forma, el disparar sin que haya recibo o éste no sea de pico, el hacerlo sin la total certeza de que el novel de turno estuviera viendo perfectamente a la patirroja que andaba por la plaza, el intentar una carambola sin la seguridad total de éxito, el disparar cuando las montesinas hayan iniciado la salida de plaza a toda velocidad por extrañar algo… son situaciones que suelen darse y en las que más de una vez hemos caído, puesto que, en lugar de quedarnos quietecitos esperando mejor ocasión, hemos disparado. En una palabra, en pocos segundos habremos acabado, con casi total seguridad, con lo que se tarda mucho tiempo en conseguir, si es que se consigue.

Por tal motivo, la falta de paciencia a la hora del disparo y la avaricia no deben formar parte de nuestro proceder, si queremos que el pollo que nos está dando un buen puesto pueda llegar a ser un pájaro puntero en el futuro. Es una máxima que nunca podemos olvidar, aunque la temporada nos vaya mal y el compañero que da el puesto en los alrededores del nuestro, situación que a veces es un hecho, haya disparado varias veces. Si no la cumplimos y optamos por quitar de en medio al que está en plaza, para llegar al cortijo diciendo que hemos tirado, sin que el del matojo esté dando el do de pecho o se reúnan las condiciones óptimas, en un instante, acabaremos con lo que cuesta mucho tiempo y trabajo que llegue a nuestro jaulero, siempre que tengamos la suerte de tropezar con él.

         Es más, casi me atrevería a decir que, nuestros campos han visto deambular por sus parajes a muchos pájaros de jaula, que si no hubiera sido por la poca paciencia y la avaricia del perdigonero de turno, en vez de haber sido presa fácil del más torpe de sus depredadores, hubieran llegado, al menos, a ser reclamos medianos, de los que uno se divierte con ellos sin ser pájaros punteros. Y todo ello por el ínfimo tiempo que se tarda en apretar el gatillo.


sábado, 24 de octubre de 2015

VUELVE LA MAGIA DE LAS SETAS.

                                                              Imagen del grupo con las cestas y setas.
Al igual que en años anteriores, cuando el otoño es lluvioso y templado como el que tenemos, aparte de que el campo adquiere una belleza difícil de contar con palabras, las mágicas setas hacen su aparición en muchos rincones de nuestra Andalucía. De esta manera, nuestra amplia cocina tradicional se ve enriquecida por diferentes especies que hacen de nuestros platos un verdadero manjar para quien se sienta a la mesa. Y no solo eso, sino que pasear por el campo para dar con ellas es un placer indescriptible para todos los que nos gusta la naturaleza.

Pues la Sierra de Huelva, aparte de sus maravillosos encantos paisajísticos es un lugar que ni pintado para echar el rato admirando sus maravillosos rincones, su exuberante flora y, de camino, si hay suerte, llenar unas buenas cestas con nuestras seductoras setas. Así, en estas fechas, tanas, gallipiernos, níscalos, boletus de varios tipos, champiñones silvestres, rebozuelos… forman parte de lo que podemos encontrarnos cuando salimos al campo en su búsqueda.


Ayer, sin ir más lejos y por primera vez en esta temporada otoñal, me trasladé junto con mi yerno y mi consuegro a la localidad serrana de Santa Ana la Real para echar el rato y matar el gusanillo. De hecho, tuvimos suerte, puesto que, entre los tres y un familiar de la citada localidad, conseguimos algunos kilillos para preparar unos buenos platos en casa. Eso sí, también tropezamos con dos especies mortales como son la Amanita phalloide y el Omplalotus olearius, por lo que salir al campo de setas requiere conocimientos y máxima cautela. Son maravillosas y de gran belleza, pero extremadamente peligrosas si no se conocen.


Cinco fotos de setas. La primera, segunda y tercera pertenecen a la maravillosa y siempre apetecible  y enigmática Amanita caesarea o tana. La tercera es una Macrolepiota o gallipierno y, por último, la última pertenece a una Lactarius deliciosus o níscalo.






Estas dos instantáneas nos muestran ejemplares que es mejor tenerlos lejos. Dos muy venenosos: A. phalloide y O. olearius



lunes, 12 de octubre de 2015

BOTADAS O REVUELOS NOCTURNOS




Las imágenes anteriores pertenecen a Chimenea, Alpujarreño (2ª y 3ª) y Rampalea.

  Una de los cosas que siempre preocupan al aficionado al reclamo, no es otra que el revuelo o botada nocturna. Suele ocurrir con relativa frecuencia y, en principio, no supone un gran problema, puesto que todo se queda en unas plumas levantadas de la cabeza y otras que pierden y te las encuentras esparcidas por el suelo.

   Ahora bien, otras veces, el revuelo adquiere una magnitud tal, que se transforma en un verdadero descalabro para algunos reclamo, incluso “dejándose el pellejo” en el mismo. No es normal, pero ocurre. De hecho, hace unos cinco o seis años, una noche de Reyes, se me desgració un muy buen reclamo en una botada y nunca más sirvió.

    Cuando esta situación se da en un jaulero y todavía queda mucho para abrir la veda, los reclamos afectados se recuperan, si no ha sido de mucha gravedad el accidente y ya está. Pero cuando esto ocurre poco antes del comienzo o durante el periodo hábil, menuda papeleta se nos presenta.

   ¿A qué es debido este estropicio? Pues la verdad es que no está claro el motivo. Mucho se ha escrito sobre el tema, pero nadie da con la clave. Lo que sí es cierto que, en un momento de la noche/madrugada, uno de los los reclamos de un determinado jaulero se asusta por el motivo que sea o sueña, según algunos, y comienza la algarabía, puesto que al botarse uno, luego le siguen otos más. Curiosamente, la gran mayoría de las veces no son todos, pero sí algunos. Y estos lo sufren y, en ocasiones, más que bien. Las soluciones preventivas tampoco están claras, ni tienen base científica. Tan es así que unas de ellas consiste en ponerle un gorrito de goma a las jaulas para amortiguar los golpes, pero esto en mi caso no ha funcionado

   Pues sin ir más lejos, esta mañana, sobre las 7,45 horas de este día tan señalado, veinticuatro horas después de pasarlos a la jaula, recién levantado y mientras echaba un rato de ordenador para ver unos arreglos que me ha hecho un amigo en la configuración general de  mi blog, he escuchado un ruido que, en un principio, creía que venía del piso de arriba, pero a los pocos segundos, me he dado cuenta que procedía de la terraza donde tengo los reclamos, sacados ayer de los terreros. El resultado ha sido un poco descorazonador, pues tres de ellos tenían la cabeza bastante afectada y había un gran plumerío en el suelo de las jaulas. Y lo peor del caso es que entre estos estaban Chimenea y Alpujarreño, mis dos mejores reclamos y, como dije con anterioridad, la jaula de este último tiene un techo de goma. Luego, Rampalea y un pollo, ambos regalos de este año, también estaban afectados. Ya hacía años que no me sucedía esto, pero hoy ha ocurrido otra vez.


Alpujarreño y sus lesiones en fase de inicio de cura.


Esperemos que este mal trago solo sea flor de un día y no se vuelva a repetirse este año, pues con una de éstas sobra. Y ni que decir tiene que deseo y espero que lo ocurrido solo hayan sido pequeñas lesiones que se curarán con el tiempo.

miércoles, 7 de octubre de 2015

SE ABRE LA VEDA.



                                                    Tres momentos de lances cinegéticos.

         Aunque ya más de uno ha apretado el gatillo en el descaste de conejos y en la media veda, tradicionalmente nuestra fiesta de La Hispanidad/Virgen del Pilar nos trae la apertura de la veda en todas las modalidades de caza.

         Echando la mirada hacia atrás, estos días de primeros de otoño, cuando el fresquillo hacía su aparición y el campo nos embriagaba con su maravilloso aroma que emanaba el pasto húmedo, eran unas de las fechas escogidas por los aficionados a la caza de muchas familias andaluzas para, alrededor del acogedor brasero de las casas o no muy lejos de las chimeneas de los cortijos, recargar un buen número de cartuchos que servirían para llevar algo a las necesitadas despensas y alacenas de las casas e, incluso, para obtener  unas pesetillas con la que ayudar a la estrecha economía familiar. Así, tacos de distintos materiales, plomos de diferentes grosores, vainas de cartón o plástico, pólvora, pistones, fulminantes, calibrador, rebordeador… suponían la antesala de maravillosas jornadas de caza. Por supuesto, no faltaba el aceite, incluso viejo de freír, para que aquellas vetustas escopetas, incluso muchas de un solo caño, estuvieran a punto.

         Aunque daba igual la fecha, porque se cazaba casi todo el año, las primeras aguas traían consigo que los ejemplares cazables adquirieran la madurez y desarrollo suficiente para llenar muchas mochilas en toda nuestra geografía y hacer más que felices a los pocos que practicaban la actividad cinegética. De esta manera, los conejos, liebres, perdices, palomas, pitorras..., muy abundantes en cualquier rincón de nuestra geografía, hace ya algunos años, suponían el verdadero santo y seña de la caza tradicional en Andalucía y España. No quiero decir que no se abatieran algunos jabalíes, ciervos, gamos, rebecos, cabras monteses…, De hecho, en numerosas casas se podían ver, colgadas de las paredes,  preciosas cabezas de los ejemplares antes citados y su carne servía para la alimentación familiar, pero la caza menor era la modalidad escogida por la gran mayoría de los que le gustaba la escopeta, porque era mucho más fácil acceder a la misma. La caza mayor quedaba para unos pocos que podían permitirse ciertos lujos y disponían de bastante tiempo libre.

         Hoy día, todo ha cambiado. Ya no se recargan cartuchos, ni se zurce o remienda la ropa dedicada para salir al campo, ni se caza para comer, ni se sale un rato cuando el trabajo lo permite para matar unos conejillos para el avío de casa, ni se mira cuántos cartuchos gastar… Hoy, muy al contrario, cazar es un verdadero lujo, pero se sigue practicando y, la mayoría de las veces,  solo para satisfacción personal de muchos de los que conforman el amplísimo colectivo de cazadores. De esta manera, armamento, munición, complementos y vestimenta de muy primerísimo nivel, comidas y hospedajes de postín, buena cantidad de billetes, kilómetros y kilómetros, todoterrenos, aviones… En una palabra como la noche y el día. Ya no se sale al campo para llevar algo a casa para preparar buenos platos. Hoy. en muchos caso, se sale al campo para conseguir buenas perchas de conejos, perdices, palomas, tórtolas…,  que  la mayoría se regalan porque en un buen número de hogares no gusta la carne de monte y, como no, por los trofeos en la caza mayor.

      Eso sí, cada uno a su forma, llegada esta época, es presa de un nerviosismo creciente que solo se aplacará cuando su dedo apriete el gatillo y el conejo, liebre, perdiz paloma…, jabalí, ciervo, gamo… correspondiente caiga abatido ante sus ojos. Atrás quedarán muchos meses de desazón y ansiedad. Ahora, con la llegada de las primeras aguas y el verdor de la hierba que empieza a cubrir cualquier rincón de nuestros campos, la veda está a punto de abrirse.

        A los que solo les gusta la caza del reclamo, todavía tendrán que esperar un poco, pero es época de cuido, recorte, soleo y encelamiento de los reclamos. Ahora, seguro que no se aburren, pues tienen entretenimiento para rato.

        Para finalizar, disfrutemos cada uno a nuestra manera. Pero cuidado, una vida vale mucho más que el mayor de los trofeos que podamos conseguir. No olvidemos que en la manos llevamos un arma, la cual carga el cazador y, según dice el refrán, la dispara el diablo.

        Y que no se nos olvide: un día de caza tiene que venir refrendado por una buena comida y una charla con los compañeros que participan con nosotros en la jornada cinegética, sea de caza menor o mayor. Si dejamos a un lado esto, nuestra afición  pierde muchos enteros.

lunes, 5 de octubre de 2015

UNOS DÍAS DE VACACIONES Y RECLAMOS.



Tres preciosas imágenes de una puesta de sol en Almería, Cabo de Gata y vista desde la finca El Mesillo Alto de Lorca. 
         Una vez acabado el periodo de adaptación escolar de nuestras nietas en los centros donde cursan Educación infantil, la semana pasada, nos trasladamos mi mujer y yo a la zona Almería-Murcia-Granada para pasar unos días por dichos lugares, conocer sus muchos y atractivos encantos, descansar y echar el rato de tertulia con compañeros aficionados al reclamo.

         En la primera escala del viaje, la capital y provincia almeriense, donde pasamos tres días y medio, aparte de visitar diferentes puntos de interés turístico, compartimos un maravilloso día con el amigo y perdigonero, curtido en mil batallas, Baldomero Molero, su esposa y otros amigos suyos. Así, por la mañana, estuvimos en su querida parcela/cortijo Posá de los Moleros -lugar de reuniones familiares- viendo y cuidando sus reclamos y demás animales que tiene allí. De camino, para que no faltara de nada, Baldomero me regaló un pollo del año pasado que no ha salido al campo. Ya por la tarde, quedamos los dos matrimonios para visitar algunos preciosos rincones de la capital andaluza, tomar unas cervezas y charlar largo y tendido sobre nuestra querida y controvertida afición a la caza de la perdiz con reclamo.


En las siguientes tres tomas, se puede ver a Baldomero Molero cuidando sus reclamos en primer lugar. A continuación una imagen de la placa que hay en la fachada de su parcela. Por último, y como dato curioso, se puede apreciar bastantes patas de sus patirrojas abatidas año tras año.




         El martes, muy a primera hora, pusimos rumbo Lorca, donde me esperaba Domingo García, pajaritero de tradición, artesano de primer nivel en un sinfín de cosas y conocedor del campo como el que más. Sabía que era un hombre muy puesto en el tema de nuestra actividad cinegética, pero no me imaginaba que sus conocimientos llegaran al extremo que pude comprobar in situ. Es decir, una verdadera enciclopedia del saber y del buen proceder. Pero además, una bellísima persona y desinteresada hasta extremos impensables. Una vez en la preciosa localidad murciana, visitamos su finca El Mesillo Alto y constaté de primera mano que, lo que él me decía por teléfono era una realidad irrefutable: una propiedad muy bien gestionada, cuidada al máximo hasta límites insospechados y, por consiguiente, debido a ello, nuestra decadente, en muchos lugares de nuestra geografía, perdiz roja salvaje, afortunadamente, mantiene unas más que aceptables poblaciones. De esta manera, dicho paraje seco y calizo, con una vegetación de monte bajo compuesta por lentiscos, esparto, albaidas, cantueso, tomillo, romero… más abundante pino carrasco y bastantes almendros, posee unos colgaderos con los que todos soñamos, donde las patirrojas autóctonas lugareñas dejan en evidencia a muchos reclamos catalogados como de primer nivel. Eso sí, la pertinaz sequía que, año tras año padece la zona, hace que los lances para enmarcar  y recordar sean cada vez más escasos y si a ello le añadimos la desorbitada proliferación del jabalí, nos encontramos con un verdadero problema para nuestra querida Alectoris rufa que habita en aquellos parajes. Ni que decir tiene que, aparte de visitar la finca, comimos en la misma y conocimos a Juani, su mujer, encantadora persona y compañera docente. Además, el amigo Domingo me obsequió con un reclamo con muy buena pinta, noble y poco cazado y una preciosa jaula artesanal.


Las cuatro fotos que vienen a continuación, nos muestran, en primer lugar una toma de otra parte de la finca. En segundo lugar, un precioso colgadero con una oída buenísima. En la tercera se puede ver a Domingo observando uno de los muchos comederos y bebederos que tiene el acotado. Por último y como curiosidad, se muestra un habitáculo de esparto hecho por él mismo para el traslado de reclamos recién llegado a sus manos.






          Ya de vuelta para Huelva, pernoctamos en Granada, pero antes, con lluvia incluida en la caída de la tarde, hicimos una pequeña parada en Cúllar, localidad donde está situada la granja cinegética El Chopo, gestionada y llevada hacia adelante por el amigo y buen profesional Alonso Segura. Así, en aquel atractivo y sugerente enclave cercano a las Sierras de Orce y de la Estancias, rodeados de olivos y almendros, los ejemplares de la misma, con certificado de pureza genética extendido por la Junta de Andalucía, van adquiriendo por estas fechas el maravilloso colorido y trapío que exhiben nuestras reinas de los bosques. Obviamente, me traje dos machos, aunque uno de ellos es para regalárselo a un buen amigo y compañero de coto.


Las siguientes dos instantáneas nos muestran a una toma de los reproductores de la granja El Chopo y a su dueño, Alonso Segura con uno de los reclamos que me traje de la misma.



         Por último, tras una larga noche tormentosa y con fuerte aparato eléctrico y lluvia por toda la zona, como pude comprobar por los enormes charcos y deslizamientos de tierra en las carreteras, hicimos una visita al amigo y compañero docente Pepe Ariza en Chimeneas. De paso, recogí otros tres pollos de su granja emplazada en Ventas de Huelma en la finca La India. Dos para encargos y uno para mí, con la ilusión de que se pueda parecer a mi gran reclamo del mismo nombre y procedencia.



      Como se  puede comprobar, aunque siempre digo que no hay que cargarse con muchos pájaros en el jaulero, me vine para Huelva con cuatro de ellos que, sumados a los ocho que ya tenía anteriormente, conforman un “bando” de doce machos de jaula. Eso sí, como exigente que soy en las actitudes que debe demostrar un futuro reclamo, tengo la seguridad de que algunos de los nuevos no llegará a la apertura de la veda, allá por mediados de enero. Es obvio que no todos serán nobles y tranquilos y, como he repetido infinidad de veces en este blog, los comportamientos contrarios, una vez en las jaulas, no los aguanto.    

jueves, 24 de septiembre de 2015

UNA MUDA MÁS

         Nuevamente, como año tras año, con el comienzo del otoño y la bajada de temperaturas, aunque siga la calor en horas puntas como está ocurriendo en esta estación que acaba de comenzar, nuestros reclamos habrán finalizado una de sus complicadas fases anuales: el cambio del plumaje. Posiblemente, los más mayorcetes todavía no hayan terminado de completar la muda, pero no tardarán mucho, aunque alguno de ellos no se haya desprendido de varias rémiges y/o timoneras que se le recortaron el año anterior. Ni que decir tiene que atrás quedan algunos meses de polvo, tierra y plumas por muchos rincones de las respectivas viviendas, aún con una buena limpieza. Y no digamos las continuas riñas con nuestras mujeres por culpa de lo citado anteriormente.

       Ahora, aparte de dichas incidencias, si el proceso de pelecha se ha realizado correctamente, nuestros pájaros lucirán un bello y aterciopelado plumaje verde-rojo-blanco-negro, con tonos marrones/ocres de diferentes gamas. Una hermosa “vestimenta” que adquirirá su verdadero lustre y esplendor cuando los primeros fríos hagan su aparición, allá por mediados de noviembre, época más o menos idónea para el paso por “barbería”.

         No es que sea una novedad, porque tal momento de nuestras perdices es tan antigua como la vida misma. Pero, éste le trae al cuquillero una bocanada de aire fresco que, casi sin querer, hace que sus ilusiones vuelvan, una vez más, a cobrar vida. Aparecen nuevos sueños, nuevos objetivos, nuevas posibilidades… En unas palabras: el nuevo otoño trae consigo, tras unos meses de vida anodina, que la semilla que nunca se perdió vuelva a germinar en la mente del aficionado al reclamo, como millones de ellas lo hacen nuestros campos con las primeras aguas. Atrás quedan los muchos sinsabores que nuestra ancestral afición nos produjo la temporada anterior y que, más de una vez, por nuestra cabeza rondara la idea de abandonar. Así, reclamos que no dieron la talla, aun con las muchas esperanzas que teníamos puestas en ellos, patirrojas camperas que nunca alcanzaron el celo que se les exige para una mediana temporada, fincas en las que dejamos parte de nuestra vida sin ver el más mínimo fruto, problemas personales y familiares… pasan como por arte de magia a mejor vida y la ilusión por la llegada una nueva temporada se va apoderando de nosotros.

           De esta manera, una vez más, incluso sin saber cuántas, todas las jaulas o muchas de ellas, adecentan hasta ponerlas níquel durante la época de “reposo”, volverán a ser la morada de nuestros “figuras”, aunque algunos de ellos no llegue ni al comienzo de la temporada hábil de caza porque son unos auténticos "cantamañanas", las sayuelas están como nuevas, las esterillas limpias, el portátil sin un desperfecto…Es decir, todos los pertrechos en perfecto estado de revista.

       Para finalizar, solo decir que este tema con otro título y algunas palabras diferentes, ya ha ocupado lugar en este blog en años anteriores y que, casi con total seguridad, el próximo año volverá a escena, pero en estas fechas viene como anillo al dedo hablar sobre el tema. Todos lo hacemos y yo no voy a ser menos.

        Suerte compañeros/as, y que esta temporada nueva que nos trae el otoño que ahora comienza nos devuelva o nos afiance la ilusión cuquillera.

En estas tres imágenes se puede ver, primeramente, a mis reclamos en los cajones de muda o pelecheros. La segunda y tercera foto nos muestra a dos de mis pájaros con el nuevo plumaje, tras un buen cambio de "vestimenta". Eso sí, unque me quedé con seis reclamos, los que ocupan los números 7 y 8 corresponden a dos pollos del año regalo de sendos amigos.





jueves, 17 de septiembre de 2015

¿QUÉ SE PUEDE HACER CUANDO LA SITUACIÓN NO MARCHA?

           Al hilo del artículo anterior, en el que expongo lo complicado que es el mundo de caza y lo mal que lo pasamos los cazadores, por lo mal visto que estamos, quiero dejar constancia en unas líneas que, aunque haya quien crea que la caza es un lujo y, a veces, puede que lo sea, en la gran mayoría de los casos, nunca más lejos de la realidad. Como botón de muestra puede servir el siguiente: finca La Dehesa de Enmedio, perteneciente al término municipal de Puebla de Guzmán, Huelva.

         Dicha propiedad, con matrícula de acotado H-11.454, situada en el Andévalo onubense y con una extensión de trescientas sesenta hectáreas, la gestiono como arrendatario de la actividad cinegética desde el año mil novecientos noventa y nueve, es decir, hace dieciséis temporadas. Pues bien, este precioso rincón del occidente onubense y andaluz, tradicionalmente “madre” del conejo, la liebre y la perdiz roja, en la actualidad, se encuentra bajo mínimos. Tan es así que, los días 15 y 29 de este agosto pasado, fuimos siete de los ocho socios que somos el primer día y tres el segundo a echar el rato, tomar una cerveza y, de camino, si era posible, apretar el gatillo y traernos algún conejillo para casa. Anduvimos por el campo, tomamos algunas que otra cerveza, picamos productos de la tierra, charlamos los compañeros, pero conejos, no logramos nada más que uno. Se tiraron cinco, pero todos se fallaron, excepto uno que mató mi hijo Pablo. En una palabra, un auténtico barquinazo. Una gran contrariedad para una finca que está bien gestionada, vigilada durante todo el año y con dieciocho comederos fijos y vallados con mallazo para evitar que las ovejas y algún que otro jabalí, especie  que va a más, se coman el grano que no les falta en ningún momento. Máxime, cuando no hace muchos años, a las once de la mañana se cortaba porque ya llevábamos seis u ocho conejos para cada uno.

Lo reseñado, en un primer momento, puede entenderse como una situación normal. Pero si se aclara con anterioridad que, en dicho acotado, en las últimas tres o cuatro temporadas, prácticamente no se ha cazado y que se gestiona con el máximo celo, ya no parece una situación muy lógica, pero, desgraciadamente, así es. El conejo ha desaparecido por la zona de Huelva casi por completo, como resultado de la célebre y temida enfermedad vírica -RDH-. Por tal motivo, y como consecuencia de tal regresión, la liebre y la perdiz se han transformado en los primeros focos de la depredación y, por lo tanto, están disminuyendo sus poblaciones alarmantemente. Tan es así que liebres cada vez hay menos, aunque sus números no son demasiado malos, pero las perdices, además de cazarlas también muy poco con el reclamo, no digamos. De hecho, hace unos años colgábamos cinco socios y entre unos y otros no se escapaba nada mal. A fecha de hoy, muy por el contrario, aun dejando, año tras año, muchas parejas en lugares claves de la finca, porque solo cazamos la jaula el amigo Manolo Monescillo y yo, cada vez crían menos y peor. Sin ir más lejos, la temporada pasada colgué nada más que seis u ocho días en todo el periodo hábil, porque tenía otros lugares donde hacerlo. Por tal motivo, en una determinada zona de la propiedad no se cazó el reclamo, por lo que, al menos, cinco o seis parejas quedaron en la misma, más las del resto del coto. Pues bien, los resultados que se preveían, a fecha de hoy, no se ven. Algún que otro bando y poco más, ni las parejas que se dejaron. En unas palabras: pagamos nuestros buenos dineros en la cuota anual de socio, en la vigilancia, en las tablillas, en el grano, en los desplazamientos, en el adecentamiento y cuidado de la vivienda, en el desmonte de zonas con mucha maleza…, pero los frutos obtenidos cada día son más desalentadores. Y tal circunstancia no es buena, porque cuando se empieza a perder la ilusión y el empeño que se debe poner en una actividad, malo. Eso sí, como mal de muchos, tengo que decir que la tremenda regresión en las especies cazables  citadas no es cuestión puntual de mi coto, sino que toda la provincia, al menos en conejos y liebres, está igual. En cuanto a las perdices, donde se sueltan de repoblación, hay todas las que quieras, pero donde son de las que cría el terreno, como es nuestro caso, cada vez van quedando menos.

Lógicamente, la pregunta que nos hacemos todos los socios, viendo el triste panorama, es obvia y lógica: ¿qué se hace en estos casos, se abandona lo que se le tiene mucho cariño o se lucha, año tras año, aun sabiendo que los resultados no mejorarán?

Por todo ello, cuando uno escucha hablar sobre la afición a la caza y sobre los cazadores de forma desconsiderada e, incluso, acusadora sin el más mínimo fundamento, al menos a mí, se me cae el alma al suelo. Y es así, porque casos como el reseñado, dónde se aprieta poco el gatillo y se le dedica tiempo y esfuerzo a una finca, son los que abundan en nuestra Andalucía, al menos en las fechas actuales. Las grandes propiedades con todo el “ganado” que se quiera y todos los lujos del mundo no es la realidad de la ancestral actividad cinegética, ni está al alcance de un altísimo porcentaje de los que la amamos y la sentimos de verdad.


Este personal, aún luchando contra él de todas las maneras habidas y por haber, cada día es más abundante. De haber alguno que otro marrano, hace no muchos años, hemos pasado a que haya bastantes en la finca. Y como diría el otro: una noche da para mucho.  En las tres imágenes siguientes, pertenecientes a dos comederos de la propiedad, se puede apreciar cómo andan por la noche al lado del trigo de los mismos.



lunes, 7 de septiembre de 2015

EL HABLAR DE LA CAZA Y LOS CAZADORES

      Después de tres meses de vacaciones, tanto a nivel personal como de este blog, volvemos a retomarlo, aunque como ya dije en el artículo anterior, las diferentes redes sociales están en primera línea. Aun así, seguiremos. Siempre habrá alguien a quien le interese pasarse por aquí.

  E
ste verano cinegético ha estado marcado por la muerte del célebre león Cecil en los aledaños del Parque Nacional de Hwange en Zimbabue. Este hecho, según se mire desde el punto de vista de aficionado a la caza o desde el de detractor de la misma, ha sido expuesto y desarrollado en determinados medios de información, escritos o audiovisuales y visto e interpretado desde ambas posturas. Ahora bien, lo que sí es cierto es que cuestiones como éstas vuelven, una vez más, a recrudecer las críticas hacia la actividad cinegética y, como no, hacia el colectivo de cazadores, no contra el cazador que, con o sin soporte legislativo o que con el correcto o incorrecto proceder y tras pago, según informaciones de la prensa escrita,  de 50.000 dólares, abatió al citado león, sino contra todos. Y tal circunstancia, como cualquier otra, nunca es justa. No se puede, ni se debe, meter en el mismo saco a colectivos sean del tipo que sean. Y, máxime, cuando un buen número de los que hablan o escriben sobre cuestiones cinegéticas, poco o nada conocen sobre la vida, costumbres y etapas de las especies que la legislación sobre caza permite abatir, tras pagar unos buenos cuartos por las correspondientes licencias, contribuciones de los cotos, seguros, planes técnicos de caza… Es más, posiblemente, algunos de los que refieren  hechos puntuales de caza, ni siquiera han pisado el campo a no ser para participar en los modernos senderismos y, mucho menos, son capaces de distinguir, por citar dos ejemplos, una paloma de una tórtola o un ciervo de un gamo. En una palabra, en el tema de la caza se dan muchos palos de ciego, sin pensar antes, con verdadera objetividad y conocimiento de causa, la dimensión que puedan tomar determinados artículos o comentarios en donde se exponen con extrema dureza y no muy buenas intenciones ciertos sucesos, ideas, planteamientos y posturas.

         Hablar sobre la caza y sobre los cazadores no es tarea fácil, si no se está metido de lleno en dicha actividad y se entiende la misma como algo de la propia vida de cada uno. Por ello, si quienes lo hacen son de los que no quieren ver a un cazador ni en pintura o de los que acaban de sacarse el correspondiente permiso de armas, van a unos grandes almacenes o tiendas especializadas y adquieren las escopetas o rifles, municiones, vestimentas correspondientes… y a los dos días se marchan  a pegar tiros y abatir grandes trofeos tras pagar buenos cuartos, están desvirtuando sus comentarios. Debido a ello, aun respetando al máximo a los informadores y a los nuevos cazadores - la semilla del futuro-, lo que quiero decir es que quien no sienta de verdad la caza no debe hablar de ella porque, a buen seguro, cometerá, siempre según mi opinión, grandes y graves meteduras de pata al faltarle conocimientos de causa y, lo que es peor, el sentimiento y el respeto por tan milenaria afición. Y no lo digo porque me considere y considere al conjunto de cazadores infalibles en ideas y planteamientos, pero sí tengo claro una premisa: no hay nadie hoy día que cuide más la flora y la fauna de un determinado paraje que el cazador que tenga dicho terreno como lugar de caza. Es más, poca falta hace que las respectivas Órdenes de Vedas le impongan fechas y números de capturas. Él sabe perfectamente qué cazar, cuándo y cantidad de piezas que puede llevarse para casa. Pero más aún, independientemente de las cifras que pueda abatir de las diferentes especies abatibles, que marque la Ley o recojan los respectivos Planes Cinegéticos de Caza, el cazador-socio de un determinado terreno acotado sabe mejor que nadie hasta dónde puede y debe llegar. Tan es así que, dejando a un lado los grandes espacios protegidos, dígase Parques Nacionales y Naturales, si exceptuamos las fincas acotadas, en el resto de rincones de nuestra geografía no hay absolutamente nada y, que yo sepa, en ellos no está permitida la caza, por ser terrenos libres.

         Ello no significa que, entre los cazadores, como ocurre en cualquier colectivo, no haya gente que no merezca pertenecer al mismo, debido a su forma de pensar y proceder. Pero de ahí a que, continuamente, desde grupos anti-caza y partidos políticos contrarios a la misma se esté tirando por tierra una actividad señorial, muy arraigada en nuestro país y que, con estadísticas en mano, se puede comprobar fácilmente que deja para las arcas del Estado o Comunidades muy buenos dineros, va un abismo. Además, en una sociedad con grandes tasas de desempleo, como desgraciadamente es la nuestra, la actividad cinegética proporciona muchos puestos de trabajo distribuidos en fábricas de ropa y complementos de caza, armas y municiones, hostelería, ventas de productos cárnicos, viajes, guarderías de cotos, granjas cinegéticas, talleres de taxidermia y homologación de trofeos, ferias cinegéticas…

         Pero aun yendo más allá, ¿se les ha ocurrido pensar a quienes están empecinados en suprimir la caza en nuestro país, lo que sucedería con las poblaciones de conejos, liebres, palomas, zorzales, jabalíes, ciervos, gamos, cabras monteses… si algún día, tan “feliz” idea se llevara a cabo? Porque no hay que ser muy avispado para comprender que tales especies, sin un control cuantitativo como lo lleva a cabo la caza,  proliferarían de tal forma que, como ocurre en otros países, arruinarían cosechas y dañarían gravemente la flora y fauna de muchísimas zonas de nuestra piel de toro. ¿Han valorado nuestros detractores lo que ocurriría con los cultivos de gramíneas, hortalizas, leguminosas…, con las cosechas anuales de bellotas, castañas, aceitunas, con los frutales, con muchas otras plantaciones…, si el número de ejemplares de las especies citadas con anterioridad y otras muchas empiezan a alcanzar, circunstancia que ocurriría sí o sí, cifran impensadas? ¿Cómo se reducirían, llegado el momento, sus poblaciones para evitar los daños: a palos, o habría que volver de nuevo a las armas, camuflando las actuaciones pertinentes con nombres de campañas salidos de las grandes mentes del personal que conforman grupos políticos y colectivos que en su día permitieron y lucharon por la supresión de la caza?

       Para terminar, como he dejado constancia en muchos artículos, me siento orgulloso de ser cazador y siempre he tratado de que mis hijos lo fueran. Pero mucho antes que tal afición, he sido y sigo siendo un gran enamorado de la Naturaleza, lucho por ella y la cuido al máximo, no de boquilla, que es tarea fácil, sino en todas mis actuaciones y en el día a día. Justamente como la gran mayoría de los que practican la caza, aunque muchos no se lo crean. Por tanto, que nos dejen en paz a los cazadores porque sabemos perfectamente lo que tenemos que hacer para que nuestra fauna perdure en el tiempo. Pero si a alguno de nosotros se nos “olvida” algún día tal máxima y apretamos el gatillo cuando no está permitido y contra ejemplares que no debemos, circunstancia que puede ocurrir, el peso de la Ley debe caer con fuerza sobre el que la infrinja.

         PD. Como soy un poco mayor, recuerdo que cuando era niño y salía al campo, disfrutaba enredando con los lagartos, salamandras, lagartijas, renacuajos, grillos, saltamontes, curitas, muchos tipos de mariposas y libélulas… -por citar unos ejemplos-, porque los había a millares. Hoy día, cuando visito los mismos lugares, con pocos ejemplares de los citados me tropiezo. ¿También hemos acabado con ellos los cazadores?